Cosas de la vida…


«Es sencillo hacer que las cosas sean complicadas, pero difícil hacer que sean sencillas». (F. Nietzsche)
Milonga (Jorge Cardoso)

Lo que sea que estás buscando no va a llegar en la forma que lo esperas […] La vida no es como el agua. Las cosas en la vida no fluyen necesariamente por el camino más corto […] Incluso si pudiéramos regresar, nunca regresaríamos al mismo lugar en el que empezamos…»

Estos pensamientos son de Murakami, uno de los escritores contemporáneos más respetado y reconocido. Su literatura resulta fascinante y acaba enganchando porque el escritor nipón impregna sus obras de un realismo mágico muy peculiar y es justamente esa mezcla la que seduce y distingue de otros autores coetáneos. Alienación, soledad, muerte…Amor, sexo, música…Al multipremiado autor japones, a quien se le resiste el Nobel a pesar de aparecer casi siempre en las apuestas, en opinión de algunos por haber alcanzado el estatus de autor de best-seller, se le atribuyen observaciones y consideraciones dignas de tener en cuenta a la hora de examinar nuestra propia vida. Al fin y al cabo no somos tan diferentes unos de otros…

Leyendo estos y otros aforismos, reflexiono sobre el cambio permanente, sobre el constante fluir de mi existencia y el continuo devenir que nos obliga a mudar insistentemente, con más o menos resistencias o disensos… ‘Cosas de la vida’ me digo a mí misma, como adagio que presagia una cavilación en la que repaso, de manera retrospectiva, algunos hechos significativos que me afectaron. «Lo que llamamos presente tiene forma por la acumulación del pasado» O sea que todo cuenta, que nada es porque sí…«El dolor es inevitable. El sufrimiento es opcional” Ergo ¿podemos elegir?

Podemos…Debemos…Es inteligente elegir…

Cuando me jubilaron (y no digo jubilé porque no fue decisión mía sino de la Administración, por causas que no vienen al caso) me inventé una nueva vida, diferente a la que tenía. Con otras prioridades, otros horarios, otra rutina y otras metas u objetivos. Si bien es cierto que durante un tiempo añoré no poder continuar con mi trabajo, con mis alumnos, mis clases, mis compañeros, las tediosas sesiones de evaluación, las reuniones de padres y esa inagotable burocracia que a los docentes, en general, tanto nos repatea porque nos resta tiempo de lo importante y de nuestra verdadera tarea que es instruir y enseñar, también lo es que me liberé de esa nostalgia nada más darme cuenta que mi regreso a las aulas implicaba nuevas dinámicas desconocidas para mí. En muy poco tiempo me había quedado atrás (entrada en vigor de la LOMCE) y ponerme al día implicaba un esfuerzo personal que ya no me compensaba…O eso consideré entonces.

Parece que hasta ese momento no me había percatado de que el paso del tiempo no sólo me había cambiado a mí sino a mi entorno, a mis amistades y amigos, a la familia, a la sociedad en general y al ámbito de la educación en particular. Todo esto me hizo comprender que ya no había vuelta atrás. Que la etapa laboral había llegado a su fin, concluida, cerrada, acabada, aunque no me agradara, aunque me costara hacerme a la idea de que nunca más…’Nunca’, ‘siempre’, ‘jamás’ esos términos tajantes y definitivos que tan poco me gustan porque anulan y niegan  el ‘tal vez’, ‘acaso’ o el ‘quizá’, adverbios que, por el contrario, abren un pequeño recodo a la esperanza al admitir una posibilidad por muy remota que sea… Posibilidad, no obstante, imposible de descartar porque definitivo, lo que se dice definitivo, no hay nada excepto la muerte. La vida esta llena de vueltas, de giros, de puentes, de encuentros, desencuentros, oportunidades, quien sabe cuándo, quien sabe dónde…Por eso mientras estamos vivos aunque no todo es posible, algunas cosas son probables…

Mientras lo escribo lo pienso y al revés… La jubilación es un proceso que puede parecer fácil, pero no siempre lo es… Asumirla supone aceptar la existencia de ciclos dentro de nuestra trayectoria vital. Ciclos y tramos de vida que se agotan y se cierran definitiva e inexorablemente. Vivirlo en propias carnes ha resultado toda una experiencia que procuré estuviera libre de cualquier drama. Por el contrario, intenté contemplar lo positivo, lo efectivo, lo provechoso, lo que verdaderamente aporta, intentando desviar la mirada de lo que resta, disminuye o rebaja, porque al final, de lo que se trata, es de colocarse en una perspectiva vitalista, positiva y agradecida por haber podido efectuar el recorrido completo, de principio a fin. Así que sí, cerrado el ciclo laboral, tocaba reinventarse, cambiar de tercio, ir con la música a otro lado, poner punto y aparte… Y eso hice. Eso hago o eso intento…

Reinventarse o morir. Ser o no ser that is the question 

Así que desde que me jubilaron ya me reinventé varias veces. Corregí, alteré, modifiqué y mejoré mi rutina adaptandome a las circunstancias, ajustándome y reajustándome hasta sentirme activa pero tranquila en mi propia realidad. Tranquila y reconciliada, ambos aspectos necesarios para obtener una cierta sentación de satisfacción y un vivir de acuerdo a mi situación que tal vez no sea la deseada, ni la esperada, ni mucho menos la que alguna vez soñé, pero sí la que me tocó en suerte…Y una vez llegada aquí, los cambios constituyen un auténtico reto que no siempre estoy dispuesta a afrontar, a admitir o a satisfacer…

Y estrenando nueva identidad me dediqué a la fotografía. Un universo lleno de posibilidades que me ayuda a expresar, a canalizar sensaciones observando el entorno, las personas, las ciudades y el mundo en general. La fotografía me ha aportado muchísimo. Me abrio los ojos para redescubir la belleza de cuanto me rodeaba, sintiendo que miraba y veía por primera vez. A fin de cuentas alguna partícula de mi ADN debía estar impregnada por el oficio, pues mi padre fue fotografo…Cada click de mi cámara es un segundo que me detengo y observo con plena conciencia y atención, un segundo de tiempo y de vida rescatado e inmortalizado en una imagen única, exclusiva, que de inmediato pasa a formar parte de mi memoria y enseguida comparto con las personas que quiero porque la belleza se captura para compartirla ¿qué sentido tendría guardármela solo para mí?. La fotografía me ha enseñado y me enseña a contemplar y admirar como actos que deben ser experimentados y apreciados desde su misma y única esencia…

La jubilación también me dejó tiempo para escribir. Y lo que es peor, afianzó en mí la necesidad de hacerlo… Prueba de ello es este blog. Me convertí en ‘la pensadora gaditana’ para escribir desde este espacio reclamando una ‘habitación propia’. Esa que toda mujer debe tener para sí como reconocimiento de un espacio íntimo desde dónde reclamar sus deseos, experiencias, aspiraciones y logros… Ese reclamo a la libertad y a la independencia del que se abanderó Virginia Woolf, que tengo el privilegio de poseer y disfrutar… El blog me ha permitido opinar hasta dónde he querido o me ha parecido oportuno, al amparo de la libertad de expresión que la Constitución reconoce a todos. Siempre desde el respeto y confiando aportar un granito de arena que pueda saciar la curiosidad de quienes me leen.

En fin, todo pasa y todo llega…Cosas de la vida…Ganancias y pérdidas…«Cada uno de nosotros sigue perdiendo algo muy preciado. Oportunidades importantes, posibilidades, sentimientos que no podrán recuperarse jamás. Esto es parte de lo que significa estar vivo». (Haruki Murakami)

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