Nos sobran los motivos…


El informe del Gobierno sobre la incidencia del covid en la población anciana durante la primera fase de la pandemia resulta, a todas luces, triste y desolador… Pero la vida continúa y aunque ‘nos sobran los motivos’ para que no sea, la Navidad será…
Fotografía: mp_dc

Entre la buena voluntad y el miedo, entre la salud y la economía, entre el quiero y no puedo los políticos se reúnen para acordar qué hacer esta Navidad. Nos sobran los motivos para no celebrarla pero lo haremos, aunque este año sea diferente y, precisamente por eso, pase a los anales de la Historia y a nuestra memoria individual y colectiva… Así se despidió noviembre, con esta cuestión en el aire, con cifras catastróficas entre los afectados y fallecidos por la enfermedad. Tal vez por eso ha transcurrido despacio, sigiloso, con la población caminando de puntillas y hablando bajito de las Fiestas que se acercan, poco poco, sin que nadie pueda detener el calendario…Todos a la expectativa, confiando doblar la curva maldita con la esperanza puesta en que las autoridades permitan la apertura de las fronteras y con ello el reagrupamiento familiar… ¿Salvar la Navidad o salvar la vida? Esta es la cuestión. ¿Susto o muerte? Este es el nudo gordiano, el dilema, la encrucijada afrontada ahora por las CC.AA. que concluirán, ya se verá, solicitando responsabilidad a la ciudadanía, animando a que el sentido común y el buen criterio imperen en estas fechas que se aproximan bajo la atenta mirada de la tercera oleada…

Y nos sobran más motivos para estar desanimados…El pasado jueves el Gobierno presentó a las CC. Autónomas el informe que Pedro Sánchez se comprometió a elaborar, allá por el mes de abril, sobre la incidencia del covid en las residencias geriátricas. Las cifras resultan tan dolorosas como desoladoras. El 47% de los fallecidos durante la primera oleada de la pandemia eran ancianos residentes en geriátricos. Exactamente 20.268 mayores cifra que, junto a los fallecidos de ahora, se acercará a los 30.000. Y, aunque esta vez ha descendido bastante, algunos expertos señalan un patrón similar al de marzo-junio. El informe recoge la existencia de un total de 5.500 residencias en nuestro territorio, hogares que albergaban hasta 334.000 ancianos cuando se declaró la pandemia. O sea, que la covid se ha cobrado hasta la fecha el 6,1% de la población anciana de este país, “una de las cifras más alta -si no la más- de los países de la OCDE”.

Los medios han sacado a la luz un variado repertorio de relatos tanto en defensa de los directores de los geriátricos como en contra, acusándolos de una nefasta gestión. Unos señalan hacia la desprotección de los cuidadores sin EPIS, ni mascarillas, ni formación. Otros denuncian la falta de atención en los hospitales que se negaron a realizar ingresos. Los psicólogos matizan y subrayan los daños colaterales: el aislamiento y soledad a la que fueron sometidos en la que muchos murieron por la enfermedad, la desatención y la tristeza…Personalmente creo que no hemos tomado conciencia de la gravedad de los hechos y por eso tenemos una deuda para con ellos, les debemos una reflexión, estamos moral y éticamente obligados. Igualmente es necesario poner en valor que se nos muere una generación de supervivientes de la Guerra Civil, de la posguerra, del franquismo, los mismos que después vivieron la transición democrática. Hombres y mujeres que levantaron aquella España en blanco y negro a la que pusieron color con alta dosis de esfuerzo y sacrificio para dejarlo como legado a los de mi generación, sus hijos e hijas…

Es por eso que los audios de la Sra. Burgueño -hija del ideólogo de la privatización de los hospitales de Madrid a quien Ayuso señaló con su ‘diestro dedo’ y sus argumentos sapienciales, para colocarla al frente de la gestión de las residencias de mayores de la capital- por esto, decía, sus ‘graciosas’ opiniones me resultan vomitivas, despreciables, inmorales y hasta delictivas: “Flipo colorines”, dice en uno de los audios. “Nos vamos a hacer los reyes y los amos de la gestión sociosanitaria de Madrid, Comunidad Autónoma”. Esta es la altura de miras, la calidad, la profesionalidad de una mujer que ocupa un puesto de tamaña dimensión y que dirige como si de un juego se tratara a tenor de sus expresiones infantiles y fuera de tono, tan del estilo de su ‘mentora’. Ambas están implicadas en la denominada ‘operación bicho’. Una estrategia diseñada por el gobierno de Madrid que decidió encerrar a los residentes mayores, dejando su destino en manos de la Burgueño, alias ‘flipo colorines’, encomienda que, dicho sea de paso, resultó un gran fracaso pues, desgraciadamente, no se asistió a los ancianos ni en hospitales ni en los geriátricos por falta de medios, de ahí los miles de fallecidos, muchos por negación de auxilio…Eso sí, a quienes tenían póliza privada si se les atendió debidamente, sobre todo en aquellos hospitales privatizados por su padre…Por cierto, ni la Sra. Burgueño ni la Sra. Ayuso han dado la cara ante estos hechos…Es de suponer que ‘inaugurar hospitales’ requiere de todo su tiempo…

En fin que nos sobran los motivos para no estar bien. Desgatados, aturdidos y preocupados ante tanta incertidumbre parece que recibimos impertérritos el informe diario de la pandemia, como si el escenario nos fuera ajeno, como si se tratara de un relato imaginario, quizá porque la realidad, esta vez sí supera con creces la ficción…Y por si no tuviéramos bastante, un grupo de ‘abuelos’ ‘altos cargos militares de pro’ jubilados, se dedican a planear un pronunciamiento desde un grupo de wasap, declarándose alguno dispuesto a ‘fusilar’ a 26 millones de personas, entre las que yo me encontraría fijo…Mientras, Carmen Falomir, 54 años, enferma de Ela ingresa en el Hospital de la Fe de Valencia para que se le practique la sedación. Su entereza y valentía ha sido ejemplar y ayer, justo antes de ingresar, se despedía con este mensaje: «cuando no os toque el gordo y, resignados con tener salud, sigáis con los preparativos de Nochebuena, acordaos de estas palabras y sentíos afortunados» Ojalá que te vaya bonito allá donde vayas Carmen…Que tu tránsito discurra tan sereno y sabio como tu propia decisión…

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