Tiranía, sumisión y esclavitud…


Según la RAE el término Esclavo tiene varias acepciones: 1.- Dicho de una persona: que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra. 2. Sometido rigurosa o fuertemente a un deber, pasión, afecto o VICIO que prive la libertad…
Fotografía: mp_dc

Hace unas dos semana me llegó al wassapp un cortometraje de apenas dos minutos realizado por un joven egipcio que, al parecer, ha sido premiado en el Festival de Venecia: L’Altra par (tampoco sé por qué el título aparece en catalán…) Luego lo busqué en internet y por lo visto ese epígrafe corresponde a otro corto chino sobre la humidad cuyo titular aparece, esta vez, en castellano: «El otro par». No sé qué habrá de cierto en todo esto…. En cualquier caso ambos vídeos muestran la realidad de manera cruda, pura y dura…El premiado en Venecia es una animación que recrea la adicción a los móviles y a la cibermanía en general como impulso irrefrenable que nos incita a estar continuamente conectados… Una llamada de atención, una crítica social al tiempo que invertimos en lo virtual y cómo estos nuevos hábitos nos están transformando en una sociedad de individuos aislados, incapaces de compartir a través del diálogo directo, del tú a tu. Individuos a quienes les pasa desapercibido el mundo que los rodea enfrascados en las redes sociales o en las plataformas de citas de amistad on line… Una reprobación a la moda de fotografiarlo todo: lo que se hace, lo que se come, a dónde se va e incluso desafíos los más inimaginables… Un empeño desorbitado por dejar testimonio de lo cotidiano o de lo más osado para poder presumir del riesgo… Y todo esto me hizo pensar en la tiranía que ejercen las nuevas tecnologías sobre nosotros y el peligro de volvernos demasiados sumisos o esclavos…

Tal y como se puede comprobar parece que estamos perdiendo la conciencia de protagonizar la historia, que hemos caído en la trampa del piloto automático dominados por la dictadura de las pantallas y hemos entrado a formar parte de un engranaje que gira y gira sin cesar sobre nuestro propio yo, obviando cuanto existe a nuestro alrededor… Ajenos al mundo circundante nos movemos indiferentes a la existencia de los demás. ‘Los otros’, los ‘no yo’ se diluyen, pasan desapercibidos, al tiempo que nos engulle la realidad irreal o virtual… Corremos el peligro de perder la libertad para acabar siendo esclavos sumisos, seducidos y abducidos por el poder de las redes…Deberíamos caer en la cuenta de que detrás de la pantalla se esconde el verdadero poder, los nuevos esclavistas que conocen nuestras debilidades y las alimentan a fin de tenernos bajo control, entretenidos, mientras ellos nos controlan y gobiernan…

Panem et circenses

La historia de la esclavitud en el mundo tiene orígenes muy remotos y se ha desarrollado de muchas formas. El cine y la literatura ha alimentado nuestro imaginario con multitud de imágenes e historias algunas reales: Desde los ilotas griegos a los africanos capturados y vendidos en el Nuevo Mundo, una y otra se han encargado de llenar nuestras cabezas de imágenes que evocan pobres desarrapados construyendo pirámides o cientos de hombres y mujeres de color trabajando sin tregua campos de algodón a impulsos de un látigo o criados con librea sirviendo a nobles y aristócratas…Estos son los modelos de esclavitud más vendidos y proclamados en el devenir de los tiempos, propaganda de la historia oficial, la de los vencedores, la de los poderosos, de la que se desprende una idea pobre y reduccionista del concepto que puede llevar a pensar, erróneamente, que hoy por hoy no existe la esclavitud…

En el caso de España el tema en cuestión estuvo vigente hasta el primer tercio del siglo XIX. Entre los principales esclavistas se cuentan personalidades de la talla del Marqués de Comillas, cuya hija contrajo matrimonio con Eusebi Güell, mecenas de Gaudí, heredero de la fortuna que su padre amasó procedente de la venta de esclavos… Las conocidas empresarias Alicia y Esther Koplowitz son hijas de Esther Romeu de Juseu y Armenteros, aristócrata cubana y como ellas marquesa de Casa Peñalver, de Campoflorido, del Real Socorro y de Bellavista, pomposos títulos cuyo patrimonio se asentó sobre los frutos de las grandes plantaciones familiares en Cuba trabajadas con mano de obra esclava…

La trata de esclavos en España ha sido una realidad relativamente reciente retratada por conocidos pintores de la talla de Goya, Murillo o Velázquez, autor cuya pintura delata la cara más benévola de la esclavitud al mostrarlos en el ámbito de la vida cotidiana, en el espacio doméstico y familiar al que se incorporaron como servidumbre: fueron mejor tratados pero siguieron siendo esclavos…

El hilo del que tirar resultaría demasiado largo. Solo añadir que muchas calles de conocidas ciudades rinden homenaje a importantes esclavistas españoles  que asentaron sus capitales en el tráfico y venta de seres humanos, entre quienes se cuentan la propia monarquía y un buen número de políticos cuyos nombre lucen los manuales de historia: la reina Mª Cristina, Leopoldo O’ Donnell o Antonio Cánovas del Castillo, quien se opuso al proyecto abolicionista debatido en Cortes entre los años 1869 y 1870 (aunque se aprobó). En fin, el grandioso negocio con estrechos vínculos en ultramar, permitió financiar la revolución industrial que protagonizaron Cataluña y el País Vasco en el siglo XIX, hasta que el 7 de octubre de 1886 se liberaron los últimos 25.000 esclavos en Cuba y en los territorios americanos, poniendo fin a más de 400 años de comercio esclavista español.

Pero volviendo al vídeo, podría decirse que anima a reflexionar sobre los nuevos modelos de esclavitud del siglo XXI. La carrera imparable de las nuevas tecnologías nos ha traído hasta aquí y, a estas alturas, se han normalizado pautas de conducta que, para nada, nos sorprenden: andar por la calle con auriculares o el móvil a modo de bandeja, cerca de los labios, para mantener una conversación, sentarse a tomar algo mientras cada cual atiende sus wassapp, telegram o instagram, subir fotos de la bebida o de la tapa junto a un selfie con los amigos… Porque la foto es la constatación fehaciente del momento a inmortalizar. La imagen es el prueba de lo que se hace, de lo que se compra, de la ropa que se usa, del lugar al que se va de viaje, del paisaje urbano o natural y hasta de los retos, a priori imposibles, afrontados por diversión…O sea que vivimos un tanto enajenados, abstraídos y ocupados testimoniando la vida que cada cual ha fabricado dentro de su propio microcosmos, olvidando que existimos en colectividad, que nadie ‘es ni está’ solo, por sí mismo sino que somos interdependientes… Nos hemos conectado a la red virtual pero nos vivimos desconectado del mundo real…

Por eso y, aunque pueda pensarse que la esclavitud es un fenómeno del pasado, yo no estaría tan segura…Más bien considero que el paso del tiempo ha dado lugar a nuevas formas o modelos de esclavitud (aunque éste término resulte abrupto y no se use frecuentemente) de sumisión o dependencia. Por citar algunos podemos mencionar el ‘culto al cuerpo’ que lleva a muchos jóvenes a modelar su imagen hasta lograr abultar o adelgazar aquellas partes que consideran imperfectas para conseguir un físico acorde con los cánones ‘oficiales’ que validan, lo que podríamos llamar, ‘la figura ideal’, sujeta a unas medidas determinadas… Luego, para mantenerse en forma, se acude a los diferentes regímenes alimenticios (alcachofas, dieta Dunkan, ayuno intermitente…etc…) o se machacan con horas de gimnasio que algunos complementan con la toma abusiva de esteroides…

Y aún hay más… Pues nuestra sociedad actual se ve sometida a otras flagrantes formas de esclavitud perseguidas por la ley: la sexual de mujeres y niñas, algunas vendidas sin escrúpulos para ser prostituidas y para mediar en el comercio o menudeo de droga, verbigracia, las niñas tuteladas en diversas ciudades españolas… La esclavitud infantil que somete a los niños menores al trabajo y los insertan en redes de venta de drogadicción…Y otras tantas formas de adicción y dependencias varias ejercida la mayoría por hombres sin escrúpulos, carentes de moral, que manipulan y se apropian de la voluntad de los débiles y los pobres hasta transformarlos en esclavos al servicio de un dueño que jamás concederá la ‘carta de libertad’.

Todos conocemos la expresión ‘Mens sana in corpore sano’. El proverbio latino pertenece a la Sátira X escrita por Décimo Junio Juvenal (s. I-II d. C.) y popularizada gracias al entusiasmo del francés Pierre de Coubertin en la segunda mitad de siglo XIX… Tal vez este sea el camino: una mente lúcida, un cuerpo sano y seres humanos libres… Y tal vez se imponga una revisión del término ‘esclavo’ para tomar conciencia del punto en el que estamos, proponer una cultura secesionista y liberadora en la que las tecnologías estén al servicio de la humanidad y no al revés…

Yo ahí lo dejo…

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