Epílogo…


«Cualquier nuevo comienzo se forja a partir de los fragmentos del pasado, no del abandono del pasado».
Fotografía: mp_dc
‘Estaba escrito’. Luz Casal

Los días pasan apresuradamente. Uno a uno el calendario parece suspirar al tiempo que los deshoja sumiso, claudicando, porque no le queda otra, dispuesto a la rendición total hoy día 31, la noche más vieja del año… Mientras llegaba, la prensa, la radio y la TV han recapitulado las noticias más llamativas, las canciones más oídas, las palabras más usadas, las más buscadas en Google (este año ‘inteligencia artificial’), las nuevas incorporaciones de la RAE, los actores más populares, las bodas más interesantes, los políticos más valorados, los problemas que más precocupan y cosas así…Algunos de los periodistas con voz propia, tertulianos de raigambre, muy reconocidos, presentan en paralelo su propio balance en un tono claroscuro la mayoría, a la par que realizan propuestas y propósitos de enmienda que, casi seguro, no sucederán… Todo un inventario final del 2022 en los que prima una nota común: la superación de la covid como telón de fondo de unos años que permanecerán en la memoria colectiva durante generaciones…

Los seres humanos, en general, gustamos de los epílogos tanto como de los prólogos… De eso se trata. De saber mirar atrás para valorar, para divisar en la distancia los fallos cometidos, los errores por acción u omisión y, cómo no, los aciertos que nos animan y alientan a continuar y a iniciar un nuevo prologo, es decir, un nuevo comienzo. En definitiva: volver a empezar…Mirar atrás para comprender y adelante para rectificar. En ningún caso para abandonar. Así es (o debería ser) la vida…

Por todo esto, a pesar de la celeridad y la fugacidad con la que el tiempo acontece y se diluye, a nivel personal intento mantener la serenidad y la calma necesarias para despedir el año (a pesar de todo, por encima de todo) agradecida por lo bueno recibido de quienes conforman mi vida y la llenan con sus afectos, su amistad y su presencia. Ese círculo cercano que me sostiene y socorre, que sale a mi encuentro cuando los ánimos flaquean y el pesimismo se apodera de mi a pesar de los pesares. Así han pasado estos días, entre comidas -que no faltan- visitas recibidas y realizadas para felicitar y paseos por las playas que lucen radiantes, bendecidas por la bondad de un clima empeñado en regalar días de luz y temperaturas primaverales…Disfrutar de amaneceres maranjas y atardeceres rojos constituye un auténtico lujo del que intento sacar partido cada día, consciente -o eso intento- de la oportunidad que estar viva representa, dejándome embargar a la par por el recuerdo y la ausencia de quienes me faltan…

Y un año más toca hacer la lista de propósitos. Colocar en el horizonte nuevas metas e insistir en las no conseguidas, haciendo acopio de esperanza -sin desánimo- y de la voluntad imprescindible para persistir sin decaer en el intento, aunque esta cuestión se plantea harto difícil y, por momentos, me hace experimentar cierto vértigo al intentar adivinar o predecir qué me deparará el nuevo año. Más aún: qué me deparará el futuro…Mientras recorro el camino, cultivar el buen karma es mi destino, mi meta…

En lo colectivo -porque no vivo sola ni aislada del resto del mundo- quiero creer (aunque no estoy segura) que la situación no empeorará. Y por desear que no quede. Ya puestos a soñar que sea a lo grande. Por eso deseo desde lo más profundo de mi corazón que la inteligencia y la cordura actúen de la mano en favor de la democracia y, por tanto, de todos sin excepción. Que los ‘malos’, aunque ganen la batalla, pierdan la guerra. Que la paz se imponga por goleada. Que ninguna mujer muera a mano de ningún hombre. Que los que dirigen el mundo no pierdan la cabeza ni pulsen el botón rojo. Que los ricos se conformen con lo que tienen y los pobres puedan dejar de serlo. Que los niños y niñas vivan sin miedo. Que la ciencia y la investigación reciban el impulso que merecen para que los científicos nos curen y mejoren nuestra calidad de vida. Que las mujeres afganas vuelvan a sus aulas en la Universidad… Que los políticos dejen de mirarse el ombligo y actúen como lo que son: servidores públicos…Y que la justicia se quite la venda de los ojos para mirarnos cara a cara, de frente, con valentía y arrojo porque como dice el Talmud: «desgraciada la generación cuyos jueces merezcan ser juzgados…» Ojalá que no sea…

A los míos salud, paz interior y que nunca se sientan solos…

Y para todos vosotros -lectores y blogueros- (además de salud) paciencia, mucho ánimo y altas dosis de inspiración…

¡Feliz 2023!

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