Personal y transferible…(2)


LA BELLEZA DE LAS HERIDAS, DE LAS GRIETAS, COMO METÁFORA DEL VALOR DE LA HUELLA QUE DEJA EL PASO DEL TIEMPO, COMO ESENCIA DE LA VIDA MISMA…(CELINE SANTINI:KINTSUGI.EL ARTE DE LA RESILIENCIA).
Fotografía: mp_dc

En una entrada reciente hacía referencia a la ‘sociedad líquida’, término acuñado por Bauman que acude a la metáfora del fluido para explicar la concepción de la vida actual en continuo cambio, obligando a los individuos a adaptarse permanentemente. De ahí el símil con lo que sucede cuando vertemos líquido en un recipiente o lo transferimos de uno a otro… Sea como fuere, todo acontece con tanta rapidez que da la sensación que casi todo es sustituible, reemplazable u obligatoriamente caduco…

Aspiramos a la perfección. Defendemos la filosofía del éxito, cuanto más rápido mejor, al tiempo que intentamos ocultar nuestra fragilidad bajo una máscara que protege -o al menos disfraza- los defectos y fracasos para acabar mostrando una realidad que muchas veces no es tal. Algunos se parapetan tras proyectos a priori ilusionantes aunque en realidad no lo sean tanto, pero que vistos desde fuera, resultan suficientemente convincentes. Tanta fugacidad impide focalizar la atención sobre la certeza lo que se posee para centrarla en lo que –supuesta o erróneamente- consideramos que nos falta…

En semejante tesitura todos, unos más que otros, vivimos atrapados en el consumismo, el derroche y, ahora también, en una derivada de éste: el reciclaje. A veces me pregunto si bajo el envoltorio de ‘cuidar el planeta’ en realidad  alimentamos nuevas industrias que amasan su fortuna con la materia prima gratuita que la buena voluntad de muchos les suministra…No quiero ser mal pensada y quiero ver la cara positiva tanto en cuanto algo que parece no servir para nada se transforma en algo nuevamente útil que tiene otra oportunidad de servir gracias a un proceso de renovación…Miles de botellas de agua transformadas en una mochila o en la tapicería de un AUDI… Una prenda de vestir confeccionada con restos de otras, al más puro estilo upcyling… Chanclas que tuvieron una vida anterior rodando como neumáticos quien sabe si de un hermoso Ferrari…O bisutería engarzada con trozos de botellas de licores que lucieron en los bellos estantes de un famoso pub… Visto así la técnica del reciclaje resulta tan atractiva como emocionante. Aunque no seamos conscientes es posible que vivamos rodeados de objetos con historia, con un pasado, reencarnados y dispuestos para una misión diferente –quien sabe si mejor- a la que tuvieron…

Esto me lleva a pensar en el valor de las segundas oportunidades, en las segundas partes de las que se dice ‘nunca son buenas’, en las segundas veces en las que intentas no meter la pata como en la primera…Sí. Me hace considerar, por inquietante que parezca, lo positivo que resultaría que pudiera ser en otro momento u otra vida lo que no puede ser ahora, ni ha podido ser en esta existencia presente… Una idea sin visos de melancolía o tristeza que simplemente me devuelve a la realidad del aquí y el ahora sin nostalgia.

Vivimos bajo la atracción de lo efímero, bajo dominio de lo breve, bajo la tiranía de lo pasajero y la inmediatez de lo momentáneo en contraposición a lo duradero y estable. La filosofía del  carpe diem eclipsó el culto a los recuerdos. El pasado no existe, el futuro tampoco… Y si una mañana cualquiera alguien se  levanta con el pie cruzado, se sirve un café al tiempo que, tras un movimiento torpe o no calculado tira al suelo la taza, automáticamente se dirigirá resignada a recoger y tirar los pedazos a la basura, sin detenerse un segundo a pensar si merece la pena unirlos para rescatarla…En general se tiende a pensar que no merece la pena, aunque el objeto roto posea una historia, una anécdota, esté ligado a momentos especiales o sea un regalo de alguien importante para nosotros…

Y al hilo de estas reflexiones (ahora es cuando mi amiga M. piensa que ya empiezo a ‘hilar…’) me viene a la cabeza una técnica artesanal milenaria originaria de Japón: el kintsugi. Dicha técnica se remonta a tiempo del shogún Ashikaga Yoshimasa (1435-1490), bajo cuyo mandato se desarrolló la cultura Higashiyama, la práctica de la ceremonia del té, del ikebana (arreglo floral), el nōh (representaciones que combinan el drama y la danza) y la pintura con tinta china (tinta que se usó en la escritura china y coreana y, en Japón, en pinturas monocromáticas). Durante este período la cultura estuvo influenciada por el budismo zen, el nacimiento de la estética japonesa como el wabi-sabi (basada en la belleza de la imperfección) y la armonización de las culturas de la Corte Imperial y los samurái.

Pues bien, en el transcurso de una ceremonia de té ante Ashikaga Yoshimasa un cuenco cayó al suelo y se hizo pedazos. El  shogún que le tenía fuerte apego ordenó que la reparasen enviándola para ello a China donde se limitaron a realizar una chapuza uniendo los trozos con unas grapas…No contento con los resultados la entregó a unos artesanos japoneses que le dieron una solución tan atractiva como duradera: unieron cada pedazo utilizando como argamasa barniz espolvoreado con oro. El trabajo resultó espectacular al permitir  recuperar su forma primitiva dotándolo a la par de una belleza extraordinaria procedente de las cicatrices doradas  que el objeto mostraba sin ningún complejo. En lugar de intentar disimular la imperfección los artesanos la transformaron en pura y simple belleza… El método tradicional del kintsugi —también denominado “carpintería de oro”— ha conseguido que algunos objetos hayan llegado a ser más preciados que antes de romperse… El paso del tiempo desgasta objetos que rescatados por medio  del kintsugi se revalorizan y ganan belleza y perfección…

Esta puede ser una hermosa alegoría que ha quedado ligada a una nueva filosofía de vida para practicar en una sociedad que aspira a la perfección y tiende a rechazar o señalar con el dedo lo defectuoso o imperfecto…Todos conocemos el fracaso, el desengaño, la pérdida. Todos nos hemos sentido rotos alguna vez aunque desgraciadamente nos enseñaron a ocultar las heridas, a mantener la compostura, a contener para disimular nuestra fragilidad y fingir fortaleza. Quien más quien menos ha padecido su propio desastre emocional o físico, ha caminado por el borde del abismo y ha cavado su propio pozo para meterse dentro hasta desembocar en un punto de no retorno. Un punto de inflexión, la ‘crisis’ que decían los griegos…

No hay resurgir sin paciencia…

El kintsugi encaja como un guante en nuestra sociedad actual, porque tiene mucho que ver con la superación, con la resiliencia frente a la adversidad. Hemos descubierto la necesidad de reutilizar, de reciclar, el gusto por la artesanía o el bricolaje dejando sitio a la creatividad que nos permite dejar nuestra huella personal en lo que hacemos y también brindar una segunda oportunidad o simplemente reparar lo roto antes de apartarlo por inútil o imposible…

“Hay que dejarse llevar por todo, entregarse a todo, pero al mismo tiempo conservar la calma y tener paciencia. Solo hay una forma de superación que empieza con superarse a sí mismo”. Esta es la receta para la vida que el escritor Fran Kafka nos ofrece en su obra El proceso… Tan sencilla como difícil: “Tenemos que absorberlo todo pacientemente en nuestro interior y crecer”….

Que así sea…

6 comentarios sobre “Personal y transferible…(2)

    1. No he podido comentar hasta ahora…Enhorabuena por ese merecido ‘Primer Premio de Poesía’. Que disfrutes las mieles del éxito mientras todos y todas esperamos tu libro. Un abrazo fuerte!!

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