La vida también es sueño…

Y podrás conocerte recordando del pasado soñar los turbios lienzos, en este día triste en que caminas con los ojos abiertos… De toda la memoria, sólo vale el don preclaro de evocar los sueños…(Antonio Machado)
Fotografía: mp_dc

No. La entrada no va sobre el Auto Sacramental de don Pedro Calderón de la Barca o el monólogo de Segismundo sobre el que ya escribí en otra ocasión… Esta vez se trata del sueño como acto de fantasear despierto o como hecho cotidiano de dormir, más que un hábito una necesidad fisiológica propia de nuestra naturaleza. Por muy raro que nos parezca, estas acciones han sufrido modificaciones con el devenir de los tiempos…

No obstante la palabra ‘sueño’ no sólo hace referencia a la necesidad de ‘reposo’ intrínseca a los seres sintientes animales o humanos sino que también significa «deseo, ideal, aspiración, anhelo, fantasía, utopía, quimera, imagen, visión…» Escritores y poetas han dedicado poemas a los sueños: Machado, Neruda, Becquer, Borges… Los sueños, en calidad de adjetivo, dieron lugar al universo de lo ‘onírico’, es decir, de todo lo relativo al sueño como fantasía, como parte del mundo de lo irreal, de lo imaginado o ‘soñado’. De ahí que la expresión ‘onírico’ en el contexto literario, se observe para demostrar que los sueños de los diferentes personajes reflejan en realidad a los propios autores.

El académico francés Roger Caillois consideraba que pasamos la mitad de nuestra vida soñándonos, imaginando ficciones libres de censura en las que que no sentimos temores y sí deseos…Demasiado tiempo como para que algo no llegue a colarse por cualquier fisura en nuestra vida real… Idea que se desliza en una selección de cuentos breves, Poder del sueño, obra que «el gran sociólogo del imaginario humano» legó para la posteridad… Así que sí. A veces ‘fantaseamos’ durante la vigilia lo que más deseamos y por eso durante las horas de reposo los sueños se prolongan y se proyectan, a veces, de tal manera que parecen absolutamente reales…

Freud, padre del psicoanálisis, habló del pensamiento onírico, similar a los que tiene el ser humano cuando se encuentra consciente «con la diferencia que los pensamientos oníricos son aquellos que se encuentran en el inconsciente. Por lo tanto, los sueños son pensamientos aleatorios del subconsciente humano.»

Finalmente el budista Leizi, habló de la existencia de tres reinos: el de Gumang no se distingue el día de la noche, quienes lo habitan duermen y solo despiertan cada cincuenta días por lo que confunden lo verdadero con lo que sueñan, mientras creen que es falso lo que ven despiertos…El reino del Medio donde existe el equilibrio entre lo oscuro y lo luminoso, la moral y la ley. Aquí lo que se hace durante el día se considera real; y engañoso lo que se ve durante el sueño. Fuluo es el tercer reino y en él el resplandor del sol y la luna brillan constantemente. Según Leizi, «el temperamento de sus habitantes es duro y cruel. Los fuertes oprimen a los débiles; en él se honra a los vencedores sin preocuparse de la justicia. No hacen más que moverse, sin descansar nunca, no hacen más que velar y no duermen jamás». ¿Les resulta familiar? A mi sí…

Pero volviendo al sueño como reposo, según se puede comprobar y en calidad de hábito se ha ido modificando al igual que la alimentación, el vestido, la vida social, las fuentes de energía…Por eso resulta es tan interesante revisar el pasado, conocerlo, para comprender por qué hoy vivimos como vivimos y no de otra manera.

Diversas culturas han influido en el concepto actual sobre el ‘descanso’. Los romanos nos legaron ‘la hora sexta’. Ni más ni menos que la hora central del día, la más calurosa. Hemos de recordar que los romanos dividieron el día en doce horas cuyo comienzo dependía de la luz y de la época del año. De ahí que no se distribuyeran igual en invierno que en verano… La hora sexta, la siesta, era la elegida para parar las actividades y hacer un descanso. Posteriormente, allá por el siglo V d. C. San Benito de Nursia, fundador de los benedictinos, implantó en sus famosas Reglas ‘guardar reposo y silencio durante ‘la hora sexta’. Norma que se extendió hacia el resto de los mortales, hoy convertida en  nuestra siesta tradicional, esa que algunos no perdonan…

En la actualidad, con el ritmo vertiginoso de vida que todos, más o menos llevamos, parece que ‘dormir del tirón’ sea la regla de oro del buen dormir.  No obstante no siempre ha sido así. Nuestros antepasados del medioevo dormían de otra manera. De hecho, lo normal era dormir en dos fases, despertando en mitad de la noche algo que se consideró natural hasta el siglo XIX que marcó en inicio de un cambio en los hábitos del sueño…

Entre los romanos y nosotros media un gran espacio de tiempo durante el cual se impusieron los hábitos del medioevo en lo que al sueño de refiere. No obstante, hemos de entender algunas claves de esta época para comprender por qué entonces el sueño se efectuaba en dos tiempos. Me explico: el profesor Roger Ekirch realizó un estudio sobre el sueño y concluyó que presenta dos etapas. Una primera de cuatro o cinco horas tras las cuáles despertaríamos de manera natural y podríamos realizar diversas tareas durante dos o tres horas además de ingerir alimentos.  A continuación volveríamos a dormir la segunda fase hasta completar el ciclo total del sueño… Este fue el resultado de un ensayo efectuado sin condicionamientos externos que obligasen a dormir durante un periodo concreto de tiempo.

El estudio de Ekirch sobre el sueño en la Edad Media también  señalaba la costumbre de dormir en camas separadas en las que se dormía en un lapso de doce horas separadas por dos o tres vigilias aprovechadas para leer, rezar, escribir o charlar (buena costumbre). Otros, en cambio, dormían solo tres o cuatro horas de noche y una larga siesta de día… Estos hábitos no solo fueron habituales en Europa sino también en Asia y Australia.

Está claro que nosotros no podríamos dormir de esa manera aunque la ciencia médica haya demostrado su eficacia y se haya alineado con esta teoría. La revolución industrial, la invención de la luz artificial y la creación de turnos de trabajo diurnos y nocturnos en las grandes fábricas consolidó una forma de vida regida por los horarios laborales y no al revés, como había sido hasta entonces…

Sobre los sueños-ficciones-aspiraciones-metas circulan opiniones para todos los gustos…Mercutio, personaje de la obra de William Shakespeare «Romeo y Julieta», habla de los sueños como nada más que fantasías «hijas de un cerebro ocioso…» No estoy de acuerdo…Algunos sueños, algunas veces -pocas- se hacen realidad aunque sea a duras penas y, en mi opinión, en oposición a Mercutio, es decir: a consecuencia de tener un cerebro absolutamente inquieto…