Post de archivo: ‘El último pase de don Tancredo’

Este post lo escribí en 2018 cuando se celebró la moción de censura…No andaba hoy muy fina ni creativa y recordé esta entrada que colgué en otro blog… Tengo la sensación de percibir el tiempo acorde al estado de ánimo. Si estamos bien vuela, si no…se nos hace eterno… En fin que el tiempo tiene algo bueno -o malo según se mire- y es poder recordar…Carmen Martín Gaite en su libro “Nubosidad variable” escribía, mucho mejor que yo sin duda alguna, sobre la importancia del paso del tiempo y la suerte de poder decir a alguien: ‘te acuerdes cuando….’ Preciosa la memoria compartida… Chapeau por Martín Gaite…En fin que como no fluyó nada, desempolvé esta entrada y la actualicé. Mirar el pasado para comprender el presente es el sentido de la Historia y el personaje en cuestión esta de nuevo en la palestra…

No ha pasado mucho tiempo desde que los ‘nuevos partidos políticos’ se incorporaron a vida parlamentaria en nuestro país. Algunas comenzamos a creer entonces que la vieja política estaba a punto de desfallecer y regenerarse, a fin de cuentas estábamos en el siglo XXI y las nuevas generaciones llegaron pisando fuerte: universitarios, doctores, politólogos, bilingües, conocedores las nuevas tecnologías, habituados a moverse por las redes con comodidad y soltura…Pensábamos que ya era hora de decir adiós a los discursos barrocos propios de Góngora o Quevedo, buenos y brillantes sí, pero obsoletos y con poco calado en el lenguaje coloquial actual lleno de neologismos y términos importados e impuestos por las jóvenes generaciones…

Tocaba también romper la dicotomía izquierda-derecha adoptada desde tiempos de la revolución francesa que identificó ambas tendencias ideológicas con la ubicación de los Jacobinos (radicales y exaltados) y Girondinos (moderados) colocados los primeros en la bancada de la izquierda y los segundos de la derecha…Parecía que por fin estábamos en los albores de un tiempo nuevo que exigía un nuevo orden y nuevas formas de hacer política que parecían traer nuevos gestos, nuevas sensibilidades representativas, en definitiva, de la ruptura con el orden anterior…

Corría el año 2015. El PP con Mariano Rajoy al frente ganaba las elecciones aunque no obtuvo la mayoría absoluta…Entonces no lo sabíamos…Bueno en realidad ahora tampoco pero ‘supuestamente’ es posible que fueran a ellas dopados y que eso influyera en los resultados…El tiempo lo dirá…

La figura de Mariano Rajoy es relevante en la historia política reciente de nuestro país, nadie lo puede negar, ni que le tocaron los años de profunda crisis económica de la que, en mi modesta opinión, no habíamos salido aún cuando se declaró la pandemia…Rajoy dio mucho juego a la prensa en general por su peculiar manera de expresarse, por su pasión por el futbol, por su retranca, ese humor tan propio de la Galicia más auténtica y sobre todo por su ‘quietismo’, esa actitud hierática de laisser faire para, finalmente, acabar imponiendo su voluntad de manera sutil y socarrona o sencillamente ‘porque lo digo yo’ lo que denota un carácter gélido capaz de mantener la cabeza fría aún bajo presión… Y es por ese quietismo tan característico por el que se le conoció como ‘don Tancredo’, personaje que ha inspirado el término ‘tancrediano’ para aludir la actitud pasiva presidencial mantenida, sobre todo, los últimos años…

Recuerdo el día que los españoles asistimos con gran expectación al que fuera el ‘último pase de don Tancredo’, un pase tan fallido como confiado. De nada valieron al expresidente ni el quietismo tancrediano ni el enrocamiento guisantino – expresión muy ‘mariana’ por alusión al histórico pacto de ‘los toros de guisando’ como símil del acuerdo firmado entre PSOE y C’s- pues la Moción de Censura prosperó y arrasó como una apisonadora dejando tras de sí un camino abierto, despejado, en que comenzar a dar los primeros pasos … Y mientras esto sucedía en el hemiciclo del Congreso, en el asiento del expresidente yacía el bolso de la vicepresidenta, testigo quieto y mudo cual símbolo del presidente ausente …Es justo ahora cuando conviene recordar que don Mariano estuvo de comilona hasta la hora de la cena…

Moción de censura, 2018

Así acabó la ‘era Rajoy’, con ese último pase a imitación de la célebre figura taurina de la que paso a dar cuenta para saciar la curiosidad de entendidos y profanos …

Tancredo López fue un torero valenciano que comenzó su carrera en los años finiseculares del XIX y principios del XX. No fue muy afortunado como novillero y al parecer, tampoco haciendo las américas hasta que estando en La Habana, conoció a José María Vázquez, apodado “el esqueleto humano” por la habilidad taurina que puso en práctica ( y que dicho sea de paso le costó la vida) y en la que se inspiró Tancredo para hacerse popular y rico. Fue estando en Cuba cuando le llegó la iluminación, concibiendo la idea de hacer de ‘hombre-estatua’ y promover este espectáculo por las plazas españolas. Así fue como puso de moda ‘la suerte de don Tancredo’ un peligroso lance consistente en recibir al toro a la salida del chiquero subido a una especie de pedestal situado en mitad del coso. El torero, vestido con ropa de época y pintado de blanco imitando el mármol de las esculturas, recibía al morlaco convencido que llegaría a la base de dicho pedestal y, tras olfatearlo pasaría de largo sin arremeter, creyendo encontrarse frente a un trozo de piedra dura contra la que se partiría la cornamenta…Tancredo López mostró su lance una y otra vez ante un público entregado que contenía la respiración cuando sonaban los clarines que daban paso al espectáculo…A partir de entonces esta suerte, peligrosa y arriesgada, fue utilizada por otros novilleros y toreros que buscaban ganar dinero rápido, que no fácil, cosa que este número garantizaba pues atraía un gran flujo de espectadores que llenaban las plazas y, de paso, los bolsillos de los profesionales del noble arte taurino considerado, entonces, fiesta nacional.

Supongo que ni por asomo pasaría por la cabeza de Tancredo López, ‘el hombre estatua’, la trascendencia de su proeza que dos siglos después ha dado origen a un neologismo acuñado en el argot político de los últimos años como sinónimo de inmovilismo y pasividad, actitudes que caracterizaron al gobierno del que fuera el último presidente del PP, cuya legislatura he bautizado con el sobrenombre del último ‘pase de don Tancredo’…Genio y figura Mariano…

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