«Aprendiendo…»

«Si nadie me lo pregunta, lo sé; si me lo preguntan y quiero explicarlo, ya no lo sé.» (San Agustín)Y si San Agustín no supo, yo tampoco…
Fotografía: mp_dc

“Después de un tiempo,
una aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano y encadenar un alma,
y una aprende que el amor no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad,
y una empieza a aprender…

Que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas,
y una empieza a aceptar sus derrotas
con la cabeza alta y los ojos abiertos,
y una aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes…
y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo
una aprende que si es demasiado,
hasta el calor del sol quema.
Así que una planta su propio jardín
y decora su propia alma,
en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.

Y una aprende
que realmente puede aguantar,
que una realmente es fuerte,
que una realmente vale,
y una aprende y aprende…
y con cada día una aprende.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro
significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

Y comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos,
sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.

Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad,
irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.

Y entiendes que los verdaderos amigos son contados,
y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira
pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vid, que disculpar cualquiera lo hace,
pero perdonar es sólo de almas grandes.

Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente,
muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.

Y te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos,
algún día llorarás por aquellos que dejaste ir porque cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible… Que el que humilla o desprecia a un ser humano,
tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado.

Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy,
porque el terreno del mañana es demasiado incierto para hacer planes y que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen
ocasionará que al final no sean como esperabas.

Y te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro,
sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas,
decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo,
ante una tumba, ya no tiene ningún sentido.

Pero desafortunadamente,
solo con el tiempo…”

Nota 1.- El poema es del gran Borges… Cada vez que lo leo pienso que probablemente lo escribió en el momento de mayor lucidez y sabiduría… Lo transcribo en femenino para identificarme… Me reconozco en esa misma reflexión conforme recorro el largo sendero de la vida, aunque ni de lejos alcanzo tanta plenitud ni clarividencia…

Nota 2.- A punto de concluir el año y, a pesar del desgaste de la pandemia, en el plano personal aunque ha habido de todo, también he disfrutado de momentos cálidos y dulces en los que compartí una memoria llena de recuerdos pasados. Es agradable poder decir a alguien: ¿te acuerdas cuándo…? También me dolió perder a una compañera muy querida…Aún así me doy cuenta que mi corazón permanece abierto a la vida, a pesar de todos los desastres vividos…Y entonces comprendo que el nuevo año representa una nueva oportunidad…

Nota 3.- El recuerdo del ‘Guardián’ perdura en el alma como una marca indeleble… La foto de la cabecera la hice hace ya tiempo en un lugar muy cerca de casa conocido como La Punta del Boquerón. Una lengua de arena con forma de cabeza de boquerón, cuya punta señala hacia el Castillo de Sancti Petri… A pesar de la escasa distancia que separa ambas orillas (la Playa y la Punta, cada una en el término de su ciudad) es mínima y solo se puede cruzar, desde donde vivo, en barco o nadando si tienes experiencia… Así que crucé en una pequeña embarcación que contraté previamente. Tan solo a unos metros, tan lejos pero tan cerca, esta playa me transporta ¿Quién necesita ir al Caribe? Me dijo una vez una amiga…Y es verdad. Este es un lugar paradisíaco, una costa casi salvaje de arenas blancas y finas desde dónde se puede contemplar la inmensidad y la belleza del Atlántico y observar el ‘punto mágico’ donde otrora llegaron los fenicios para fundar (según parece demostrar una tesis doctoral aun en curso) el Templo del Melqart, allá por el 1.100 a. de C… Tras caminar un trecho observé de lejos a este señor sentado sobre una duna que, a su vez, cubre casi la mitad un antiguo bunker medio derruido, cuya apariencia improvisa un paisaje un tanto dantesco, propio de películas de la Guerra Mundial…Y allí sentado me pareció sereno, tranquilo, como si su única misión en la vida no consistiera en otra cosa que otear a su alrededor, contemplativo, iluminado, ajeno… Como rendido al paso del tiempo…Y entonces pensé: somos tiempo…

Y hasta aquí vine aquel fatídico día portando entre mis manos los restos del ‘Guardián’, o eso decía un pequeño letrero plateado con su nombre escrito en negro que yo miraba fijamente, leyéndolo y releyéndolo una y otra vez…A estas aguas lo trajimos para que descansara libre ya de todo sufrimiento. Y todo su ser se esparció desde la superficie hasta el fondo de este mar aquel soleado día de febrero, quieto, calmo y sereno, como si una bondad suprema hubiera calmado la marea para recibirle….Una serenidad apenas rota por el rítmico susurro de un tímido oleaje que moría en la orilla, al tiempo que arrastraba y mecía lentamente las rosas blancas con aroma a despedida… Las flores del tiempo que duró su vida y en cada una de ellas, prendida, trocitos de la mía lo acompañaron en un transito hacia algún lugar o, quien sabe, si a ninguna parte… Desde entonces imagino que es aquí donde el alma del Guardián navega, sin prisa pero sin pausa, en un eterno viaje sin regreso…

Y es de aquí, de este lugar, de donde procedo, de aquellos que fundaron Melqart, mis más lejanos ancestros… Y es aquí donde volveré para descansar cuando me toque…Y pienso otra vez: Tiempo. Somos tiempo… Y mientras pasa, espero, subsisto, permanezco, vivo… O sea: ‘Aprendo…’

Punta del Boquerón. Fotografía: mp_dc