Personal y transferible…(5)


«Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo» (Platón)
Fotografía: Carlos EdC

De vez en cuando esta que suscribe necesita bajarse del tren de lo colectivo y lo público para detenerse en lo ‘personal y transferible…’ Apartar la mirada del panorama social y político tan desolador en que estamos inmersos y efectuar una parada en el yo interior. «Hay un tiempo para cada cosa: Un tiempo para nacer, un tiempo para morir […] Un tiempo para sanar […] Un tiempo para edificar… Un tiempo para llorar y un tiempo para reír […]» (Eclesiastés 3, 1-15). Y todo esto dicho así, de corrido, son pensamientos que me asaltan desde hace algunos años a lo largo de esta segunda semana de febrero. Días en que caigo en una especie de letargo emocional, con el corazón encogido, adormilado, entumecido y, aunque apenas se note externamente, siento una fuerza interior que me inmoviliza el alma del tal manera que no me atrevo a dejarme llevar o afrontar sensaciones placenteras o agradables… Será por eso que escribir más allá de las propias emociones resulta un reto, a veces, insuperable, porque esta es una semana para rememorar, revivir y evocar aunque sin acritud ni pensamientos abruptos… Más bien al contrario. El recuerdo del Guardián se vuelve demasiado intenso y a la par despojado de todo lo que pudiera parecerme antiestético, grotesco o inverosímil… Su imagen cada vez más borrosa, sus gestos apenas reconocibles, su voz menos audible aunque apriete con fuerza los párpados para concentrarme y, sin embargo, su presencia se vuelve más dulce y cálida con el paso del tiempo. Aún así , hay momentos que la memoria me absorbe y transporta hasta aquel febrero frío y lluvioso que, no obstante, lució radiante el día ‘d’ a la hora ‘h’.

Los primeros años su ausencia me sumía en una espesa sensación de tristeza. Cada día de esta fatídica semana intentaba recomponer lo sucedido como homenaje al vacío que nos había dejado. Pensaba: ¿Qué menos que exhumar los recuerdos de sus últimos días? E intentaba hacerlo siguiendo fielmente la secuencia temporal real, enumerando hasta los más ínfimos detalles tal cual acontecieron (o tal cual los recordaba) considerando necesario recomponer el relato exacto e inalterable… Como si hubiera contraído una deuda que debía saldar de por vida, sentía en lo más profundo de mí que no era justo permitirme hacer cualquier cosa que me distrajera del deber adquirido para conmigo misma, que no era otro que atender su remembranza pura y dura…

Agnóstica confesa, si alguna vez he sido consciente del daño y el descalabro provocado por una educación basada en los valores judeo-cristianos-católicos, fue durante esta etapa de mi vida: prisionera de mis inocentes culpas, esclava de mis humanos errores, presa de ridículas condescendencias, necesitada de un perdón carente de faltas…

Cuando decimos que ‘el tiempo pone las cosas en su sitio’ o que ‘el tiempo lo cura todo’ es verdad… Como siempre la sabiduría popular recoge las experiencias comunes, el sentir de la mayoría o el consenso social de las emociones y las reúne escuetamente en una frase lapidaria y sabia con la que nos identificamos y percibimos sinergias, a veces, inexplicables…Y eso ha sucedido, que el tiempo ha ido difuminando lo mas escabroso, lo que más duele, lo que más aterra, rescatando a cambio todos aquellos instantes que dibujan una sonrisa, subrayan de nuevo los gestos amables desaparecidos hasta conseguir borrar esa mueca de desconsuelo que provoca ojeras y decae los párpados: el espejo del alma que es el rostro se vuelve, finalmente, menos tenso, relajado y sereno…

Y pasaron nueve años…

Aceptación…

Aunque hablara la lengua de los ángeles, aunque dominara todos los idiomas del mundo, no habría palabras para describir la pérdida de un ser querido tan especial como un hijo… Y el devenir de los tiempos cuenta a favor de quienes se van y de quienes se quedan. Los ausentes acaban regresando sanos y salvos del mal que se los llevó y vuelven lúcidos y bellos como protagonistas de una ficción que no es sino la repetición de sus momentos estelares compartidos que narramos una y otra vez cuando la familia o los amigos se reúnen: nacimiento, infancia, cumpleaños, travesuras, viajes, anécdotas, las primeras aventuras amorosas…Retazos de vida cosidos con amor que conforman, a veces, una memoria demasiado breve…Retales de una corta vida que se repetirán una y otra vez junto a su imagen imborrable e imperturbable que permanecerá idéntica e inmutable por siempre jamás…

Quienes sobreviven se reinventan y una vez reconstruidos asumen el papel de relatores, narradores de la ficción que testan su veracidad, dan testimonio, custodian los recuerdos y los transmiten para que quienes se fueron nunca se vayan del todo…

No conozco otra manera de mantenerlos vivos ni adivino otra forma de mantenernos cuerdos…

Que así sea…

Fotografía: Carlos EdC

2 comentarios sobre “Personal y transferible…(5)

  1. Qué duro y qué bello a la vez lo que escribes. Como madre solo puedo hacerme una ligera idea de lo que habrás tenido que pasar. Pero como tú dices, cuando alguien querido se va, el tiempo hace su trabajo. Y se pasa el duelo y las etapas, ira, aceptación… Somos custodios de recuerdos y, expresándolos, mantenemos cerca del corazón a aquellos que no nos abandonan del todo.

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