Personal y transferible…(2)

LA BELLEZA DE LAS HERIDAS, DE LAS GRIETAS, COMO METÁFORA DEL VALOR DE LA HUELLA QUE DEJA EL PASO DEL TIEMPO, COMO ESENCIA DE LA VIDA MISMA…(CELINE SANTINI:KINTSUGI.EL ARTE DE LA RESILIENCIA).
Fotografía: mp_dc

En una entrada reciente hacía referencia a la ‘sociedad líquida’, término acuñado por Bauman que acude a la metáfora del fluido para explicar la concepción de la vida actual en continuo cambio, obligando a los individuos a adaptarse permanentemente. De ahí el símil con lo que sucede cuando vertemos líquido en un recipiente o lo transferimos de uno a otro… Sea como fuere, todo acontece con tanta rapidez que da la sensación que casi todo es sustituible, reemplazable u obligatoriamente caduco…

Aspiramos a la perfección. Defendemos la filosofía del éxito, cuanto más rápido mejor, al tiempo que intentamos ocultar nuestra fragilidad bajo una máscara que protege -o al menos disfraza- los defectos y fracasos para acabar mostrando una realidad que muchas veces no es tal. Algunos se parapetan tras proyectos a priori ilusionantes aunque en realidad no lo sean tanto, pero que vistos desde fuera, resultan suficientemente convincentes. Tanta fugacidad impide focalizar la atención sobre la certeza lo que se posee para centrarla en lo que –supuesta o erróneamente- consideramos que nos falta…

En semejante tesitura todos, unos más que otros, vivimos atrapados en el consumismo, el derroche y, ahora también, en una derivada de éste: el reciclaje. A veces me pregunto si bajo el envoltorio de ‘cuidar el planeta’ en realidad  alimentamos nuevas industrias que amasan su fortuna con la materia prima gratuita que la buena voluntad de muchos les suministra…No quiero ser mal pensada y quiero ver la cara positiva tanto en cuanto algo que parece no servir para nada se transforma en algo nuevamente útil que tiene otra oportunidad de servir gracias a un proceso de renovación…Miles de botellas de agua transformadas en una mochila o en la tapicería de un AUDI… Una prenda de vestir confeccionada con restos de otras, al más puro estilo upcyling… Chanclas que tuvieron una vida anterior rodando como neumáticos quien sabe si de un hermoso Ferrari…O bisutería engarzada con trozos de botellas de licores que lucieron en los bellos estantes de un famoso pub… Visto así la técnica del reciclaje resulta tan atractiva como emocionante. Aunque no seamos conscientes es posible que vivamos rodeados de objetos con historia, con un pasado, reencarnados y dispuestos para una misión diferente –quien sabe si mejor- a la que tuvieron…

Esto me lleva a pensar en el valor de las segundas oportunidades, en las segundas partes de las que se dice ‘nunca son buenas’, en las segundas veces en las que intentas no meter la pata como en la primera…Sí. Me hace considerar, por inquietante que parezca, lo positivo que resultaría que pudiera ser en otro momento u otra vida lo que no puede ser ahora, ni ha podido ser en esta existencia presente… Una idea sin visos de melancolía o tristeza que simplemente me devuelve a la realidad del aquí y el ahora sin nostalgia.

Vivimos bajo la atracción de lo efímero, bajo dominio de lo breve, bajo la tiranía de lo pasajero y la inmediatez de lo momentáneo en contraposición a lo duradero y estable. La filosofía del  carpe diem eclipsó el culto a los recuerdos. El pasado no existe, el futuro tampoco… Y si una mañana cualquiera alguien se  levanta con el pie cruzado, se sirve un café al tiempo que, tras un movimiento torpe o no calculado tira al suelo la taza, automáticamente se dirigirá resignada a recoger y tirar los pedazos a la basura, sin detenerse un segundo a pensar si merece la pena unirlos para rescatarla…En general se tiende a pensar que no merece la pena, aunque el objeto roto posea una historia, una anécdota, esté ligado a momentos especiales o sea un regalo de alguien importante para nosotros…

Y al hilo de estas reflexiones (ahora es cuando mi amiga M. piensa que ya empiezo a ‘hilar…’) me viene a la cabeza una técnica artesanal milenaria originaria de Japón: el kintsugi. Dicha técnica se remonta a tiempo del shogún Ashikaga Yoshimasa (1435-1490), bajo cuyo mandato se desarrolló la cultura Higashiyama, la práctica de la ceremonia del té, del ikebana (arreglo floral), el nōh (representaciones que combinan el drama y la danza) y la pintura con tinta china (tinta que se usó en la escritura china y coreana y, en Japón, en pinturas monocromáticas). Durante este período la cultura estuvo influenciada por el budismo zen, el nacimiento de la estética japonesa como el wabi-sabi (basada en la belleza de la imperfección) y la armonización de las culturas de la Corte Imperial y los samurái.

Pues bien, en el transcurso de una ceremonia de té ante Ashikaga Yoshimasa un cuenco cayó al suelo y se hizo pedazos. El  shogún que le tenía fuerte apego ordenó que la reparasen enviándola para ello a China donde se limitaron a realizar una chapuza uniendo los trozos con unas grapas…No contento con los resultados la entregó a unos artesanos japoneses que le dieron una solución tan atractiva como duradera: unieron cada pedazo utilizando como argamasa barniz espolvoreado con oro. El trabajo resultó espectacular al permitir  recuperar su forma primitiva dotándolo a la par de una belleza extraordinaria procedente de las cicatrices doradas  que el objeto mostraba sin ningún complejo. En lugar de intentar disimular la imperfección los artesanos la transformaron en pura y simple belleza… El método tradicional del kintsugi —también denominado “carpintería de oro”— ha conseguido que algunos objetos hayan llegado a ser más preciados que antes de romperse… El paso del tiempo desgasta objetos que rescatados por medio  del kintsugi se revalorizan y ganan belleza y perfección…

Esta puede ser una hermosa alegoría que ha quedado ligada a una nueva filosofía de vida para practicar en una sociedad que aspira a la perfección y tiende a rechazar o señalar con el dedo lo defectuoso o imperfecto…Todos conocemos el fracaso, el desengaño, la pérdida. Todos nos hemos sentido rotos alguna vez aunque desgraciadamente nos enseñaron a ocultar las heridas, a mantener la compostura, a contener para disimular nuestra fragilidad y fingir fortaleza. Quien más quien menos ha padecido su propio desastre emocional o físico, ha caminado por el borde del abismo y ha cavado su propio pozo para meterse dentro hasta desembocar en un punto de no retorno. Un punto de inflexión, la ‘crisis’ que decían los griegos…

No hay resurgir sin paciencia…

El kintsugi encaja como un guante en nuestra sociedad actual, porque tiene mucho que ver con la superación, con la resiliencia frente a la adversidad. Hemos descubierto la necesidad de reutilizar, de reciclar, el gusto por la artesanía o el bricolaje dejando sitio a la creatividad que nos permite dejar nuestra huella personal en lo que hacemos y también brindar una segunda oportunidad o simplemente reparar lo roto antes de apartarlo por inútil o imposible…

“Hay que dejarse llevar por todo, entregarse a todo, pero al mismo tiempo conservar la calma y tener paciencia. Solo hay una forma de superación que empieza con superarse a sí mismo”. Esta es la receta para la vida que el escritor Fran Kafka nos ofrece en su obra El proceso… Tan sencilla como difícil: “Tenemos que absorberlo todo pacientemente en nuestro interior y crecer”….

Que así sea…

Transiciones: Entre lo individual y lo colectivo…

«Viajamos con las nubes que se disgregan y oscurecen, cambiamos con ellas sin darnos cuenta, a tenor de su frágil dibujo condenado a la agonía antes de que nadie lo haya entendido. En las nubes, y nunca en los papeles, está el jeroglífico verdadero» (Carmen Martín Gaite)
Fotografía: mp_dc

La cita textual del encabezado corresponde a la novela Nubosidad variable (otra de mis favoritas) de Carmen Martín Gaite. La autora narra con la exquisitez que le caracteriza, la historia de un reencuentro y la reconstrucción de una relación interrumpida. Un relato que parte de las propias protagonistas cuyas vidas transcurren bajo ‘nubosidad variable’, un símil de la vida de verdad, de las transiciones a las que nos somete el tiempo que acontece, casi siempre, en claro escuro, entre luces y sombras…

«El alma humana se parece a las nubes. No hay quien la coja quieta en la misma postura» (CMG)

También el escritor colombiano García Márquez escribió sobre las transiciones en la vida. Imaginada o inventada, entre la realidad y la ficción el escritor afirma: “deja que el tiempo pase, y ya veremos lo que trae”. Y eso que el famoso autor no conoció la pandemia. Me pregunto qué hubiera escrito de haber vivido la experiencia del confinamiento, de las muertes, de las soledades obligadas en un tiempo en que cada uno creó su propio Macondo y cada cual vivió su ficción filosofando al calor de los familiares y amigos o etiquetando recuerdos para no olvidar al más puro estilo Aureliano Buendía….

Transitamos y mientras lo hacemos se suceden las danas, las inundaciones, las explosiones volcánicas y lo que sea que tenga que suceder en este planeta que se queja, se revela, ruge y agita tal vez cansado del mal trato recibido por parte de quienes lo habitamos…Como las plagas de Egipto la tierra nos somete, literalmente, nos reduce, nos subyuga, nos domina y nos saquea hasta dejarnos sin nada…Entonces, solo entonces, escuchamos nuestros propios lamentos. Los seres humanos necesitamos perder para comprender el valor de lo que ya perdimos…

Y así aprendemos…

Personalmente también siento y protagonizo mis propias transiciones y pérdidas. Experimento una cierta rebeldía -más bien resistencia- que sé, estoy segura, no será más que un paso en el camino hacia la serenidad, la tranquilidad, la calma, sentimientos que me proporcionarán eso que tanto se parece a lo que algunas personas identifican con la ‘felicidad’…

Pero la vida continúa en todos los órdenes, no solo en lo individual sino en lo colectivo. Esta semana se inició el curso político y se celebró la primera sesión de control del Gobierno. El día anterior la Presidenta dirigió a ‘sus señorías’ un discurso inaugural que sonó a una solemne declaración de intenciones. Batet mostró su disconformidad respecto al mal uso del lenguaje instalado en la Cámara desde comienzos de la legislatura. Incidió y se lamentó de la escasa altura de la dialéctica parlamentaria, venida a menos, pues discurre entre los insultos personales y las palabras gruesas que, lejos que endurecer la oratoria la ensucia y contamina y, en consecuencia, ofrece una imagen sesgada, viciada de la actividad política y de quienes desempañan el noble oficio de representar a los ciudadanos de los que,  por cierto, perciben jugosos emolumentos… Recalcó también su temor ante la pésima imagen que proyecta la clase política y el peligro que comporta porque puede constituir un repulsivo para los jóvenes además de proporcionar una idea de agresividad o violencia verbal que podría extrapolarse a la calle con las consecuencias que esto conlleva… Los políticos constituyen un espejo en el que la sociedad se mira. Cumple, por tanto, una función didáctica y pedagógica actualmente desvirtuada…

Sinceramente no confío en que rectifiquen porque quienes utilizan esta verborrea muchas veces anacrónica y casi siempre de mal gusto, han convertido el insulto en una forma de hacer política, una seña de identidad, una estrategia que, según parece, les da buenos resultados y por eso les conviene, porque les resulta rentable…De ser así ¿para qué cambiar?

A este respecto percibo a mi alrededor un gran desencanto. Unos porque se sienten huérfanos políticos que no encuentran un líder al que entregar su voto. Carecen (mos) de un guía, un gurú político que muestre cierto carisma o visos de mínima credibilidad. Otros ya perdieron la fe y han renunciado a rescatarla. Ya no están abiertos a ninguna opción. Ya no les importa: gobierne quien gobierne todos son iguales…Finalmente, unos pocos, los más mayores, supervivientes de la postguerra, observan con recelo el clima de crispación, de violencia y resucitan en su memoria el ambiente vivido en España antes de la guerra…Ya no temen por ellos. Temen por sus nietos y biznietos…

Por otro lado hay quienes simplemente consideran su propia teoría de la conspiración que puede tener varias versiones, verbigracia la de un técnico de una compañía telefónica que vino a casa hace unas semanas. Un chico de treinta y pocos años (cálculo que hago por los ojos porque como llevaba mascarilla no le vi la cara). Me dio explicaciones sobre posibles causas de la avería y, no sé cómo, la conversación derivó por otros derroteros y ante su desparpajo le comenté que tenía dotes para la política. Y él, sin cortarse un pelo, me replicó que no le interesaba y me explicó su teoría de la conspiración: Todos están de acuerdo, dijo. Hacen el paripé, discuten, se insultan. Montan el teatrillo pero ellos saben que hoy por ti y mañana por mí. Luego salen se toman una copa y se reparten beneficios de todo tipo: dinero, influencias, favores…La verdad, no me pareció tan descabellado…

En un reciente artículo en El País, Julio Llamazares compara el parlamento con una representación teatral. Exactamente lo asemeja a una tragedia griega, Antígona concretamente, aunque la sangre no llegue al río. Y en su disertación menciona a los dos hermanos de Antígona, Eteocles y Polinices en combate ante las murallas de Tebas al comienzo de la obra (Pongo en antecedentes para refrescar la memoria que la trama de esta obra de Sófocles constituye una contraposición entre el orden cívico y el orden divino, dato importante para comprender la comparación). Llamazares señala la sobreactuación del líder de la oposición, en su opinión, más propio de un personaje de ópera que de un político joven actual… Mientras que al representante ultraderechista le recuerda a un personaje mitológico tanto por la actitud como por el discurso: “la ira de los dioses, la traición, la patria sin honor, la sangre derramada inútilmente, la vergüenza…”En resumen el político viene a decir que los españoles estamos hartos de escuchar, que lo que de verdad esperamos y queremos es que se ocupen de los asuntos cotidianos: del paro, los salarios, las pensiones, la sanidad, las infraestructuras en general…Preocupaciones idénticas a las del resto de ciudadanos europeos…

Por otro lado, los ‘populares’ se reúnen para celebrar su Convención. La convocatoria ha dejado perlas para todos los gustos. Perlas pronunciadas por los más grandes, lo ‘ex presidentes’ que ahora permaneces en el Olimpo de los dioses y sólo bajan a la tierra de vez en cuando…También han invitado a grandes personalidades de la cultura para que apostillen sus consignas y, de paso, decirnos al restos de pobres mortales que ‘no sabemos votar’. De haber sido así la Moncloa tendría otro inquilino… Y mientras esto sucede, la impertérrita Presidenta hace su gira por las Américas (pura coincidencia, claro), periplo que aprovecha para dar unas clases de Historia en defensa del legado Español en aquellas tierras a la par que refuta las nuevas teorías indigenistas. La cosa no queda ahí porque la Presidentísima, en una de sus múltiples intervenciones en suelo ‘neoyorquino’, legó a la posteridad esta frase lapidaría: “El indigenismo es el nuevo comunismo…” Ahí queda eso…Y ahora que se las arreglen los de la Convención…

Pero todo esto carece de importancia… Porque lo que esta semana (para mí) puso el dedo en la llaga fueron otros dos asuntos. El primero una carta dirigida a la Directora del periódico El País, escrita por Lara Moreno, bajo el título Nuestra roñosa libertad. La carta constituye un relato en primera persona en el que la autora y protagonista narra las vivencias de un aborto voluntario sucedido hace más o menos un año. El escrito sale a la luz tras las declaraciones realizadas por Marta Vigara a la Cadena Ser denunciando maltrato institucional, violencia obstétrica y la vulneración de la ley del aborto aprobada hace once años… Eso sí que debería preocupar. El segundo asunto es el caso Javier, enfermo de ELA de 58 años, preparado para morir dignamente cuya eutanasia se mantiene en standby en Madrid porque aún no se creó la Comisión de Garantías que establece la Ley, cosa que no es de extrañar teniendo en cuenta el espíritu que subyace en la comunidad médica madrileña encarnada en  el actual presidente del Ilustre Colegio de Médicos de la capital: el ultracatólico y ultraderechista Manuel Martínez-Sellés…Que no digo que dependa de él directamente pero para muestra un botón. Porque el ilustre presidente, por supuesto contrario al aborto y a la eutanasia (y a la Ley LGTBIfobia), se refiere a estas políticas afirmando que “Estamos fomentando una cultura de la muerte”.

A mi me parece que crear y regular amplios marcos de libertades no deja fuera a nadie y contempla a todos y todas sin obviar ninguna condición…Y esta conquista no admite rebaja alguna…Y para todo lo demás…ya saben la respuesta…

Una biblioteca viajera: final de trayecto…

«El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración. El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje». José Saramago
‘Instantes’ Fotografía: mp_dc

Los días pasan aunque quizá no con la lentitud deseada. Poco a poco la rutina se deshace, se desmonta como cada año porque enseguida llegará ‘la tropa’, la familia y todo cambiará durante unas semanas. Confieso que no solo no me importa sino que lo disfruto y lo estoy deseando. En breve y conforme vayan llegando, tomarán posesión de la casa, ocuparán los espacios ordenados y compartidos a diario con mi queridísima Cara, mi galga, mi compañera inseparable. Ella también verá alterada su propia rutina porque entre los visitantes también cuenta Bimba, la golden de mi hija. Entre todos llenarán el silencio de voces, de risas y de algún que otro ladrido… La espera ha transcurrido esta vez más lenta y pesada a causa de la pandemia aunque, no obstante y pasados los primeros días, la estancia acontecerá a velocidad de vértigo ante el lamento de todos, incapaces de detener el reloj o ralentizar el tiempo para que las horas duren más… La batalla contra el tiempo está perdida. En fin, no sé cuánta disponibilidad tendré para escribir y por eso, a pesar de dar por cerrado el monográfico dedicado a los viajes, me decido a reseñar en esta entrada algunos libros de viaje para quienes gusten de este género. Salgan de viaje o no, viajar es posible a través de la lectura. El poder de las palabras es tan inmenso como poco valorado. Con ellas destruimos y creamos, odiamos y amamos…Las palabras pueden transportarnos a lugares remotos, mostrarnos las costumbres, la gastronomía, narrar las historias, dibujar los paisajes, pormenorizar los colores y hasta especificar los aromas y fragancias propios de cada rincón… De manera que si este año, por razones coyunturales obvias no salimos de nuestra ciudad, cualquiera de estos libros (entre otros muchos) pueden constituir una buena opción para conocer cualquier punto de la geografía universal o anticipar un viaje aplazado para mejor ocasión.

1.- Cartas desde Estambul, de Lady Mary Wortley Montagu. Una noble británica viaja con su esposo a Estambul en 1716. Allí, ante la Sublime Puerta, en una ceremonia acorde a tal evento, el marido acepta el cargo de Embajador. Como suele ocurrir, sobre todo en aquel tiempo, la esposa cumple la tarea de acompañar a las recepciones, socializar y asumir las encomiendas que se estimen necesarias en su rol de esposa. No obstante Lady Mary tuvo tiempo de iniciar una asidua correspondencia con sus familiares y amigos informando de las costumbres orientales en la corte otomana, de los harenes, de la vida en general. Lady Mary fue considerada la primera extranjera que penetró en esta corte y en este tiempo en que se inició la gestación de lo que hoy se conoce como ‘orientalismo’. Por cierto, sobre la construcción del paradigma que los occidentales identificamos como ‘orientalismo y sobre la formación y desarrollo de los tópicos del Islam, el ensayo histórico de Edward W. Said, Orientalismo, resulta sumamente esclarecedor.

2.- De sultán en sultán, de May F. Sheldon. Si sueñan con África este libro puede ser una buena opción. May F. Sheldon, una millonaria estadounidense, organizó una expedición al Kilimanjaro, al Congo Belga y, después, por el resto del mundo. Miles de kilómetros recorridos sin escatimar un dólar como turista y exploradora, la autora narra su larga y famosa expedición por África allá por el año 1891.

3.- El tiempo de las mujeres, de Ángeles Espinosa. Y si de la mano de Lady Mary conocíamos oriente, Ángeles Espinosa nos habla de sus mujeres. Narrado a través de diversas crónicas, entrevistas y artículos, haciendo gala de su oficio de corresponsal y reportera, la autora describe la situación de las mujeres en Oriente y plantea las conquistas pendientes y los objetivos por cumplir. Este es un libro para leer a priori, antes del viaje. De ser así nos capacita para una mejor comprensión de la situación y el rol que representan las mujeres actualmente en el Próximo Oriente.

4.- La India en que viví, de Alexandra David-Néel. (Este podría ser para mí) La novedad de este libro reside en la autora, la primera mujer que visitó Lhasa, la capital del Tibet, en 1924. Allí prolongó su estancia durante largos períodos antes de la independencia de la India. Su obra es fruto de sus reflexiones, del contacto con el país, con su gente y las transformaciones interiores que esta experiencia le proporcionó. En 1911 se convirtió al budismo y al año siguiente peregrinó hasta los lugares sagrados  del budismo en Nepal. Alexandra escribió después una treintena de libros entre los relatos de viajes y la espiritualidad.

5.- Viajeras de leyenda, de Pilar Tejera. Pilar Tejera es historiadora y ha estado vinculada a la comunicación y al periodismo de viajes durante dos décadas. En 2008 y con el sello editorial de Ediciones Casiopea (editorial que dirige), crea el que será su proyecto estrella: la web ‘mujeres viajeras’ (www.mujeresviajeras.com) que merece la pena visitar. Durante más de 15 años ha investigado y biografiado a las mujeres viajeras en época victoriana y en este volumen dedicado al siglo XIX, rastrea la vida de algunas damas que viajaron por el mundo al tiempo que relata sus increíbles aventuras.

6.- Oasis prohibidosde Ella Maillart. Se la conocía como ‘la vagabunda de los mares’ porque se enrolaba en tripulaciones y organizaba viajes en yate por el Mediterráneo con una tripulación exclusivamente femenina. En este libro nos cuenta el viaje que realizó en caravana desde Pekín al interior de China, viaje que realizó con Peter Fleming, corresponsal del Times. Desde allí se dirigieron a Cachemira atravesando las cumbres de Karakórum en un tiempo en que el país vivía bajo el asedio de la guerra civil.

7.- La señora Dalloway, de Virginia Woolf. “Junio en Londres es mi momento favorito del año…” Esta novela de la célebre escritora nos impedirá movernos de  nuestro lugar de lectura. Sin pestañear, con esa inquietud que nos impulsa a seguir leyendo sin parar la autora nos conducirá por la ciudad para mostrarnos el Londres de 1925. De su mano conoceremos el espíritu anglosajón de entreguerras, sus inquietudes, sus valores, sus preocupaciones…Una ciudad que nada tiene que ver con la actual.

8.Japón inexploradode Isabela Bird. Escritora, naturalista, fotógrafa y exploradora Isabela dio tres veces la vuelta al mundo. Fue la primera mujer aceptada en la Royal Geographical Society la primera que exploró las zonas más recónditas de Japón a finales del siglo XIX. Este libro contiene un bellísimo relato de viaje que nos muestra a Japón como un país lleno de encantos y a la par desconocido para los occidentales. La escritura de Isabella Bird revela su espíritu extraordinario a la altura de una mujer de su talla.

9.-La ruta de Alejandro, de Freya Stark.  Historiadora, filósofa, deportista, exploradora y artista…Con más de 30 libros en su haber, Freya Stark viajó por destinos como la Unión Soviética, Asia Central, China, Cachemira, entre ellos, este libro refleja su interés por la historia pues describe la ruta de Alejandro Magno, una crónica que describe su viaje iniciado en Alepo a través de Turquía. El libro resulta útil e interesante por la cantidad de datos que contiene al tiempo que resulta sumamente ameno y divertido a consecuencia del sentido del humor de la autora.

10.-Viaje de Egeria, de Carlos Pascual. El relato de viajes más antiguo del que se tiene noticia en España fue escrito por una mujer… (Vid. ‘Ellas también viajaron solas: el ‘Itinerarium’ de Egeria…‘).

Mis mejores deseos para el verano, que lo disfruten en buena compañía.

‘Ladys viajeras’: intrépidas, aventureras y escritoras…

La literatura de viaje es un género nacido gracias a la inquietud de algunas personas que recogieron por escrito emociones, sentimientos y vivencias experimentadas durante sus recorridos, que despertaron la curiosidad e interés por otros lugares y culturas…
Fotografía: mp_dc

La primera ‘hornada’ de ‘guiris’ ya está aquí. Este año la mayoría son compatriotas del interior deseosos de atrapar un trocito de playa para tumbarse en la arena y dejar que la mirada se pierda en el horizonte. La pandemia nos dejó exhaustos. Todos necesitamos recuperar poco a poco aquella normalidad que se nos arrebató y que ahora hemos elevado a la categoría de excepcional…A la palabra ‘guiri’ se le asignan varias procedencias: podría ser un apócope del término euskera ‘guiristino’ o cristino que era como se conocían durante las guerras carlistas a los partidarios de la Reina Mª Cristina y a los liberales. Para otros procede del vocablo ‘guiri-gay’ que significa algo así como ‘lenguaje oscuro y difícil de entender’ (de ahí la expresión), según la RAE, el que hablan los extranjeros. Finalmente para el escritor Juan Goytisolo guiri derivaría del turco guiur, infiel o extranjero…Luego están los que ‘viajan sin salir de casa’ porque no pueden o lo dejan para más adelante, como yo….Y en el impás, saboreamos libros y ‘coprotagonizamos’ aventuras y viajes acomodados en el sofá o la butaca…Y para quienes no gusten de la lectura siempre les quedará el recurso de la imaginación, ‘la loca de la casa’ según decía Santa Teresa. De su mano podemos recrear nuestras propias ficciones, transportarnos al pasado para revivirlo y hasta fantasear con nuestro futuro…

Y retomando la temática de post anteriores en los que he ido desgranando el simbolismo del homo viator desde la antigua Roma, pueblo viajero donde los haya, cuya geografía atravesó la célebre Egeria de paso hacia Tierra Santa y, una vez desentrañado su significado semántico, histórico y religioso (cuyo espíritu encarnaron los caminantes y peregrinos que deambularon por Europa y el resto del ‘mundo’ entonces conocido) salieron a la luz, a resultas de aquellos tránsitos, las obras de Herodoto, Estrabón y Homero (su famosa Odisea podría ser la primera crónica de un viaje ‘ficticio’ desde Ítaca, punto de partida y final del relato) hoy por hoy consideradas las semillas de la incipiente narrativa viajera que prosiguió con otra obra escrita en la cumbre del medievo: el Libro de las maravillas del mundo, fruto de las inquietudes de Marco Polo por abrir nuevas rutas para el comercio de la seda…

El itinerario histórico podría continuar de la mano de Bernal Díaz del Castillo (siglo XV) quien tras el descubrimiento del Nuevo Mundo escribió un relato sobre La verdadera historia de la conquista de Nueva España… Por aquel entonces no se conocía la ‘literatura de viaje’ como tal, aunque su obra se considera entre las pioneras dentro de este género porque contiene información sobre geografía, la naturaleza, gentes y costumbres tan nuevas como extrañas… La llegada de la Ilustración impuso nuevos códigos y la razón se reivindicó como el medio para alcanzar el conocimiento denominado -desde entonces- ‘científico’. Será justo en este momento cuando el relato de viaje comience su verdadera andadura antes de eclosionar en la centuria siguiente. A este siglo (XVIII) pertenecen las obras de Johann Georg Adam Foster, uno de los precursores de la literatura de viajes, que acompañó a James Cook en sus viajes alrededor del mundo así como también destacó Antonio Ponz  y su Viage de España

La entrada del romanticismo impuso la moda viajera impulsada por el desarrollo de los medios de transporte y comunicación (que acortaron notablemente las distancias) y de los alojamientos, que sufrieron una considerable mejora respecto a los siglos anteriores. Al paraguas del romanticismo algunos países del viejo continente se erigieron en focos de atracción del incipiente ‘turismo’ entre ellos España, que constituyó uno de los destinos estrellas para los europeos y europeas. El país se presentaba entonces bajo un halo de leyendas que los propios viajeros se encargaron de exagerar y difundir. Y es que los ciudadanos decimonónicos se iniciaron en el viaje por placer, de ocio, de vacaciones que diríamos hoy…(Vid. la entrada sobre el Grand Tour). Así fue como los románticos comenzaron a preocuparse por el viaje de recreo, a consecuencia del cual circularon los primeros manuales y guías semejantes a las actuales, las mismas que consultamos a la hora de programar un viaje. Ni que decir tiene que estos manuales nada tuvieron que ver con lo literario tal y como afirmara en su tiempo la ilustre escritora Emilia Pardo Bazán: «Yo no escribo guías; voy a donde me lleva mi capricho, a lo que excita mi fantasía, al señuelo de lo que distingue a una población entre las demás».

En cualquier caso, se podría decir que a medida en que maduraba el concepto del viaje en sí mismo fue surgiendo la inquietud por su relato. Me explico. Los viajes se hacían al tiempo que se comenzó a escribir sobre ellos, es decir: los viajes se hacen y se escriben (confieso que en esto me reconozco). Los viajeros y viajeras escribían para sí mismos y para otros, recopilando sus experiencias a fin de prolongar el viaje tras el regreso y recordar. Sobre todo para recordar (también en esto me reconozco). A diferencia del viajero ilustrado, preocupado por el carácter científico de su periplo y, por tanto, más objetivo en sus relatos los románticos, en general, usaron una escritura subjetiva, proyectando su personalidad y las experiencias del propio ‘yo’. De ahí que los escritos del XIX tengan mayor interés artístico y literario que los precedentes. Los célebres ‘cuadernos de viajes’ (conservo unos cuantos) constituyen un remanente, un poso, una memoria personal de fechas, lugares, historias que entrelazan lo personal y lo colectivo, capitales básicos de todo buen viajero que se precie…

En el caso de España, es necesario reconocer que si bien es cierto que se convirtió en un centro ‘turístico’ por lo excelencia, también lo es que lo fue gracias a las féminas inglesas y francesas las más viajeras e intrépidas de toda Europa, entre las que se encuentran notables representantes de la escritura femenina de viaje. Fue a partir de la segunda mitad del XIX cuando estas mujeres, impulsadas por la curiosidad y deseo de romper la rutina diaria y vivir alguna que otra aventura, se lanzaron a recorrer el mundo a pesar de los condicionamientos de género, algunos ya mencionados en otros post. Pues no solo tuvieron que superar barreras geográficas, a veces las más fáciles, sino también aquellas nacidas al calor de las funciones socialmente asignadas acordes a su rol de mujeres, asumiendo el reto de poner en entredicho su prestigio y honestidad. Ellas, como los peregrinos, también hicieron un doble viaje: el exterior o geográfico y el interior., una catarsis o metamorfosis hacia la autoafirmación, la búsqueda de reconocimiento y respeto, reconocimiento que las escritoras extrapolaron a sus textos. Esta literatura narra en primera persona las impresiones de estas ‘ladys’ a su paso por nuestro país: sus costumbres, modas, gastronomía, establecimientos, incluyendo críticas a favor o en contra.

Las inglesas que viajaron por España, como Elizabeth Mary Gosvenor, Louisa Tenison, Sophia Dumbar, Matilda Betham Edwards o Frances Minto Elliot,  buscaban una experiencia que les avalara una cierta “autoridad moral” a la hora de narrar lo que han visto y lo que han sentido en un lugar extraño, ajeno al habitual. El viaje las colocará en una posición de superioridad desde el que opinar, con libertad, sobre lo que ven y sobre la gente conocen. La escritura se convierte así, para estas damas, en una válvula de escape. Sus relatos están construidos sobre  descripciones, observaciones y opiniones sobre sexo, religión o política, opiniones que expresan con mayor libertad que los hombres. Su consideración social les permite confesar sin pudor sus miedos a los posibles peligros, algo que jamás harían ellos. Por otro lado estas viajeras-escritoras no pretenden ganarse la vida escribiendo aunque sus libros se hacieran populares como los de Lady Morgan sobre Francia e Italia, o la señorita Pardoe sobre Turquía… Sólo Louisa Costelo se a ganó la vida escribiendo sus viajes, “abriendo camino a una generación posterior de viajeras eruditas e investigadoras, que con sus textos llegará a ejercer gran influencia política e intelectual y se codeará con sus colegas del sexo masculino casi en igualdad de condiciones (Freya Stark, Gertrude Bell, Alexandra David Néel…)”.

Los relatos de estas aristócratas británicas que visitaron España decimonónica continuaban una tradición iniciada en siglos anteriores, como la francesa Mme D’Aulnoy, autora de Relación del viaje a España una obra llena de curiosidades sobre nuestro país en el siglo XVII a modo de cartas escritas a sus amigos de París o el de Lady Holland en su diario The Spanish joumal of Elizabeth, Lady Holland, Londres 1910, que relata el viaje que realizó con su marido por España en 1809. Su testimonio resulta muy interesante para comprender la época, aunque sus diarios fueron publicaron más de un siglo después.

Otra pionera fue la Marquesa de Westminster, Elizabeth Grosvenor, que solía viajar en yate o en calesa, acompañada por su marido, sus criados, la tripulación y abundantes provisiones. Así cruzó el Mediterráneo y conoció las costas españolas en un periplo que duró más de dos años. Todas sus impresiones e intereses quedaron recogidos en Narratíve of a yacht voyage in the Mediterranean during the years 1840-1841, publicado en Londres, en 1842. Louisa Tenison (1819-1882), culta, inteligente y aficionada al dibujo, viajó y vivió en España más de dos años durante los cuales escribió, Castile and Andalucía, aparecido en 1853, ilustrado con preciosos dibujos propios y del artista sueco Mr. Egron Lundgren, que vivía en Sevilla cuando ella llegó a esta ciudad. Sophia Dumbar es otra de las aristócratas que escribió sobre sus viajes por España. Ella representa un modelo de viajera más cercano al que hoy entendemos por ‘turista’, aunque viajó en diligencia y en tren acompañada por su familia por una criada española que hacía de intérprete. “Sus andanzas quedan reflejadas en la obra. publicada en 1862: A family tour round the coasts of Spain and Portugal during the winter of 1860-61″.

Ya en la segunda mitad del XIX aparecen otro tipo de viajeras que nada tienen que ver con la aristocracia. Son mujeres de clase media, algunas institutrices, que viajan acompañando a familias adineradas con el encargo de ocuparse de los niños. Así recorrían nuestro país y muchas forjaron su identidad de escritora, como fue el caso de Mathilda Barbara Betham Edwards. Finalmente será Frances Minto Elliot quien encarne la figura de la auténtica escritora viajera. En 1884 publicó Diario de una mujer ociosa en España,  una especie de guías “para mujeres ricas y aburridas, amantes de la buena vida y el confort”. Lamentablemente, no existen traducciones al castellano de las obras de estas viajeras.

Resultaría interesante ojear algunas de estas obras y conocer de primera mano la opinión de aquellas primera ‘guiris’ que llegaron a nuestro país. Comprobar sus impresiones, saber qué opinaban sobre los españoles, sobre la moda y las costumbres o sobre nuestra gastronomía…Por si alguien gusta, les dejo el link de acceso al libro digitalizado de Madame D’Aulnoy…Que lo disfruten…

Ellas también viajaron solas: el ‘Itinerarium’ de Egeria…

Egeria ha pasado a la historia por ser la primera mujer que llevó a cabo un largo y heroico viaje de peregrinación, cuyo testimonio ha quedado recogido gracias a sus cartas las mismas que, hoy por hoy, se reconocen como antecedentes de la literatura de viaje…
Fotografía: mp_dc

En casi todos los viajes que he realizado a lo largo de mi vida, siempre llamaron mi atención las mujeres que viajaban solas. Por entonces no podía imaginar que, pasado el tiempo, yo también lo haría. Si he de ser sincera me costó tomar tal decisión, acostumbrada a hacerlo siempre en familia, con amigos o en pareja. Pero la vida nos hace transitar por estadios muy diversos que requieren aceptación y adaptación a las circunstancias, añadiendo también altas dosis de positividad: contemplar el vaso medio lleno e intentar observar siempre el lado bueno…En definitiva desdramatizar, alejar esa sensación de incapacidad que tantas veces se apodera de quienes hacemos camino solos y, en ocasiones, voluntariamente solos…La soledad elegida o impuesta tiene muchas caras que explorar y ofrece muchas oportunidades de aprender a gestionar nuestros capitales emocionales y a disfrutar cada momento presente, único e irrepetible…

Naturalmente viajar solos en pleno siglo XXI no tiene tanta ciencia y, en el caso de las mujeres, oferta bastantes garantías y múltiples seguridades. Pero, en general, viajar en tiempo de la Antigua Roma o durante el medievo era cosa arriesgada y difícil… Es fácil imaginar los peligros que cualquiera corría en semejante contexto, por no mencionar las incomodidades, inclemencias y enfermedades a las que, en el caso de las féminas, debemos sumar las dificultades intrínsecas o propias a la condición de género. Sin embargo la historia de las mujeres ha avanzado a impulsos de quienes, como Egeria, transgredieron la línea de la ‘normalidad’. Mujeres intrépidas que asumieron el desafío de las propias inquietudes a la par que renunciaron a llevar una vida encorsetada entre los márgenes socialmente establecidos -en una sociedad dominada por hombres- que la obligaban a vivir sometidas a los varones del entorno, en papel de hijas, esposas y madres…

No obstante, desde las culturas clásicas la historia nos demuestra lo que la literatura constata, es decir, cómo las mujeres encontraron las vías para hacerse oír desarrollando estrategias que les permitieron desenvolverse en foros y/o adentrarse en los márgenes de contextos propiamente masculinos. También es cierto que muchas lo hicieron utilizando la fórmula de ‘hijas de…’ o ‘esposas de…’ e incluso desde lugares más sombríos, en el papel de queridas o amantes que convirtieron el lecho en un espacio donde compartir, entre otros placeres, el de conversar haciendo hueco a las confidencias y complicidades varias. (Dejo al margen la consideración sobre la bondad o maldad de las intenciones y objetivos pretendidos por ambas partes).

Y hechas estas consideraciones iniciales, entre las primeras viajeras de la historia destaca la figura de Egeria (s. IV) Los datos biográficos de los que se disponen son escasos pero parecen indicar que procedía de la provincia romana de Gallaecia, en la diócesis de Hispania. Valerio, asceta y monje del Bierzo, la sitúa en la actual comarca y la llama por su nombre en sus escritos. Así mismo, cabe la posibilidad en opinión de los estudiosos, su parentesco con la primera esposa de Teodosio el Grande, Aelia Flacila, emperatriz romana descendiente de una familia prerromana, madre de Honorio y Arcadio, herederos de cada una de las partes en que fue dividido en Imperio Romano (Oriente y Occidente) a la muerte de su padre. Junto a esta hipótesis circulan otras que intentan aclarar cuál pudo ser la familia de procedencia de Egeria, aunque lo único que parece seguro es su ascendencia noble, su posición económica acomodada y su notable formación cultural. En opinión de Rosa Mª Cid, profesora Titular de Historia Antigua en Universidad de Oviedo quien ha encabezado diversos proyectos sobre la Mujeres en la Antigüedad, ha señalado que «su experiencia (refiriéndose a Egeria) muestra hasta qué punto podían romperse los roles de género en la sociedad de la antigüedad tardía, al presentarse como una auténtica aventurera».

Efectivamente. Ya en el año 384 esta mujer escribía: «Como soy un tanto curiosa, quiero verlo todo». Y así fue. Egeria atravesó tres continentes y recorrió más de 5.000 km a pie y a lomos de un burro o una mula convirtiéndose así en la primera mujer viajera conocida de la historia. Su hazaña es del todo loable no solo por lo que implica tal recorrido pleno de peligros de todo tipo, sino por el peso que representaba ser mujer en aquel tiempo y la consideración social que esto suponía. A este respecto Cristina Morató en su libro Viajeras intrépidas y aventureras, recoge un refrán de la época que dice así: “Peregrina salió, puta volvió”. Resumiendo así las sospechas que levantaba una mujer que mostrara este tipo de inquietudes tan poco frecuentes. Por otro lado, tal y como suele ocurrir cuando se trata de épocas tan remotas, algunos expertos han indicado que posiblemente debido a su estatus, podría ser que viajara con algún salvoconducto de los que se expedían a personalidades relevantes. De ser así dicho pasaporte le hubiera permitido cruzar fronteras con ciertas garantías, lo cual no es óbice para desmerecer su osadía.

En cualquier caso Egeria, sin proponérselo, ha pasado a los anales no solo como aventurera sino como escritora. Sumamente religiosa y culta, durante su periplo escribió numerosas cartas recopiladas en una obra conocida como Itinerarium Egeriae, del que se conserva solo una parte. Dicha obra ha sido interpretada como un antecedente de la ‘literatura de viaje’, de la que hablaré más pormenorizadamente en otro post. Algunas voces importantes procedentes del ámbito literario como Menéndez Pidal, colocan a Egeria al frente del elenco conformado por escritoras hispanas, aunque no hubo intencionalidad consciente de crear un texto literario porque su única motivación fue compartir con sus hermanas cuanto descubría. De ahí el uso de un lenguaje fresco, cercano, cotidiano propio de la escritura epistolar, íntima y personal. Un camino recorrido posteriormente por otros escritores, como Flaubert, que llegaron a la literatura de viaje de la mano de este mismo género. Las cartas muestran el carácter curioso y crítico de Egeria, en los que muestra su profunda religiosidad al tiempo que cuestiona e intenta realizar sus propias comprobaciones.

El viaje partió de la Actual Galicia, atravesando a continuación Tarragona hasta el Ródano desde donde cruzó toda Italia. Desde aquí embarcó dirección Constantinopla para partir hacia Palestina con intención de visitar Jerusalén realizando así una peregrinación que tiempo atrás inauguró santa Helena, madre de Constantino. Visitó Jericó, Belén, Nazaret, Cafarnaúm, aunque estableció su base en Jerusalén. En el 382 continuó por Egipto, donde conoció a los anacoretas que vivían en el desierto, pasando nuevamente a Jerusalén para peregrinar al monte Sinaí (momento en el cual comienza la parte encontrada de su relato) y después visitar Antioquía, Edesa, Mesopotamia y Siria…Ya de vuelta hacia Constantinopla escribía así a sus hermanas: «Tenedme en vuestra memoria, tanto si continúo dentro de mi cuerpo como si, por fin, lo hubiere abandonado». Sus textos permanecieron durante siglos presos del polvo en una biblioteca hasta que en 1903 se sacaron del olvido para realizar un trabajo de historia. Así Egeria fue rescatada y su pericia sacada a la luz….

La experiencia viajera de Egeria reflejada en su Itinerarium, ha sido traducida a varios idiomas. Una calle en Ponferrada y otra en León llevan su nombre así como también una empresa familiar de cerveza artesana en El Bierzo. Finalmente, en el pequeño municipio leonés de  Villaquilambre, desde 2007 funciona una Escuela de Formación de mujeres Egeria… Hermoso homenaje en recuerdo de una mujer que quería verlo todo y escribió todo lo que vió…

Peregrinos, caminantes y exploradores…

El término ‘peregrino’ se refiere en su significado más clásico a la visita a un santuario o algún lugar considerado sagrado. En su acepción más general es todo aquel que anda por tierras extrañas. En sentido estricto, para el español de religión católica, es quien se dirige a la catedral de Santiago de Compostela a visitar la tumba del apóstol
Fotografía: mp_dc

Durante la Edad Media fueron constantes las idas y venidas de personas desde unos sitios a otros, un trasiego que alcanzó su cenit tras el descubrimiento de tumbas y reliquias cuyos hallazgos consiguieron transfigurar algunos lugares, desde entonces, consagrados al culto, transformados en focos de peregrinación y objetivo de las múltiples Cruzadas (expediciones militares a Jerusalén para rescatar los Santos Lugares del poder de los turcos). Así nacieron en Europa y en Jerusalén los principales destinos para la cristiandad, muchos de los cuales se mantienen vigentes aunque, a diferencia de aquellos peregrinos, los actuales ‘hacen el camino’ movidos no sólo por razones religiosas sino culturales o simplemente de ocio.

El mapa de Europa tras la caída de Roma se dibujaba empobrecido y ruralizado. Atrás quedaron las numerosas ciudades fundadas en tiempos del Imperio, organizadas con sus cardos y decumanus, sus foros, termas, coliseos, anfiteatros…La entrada masiva de aquellos pueblos sin romanizar conocidos como ‘bárbaros’, arrasaron la grandeza que durante años Roma había atesorado a través de sus conquistas: de oriente a occidente los romanos crearon uno de los más grandes imperios de la Antigüedad Clásica. Y para facilitar los desplazamientos por tan vastos territorios, los romanos construyeron una red de calzadas y caminos que conectaban entre sí las diversas regiones del Imperio. Casi 400 vías, es decir, aproximadamente unos 70.000 kilómetros de caminos trazados (la mayoría por razones militares o administrativas) para comunicar los puntos más recónditos con la metrópolis principal que ostentó la capitalidad: Roma.  No obstante el dicho ‘todos los caminos conducen a Roma’ no es baladí pues “la organización investigadora de temas de movilidad urbana Moovel Lab al mapear rutas terrestres de toda Europa comprobó que convergen en la actual capital italiana”. En fin, en sus días de gloria, desde Gran Bretaña a Turquía las 113 provincias del Imperio estuvieron interconectadas… Con el tiempo la expresión se popularizó y adoptó un significado simbólico o metafórico utilizado para indicar la diversidad de opciones que podemos explorar para llegar a donde queremos, si es que queremos…

En este período se forja e instala en el imaginario colectivo la imagen del homo viator. Viajar en esta época constituyó una realidad cotidiana que pocas veces se propulsaba desde el ocio y casi siempre de la mano del trabajo, la economía o la guerra, hasta que la religiosidad popular promovida desde determinados sectores eclesiásticos, publicitaron el poder sobrenatural de las reliquias, los milagros, las apariciones y otros tantos fenómenos religiosos, que convirtieron determinados lugares en focos de atracción para caminantes y peregrinos llegados desde puntos lejanos de la toda la geografía conocida…

Etimológicamente la palabra peregrino se deriva del adverbio latino peregri o peregre que significa “en el extranjero”. De ahí que primitivamente se refiera a ‘andar por tierras extrañas o extranjeras’. En opinión de Ortega y Gasset, su primer fonema (per-) procede del indoeuropeo cuyo significado original sería algo así como “caminar por el mundo cuando no había caminos” y, por ello, todo viaje resultaba más o menos desconocido y peligroso. Posteriormente, en época cristiana, el término pereginatio adquirió un matiz religioso para referir ‘el viaje a los Santos Lugares’ (así fue también también para los musulmanes que van a La Meca), de manera que en castellano el ‘peregrino’, en su acepción clásica, es sobre todo aquel se dirige a la Catedral de Santiago para visitar o rezar ante la tumba del Apóstol (también llamado ‘conchero’ por la costumbre de llevar una concha de vieira como seña). No obstante en España, aunque con menos arraigo, también se peregrinaba al Monasterio de Santo Toribio de Liébana, en Cantabria, donde se conserva un trocito de la Cruz –Lignun Crucis. A quienes recorren este camino se les llamaba ‘crucenos o cruceros’. Existieron, además, otras rutas de peregrinación como las realizadas por los ‘romeros’ que recorrían las vías romeas para dirigirse a Roma o los ‘palmeros que iban a Jerusalén, así llamados porque si regresaban traían una ‘palma’. Ir de peregrinación o romería son expresiones nacidas durante la Edad Media que se mantienen vigentes aunque actualizaron su significado para adecuarse a los nuevos tiempos… Finalmente solo decir que, antes como ahora, todos los ‘caminantes’ transitaban dos caminos: el ‘real’ y el ‘simbólico’ o interior, que representa el encuentro personal consigo mismo. El ‘camino de Santiago’ constituye, hoy por hoy, una ruta de encuentro que reúne a caminantes nacionales y foráneos. Un camino pleno de Historia y de historias. Una ruta de intercambios culturales que se ha mantenido ininterrumpidamente vigente desde sus nacimiento.

En este momento sería interesante recordar que la sociedad medieval desarrolló una cultura extremadamente sacralizada pues era misión del estamento eclesiástico dedicarse al rezo y a preservar el saber y la cultura, no en vano la locución latina orat et labora –reza y trabaja- fue la máxima que presidió la vida monástica de cientos de varones apartados de la vida en el siglo,  precisamente para poder dedicarse en exclusiva a rezar, conservar obras de arte y manuscritos y copiar códices. La novela de Umberto Eco ‘El nombre de la rosa’, después llevada al cine, recrea con bastante acierto la vida monástica, asesinato aparte… Y, por cierto, me refiero a los conventos masculinos conscientemente, porque las monjas se dedicaban a rezar, por supuesto, pero no realizaban las misma actividades que los frailes sino aquellas relacionadas con las funciones socialmente asignadas por su género, las mismas de las que aún quedan residuos en los actuales conventos en los que permanecen dedicadas a la vida contemplativa además de hacer dulces, embutidos y manualidades varias…

Por otro lado la peregrinación también constituyó una pena que los tribunales eclesiásticos imponían a quienes cometían adulterio (la tasa de adulterio era muy elevada pues el matrimonio como institución no se regularizó hasta el Concilio de Trento en el s. XVI). Los reos eran expuestos públicamente y condenados a vestir con determinados colores y signos distintivos, como las sayas blancas en las mujeres. Símbolos conocidos, socialmente identificados que pretendían adoctrinar mediante la pedagogía del miedo al castigo y el temor a la condena eterna. Muy conocida fue también la túnica impuesta por la Inquisición, popularmente llamada ‘sambenito’, de color morado con cinto amarillo. La práctica inquisitorial obligaba a pasear con ella pretendiendo el descrédito del supuestamente culpable. Esta costumbre dio lugar a otro célebre dicho: “colgar el sambenito” a alguien, o sea, marcarlo, etiquetarlo, encasillarlo, desprestigiarlo…

En definitiva las peregrinaciones formaron una parte esencial de la vida espiritual y cultural de la Europa medieval que dieron lugar a numerosas rutas, en torno a las cuales crecieron innumerables instalaciones equipadas para atender las necesidades físicas y espirituales de los caminantes. Las posadas y mesones ofrecían habitaciones escasas de muebles y poco higiénicas que, en ocasiones, albergaron a más de una persona en la misma estancia. Amuebladas con gran austeridad apenas contenían una yacija o cama de madera o un jergón de hojas de maíz, donde los huéspedes dormían cubiertos con el tabardo (prenda de abrigo ancho y largo) o una manta. Las distancias recorridas cada día podían ser de hasta 25 km, las más de las veces a pie, a través de dos tipos de vías: las de ‘herradura’  -por las que sólo podían circular mulas, bueyes, caballos y personas- y las carreteras -que unían las ciudades principales- destinadas a la circulación de los carros. Unas y otras eran muy inseguras y expuestas a múltiples peligros, desde el robo y la violación hasta el asesinato, del que muy posiblemente, el criminal solía salir impune. No obstante nada pudo impedir el flujo de personas, ni los escasos medios de transportes existentes -a pie, a caballo o en carro y marítimo- ni los exiguos recursos: viajar por aquel entonces requería, sobre todo, tiempo. Mercaderes, emigrantes, militares, mensajeros, juglares, recaudadores de hacienda, nobles, religiosos, artistas, prostitutas, mendigos e incluso una novia que marchaba a vivir con su futuro esposo, fueron susceptibles de viajar al menos una vez en la vida…

Junto a los peregrinos otro tipo de viajeros fueron los misioneros, conquistadores, exploradores y, finalmente, los aventureros, auténticos viajeros a la búsqueda de lugares ignotos. En general durante esta época perduró la concepción cristiana de la vida como un viaje “por el valle de las sombras” en el que todos somos peregrinos. Sin apego a sus lugares, los estudiantes universitarios eran jóvenes errantes que usando el latín como lengua vehicular vagaban entre Salamanca, París, Bolonia, Oxford… Los trovadores y juglares deambulaban de palacio en palacio ofreciendo su talento…  Los caballeros andantes y los “justadores” competían en los famosos torneos evidenciando su valor. Otros simplemente emprendieron largos viajes de los que no siempre regresaban…Quienes lo consiguieron construyeron maravillosos relatos. Narraciones extraordinarias que hablaban de lugares exóticos, extrañas costumbres, animales raros considerados monstruos de la naturaleza, como las ballenas o las jirafas…Objetos, telas, bebidas, plantas, paisajes de ensueño que poco a poco fueron dando cuerpo y engendrando un nuevo género literario como fueron los relatos de aventuras… Dos siglos más tarde, después de cientos de viajes alrededor del orbe, asistiremos al nacimiento de la literatura de viaje…

Viajar en la antigua Roma: entre los negocios y el placer…

La vida en la antigua Roma no era tan idílica como la muestran en el cine…La vida para un romano de a pie, entre los sesenta millones de habitantes del Imperio, era corta, con libertades limitadas y una gran incertidumbre económica…Por aquel entonces, como ahora, viajar solo estuvo al alcance de unos pocos…
‘Ituci’ colonia romana…Fotografía mp_dc

Huele a verano. A estas alturas del año y, en esta ocasión con más ganas que nunca, los bares y restaurantes de las ciudades despliegan sus terrazas, muchas renovadas y nuevas, dispuestas a ofrecer un servicio seguro que atraiga a todos, particularmente a los más temerosos al contagio. Al pasear por las calles y plazas cientos de aromas nos envuelven. Son los efluvios culinarios que nos incitan a cerrar los ojos para deleitarnos en ellos. Aquí, en mi tierra, la esencia aromática por excelencia podría ser la del ‘pescaito frito’ y ahora, en verano, las sardinas o las caballas asadas y los caracoles…También las playas se preparan  tendiendo cientos de caminos de madera sobre la arena caliente, senderos que se adentran para facilitar el acceso a lugareños y foráneos llegados desde diferentes puntos de nuestras geografía, de Europa e incluso de otros continentes. Somos viajeros por naturaleza tal y como lo demuestra la historia. Viajamos por múltiples razones pero hemos aprendido a separar los negocios del placer o eso se deduce de nuestro sabio refranero: ‘antes la obligación y después la devoción’, ‘primero lo necesario y luego lo voluntario…’

Desde los comienzos de la historia la humanidad solos, en manadas o en grupos organizados, hombres, mujeres y niños se veían obligados a desplazarse desde unos lugares a otros. Primero para poder cubrir sus necesidades. Puesto que nuestros ancestros vivían al amparo de una economía de ‘consumo’ y depredadora, cuando se agotaban los recursos debían trasladarse para subsistir. Luego, cuando desarrollaron la agricultura y la ganadería y se hicieron sedentarios, las salidas de población se produjeron a fin de impulsar la colonización. Posteriormente movidos por el afán de conquista, la ampliación de fronteras, la búsqueda de recursos y a consecuencia del nacimiento del comercio, vieron la luz los grandes viajes de exploración. Todos estos traslados nada tuvieron que ver con el ocio del que se habla por primera vez en tiempos de la Antigua Roma.

Los romanos viajaron mucho y por muy diversos motivos: familiares, profesionales, religiosos, intelectuales, económicos…Pero la gran novedad es que comenzaron a desarrollar ese otro tipo de viaje que en la actualidad se realiza al paraguas del fenómeno conocido como ‘turismo’, palabra que etimológicamente procede del verbo tornare, ‘volver o hacer girar’  señalando a las idas y venidas que implican trasladarse.  Y de nuevo acude a mi memoria el recuerdo del anuncio de la televisión que señalé en el post anterior: ‘la vida da muchas vueltas, las vueltas dan mucha vida’. La verdad es que los publicistas tuvieron mucho acierto con el eslogan, aunque el anuncio no se mantuvo mucho tiempo en pantalla…

Entonces como ahora, viajar por placer no estaba al alcance de cualquiera. Para empezar el medio de transporte más frecuente entre los romanos para este tipo de periplos era la ‘litera’ portada por esclavos, mano de obra de la que solo disponían los más acaudalados. También usaban la ‘basterna’, parecida a la anterior aunque tirada por mulas. Sólo los nobles podían poseer esclavos y mulas. Viajar era, por tanto, una prerrogativa de los patricios y de los altos militares que prestaban sus servicios al ejército por lo que poseyeron gran prestigio y contaron con la simpatía del pueblo al colaborar en la grandeza del Imperio. Todos ellos supieron distinguir perfectamente entre el negotium y  el otium, términos similares a los que hoy usamos para distinguir al ‘viajante’  (el que viaja por trabajo) del ‘viajero’ (el que viaja por placer).El negotium y otium fueron actividades practicadas por orden riguroso pues es sabido que los romanos fueron pragmáticos y más retóricos que filosóficos a diferencia de sus vecinos griegos. Así pues, una vez concluido el trabajo, se entregaban al descanso sin reservas y lo hacían generalmente instalándose en la villa marítima de uno de los municipios más o menos cercanos, a elegir a lo largo y ancho de la geografía imperial. Un ejemplo muy cercano a mí es la ciudad de San Fernando, villa romana donde descansaban altos mandos militares que servían en Gades, posteriormente convertida en lugar donde se retiraban, una vez jubilados, los generales del ejército romano.

No obstante la grandeza de Roma no hubiera sido tal si al afán de conquista no se hubieran unido las ganas de conocer mundo. Tal vez sea por eso que durante los siglos II y III d.C. tuvieron mucho éxito los relatos exóticos, citados por boca de autores conocidos, entre los que destacan Las aventuras de Leucipa y ClitofonteLas efesíacas, Las etiópicas, narraciones que contaban las aventuras y desventuras de jóvenes enamorados y por las periégesis, género literario practicado por los griegos que narraban descriptivamente países y monumentos de manera semejante a nuestras actuales ‘guías de viajes’. Las periegésis informaban sobre los ritos y costumbres de los diferentes lugares describiendo los grandes complejos religiosos, sus fiestas y tradiciones. Plinio el Viejo, Séneca y otros, hacen mención de grandes obras que versaron sobre  Egipto y Grecia en las que se citan el Nilo o el Tigris que, hoy por hoy, constituyen una valiosa fuente de información.

Los destinos más frecuentados por los romanos fueron Grecia y Egipto. Por proximidad realizaron numerosas ‘escapadas’ a Grecia para visitar ciudades como Corinto, Epidauro, Esparta, Delfos u Olimpia sede de los famosos festivales y juegos olímpicos, un destino de gran éxito durante las fechas de su celebración. Los viajes a Egipto fascinaron a los romanos, sobre todo fueron foco de atracción las pirámides de Gizet o las Tumbas de famosos Faraones. Los innumerables grafitos que cientos de excursionistas dejaron -que contienen datos interesantes: nombres, fechas, poemas, opiniones…- se asemejan a nuestra costumbre de grabar nombre, corazones o frases en libros de visitas, en las puertas de los baños públicos o en las paredes de algunos monumentos visitados, aunque no gozan de aprobación unánime, gusten o no, representan una fuente de la que obtener datos para la reconstrucción de la historia. En fin, los romanos supieron combinar trabajo y placer e invirtieron una parte de su tiempo en hacer turismo, eso sí, una vez concluidas sus obligaciones o misiones bélicas y sin necesidad de cruzar el Mediterráneo pues, el área de la Campania, en Italia, donde estaba situada la ciudad de Pompeya, Herculano o Estabia, localidades cercanas a Roma, bendecidas con buen clima y playas atractivas, fueron sede de un núcleo turístico privilegiado donde, parafraseando a Cicerón, “pasar el tiempo plácidamente entre romances, canciones, banquetes y paseos en bote”.

Muchos consideran una novedad apartarse del mundanal ruido, que diría Fray Luis de León, para dedicar un tiempo a la ‘vida contemplativa’, es decir, a la meditación, el mindfulness o espritualidades varias aunque, a decir verdad, Plinio el Joven (s. I d. C.) ya las mencionaba en sus escritos explicando a qué ‘dedicaba el tiempo libre’ durante sus vacaciones estivales, citando que lo empleaba en meditar, leer, recibir masajes, bañarse, escuchar recitaciones y música, pescar o montar a caballo, ocupaciones que podía realizar solo o en compañía. Muchas ciudades, entre ellas las anteriormente mencionadas, poseyeron complejos residenciales conformados por lujosas villas de recreo que predisponían a sus ocupantes para la realización de tareas de ocio y descanso, en ocasiones compartidas entre vecinos, particularmente cuando se trataba de festejar determinados eventos con copiosos banquetes o ágapes comparables nuestras conocidas barbacoas, auténticas bacanales en las que corría el vino y la comida en abundancia, costumbre de la que tanto gustaban los romanos mientras socializaban y se entretenían ‘charlando largo y tendido’, frase que proviene de la posición mantenida durante el almuerzo o la cena, es decir, tendidos sobre sus triclinium

La arqueología ha permitido rescatar e interpretar la vida de las culturas y civilizaciones que nos precedieron. Gracias a la tarea de arqueólogos e historiadores se han podido reconstruir e incluso recrear estos ambientes de representación social, de ocio y disfrute intelectual donde los patricios romanos pasaron parte de su tiempo viviendo a ‘cuerpo de rey’ incluso en tiempos de ‘la república…’ En fin, salta a la vista que en la antigüedad clásica se encuentran las claves y los orígenes de muchas de nuestras costumbres y tradiciones, por eso constituyen una fuente permanente de inspiración y por eso también, necesitamos mirar al pasado si queremos comprender el presente…

Del ‘homo viator’ y el ‘Grand Tour’

 El Homo viator es un tópico literario que muestra la existencia humana como un camino que el hombre debe recorrer. A través de este simbolismo, el camino representa la vida y El hombre es el sujeto que recorre dicho camino, cosa que hará desde la perspectiva existencial elegida.
Verona, Italia. Fotografía: mp_dc

Aunque no hayamos superado la pandemia y, a pesar de las nuevas cepas de las que cada día tenemos noticias, es justo reconocer las ganas contenidas de viajar que muchos tenemos. El proceso de vacunación parece acelerar las expectativas de cara al verano aunque ya son muchos los que se atreven a coger carretera y manta, dispuestos a pasar unas breves vacaciones en lugares apartados de sus casas. Donde sea: dentro de la Comunidad, del país, en Europa e incluso en otros continentes. Sea como fuere da la impresión de que el turismo renace y cobra vida, aunque no tan rápido como quisiéramos…

Desde la antigüedad circula el tópico literario procedente de la literatura pagana y cristiana del homo viator, el hombre viajero, una metáfora de la vida contemplada como un peligroso y accidentado viaje de aprendizaje continuo que culmina en la madurez, en el autoconocimiento o en la sabiduría. Una idea que extrapolada al cristianismo tenía como fin el perdón, la Gloria e incluso en la nada, según defendió Shakespeare…  ‘La Odisea’ de Homero también relata un viaje iniciático y, al igual que otras propuestas literarias, sus  protagonistas recorren un camino previamente determinado por Dios o por un demiurgo, como en el caso de la Divina Commedia de Dante Alighieri, o de El señor de los anillos de Tolkien. Otra opción es la expresada en el verso de Antonio Machado que popularizó Serrat cantando aquello que decía ‘se hace camino al andar’. O también el homo viator puede caminar en libertad de conciencia y desde su propia experiencia, tal y como sucede en Peregrino, el relato de Luis Cernuda.

El símil del ‘hombre que camina’ o ‘el hombre viajero’ se rescata en la Edad Media para referir la inquietud nacida en aquel entonces, por recorrer los caminos que conducían a los Santos Lugares. La sociedad medieval, la mayoría  iletrada e inculta, se aferraba a la religión, a la brujería, a la superstición y a la superchería en general. De ahí que el fenómeno de los milagros, las apariciones y la conservación de reliquias en iglesias y monasterios, produjera un trasiego de peregrinos que iban y venían hasta determinados lugares, convertidos en centros de atracción, junto a los cuales se inició un proceso de transformación que trajo consigo la aparición de numerosos  mesones, posadas, hospitales y albergues que ofrecían refugio y atención a los caminantes (Vid. ‘Camino de Santiago’) En general se puede afirmar que durante la Edad Media el fenómeno de los viajes fue una constante a tenor de los numerosos desplazamientos de los que se tienen noticias. El contacto y los vínculos creados en los nuevos lugares facilitaron el desarrollo de un proceso de apertura a nuevas culturas, a nuevas realidades y nuevas posibilidades que fueron forjando el espíritu que posteriormente cristalizó junto a los ideales del renacimiento. En este contexto vieron la luz los primeros ‘libros de viajes’ entre los que destaca el de Pero Tafur, un viajero español que escribió las Andanças e viajes durante el siglo xv, obra que narra los viajes de un caballero sevillano por el Mediterráneo y Oriente entre los años 1436 y 1439. La obra refleja el encuentro con otros pueblos y gentes, “la percepción del mundo y la naturaleza y las relaciones sociales, políticas y culturales que mantiene con los diversos reinos y territorios por los cuales se desplaza”. Los libros de viajes alcanzarán su época de esplendor durante los siglos XVIII y XIX.

El desarrollo de las ciudades y el comercio así como el nacimiento de la burguesía, revitalizaron la inquietud viajera durante el renacimiento. El homo viator de este tiempo no sólo se desplaza hasta los Santos Lugares, movidos por inquietudes religiosas. No. El espíritu renacentista creó nuevos centros de interés dejando de lado el universo religioso, al paraguas del cual se había vivido hasta ahora, para centrarse en un microcosmos caracterizado por el antropocentrismo: el hombre como medida de todas las cosas. Por eso los viajes durante esta etapa tuvieron una finalidad comercial y cultural.

La burguesía, que no poseyó títulos pero sí dinero, se movía por Europa y por el mundo conocido buscando los productos más novedosos y exóticos con los que comerciar, al tiempo que los artistas lo hacían por ‘amor al arte’, nunca mejor dicho, sin una moneda ni un mendrugo de pan, viajaban al calor de la solidaridad o de sus mecenas para memorizar parajes naturales  y paletas de color antes nunca vista que después proyectarían en sus propias obras.

No hace mucho, antes de la pandemia, un anuncio publicitaba viajes bajo un lema pegadizo y sabio que decía algo así: ‘la vida da muchas vueltas, las vueltas dan mucha vida’. He dicho sabio porque siempre he pensado que viajar enriquece, abre la mente, nos vuelve más abiertos y nos aporta nuevas perspectivas de vida. En la actualidad algunas agencias de viajes promueven tours monotemáticos que giran en torno a un centro de interés cultural, científico, gastronómico o enológico…Afortunadamente todo es cultura y no solo el arte, la literatura o la historia que también…Puede que de esta idea nacieran los ‘viajes de estudio’ de los que como docente ‘doy fe’ a la par que afirmo que han ido perdiendo gran parte del sustantivo ‘estudio’ –al menos en secundaria y bachillerato-. Cuando yo estudiaba los viajes incluían la mayor parte del tiempo visitas a museos, iglesias, monasterios…En ellos repasábamos lo que se ‘suponía’ debíamos saber…Y sí, también había tiempo para la diversión y el ocio, aunque fuera a costa de pasar la noche en blanco…Todos somos ‘viajeros’ por naturaleza, compartimos el viaje común de la vida. Cómo lo hagamos sólo depende de cada uno de nosotros, de la perspectiva en la que nos situemos y de las expectativas que contemplemos…

No obstante y entendiendo que el viaje vital es de aprendizaje en su significado más amplio, la historia y la literatura nos informan de otro tipo de viajes que han influido en la concepción del homo viator, tanto en cuanto ayudaron a conformar ese espíritu e influyeron en el posicionamiento en una perspectiva determinada. Me explico. Algunos pensarán que los actuales proyectos de intercambio universitario como el Erasmus son un invento reciente. Pues no. Ya en el siglo XVIII existió el denominado Grand Tour, un itinerario educativo por Europa cuya duración oscilaba entre los seis meses y algunos años. Con anterioridad el término apareció por primera vez en la obra  de Richard Lassels, Voyage d’Italie, escrita en 1670. En ella se habla del viaje de un grupo de jóvenes aristócratas británicos entre los siglos XVI y XVIII. Seguramente aquellos jóvenes habían cursado estudios en universidades inglesas, las misma que en aquel momento no gozaban de buena reputación frente a lo cual, este viaje ofrecía la oportunidad de consolidar el aprendizaje de lenguas extranjeras, idea que convirtió al Grand Tour en un elemento clave para la formación de los jóvenes de clase media y alta que completaban esta etapa educativa antes de llegar a la edad adulta y, por supuesto, al matrimonio. No cabe duda que el viaje proporcionaba recursos y herramientas de gran utilidad para la vida…La literatura se encargó de difundir las bondades del Grand Tour y, aunque su origen lo sitúa en el ámbito educativo, acabó por identificarse con lo que hoy conocemos como ‘turismo’ a secas. Francia, Italia, Suiza, Alemania o Austria fueron los principales países europeos en torno a los cuales se determinaron los diferentes itinerarios que contemplaban las ciudades y regiones más emblemáticas.

Viajar constituye una fuente de bienestar para todos, de ahí que los científicos lo consideren bueno para la salud: reduce los niveles de estrés y proporciona bienestar emocional; estimula el cerebro; reduce los riesgos de infarto; representa una fuente de futuros recuerdos y refuerza la autoestima…Finalmente existe una única y poderosa razón: viajar nos hace felices…  Que así sea…

Bazán-Galdós: Amores secretos, amores prohibidos…

Pérez Galdós y Pardo Bazán vivieron una pasión sin tabúes, “alimentada en encuentros clandestinos por España y Europa”… Se cuenta que Un guarda recogió en el paseo de la Castellana una prenda íntima, olvidada un mes de marzo de 1889. Se desconoce su color, uso y talla, aunque se sabe que su propietaria era Emilia Pardo Bazán Y su destinatario Benito Pérez Galdós… Cada cual que imagine…. 
Imagen Internet

En general las relaciones humanas transitan y mutan a lo largo de su recorrido. Las experiencias personales y las colectivas moldean a sus integrantes en todos los terrenos: familia, trabajo, amigos, amistades… Amistad, amor, pasión y respeto fueron las paradas, los puntos de encuentros que definirían el mapa emocional compartido entre el gran narrador Benito Pérez Galdós y la ilustre escritora Emilia Pardo Bazán fallecida hace cien años.

Precisamente este 2021, año del centenario de su muerte, algunas bibliotecas han iniciado diversas actividades en torno a la escritora: exposiciones, conferencias, debates…No obstante aunque la faceta literaria es sin duda la más conocida y digna de reseñar, en su identidad confluyeron otros aspectos que por pertenecer al ámbito de la intimidad resultan menos conocidos, pues en la autora concurrieron otras sensibilidades y un alma apasionada que la llevaron a entregarse a amores prohibidos. Aunque sólo de uno conservó los secretos de alcoba, el mismo que la llevó a pronunciar palabras ‘en diminutivo con nombres de pastel’, como decía la canción de Mecano. Toda esta historia oficiosamente conocida, recientemente ha salido a la luz en una obra que reúne casi cien cartas enviadas por la escritora a su amante, desvelando al mundo sin tapujos la relación amorosa mantenida con Benito Pérez Galdós durante más de treinta años…

La historiadora Isabel Burdiel ha dado un fuerte impulso en España a la biografía histórica o estudio de los cursos de vida y, después de biogafiar a la reina Isabel II, ha reconstruido la de Pardo Bazán, a quien describe como una mujer “sin igual entre las grandes escritoras del momento. Intelectual respetada, polémica y vituperada, excelente empresaria de sí misma, notable periodista, crítica e historiadora de la literatura -entre otras muchas facetas-“. La insigne escritora fue pionera feminista y adelantada a su tiempo. Vivió acorde a sus convicciones, anteponiendo su vocación y entrega a la literatura. Defendió la instrucción y los derechos de las mujeres tanto a través de sus escritos como en la vida pública. Llegó a obtener la primera cátedra de Literatura en la Universidad Central de Madrid, la primera presidenta de la sección de Literatura Ateneo y la primera corresponsal de prensa en el extranjero, en Roma y en París. No obstante se le resistió uno de los sillones de la Real Academia en tres ocasiones…Sobre su personalidad se pueden decir muchas cosas: fue “atrevida y mordaz en sus juicios, amante de las polémicas y al tiempo celosa de su intimidad; apasionada pero también radicalmente antisentimental… Nacionalista española consciente y al tiempo cosmopolita en cuyo centro imaginativo, emocional e intelectual estuvo siempre Galicia…Humanista y elitista. Moderna y antimoderna…” (Isabel Burdiel, Entrevista ABC)

Emilia contrajo matrimonio antes de cumplir los 17 con José Fernando Quiroga Pérez de Deza cuando todavía este era estudiante de Derecho en la Universidad de Santiago. Ambas familias pertenecían a la ilustre hidalguía gallega siendo conocidos abogados que frecuentaban los círculos conservadores de los Tribunales de A Coruña, ciudad donde vivieron muchos años. La pareja residió primero en Galicia y, posteriormente, en Madrid. Fruto de esta unión fueron tres hijos: dos mujeres y un varón.

Entre 1879 y 1882 se publicaron sus primeras novelas y realizó algunos viajes por Europa acompañada por su familia: París, Roma, Viena, Londres, Bruselas aunque siempre volvía a Meirás donde encontraba la paz y el descanso necesarios para volver a escribir…Por aquel entonces, alternando con sus novelas, comenzó su colaboración con la revista “La Época reseñando una serie de artículos de corte naturalista, (corriente puesta de moda por Émile Zola cuya influencia se percibe en toda su obra) que comprometieron su matrimonio. Las publicaciones, tachadas como manifiesto de la pornografía francesa y la literatura atea, provocaron un enorme revuelo en los círculos literarios de aquella sociedad conservadora, un escándalo que su esposo no estuvo dispuesto a asumir ni ella a retractarse. Poco después, con la discreción que les había caracterizado, en 1884 se separaron de mutuo acuerdo. Él compró y reconstruyó el Castillo del islote de Santa Cruz de Oleiros en A Coruña, donde estableció su residencia. Ella continuó en Madrid, aunque se mantuvo conectada con su Galicia natal. La escritora comenzaba así una nueva etapa y una nueva vida, en gran medida, articulada en torno al también escritor Benito Pérez Galdós.

La relación con Galdós posiblemente comenzara poco después de su separación y, a decir de algunos, parece que fue él quien puso más carne en el asador pues quiso formalizar la relación, contraer matrimonio y por ello perdonó sus numerosas infidelidades, entre otras, las que tuvo con Lázaro Galdiano y Narcís Oller, infidelidades que ella misma confesó. Pero Emilia quería ser y estar libre. No era amiga de ataduras ni convencionalismos aunque lo amó profunda y apasionadamente durante más de tres décadas: “Lo merezco todo. Y, sin embargo, te quiero, te quiero, te quiero”, le escribió en una de sus cartas. Los amantes pasaron años viéndose a escondidas, tal vez con la complicidad de amigos y conocidos. También viajaron a diferentes capitales europeas, viajes que les permitía vivir su relación libres, lejos de la fuerte exposición y miradas estrechas de la rancia sociedad española.

Entre 1898 y 1919 transcurrieron los mejores años para ambos, tanto a nivel personal como literario. Los dos genios se amaron profundamente: “mundo necio, que prohíbe estas cosas; a Moisés que las prohíbe también; a la realidad, que nos encadena; a la vida que huye; a los angelitos del cielo, que se creen los únicos felices… Felices, nosotros. ¡Ay!”. (Emilia Pardo Bazán, 1889).

Hace apenas un año, la editorial Turner publicó Miquiño mío, Cartas a Galdós, un epistolario que describe la relacion, dando testimonio de las emociones y deseos compartidos junto a la escritura, oficio común y espacio de encuentro en la distancia. Cuando los amantes no podían verse la escritura les acercaba, mantenía encendido el fuego de la pasión y el deseo ardiente del uno por el otro…Cientos de cartas constituyen un fiel testimonio de los deseos, los sueños, las ganas, la espera…Miles de palabras sobre el papel expresando la intimidad más íntima a la espera ansiosa de un nuevo encuentro, en el que la escritura cedía el paso a la oralidad que acompañaba a las caricias y a la consumación de los apetitos y anhelos. Las cartas de Pardo Bazán muestran a una mujer que se deshace ante las señales de su amante y amado: «Miquiño, mi bien: me están volviendo tarumba tus cartitas. Creo que jamás escribiste con tanta sencillez, con una gracia más bonita y más tierna. No sé las veces que he leído esta última epístola, ni el bien que me hizo, ni cuánto se me humedecieron los ojos… Un beso del fondo del alma»(1989).

Poco tiempo después, la ‘gallega’, perdida por sus huesos, no tiene reparos en subir el tono y hacer su apuesta: «Pánfilo de mi corazón: rabio también por echarte encima la vista y los brazos y el cuerpote todo. Te aplastaré. Después hablaremos dulcemente de literatura y de la Academia y de tonterías. ¡Pero antes morderé tu carrillito!» Y añade maternalmente: «No fumes mucho, no». Puede que las expresiones parezcan contenida aunque los mensajes subliminares hablan con una claridad meridiana. Ella no se arrepiente de nada, lo desea más allá y por encima de lo que piense la sociedad o imponga la doble moral tan propia de aquel tiempo. Ella es feliz y quiere seguir sintiéndose así tal y como recuerda después de cada encuentro: «Imposible parece que […] quede todavía una comezón tan grande de charlar más y un deseo tal de verte otra vez en cualquier misterioso asilo, apretaditos el uno contra el otro, embozados en tu capa o en la mía los dos a la vez, o tumbados en el impuro lecho, que nuestra amistad tiernísima hace puro en tantas ocasiones. Sí, yo me acuesto contigo y me acostaré siempre, y si es para algo execrable, bien, muy bien, sabe a gloria, y si no, también muy bien, siempre será una feli­cidad inmensa, que contigo y solo contigo se puede saborear, porque tienes la gracia del mundo y me gustas más que ningún libro. Yo sí que debía renunciar a la lectura y deletrearte a ti solo. ¿Qué mejor obra, entre las tuyas, que tu espíritu mono, simpático y fresco? Ven luego, ven, que me haces falta. Hay mil corrientes en mi pensamiento que solo contigo desahogo. Ven, Santander ya debe de estar feo, frío, gris y aburriente»

Ambos escritores tuvieron mucho en común. Ambos ‘picotearon’ con todos y todas. A ella se le conocía el affaire con Blasco Ibáñez.  A Galdós se le contabilizaron amores como Concha-Ruth Morell, Lorenza Cobián o Teodosia Gandarias…En común tuvieron el gusto por una sensualidad libertina…Podría decirse que disfrutaron de su sexualidad con una libertad inusual en aquel tiempo y mantuvieron una relación abierta y plena de juegos eróticos: se gustaban, se buscaban, se divertían…Y también se amaron. Ella le llamaba “miquiño mío”, “monín”, “pánfilo de mi corazón”, “roedor”, “camaraíta”, y se identificaba como “tu rata”, “tu peinetita”, “tu buitra” como escribe en otra misiva: «Ven a tomar posesión de estos aposentos escultóricos. Aquí está una buitra esperando por su pájaro bobo, por su mochuelo […] Hay en mí una vida tal afectiva y física, que puedo sin mentir decir que soy tuya toda: toda, me has reconquistado de muchas maneras y más que nada porque nunca me habías perdido; porque te quise ayer y te querré mañana»

El nacimiento en Santander de la única hija (ilegítima) de Galdós, a la que dio sus apellidos, pudo señalar el comienzo del fin. O, tal vez fuera cuando Emilia se negó de una vez por todas a cambiar la tónica de su relación: él quería una formalidad que ella no necesitaba…Nada dejó escrito al respecto. Al parecer poco a poco la relación se tornó profesional, correcta y respetuosa…El amor tan ferozmente erótico fue perdiendo intensidad para descender trasformado en pura admiración intelectual…Aunque nunca se sabe, porque donde hubo fuego siempre pueden quedar rescoldos…Una cosa parece segura: el amor de Bazán siempre fue Galdós y viceversa…

Contrapunto…

Fotografía: mp_dc

Hace algunas semanas que decidí bajar el volumen exterior. Demasiado ruido. Demasiada información. Demasiados expertos que parecen saber de todo aunque no sepan casi nada y se limiten a repetir como loros una y otra vez lo mismo en distintas versiones…La radio y la TV no paran ese constante run run anunciando estadísticas sobre afectados, ingresados y fallecidos. Cifras y cifras, a veces corregidas una y otra vez, que lejos de tranquilizar merman mi ya maltrecho ánimo. Y ahora, después de meses sumergidos en esta saturación de datos e infinitas especulaciones sobre los ensayos clínicos en marcha, comienza el bombardeo esperanzador de las vacunas en un intento flagrante por vendernos humo porque, en realidad, la eficacia de estos medicamentos no está del todo probada. A lo dicho se une un profundo sentimiento personal de desafección, incredulidad y orfandad política sobrevenido a consecuencia de gobernantes con poca altura de miras y una gran desconsideración hacia la ciudadanía, a la que desgastan con una actitud de crispación, confrontación e ineptitud cuyo resultado ha desembocado en una situación de descrédito y desconfianza antes nunca vista…

Así que sí. Bajo el volumen de fuera -o al menos pongo mucha voluntad en ello- a la par que elevo el tono de mis emociones y sentimientos, considerando esta coyuntura un buen momento para escuchar-me, mirar-me y atender-me en un intento por regresar a mis orígenes, a ese estado primigenio de no saber para aprender de nuevo (seguramente lo mismo) pero de otra manera. Algo parecido a lo que llamamos ‘reseteo’ o ‘reinicio’: la pantalla se oscurece, el sistema se paraliza apenas unos segundos, suficientes para reparar los pequeños errores de funcionamiento… Y de repente, como un milagro, todo vuelve a conectarse y todo vuelve a funcionar…Misterios de la informática. Una analogía muy clara como ejemplo aunque lleva mucho más tiempo en la práctica, sobre todo cuando se trata de asuntos relacionados con el complejo mundo de las emociones…

En esto ando. En el reinicio. Serena, tranquila, refugiada en este bastión que representa mi casa donde paso las horas pegada a una mesa repleta de documentos, papeles, libros, lápices y un modesto ordenador, herramientas mediante las cuales me entrego a mis aficiones, aunque ahora, de momento, pase un poco menos por este blogY es que, como cantaba Serrat, siento que las musas ‘han pasao de mi…andarán de vacaciones…’ No seré yo quien las coarte. Si han de volver -cosa que espero y deseo- que así sea pero que lo hagan libremente…Y como escribo menos leo más pero no de lo mismo, esa es la novedad…

El pasado martes 15 de octubre en el Palau de la Música Catalana, de Barcelona, en una ceremonia íntima cuyo formato tuvo que ser adaptado debido a las actuales circunstancias, se entregaron los Premios Planeta 2020. Premios que además del consabido prestigio, conllevan una suculenta dotación de 601.000 euros para la obra ganadora y 150.250 para la finalista capitales que, en esta ocasión, recibieron dos mujeres…A bote pronto esto se convirtió en un bombazo, un notición. Pero no nos quedemos ahí, hagamos una segunda lectura o una tercera si fuera necesario. Y en esas relecturas me cuestioné no ya la publicidad o el mérito del galardón sino el hecho de que las premiadas fueran mujeres. Ese fue el matiz que me hizo reflexionar en la excepcionalidad de la noticia que llegaba de la mano del ‘género’ de las ganadoras…El día que esta ‘excepcionalidad sea normal’ -permítanme el oxímoron- y dicho ‘matiz’ no constituya el corazón de la noticia, ese día habremos avanzado en la igualdad… Aún así creo que todas las mujeres nos congratulamos ante cualquier merecido reconocimiento. Sea mi enhorabuena para Eva García Sáenz de Urturi por ‘Aquitania’ y a Sandra Barneda por ‘Un océano para llegar a ti’.

Imagen Internet

La escritora premiada Diplomada en Óptica y Optometría, profesión que ejerció durante diez años, recientemente incorporada al mundo de la literatura, nada más llegar (2012) ‘besó el santo’ con su primera novela La saga de los longevos: La vieja familia que fue un rotundo éxito, el mismo que ha seguido cosechando desde entonces. Muy conocida es la  Trilogía sobre La ciudad blanca, llevada al cine in illo tempore (2019), cuando podíamos disfrutarlo que era hace nada aunque parece mucho y de las que se han vendido más de un millón de ejemplares, por lo que se puede afirmar que Eva García Sáenz de Urturi es, actualmente, la novelista de más éxito en España.

“Aquitania” nos acerca a la figura y personalidad de una mujer singular en su tiempo (primera mitad del s. XII). Noble, miembro de la casa francesa de Poitiers y desde 1137 por derecho propio duquesa de Aquitania y Guyena, condesa de Gascuña y, por matrimonio, primero reina consorte de Francia y después de Inglaterra. Leonor de Aquitania fue una de las mujeres más ricas y poderosas de Europa Occidental durante la Edad Media, adelantada a su época, una figura controvertida por su actitud tímidamente feminista en torno a la cual nacieron multitud de leyendas que han servido de excusa a la autora para construir una historia en el marco de la Historia apta para todo tipo de lectores, incluso para quienes no gusten de la novela histórica…”Un poderoso thriller histórico que atraviesa un siglo repleto de venganzas, incestos y batallas. «Actúa como un león. Arremete como un águila. Ejecuta como un escorpión.» (Entrecomillado textual) Este fue el legado recibido de su padre, el hilo conductor que atraviesa el relato.

La novela finalista pertenece a Sandra Barneda, periodista barcelonesa presentadora de una gran variedad de programas en cadenas de Mediaset y en la televisión catalana. La escritora quedó finalista con un relato que habla sobre las relaciones familiares, sobre los secretos silenciados…A través de los personajes la autora explora las emociones experimentadas en el tránsito del duelo ante la pérdida de un ser querido a la par que propone algunas cuestiones: “¿Y si el destino de las personas pendiera un hilo invisible que las conecta con aquellos que deben encontrar? ¿Y si la vida solo fuera un viaje para encontrarlos?” (Entrecomillado textual).

Imagen Internet

Dos mujeres, dos thrillers, dos historias concebidas para aprender, entretener y reflexionar en espacios de soledades a solas o en compañía… En un tiempo de incertidumbres y de cambios que, esperamos, nos hagan mejores y nos conduzca a buen puerto…Que lo disfruten. Yo estoy en ello…

Inteligentes, cultas y empoderadas…

Imagen Internet

Hasta hace muy poco las mujeres hemos desempeñado un papel secundario en la gran aventura de la Historia. Fuimos relegada a los segundos planos e incluso a desempeñar papeles meramente decorativos, como figurantes. Pero basta adentrarse en la biografía de cualquier varón relevante e incluso de algunos Reyes, para descubrir entre sus allegados a una mujer inteligente moviendo hilos invisibles desde la sombra o poniendo en práctica sutiles estrategias que acabaron moviendo o cambiando voluntades. Que nadie se equivoque. No uso las palabras astucia e inteligencia como eufemismos de sexo al servicio de las ambiciones personales. Ni mucho menos. Me refiero a mujeres con capacidad de mediar e intervenir, formadas, respetadas y reconocidas por algunos Monarcas, a quienes por su valía personal confiaron secretos de estados y solicitaron sus sabios consejos. Felipe IV mantuvo durante años correspondencia con Sor Mª de Agreda, amiga y confidente. La monja concepcionista fue considerada, a ojos de la Corte, la ‘consejera del Rey’. Otro ejemplo podría ser Anne-Marie de la Trémoille, Princesa de los Ursinos. Instalada en la Corte de Felipe V de Borbón, después de un largo periplo por otras cortes europeas, tuvo una destacada proyección política-cortesana cuando en 1702, tras la marcha de Rey a Italia (Guerra de Sucesión), María Luisa Gabriela de Saboya, su esposa, tomó la riendas del gobierno, lo que hizo siendo aconsejada ‘oficiosamente’ por su camarera mayor, la Princesa de los Ursinos…Del mismo modo Madame de Pompadour, amante y también asesora de Luis XVI, hizo lo propio en la corte de Versalles… Son algunos ejemplos de mujeres inteligentes, cultas y empoderadas.

Claro que moverse por el entorno del Rey no estaba al alcance de cualquiera (como ahora). El Renacimiento marcó un punto de inflexión cuando en el siglo XVI, Isabel del Este, marquesa de Mantua y su cuñada Elisabetta Gonzaga, duquesa de Urbinos (no confundir con la Princesa de los Ursinos), promovieron la idea de que las damas cortesanas debían ser cultas. La de los Urbinos inspiró a Baltasar de Castiglione, autor de El Cortesano, aconsejando a las damas no arredrarse ante ninguna conversación además de proponer usos y costumbres que acabaron imponiéndose en las cortes europeas. En fin, de lo dicho (aunque quedaría muchísimo más por decir) se desprende que la cultura es la llave que permite acceder a determinados espacios, ámbitos o esferas, entre ellas, las del poder en cualquiera de sus formas, aunque en tiempos pasados dicho acceso sólo fuera posible mediante el matrimonio o el convento. Y es aquí donde enlazo con el post anterior para explicar qué fue la ‘Soberana Asamblea de la Casa del Placer’ de Lisboa.

El siglo XVII, conocido por su esplendor cultural como el Siglo de Oro, fue también un siglo de decadencia política, económica, social… España se vio asolada por diferentes brotes de peste, seguidas de hambrunas sobrevenidas a consecuencia de una prolongada sequía además de la intervención en la Guerra de los Treinta Años y las sublevaciones de Portugal y Cataluña todo lo cual trajo consigo una gran disminución de población… (Sirva este ejemplo como reflexión frente a nuestra actual pandemia). Aún así despertó en determinados sectores de la sociedad un gran deseo de saber y una gran inquietud por el conocimiento que alcanzará su punto álgido en el siglo siguiente con la Ilustración. Un afán de conocimiento que, como dije anteriormente, había cuajado entre las mujeres (nobles, claro) que comenzaron a promover tertulias y reuniones literarias (conocidos como Salones literarios franceses) denominadas ‘Academias’, muchas de ellas auspiciadas por Infantas y Reinas. Pues bien, eso fue la Soberana Asamblea de la Casa del Placer, una Academia literaria promocionada por monjas de diferentes conventos lisboetas (y la participación de algunas aristócratas) entre quienes destacaron Sor Maria do Céu y Sor Feliciana de Milão, ambas reconocidas autoras portuguesas del siglo XVII relacionadas íntimamente con la corte. Estas monjas conocieron la obra de Sor Juana Inés, “Inundación castálida”, publicada en España bajo mecenazgo de la Condesa de Paredes, a quien acudieron para solicitar su mediación a fin de que la escritora novohispana compusiera una obra para ser leída en la Asamblea. Fue así como surgió la composición de los Enigmas. El resto fue idea de Sor Juana. Cada redondilla o adivinanza refiere y desgrana, con palabras veladas, una experiencia amorosa experimentada en este caso por sor Juana Inés con la Condesa, esperiencia revivida una y otra vez en cada lectura por las monjas y las “matrocinadoras” (término utilizado por la Historiadora Milagros Rivera) que formaron parte de la Soberana Asamblea de La Casa del Placer, el ‘placer’ de disfrutar de la lectura, de la palabra escrita por otra mujer sabia, erudita y enamorada, inspirado en un amor doblemente prohibido (por ser monja la una y casada la otra), silenciado y vivido en la ausencia y la distancia. “La publicación de los Enigmas no circuló entre los eruditos porque no nació para ellos sino para el disfrute, la inspiración, la risa y la inteligencia de Amor femeninas, que convierten a los Enigmas en una obra altamente irreverente, ya en su forma, con la Iglesia y el Estado” (M.R.)

En su momento, el libro se publicó en una edición privada a principios de 1695, en el “Impresor de la Majestuosa Veneración, a costa de un lícito entretenimiento”. En el estudio de Milagros Rivera sobre los Enigmas de Sor Juana Inés (enlace reseña), la autora afirma: “Es un libro que se ríe de todo narcisismo masculino, en su contenido y en su forma. Dos de las monjas portuguesas hicieron en prosa las Censuras del contenido del libro, autorizando su publicación como si fueran jueces eclesiásticos, y otras tres redactaron en verso las Licencias de impresión, una por lo que toca a la fe, otra por lo que pertenece a las buenas costumbres, y otra por lo que compete a la jurisdicción real…”

Finalmente solo añadir que los Enigmas forman parte de la conocida Querella de las mujeres, un gran movimiento político que promovió el debate sobre el valor de las mujeres y lo femenino, desarrollado en las cortes europeas y del Nuevo Mundo, desde finales del siglo XVIII hasta la Revolución francesa, aunque muchas mujeres consideren que continúa en la actualidad…

Los ‘Enigmas de la Casa del Placer…’

La Condesa de Paredes y Sor Juana. (Imagen Internet)

Juana de Asbaje y Ramírez nació en el actual México en 1651. Sobre su nacimiento se baraja la posibilidad de que fuera ‘hija de la Iglesia’, es decir, ilegítima. Su padre parece que era origen vasco. Su madre, una criolla hija, a su vez, de una mujer de Sanlúcar de Barrameda que murió joven… Lo cierto es que la ilustre escritora, educada y formada entre el convento de Amecameca y la biblioteca de su abuelo, fue una niña prodigio que con sólo tres años sabía leer y escribir y con ocho compuso su primer poema (una loa). Muy joven fue a vivir con sus tía materna María Ramírez, casada con don Juan de Mata y desde allí se trasladó a la Corte, donde a los 14 años, gracias a su talento, Juana se convirtió en dama de honor de Leonor Carreto, virreina consorte de don Antonio Sebastián de Toledo, Marqueses de Mancera, quienes la introdujeron en la vida cortesana en la que, enseguida, se dio a conocer por su erudición y habilidad para la escritura…

Con semejantes padrinos no faltaron pretendientes dispuestos a desposarla pero sus ansias de saber, que no la vocación, la inclinaron a la vida conventual por entonces considerada para algunas mujeres, un espacio de libertad donde poder dar riendas suelta a una sed insaciable de conocimiento. La soledad y el silencio tras los muros permitieron a muchas mujeres entregarse a una vida intelectual fuera de su alcance como señoras casadas. La vida religiosa, socialmente entendida como renuncia al siglo, comenzaba con la adopción de un nuevo nombre o sobrenombre que convirtieron a Juana en Sor Juana Inés de la Cruz. Dicha renuncia proseguía negando la parte de herencia correspondiente a cambio de una rentas de manutención, aunque la nobleza continuó gozando de ciertos privilegios en la vida religiosa que ayudaron a conservar el estatus de origen. Al fin y al cabo, se trataba de reproducir el orden social imperante fuera del cenobio. Sor Juana Inés dispuso de celda propia que constaba de dos plantas y tres estancias, en una de las cuales recibía a conocidos intelectuales de su tiempo de la talla de Góngora o Calderón de la Barca y, posteriormente, a don Tomás de la Cerda, Marqués de la Laguna, virrey en Nueva España junto con su esposa Mª Luisa Manrique de Lara, Condesa de Paredes, a la que Sor Juana acabaría llamando Lisy en la intimidad…

Convento Ntra. Sra. de la Expectación (Jerónimas). México. (Imagen Internet)

Por aquel entonces (1680) Sor Juana ya era una escritora consagrada aunque desconocía que su encuentro con la Condesa de Paredes, una mujer culta, inteligente y bella, supondría un punto de inflexión en su escritura y su vida. Juana Inés y Mª Luisa se enamoraron y mantuvieron una intensa relación durante su estancia en el virreinato (entre 1680-1686) que se prolongó, una vez de vuelta a España, hasta la muerte de la escritora. Años en los que mantuvieron contacto gracias a una numerosa correspondencia, una parte conocida como ‘cartas a Lisy‘ . Fue precisamente Mª Luisa quien solicitó a Sor Juana, a través de su prima, que escribiera algo para las monjas de ‘La Casa del Placer’. Fue así como compuso los 20 acertijos o adivinanzas cada uno de los cuales es una redondilla, es decir, una estrofa de cuatro versos que riman en redondo, el cuarto volviendo al primero, al modo de la alegoría femenina. En todos ellos, la respuesta al enigma o acertijo es “amor”.

La figura de Sor Juana Inés continúa siendo relevante y como tal objeto de interés para los estudios de género, para la historiografía y para el feminismo que ha reivindicado el análisis de la que fue su última obra ‘Los Enigmas de la Casa del Placer’ de la que se conservan cuatro copias manuscritas en la Biblioteca Nacional de Portugal que Mª Milagros Rivera Garretas, Catedrática de Historia de la Universidad de Barcelona, rescató y editó en 2018. La obra ha sido calificada como “erótica y divertida”, demasiado irreverente y libre para la prensa, como la poesía de Emily Dickinson o la pintura de Hilma af Klint. La Asamblea de La Casa del Placer hizo una edición privada de los Enigmas a principios de 1695, en el “Impresor de la Majestuosa Veneración, a costa de un lícito entretenimiento”. “Cada redondilla -afirma la historiadora- desgrana, poniéndola en palabras veladas e intensas, una experiencia amorosa mil veces vivida a su manera por la mujer enamorada, en este caso sor Juana Inés de la Cruz con la Condesa de Paredes, y revivida en cada lectura por las monjas y las matrocinadoras que constituían la soberana Asamblea de La Casa del Placer”

En el siguiente post escribiré sobre el origen y finalidad esta Asamblea. No obstante, no se dejen engañar por el nombre pues nada tiene que ver con otro placer que no sea el de ‘la lectura, el análisis y el juego de palabras’, finalidad que guarda estrecha relación con los Enigmas de la insigne escritora, entre cuyos versos pueden leerse estos:

“Ser muger, ni estar ausente
no es de amarte impedimento;
pues sabes tú, que las almas
distancia ignoran, y sexo.”

(Inundación castálida, p. 190)