Historias, mitos y leyendas…

«Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantasía, esperando en silencio que el arte los vista de la palabra para poderse presentar decentes en la escena del mundo...»(G.A. Bécquer)
Imagen Internet

Si hay algo que hasta hace poco se escapaba a la historia han sido los sentimientos, las emociones…Afortunadamente hace más de una década que algunos historiadores abrieron un nuevo campo de investigación (la Historia de las Emociones) dispuestos a explorar un terreno tan desconocido y virgen como poblado de expectativas, un territorio hoy consagrado que ha destapado el universo de los afectos y ha permitido conocer la arquitectura de los sentimientos y la gramática del amor que, antes como ahora, cuenta con sus propios códigos y un lenguaje especifico que, concretado en numerosas expresiones, conforman la semántica de las relaciones sociales y personales, dedicando especial atención al espacio que configura el amor y el deseo…

No obstante, el peso de una moral empeñada en condenar la sexualidad considerada un acto reprobable, sucio y dañino, permitido solo de cara a la reproducción, consiguió que muchas relaciones sanas y verdaderas se volvieran prohibidas y por ello, ocultas, vividas en la clandestinidad y en los márgenes sociales, entre lo permitido y lo prohibido, que han sido recogidas en la historia no oficial o narradas en las leyendas…

El lingüista Michael Witzel aseguró que las leyendas se originaron en la Víspera africana hace más de 100,000 años. El término, que procede del latín legerelegenda, significa leer o cosa para leer. Las leyendas más primitivas intentaban explicar lo inexplicable, como fenómenos de la naturaleza, mitos o cuentos orales que fueron transmitidos de padres a hijos, del chamán a la tribu, de generación en generación, a fin de preservar la historia, tal y como ha venido sucediendo durante milenios aunque la mayoría de las teorías no han podido ser corroboradas por la ciencia.

Quiénes pertenezcan a mi ‘quinta’ (más o menos) puede que recuerden aquellas noches familiares en torno a una mesa, mientras los mayores contaban historias de seres imaginarios o populares, algunos reales, (héroes o famosos locales) a quienes se les achacaban grandes hazañas y gestas que nos dejaban boquiabiertos…Noches de verano sentados en el escalón de la puerta de la calle (cosa muy típica en Andalucía) con primos y amigos, dispuestos a contar lo que habían oido a sus padres a quienes, a su vez, le habían contado los suyos…Relatos de miedo, de fantasmas, de ogros y tambièn de amor, de amores llenos de obstáculos que pocas veces triufaban. Historias truncadas por aquello de romper las ‘normas…’

Y al hilo de todo lo anterior, me viene a la cabeza la idea de que tal vez, solo tal vez, estos relatos nacieron como recurso deslizado en la narración de una historia verdadera. Relatos permeados entre la realidad y la ficción que ayudaron a descubrír y comprender el mundo de las emociones y de las cosas del querer… Las leyendas cuentan, narran hechos que fueron o pudieron ser, transmitidos y recordados a través de los tiempos, sobreviviendo a las costumbres, la religión o la moral al no estar validados por la historia oficial.  Las leyendas han permitido dar rienda suelta a los amores más disparatados, aquellos que se saltaban las reglas del juego sin que nadie se escandalizara por ello precisamente porque sembraba dudas sobre su veracidad. Historias que dejaban en evidencia la rigidez de una sociedad hipócrita y de doble moral que se debate en la dicotomía que enfrenta el ser y el parecer…

Casi todas las culturas y civilizaciones cuentan con historias que han transitado a leyendas, hechos históricos pasados por el tamiz de la imaginación popular que añade detalles y fantasias, que al dia de hoy no se han podido comprobar: Troilo y Crísida; Marco Antonio y Claopatra; Tristán e Isolda; Romeo y Julieta, los Amantes de Teruel o Itimad, la esclava trianera que llegó a ser reina…

Todas estas historias reflejan una época, un contexto, unos personajes a lo que se ha incorporado la fantasía de cada relator…Algo así sucedió con la historia-leyenda de Itimad de la que existen dos versiones: Una recogida en El Conde Lucanor, de don Juan Manuel que sentencia el personaje femenino a quien tilda de caprichosa y desagradecida y la versión popular que se guarda en Sevilla, más benevolente al considerar que se trataba de una mujer poeta, feminista, artista… Un espíritu meláncolico y libre de ataduras sociales.

Cuenta la historia que Al-Mutamid reinó en la taifa de Sevilla entre los años 1069 a 1090. Al-Mutamid era un rey culto que escribía versos y se rodeó de una corte de ilutrados y sabios que hicieron de Sevilla un centro de cultura y de reconocido esplendor por lo que fue una de las ciudades más importantes de aquel momento.

Gustaba al rey pasear por la ribera del Guadalquivir con su amigo Ben Amar, consejero y también poeta. Caminaban y charlaban al atardecer, disfrutando del paseo y la amigable compañía. Y así una tarde cualquiera recorriendo las cercanías del Puente de las Barcas que unía la ciudad con Triana, cuando se detuvieron para comentar sobre la belleza de la luz, el paraje y la tarde en general, Ben Amar comentó sobre la belleza del lugar y Al-Mutamid completó su frase con un verso: «La brisa convierte al río/en una cota de malla.» al tiempo que pidió a su amigo que siguiera la estrofa… Pero Ben Amar no era buen improvisador… Callado rebuscaba en su interior las palabras que rimaran… Mucho se entretenía y prolonlaga aquel mudo silencio hasta que, de repente, una voz femenina sonó tras ellos completando el verso: «Mejor cota no se halla/como la congele el frío…» Ambos se giraron y contemplaron atónitos que la voz era de una machacha descalza de la que Al-Mutamid quedó prendado…

Siguiendo las órdenes del rey Ben Amar la siguió y realizó las consiguientes pesquisas hasta que supo quien era, descubriendo que la joven se llamaba Itimad, aunque era conocida con el sobrenombre de Romaiquía pues era la esclava de un hacedor de tejas de Triana llamado Romaiq, con quien Aben Amar quiso hacer un trato… Pero, conocido por el hacedor el flechazo del rey se la entregó como regalo, advirtiéndole de que se trataba de una muchacha soñadora y perezosa para el trabajo…

Una vez en palacio se enamoraron al instante pues ambos compartían la pasión por la poesía y las artes… El rey no la quiso como una más de harén y la convirtió en su única esposa a pesar de que podía tener varias…Cuenta la leyenda que la esclava granadina echaba en falta las cumbres blancas de Sierra Nevada por lo que el rey, siempre dispuesto a complacerla, ordenó plantar mil almendros en el Alcazar para que su esposa los admirara como si de un manto de nieve de tratara… Otras versiones cuentan que la reina echaba de menos el olor al barro con qué fabricaba ladrillos cuando era esclava y que su esposo cubrio el jardín de barro perfumado con especias y aromas del que disfrutó jugando con sus doncellas…Y todo siguió como un cuento de hadas hasta que a la llegada de los almorávides, el emir Yusuf, desterró a Al-Mutamid y su esposa a un lugar cercano a las inmediaciones de Marrakech…

Cuenta la memoria popular que mientras los reyes navegaban por el Guadalquivir, los sevillanos los despidieron con lágrimas en los ojos…Ambos vivieron el amor hasta el final de sus días…Eso sí, en la mas severa pobreza…

Actualmente un azulejo situado en el Barrio de Santa Cruz recuerda a esta esclava trianera que llegó a ser reina porque enamoró al rey con su poesía…

Y colorín, colorado…