Bajo el hechizo de Cara…

Aquí empezó todo…

Como ya conté unos post atrás la muerte y el duelo por mi hijo Carlos me dejó sumida en la oscuridad durante un tiempo. Costó regresar de las tinieblas…Todavía, de vez en cuando, esa nube espesa me atrapa y me zambulle durante unos días en una especie de burbuja que me hace sentir que el tiempo se detiene apenas un instante, hasta que ‘algo’ me devuelve la consciencia y me obliga a regresar…

En el transcurso de la enfermedad también se fueron Tristán y Jana, nuestras mascotas. Crecieron todos juntos, niños y cachorros. Por aquel entonces todo parecía fácil y para siempre, las risas llenaban la casa, los juguetes se esparcían por doquier y la vida transcurría de travesura en travesura tanto de unos como de otros y, casi siempre de todos -niños y perros- en complicidad…Fueron años de juventud acompañados de risas, de muchas risas, de alguna que otra dificultad y también de muchas ilusiones y proyectos propios de quien parece poseer la certeza de una vida larga y ancha que de pronto se tornó corta y estrecha…Tristán y Jana se marcharon antes que Carlos, a veces pienso que para recibirlo y acompañarlo en su tránsito, una idea que aunque pueda parecer absurda me llena de ternura y me reconforta …

La vida después de Carlos, una vez cerrado el duelo y en paz, transcurría serena, pausada, silenciosa… Hasta que llegó la pandemia y con ella la obligada reclusión. Nada nuevo para mí curtida en experimentar el paso del tiempo entre música, lecturas y blogs o ensimismada en el noble oficio de investigar releyendo -lupa en mano- documentos de hace cuatro siglos…Pero el confinamiento sumó a mi silencio habitual el mutismo exterior que me privó de los sonidos callejeros: de las voces extrañas, de los ruidos de los coches, del deambular cotidiano del que también participaba…Somos seres gregarios, interdependientes, interconectados, formamos parte de una larga cadena de causas y efectos que se ha prolongado en el devenir de los tiempos hasta este preciso instante en que escribo…Y entonces lo supe. Supe que era el momento idóneo de traer a un nuevo ser sintiente a mi vida y sentí sin miedo que quería adoptar a una perrita tan necesitada de compañía y afecto como yo…

Entonces comencé a contactar con refugios y, sin saber cómo, los galgos se cruzaron en mi camino…Me decidí conmovida por el sufrimiento que les acompaña producto de la huella del maltrato al que se ven sometidos a causa de lo que algunos llaman ‘el arte de la caza’, una matanza legalizada para disfrute humano…Y así la conocí, la he tenido en acogida hasta que ayer la adopté…Aunque, sinceramente, he llegado a pensar que en realidad me adoptó ella… Un ligero cambio de planes…

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La mirada de Cara

Y esta es Cara Mía, ‘mi querida’ compañera. Una galguita de año y medio aproximadamente. Miedosa, tímida, asustadiza, lista y con una mirada que atrapa y seduce… Apenas lleva conmigo tres semanas y ya ha desplegado todos sus encantos hasta conquistar mi corazón, instalarse en mi casa, apoderarse de mi sofá y, cuando me voy, esperar a que regrese echada en mi butaca…

Sí, es cierto, su venida ha puesto patas arriba mi ‘orden’ y mi ‘rutina’ pero arrancarme una sonrisa cada mañana al despertar, mientras su hocico huele a mi alrededor y su carita se acerca a la mía reclamando cariño…eso no tiene precio…

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Su primer paseo en coche…

Y morir en el intento…

Hace muchos años nadie hablaba del cáncer, al contrario, se ocultaba. Cuando alguien cercano padecía la enfermedad se decía que tenía ‘algo malo’ o que había muerto de ‘algo malo’… La palabra tabú que asustaba sólo pronunciarla se naturalizó cuando los famosos, esas personas que nos parecen inalcanzables y sobrehumanas, salieron valientemente a luz pública con una sonrisa y su cabeza rapada para anunciar: ‘tengo cáncer…’ Si una actriz, cantante o modelo, hombres y mujeres que viven de su imagen pudieron hacerlo, el resto de la humanidad también. Desde entonces desgraciadamente muchos artistas han dado a conocer la enfermedad, han liderado movimientos, creado fundaciones y convocado actos diversos a fin de recaudar fondos para promover ensayos e investigaciones y encontrar así tratamientos eficaces y curativos… Y aunque cada vez son más los que ganan la batalla, siguen siendo muchos los que la pierden…

Casi todos hemos pensado alguna vez que también nos podría tocar a nosotros pero casi nunca nos atrevemos a contemplar que le suceda a uno de los nuestros, de nuestra familia, particularmente a un hijo. Las madres nos negamos a considerar esta posibilidad, la descartamos aunque la veamos de cerca en los hijos de los otros… Desgraciadamente nadie está a salvo, ni existen garantías, doy fe…Y estos días atrás en los que he sabido de algunos famosos de la pantalla que han sido vencidos o están en esa lucha, me ha resultado imposible evitar el recuerdo de mi hijo: el diagnóstico, los años de tratamiento, los momentos de esperanza creyendo que habíamos ganado y el fatídico día en que fuimos derrotados …

El día que falleció mi hijo Carlos, hace siete años, la vida se detuvo…Bueno, en realidad la vida continuó muy a mi pesar, fui yo la que se detuvo. Aunque seguía siendo madre de otros dos hijos me sentía mutilada, como si un pedazo de mí me hubiera sido arrancado sin piedad dejándome una herida en carne viva y abierta que infectaba mi cuerpo y mi alma. Ni siquiera existe una palabra en nuestro riquísimo castellano que defina la identidad de una madre tras la pérdida de un hijo. A veces pienso que no la hay ni puede haberla porque un dolor tan intenso, profundo, desolador, desconsolado, amargo, triste, todo a la par y por separado, un dolor tan hondo y extenso es imposible de condensar en un solo término. Sólo en hebreo encontré un vocablo que designa y nombra a los padres que han sufrido semejante pérdida: ‘shjol’. Eso era yo, en eso me convertí nada más y nada menos: en una madre ‘shjol …’

Estos pensamientos me vienen a la cabeza haciéndome eco de la muerte de algunos personajes de la prensa rosa y del papel couché: Alex Lequio, Pau Donés -Jarabe de Palo- y Rosa Mª Sardá…Todos ellos, como mi hijo, grandes luchadores, todos aferrados a la vida con uñas y dientes sin perder la sonrisa, mostrando una entereza ejemplar. Simples mortales a los que la enfermedad moldea y transforma como si una pátina especial les hubiera envuelto, impregnado y convertido en seres excepcionales, extraordinarios, gigantes adornados con un halo de bondad que contagia, despiertan nuestra admiración y nos asombran con su valentía… Hombre y mujeres, jóvenes o mayores que sobreviven caminando sobre una cuerda floja y en una cuenta atrás investidos de una dignidad que, a mí personalmente, me conmueve, me eriza el vello, me hace un nudo en la garganta y me pone cara a cara frente a la grandeza humana y frente a mi propia muerte…

Apenas hace dos meses, en tiempos del confinamiento estricto, la recién fallecida Rosa Mª Sardá concedió la que fue su última entrevista a Jordi Évole. La actriz hablaba de su experiencia con un tono desesperanzado, abatida… Digna, clara, íntegra pero vencida y escéptica…Se moría y allí estaba hablando sobre una enfermedad que no era el covid y sobre la realidad de la ‘muerte como consecuencia de la vida’, una realidad para la que no estamos preparados, decía, porque no se nos enseña. No tenemos elección. Creo que lo mejor de la vida es la vida en sí misma, la esencia que no es otra que el día a día, momento a momento… Una sucesión de instantes que, cazados hábilmente, nos proporcionan gotas de felicidad que apenas dura lo que tarda en descender una lágrima desde el ojo hasta la comisura de los labios… Sí, sé que puede parecer muy poco pero así de relativo es el tiempo… Necesito creer que la muerte no es el final sino una transformación que da paso a otra forma de vida, la metamorfosis: la oruga mutada en mariposa… Sólo así me siento capaz de asumir la muerte de mis seres queridos y sobre todo la de Carlos…

Su recuerdo se hizo presente aún más si cabe estos días y con él rememoré aquel tiempo cada vez más lejano cuando la vida se tornó gris y nos atrapó una tormenta que se transformó en tsunami…Incertidumbre, ansiedad, miedo, una espera desesperada a sabiendas que la espada de Damocles caería en cualquier momento sobre su cabeza… Mientras, los días transcurrían de tal manera que a medida que menguaba y empequeñecía su cuerpo, se ensanchaba y expandía más y más su alma… Cada vez más lejos de ‘aquí’, cada vez más cerca de ‘allá…’

La enfermedad se llevó finalmente a mi hijo como a tantos otros hijos, padres, hermanos, amigos… Todo cambió a mi alrededor y aprendí una nueva manera de vivir después de una larga travesía por el más desolador de los desiertos. Un tránsito con paradas en múltiples puertos donde curé mis heridas aplicando capas de un bálsamo eficaz y sanador: el perdón y la autocompasión… Acogiendo y acunando mis emociones hasta que dejaron de ser dañinas y autodestructivas…Y así regresé sana y salva para continuar siendo una madre ‘shjol’ el resto de mis días… Una madre que conserva y mece en su regazo el recuerdo agradecido de su hijo siempre vivo en la memoria de quienes le quisimos, le queremos y le querremos siempre…

In memoriam

A modo de epílogo…

El filósofo y pensador italiano Nuccio Ordine, recientemente ha participado en una serie de conferencias y encuentros con destacados intelectuales a fin de reflexionar sobre el impacto del coronavirus. El punto de partida se inicia con esta cuestión ¿Nos obligará el covid-19 a repensar el mundo? Mejor que parafrasear a Ordine o realizar un corta y pega de sus palabras, mejor digo, será leerle directamente en esta entrevista publicada en el periódico ‘La Vanguardia’https://www.lavanguardia.com/cultura/20200316/474180133280/conversaciones-pandemia-nuccio-ordine-coronavirus.html o si lo prefieren pueden escucharlo directamente en la entrevista concedida a Javier del Pino para su programa de radio del fin de semana en la ‘Cadena Ser’, https://cadenaser.com/programa/2020/05/31/a_vivir_que_son_dos_dias/1590928105_680252.html. Habla el filósofo del antiguo Renacimiento como una puerta de acceso al amanecer que iluminó una nueva forma de vida hasta entonces eclipsada por la ‘oscuridad’ que caracterizó a la Edad Media, la misma de la tanto han hablado los medievalistas más benévolos que vierten interpretaciones menos drásticas sobre dicha etapa. Lo cierto es que el esplendor del renacimiento y del humanismo representó el nacimiento de una nueva concepción del universo, del hombre y de la vida. Nuevas ideas que calaron enseguida e irradiaron desde la vecina Italia hasta el resto de Europa.

Ordine articula su pensamiento en torno al reconocimiento de los ‘errores cometidos del pasado’ una idea que, extrapolada a países como Italia o España, da para considerar sobre los desatinos de los diferentes gobiernos evidenciados ahora durante la crisis de la pandemia, errores que han socavado los pilares fundamentales que sostienen nuestra sociedad: la educación y la sanidad, motores de cambio y sostenimiento de la sociedad de bienestar, esa realidad de la que hemos gozado hasta hace nada aunque sobre esto haya opiniones para todos los gustos …

Sea como fuere por primera vez en mucho tiempo los filósofos salen a escena para recuperar el protagonismo y tirar del hilo de la historia dispuestos a coser trozos de pasado con pedazos del presente a fin de extraer la moraleja, la enseñanza, el aprendizaje que nos impulsa a rectificar. Y nada más didáctico que mirar atrás para contemplar los grandes fallos cometidos por nuestros gobernantes, la mayoría más ‘idiotas’ que ‘políticos’ (según entendían los griegos) es decir, más preocupados y ocupados por lo personal y privado que por los intereses generales y públicos… Puede que en este epílogo, en el período de luto por quienes fallecieron y tras muchos tiempo de silencio y de trabajo parapetado en despachos atiborrados de libros, hoy como ayer, los filósofos salen al paso con sus reflexiones para ayudarnos a responder a los grandes interrogantes sobre la vida, el universo, la amistad, el amor… Es un hecho que la pandemia ha sido y es una oportunidad para mirar el mundo desde una nueva perspectiva porque la crisis ha dejado al descubierto que no somos individuales sino colectivos, que no ‘somos’ aislados sino interdependientes, que más allá de la virtualidad está la realidad personal, que puede que hayamos permanecido de espaldas a la materialidad de la muerte y haya sido ahora cuando muchos se han encontrado con ella cara a cara…

Quizá por primera vez en muchos años de historia hayamos recuperado el sentido de la universalidad, de sabernos eslabones de una sola cadena y sentir que el hilo de la vida nos atraviesa y nos une a todos…Tal vez es por eso que los muertos no nos han dejado indiferentes y como dice el filósofo cuando alguien muere una parte de nosotros muere también … Si así fuera todo tendría una nueva razón de ser, incluso lo más insensato o absurdo …

[…]Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti […] (John Donne)

Soñando el mundo al revés…

#Fase1

Cuando mis hijos eran pequeños cantábamos esta canción infantil… La letra no tiene desperdicio: un lobito bueno maltratado por corderos…un príncipe malvado…una bruja hermosa sin verrugas en nariz y un pirata íntegro y decente que no robaba ningún botín…Todos los tópicos destrozados y todos los íconos de la infancia deconstruidos en favor de soñar con un mundo vuelto del revés como un calcetín y para bien…Un genio Paco Ibáñez…

No sé por qué me levanté tarareando esta canción. Llevo días añorando mi antigua rutina aunque, pensándolo bien, la nueva no cambió demasiado. Lo que en realidad echo de menos es la libertad de acción y quedarme en casa como una opción y no un deber… Y digo ‘deber’ de manera premeditada, consciente, porque es así como lo veo: frente a mi derecho a preservar mi salud está el deber de proteger la de los demás. También yo soy una fuente de contagio en potencia…Ojalá el coronavirus luciera coronas luminosas, perceptibles desde el exterior que nos alertaran, pero no…

Y al hilo de la canción, Eduardo Galeano habló también de un mundo al revés: “El mundo al revés -decía- nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y aceptar el futuro en lugar de imaginarlo. En la escuela son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación”… El pensador piensa con acierto que los seres humanos no solemos aprender de las experiencias vividas, con sus errores y aciertos, olvidando con facilidad el presente sin darnos cuenta… sin darme cuenta que el ‘ahora’, justo antes de escribirlo, conformaba mi futuro inmediato y apenas escrito ya ha mudado convertido en pasado…El tiempo se diluye, cambia y nos transforma continuamente, sin fisuras, sin descanso, sin quietud alguna…

He defendido las bondades que pueden nacer de la pandemia. He reflexionado sobre el confinamiento como una oportunidad para mirar hacia dentro mientras fuera transcurren el caos y el sufrimiento. He considerado que los grandes acontecimientos constituyen el preludio de un intervalo o etapa marcada por cambios profundos, los mismos que nos aguardan… Pero me temo que va ser verdad el dicho: ‘el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra’, porque no percibo actitudes de cambio entre quienes se supone, deben cuidar de nosotros como sociedad, como colectividad. Por el contrario sigo contemplando ambición, soberbia, presunción, prepotencia, arrogancia y vanidad entre poderosos y gobernantes que compiten a fin de ser los primero en ‘desescalar’ a los ‘suyos’, como sea, para colocarse la medalla y adjudicarse el mérito de un esfuerzo que no les pertenece… Actitudes y disposiciones contrarias, opuestas, antagónicas e incompatibles con un mundo al revés pero para mejor…

El símil del ‘lobito bueno’ seguirá siendo una utopía, una fantasía, una quimera… El lobo cuando tenga hambre devorará a los corderos al igual que quienes nos gobiernan se llevarán por delante a los mismos, a los de siempre y arrasarán con todo para quedárselo…Porque “…de los pobres sabemos todo: en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué no votan, qué no creen…Sólo nos falta saber por qué los pobres son pobres…¿Será porque su desnudez nos viste y su hambre nos da de comer?…” Tal vez sea porque no todos somos hijos del mismo Dios…

Borde (Puerta de acceso)

Graciela Pinto rebloguea un poema publicado en agosto de 2011… Una lectura a la que os invito desde mi modesto blog…

A veces las palabras permanecen atemporales, ajenas al paso del tiempo y al espacio porque expresan emociones, deseos o aspiraciones universales…

Que ustedes lo disfruten…

https://puertadeacceso.wordpress.com/2011/08/06/borde/

Mayo: con la mirada puesta en la esperanza…

#HoraDeVencer

Quién le iba decir a Puccini que el aria inacabada de Turandot, Nessun Dorma (Nadie duerma), la misma con la que Pep Guardiola arengaba a los jugadores de aquel Barça ansioso de éxitos, que a primeros de mayo de este 2020 (96 años después de su muerte) Josep Pons, director del Liceu de Barcelona la convertiría en todo un símbolo de esperanza en los difíciles tiempos del covid-19… Al compás de todo un elenco de voces, el diario La Vanguardia ( https://www.lavanguardia.com/musica/20200501/48855026687/liceu-video-josep-pons-jorge-de-leon-coronavirus.html#linkcomments-md) acogía así a los barceloneses que han salido por primera vez a sus calles tan vacías como repletas de ausencias, regalándoles el oído con esta maravillosa pieza apta para todos los públicos, especialmente para los amantes de la ópera…Y así me despertaba yo a más de mil kilómetros de esta hermosa ciudad con la que mantengo estrechas sinergias y fuertes vínculos de afecto y amistad…

La música me llega como ‘agua de mayo’ después de un largo día abducida por el recuerdo de mi hijo, ahora vivo en algún lugar de la eternidad. Desde aquel día ‘pasar a mejor vida’, más que una frase hecha fue por encima de todo un deseo, un consuelo y hasta una ilusión…Tenía que ser mejor vida a la fuerza porque la de entonces podía considerarse cualquier cosa menos vida…Él se fue, yo me quedé y todo cambió…Y ayer en su aniversario le dediqué mi recuerdo, agradecida por haberle traído al mundo, por haberle podido acompañar en su corta travesía hasta soltar su barca y dejarle ir … En estas estaba cuando recibí la música, una delicia para los sentidos que me aceleró el corazón hasta que se transformó en un bálsamo sanador que me devuelvió la calma y me serenó el ánimo …Como Calaf anduve en la noche, entre las tinieblas, escondida de la terrible ‘Turandof’, ese malvado personaje al que de vez en cuando todos miramos a la cara para perderle el miedo…Gracias L. mi madrugadora amiga, por enviarme esta pieza el día justo, en el momento justo…Aunque ella aún no lo sepa…

#YoMeQuedoEnCasa, el hashtag que ha encabezado las entradas desde principios del confinamiento, cede hoy el paso a este otro: #HoraDeVencer, que recogerá las experiencias nacidas al calor de esta primera fase de desconfinamiento, de recuperación de la vida fuera de casa aunque sea en torno a un perímetro de apenas un kilómetro. Estoy segura que nunca una distancia tan pequeña nos pareció tan grande, que en ninguna otra ocasión una minúscula cesión ha representado una conquista de semejantes dimensiones…Todo se ha vuelto relativo. Hemos aprendido a minimizar. Y es que ya no somos quiénes éramos porque 50 días en casa no pueden haber pasado en balde y nos han cambiado a unos más y a otros menos, un poco a todos… Porque aquellos que el pasado 14 de marzo cerramos la puerta de casa ya no somos los mismo que hoy las hemos vuelto a abrir, esta vez, para salir fuera…

Todo ha vuelto a cambiar, esta vez de manera evidente…También la ciudad cambió. Tal vez no su fisonomía pero sí nuestra percepción. Tenemos la sensación de mirar con otros ojos para descubrir lo que siempre estuvo ahí… Es posible que ahora prestemos atención a lugares por dónde pasábamos a diario cada cual metido en su dinámica personal, en su ajetreo, en su prisa, en su stress…Todos ensimismados, deambulando de un sitio a otro como robots programados, ignorando la belleza de nuestro entorno, pasando por alto los sonidos gratuitos de la naturaleza mientras caminamos a solas con los auriculares en los oídos enchufados a la música de spotify por la que pagamos, aislados de aquello que acordamos en llamar ‘mundanal ruido’ hoy más que nunca reivindicado y que ahora suena gloria bendita…

Las ciudades se han quedado desnudas por primera ante nuestros ojos mostrando su belleza más íntima, descubriendo algunos rincones secretos que, como apasionados amantes presos por el deseo, nos disponemos a conquistar poco a poco, acariciando la idea de no dejar escapar esta oportunidad que ojalá sea única…

Así se presenta mayo, abriéndonos la puerta, mostrándonos un nuevo camino por recorrer con sus luces y sus sombras seguramente, pero también un camino para transitar con la esperanza de conquistar la nueva vida… Porque no hay vuelta atrás, no queda tiempo para la nostalgia del pasado sino para la construcción del futuro…Pasemos unidos el primer Rubicón poniendo en ello nuestra energía y empeño porque es cosa de todos y de todos depende…Desoigamos las voces incrédulas que pretenden distorsionar los mensajes con mentiras…Impidamos que se instale una falsa posverdad que nos coma el ánimo y nos impida observar la realidad no sólo con espíritu crítico sino con la ecuanimidad necesaria porque estaremos consintiendo que ganen los insensatos, los aprovechados, los miserables sin escrúpulos que hacen proselitismo con la desgracia ajena… Es la #HoraDeVencer…Hagámos que sea posible…

Recordando al ‘flautista’ de Hamelin…

#YoMeQuedoEnCasa

Domingo. Tercer día de la segunda gran cuarentena…Aquí en España hoy pueden salir a la calle por primera vez nuestros niños. Imagino que si fuera niña estaría enormemente confundida a merced de las explicaciones más o menos convincentes o creíbles de mis padres, sorprendida por desear ir al colegio y extrañada de que un bicho tan pequeño me impidiera hacer las cosas más divertidas…’La escalada será escalonada y asimétrica’, este es el último mantra que los medios de comunicación repiten hasta la saciedad, haciendo eco del mensaje oficial junto a una promesa: ‘con suerte, si el covid lo permite, la semana que viene los adultos podrán salir una hora para hacer ejercicio o caminar…’ Esta es la nueva promesa, el siguiente objetivo de quienes nos gobiernan…

Estas palabras, aunque se reciben con reserva, han sido acogidas con una sonrisa que se percibe, dadas las circunstancias, a través de ojos que asoman sobre las mascarillas…Tendremos que acostumbrarnos a este nuevo lenguaje gestual y aprender a interpretar el juego de miradas, asumir el reto del escrutinio de los ojos, siempre repletos de emociones, de complicidades, de toda una gama de matices que articulará una gramática hasta ahora desconocida, secreta, cuyos código deberemos aprender a descifrar… Porque sin duda comenzamos una etapa nueva marcada por la ‘nueva normalidad’ que se va imponiento en el tiempo d.c. (después de coronavirus)

La realidad me resulta demasiado grande, tanto como mi incapacidad para poder abordarla. Así que cuando consigo conectar conscientemente con lo que está ocurriendo, me doy cuenta que el gran desafío está en ‘sobrevivir’ y ‘resistir’ para salir indemnes, cuerdos y renacidos. Y para elo hay que resistir y superar todos los estados: ‘cuando mi enemigo sea yo’, ‘aunque los sueños se me rompan en pedazos’, ‘cuando me amanezca la locura’ e incluso ‘cuando me apuñale la nostalgia’…Eso dice nuestro ‘himno del coronavirus, 2020’, una canción que, además de atemporal, algo tiene pues no es la primera vez que se convierte un símbolo ya que en 2001 también fue elegida como el himno ‘extraoficial’ de la crisis económica en Argentina… 

Resistiré

Todo está cambiando a nuestro alrededor…Nos reinventamos cada día, a cada momento… La ciudadanía en general está teniendo un comportamiento ejemplar. Salvo los de siempre, esos que desobedecen por sistema, por necedad e ignorancia, el resto ha mantenido una actitud paradigmáticamente insólita. A veces pienso que esta sumisión en la que apenas se percibe un ápice de rebeldía, algo inusual en nuestra sociedad, podría deberse en gran parte a un estado de shock colectivo frente al cual aún no hemos reaccionado… Desde aquel 14 de marzo cuando el Presidente anunció el confinamiento, todos le he seguido cual ratones tras el ‘flautista de Hamelín’, cada uno a su ratonera…Y dejamos limpias las ciudades aunque, como en el cuento, el país quedara tan vacío como triste…Luego las noticias se han ido sucediendo ajustando cifras de enfermos, fallecidos y supervivientes…Las imágenes de Wuhan fueron cobrando vida a nuestro alrededor y su pesadilla ha sido, finalmente, la nuestra y la de todo el planeta… Sí, hemos obedecido al compás de las promesas de nuestro gobierno que repite sin cesar: ‘no olvidaremos de nadie’… Confiemos que así sea y que no nos defrauden como ocurrió con lo gobernantes de Hamelin que tan pronto consiguieron su objetivo olvidaron su promesa y se portaron mal con el flautista que sí había cumplido su parte… <http://www.cuentosinfantilesadormir.com/elflautistadehamelin.pdf> Y es que a veces en la vida o no se aprende o se aprende demasiado tarde y a un coste excesivamente elevado…

Fallecidos anónimos por covid-19: “In memoriam…”

#YoMeQuedoEnCasa

La pandemia cumple hoy la primera cuarentena completa, es decir, 40 días desde que comenzó. Ahora que miro hacia atrás parece que pasó más tiempo, que ocurrieron demasiadas cosas, tantas que creo que aún no fui capaz de asumir o asimilar… El bombardeo informativo es, en mi opinión, tan excesivo como innecesario. Tanta tertulia, tanta opinión y tantos juicios y dictámenes, al final confunde e inquieta. La ciudadanía no participa en ese juego de verdades, medias verdades y mentiras que la clase política se trae entre manos. Un juego de tronos del que somos meros espectadores, peones sobre quienes recaen con mayor incidencia consecuencias de todo tipo: personales, sociales, económicas… Y en esas estamos, en el ínterim, en el intervalo, en el compás de espera, en el mientras tanto, en el ahora qué y el después qué…Pensando y manteniendo la serenidad que se nos pide mientras contemplamos estupefactos los errores, rectificaciones, rivalidades, protagonismos, críticas destructivas, enfrentamientos y prepotencia de los gobernantes en una lucha de ‘egos’ sin escrúpulos, deseosos de obtener réditos incluso de una situación tan dramática como la pandemia…

La ambición de poder no conoce límites. Algunos políticos se emplean a fondo para hacer demagogia con los muertos, con el llanto de las familias y el honor ultrajado olvidando los propios errores: ‘No hay perdón para los malvados’, ni compasión, ni comprensión para la naturaleza humana…En España sobran tantos políticos como lecciones y dosis de religión. Por contra falta ética, moral, valores y conciencia ciudadana, una asignatura que no debería faltar en nuestras escuelas. De ser así los poderosos y gobernantes serían más honrados, más honestos, más claros, más humildes y generosos y tal vez, quiero creer que sí, se ocuparían más por el bien común que de sí mismos. A ellos les recuerdo que son servidores ‘públicos’ elegidos democráticamente para que nos representen. No son seres excepcionales, todopoderosos y mucho menos, sabios…Si me permiten el juego de palabras lamento decir que la mayoría pocas veces representa a la mayoría…No es momento para que la ‘derechona’ se publicite o busque votos como buitre carroñero entre posibles disidentes, preocupados ante un ejecutivo que se equivoca o duda ante una situación tan insólita como inimaginable… Sinceramente, en mi opinión, ellos (la derecha) no lo habrían hecho mejor…

El coronavirus tiene muchas caras y aristas, algunas ya las he mencionado en diferentes entradas. Hoy toca mirar la cara más amarga y despiadada. Porque la muerte siempre es dolorosa y los familiares nunca estaremos preparados para cuando se nos vayan los nuestros pero en este caso, la muerte conlleva dolor y crueldad. Al dolor de la pérdida se ha sumado la iniquidad de la soledad para los enfermos y para los familiares la impotencia de no poder acompañarlos. El impacto mayor se ha producido en Madrid, ciudad en la que fue necesario habilitar una morgue provisional -el Palacio de Hielo- en cuyo interior se depositaron más de 400 féretros…Hoy por hoy un símbolo de la atrocidad, la desolación y la muerte cuya clausura se efectuó en el día de ayer…El mensaje oficial parecía destinado a subrayar dos cosas: una gestión eficiente y un respetuoso ‘acompañamiento’. El primer tanto se lo apuntaba la Comunidad de Madrid (y por ende el PP de Pablo Casado en su versión más rastrera y desmemoriada) y el segundo contó a favor de la Fuerzas Armadas, ángeles custodios de los fallecidos. No dudo que así fuera. No obstante nunca olvidaremos las emotivas palabras de la Ministra de Defensa, impresas ya en nuestra memoria colectiva no por su oficialidad sino porque destilaban una carga de humanidad tan convincente como necesaria…

Durante generaciones nos hemos olvidado de la cultura de la muerte. Vivimos con demasiada urgencia, deseamos estar a la última en moda o tecnología, lo queremos todo y lo queremos ya…Y por descontado, no pensamos que desde que nacemos morimos un poco cada día…Porque esas cosas les pasan a los ‘otros’, a los ‘demás’… Quizá por estoo se habla tanto de la oportunidad que representa este obligado parón en seco ofreciéndonos ese capital tan apreciado a cierta altura de la vida: tiempo. Un tiempo que ahora corre a la vez en dos direcciones contrapuestas: a favor de la salud, en contra de la economía. y como todos estos pensamientos bullen en mi cabeza quisiera concluir con una reflexión no religiosa sino espiritual y humanista: los budistas hablan del ‘bardo’, un estadio intermedio tras el fallecimiento en el que los seres transitan a la espera de la reencarnación. Lejos de considerar el cielo y el infierno como lugares en los que permanecer eternamente, el budismo no plantea esta dicotomía como un final sino estados por los que pasamos en vida según construyamos nuestras identidades en base a emociones positivas o negativas, virtuosas o perturbadoras… Visto así, la muerte no se contempla como el final sino un nuevo principio, un nuevo comienzo… Una mirada que abre una perspectiva igualitaria y esperanzadora, sobre todo si has perdido la fe…

El pensador judío y lingüista Ludwig Wittgenstein, cuya vida resultó de todo menos fácil, acabó sus días a los 62 años en casa de su médico en la que residía como huésped…Apenas un instante antes de perder la conciencia le susurró al oído: “¡Dígale a los amigos que he tenido una vida maravillosa y que he sido feliz!”… No cabe mayor generosidad… Sea este mi homenaje in memoriam por los fallecidos por covid-19… Sit tibi terra levis …

Una habitación propia…

#YoMeQuedoEnCasa

En 1928 Virginia Woolf impartía una conferencia a las alumnas de Cambridge. Apenas habían transcurrido ocho años desde que se había reconocido el derecho al voto para las mujeres. Un año después Virginia decidió escribir un manifiesto feminista, una obra capital de vital importancia para comprender sus cuestionamientos, un ensayo que no es ficción aunque la autora de vida a un ‘yo’ ficticio a través del cual actúa como narradora: “Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir ficción”. Ambas premisas constituyen una metáfora a través de las cuáles Woolf reclama los espacios propios que se les negaban a las mujeres en la sociedad de su tiempo. A lo largo de la obra se observan las continuas ‘vallas’ que representan los varones, barricadas que las mujeres encontraban a su paso, obstáculos que impedían su acceso a determinados lugares como por ejemplo en una ocasión en la sin darse cuenta corría por el césped de un parque y se lo prohibieron o aquella otra en la se disponía con toda naturalidad a entrar en una biblioteca y le cerraron el paso…

Un factor digno de tener en cuenta es el hecho de que el libro, curiosamente, se publicase en 1929, el año de la ‘gran depresión’, otro de los episodios más dramáticos de nuestra historia reciente. Un gran cataclismo económico que trajo penuria, hambre y algunos suicidios en Wall Street de magnates que perdieron sus fortunas de la mañana a la noche. Virginia o Mary (el personaje) repasa la historia, la antropología y la sociología con el fin de justificar su tesis principal, que no es otra que reclamar un ‘cuarto propio’ donde desempeñar su oficio, aunque en realidad la habitación es un ‘espacio simbólico’ que encierra todo el cuestionamiento de género: “El cuarto propio es un cuarto (privado) pero es universal, porque implica una lucha de años, una batalla que todavía a día de hoy las mujeres peleamos”…

Se me ocurrió pensar en Virginia Woolf y en la ‘habitación propia’ porque, en cierto modo, su alegoría podría adquirir ahora un nuevo sentido inmersos, como estamos, en una situación de confinamiento que será largo y pasará por diferentes vaivenes…En el mejor de los casos, aunque comencemos a salir a la calle, la casa continuará siendo el espacio decisivo por excelencia en el que pasaremos más tiempo. El reducto, la fortaleza que nos ofrecerá mayor seguridad. Es por esto que hoy, a 38 días d. c. (después del coronavirus) me paré a considerar la importancia de los espacios de intimidad en el marco del ‘espacio universal’ que representa la ‘casa’. Todos juntos pero independientes, salvaguardando un cierto grado de privacidad, dedicados al desempeño de otros nobles oficios en los que expresamos nuestra identidad, nuestra individualidad, nuestro ‘yo’…

A este respecto se observan grandes diferencias en relación a la mayor o menor intensidad y repercusión del aislamiento al que estamos sometidos. Porque no todas las familias pueden disponer de un ‘cuarto propio’ para cada uno de sus miembros, un lugar donde dar rienda suelta a las emociones, temores, reflexiones o dejarse estar cuando el día lo único que te pide es silencio o soledad…Aún así, citando de nuevo a la escritora inglesa: “No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”… Y aunque ella se refería a la libertad de pensamiento de las mujeres, la comparación puede valer, en este caso, para aludir a la creatividad porque cuando el artista de profesión, de oficio o espontáneo se dispone a crear no necesita nada, solamente inspiración…

Y es precisamente creatividad e inspiración lo que no ha faltado en estos tiempos de pandemia en los que han surgido iniciativas culturales diversas, generosas y originales, tal y como hemos podido comprobar y disfrutar. Así la cuarentena, en una sus caras más amable, ha dejado fluir el talento, la gracia, la agudeza y el ingenio de muchísimas personas -niños. jóvenes y adultos- que han ideado múltiples maneras de crear ‘actividades culturales’ (utilizando el término ‘cultura’ en su sentido más amplio) gestadas en casa y desarrolladas en ese nuevo escenario urbano que tanto protagonismo ha cobrado: los balcones. Ópera, conciertos de música clásica, bailes, escenas de teatro y hasta retransmisiones deportivas de ‘marcha en terrazas’…Todo un elenco de artistas anónimos han dado lo mejor de sí mismos, estrellas anónimas que ya forman parte de los anales de la historia… Hoy me acordé de vosotros…Por vuestras actuaciones, Gracias!

Mozart desde ‘un cuarto propio’…

36 días en ‘Macondo’…

#YoMeQuedoEnCasa

El desayuno es mi comida favorita. Hay quienes solo necesitan una buena taza de café pero yo necesito algo más…Unas buenas tostadas: una de pan de centeno y otra de pan blanco. A veces zumo o alguna pieza de fruta y una taza de café con leche…La preparación requiere una liturgia diferente al resto de comidas, de manera que tanto el café como el pan estén calientes y en su punto. Luego coloco todo sobre una bandeja y me dispongo a disfrutar del pequeño festín… Tanto en verano como en invierno, si el tiempo lo permite, me gusta sentarme al aire libre. Por estas fechas el canto de los pájaros me acompaña. Todo un placer para los sentidos…Y después de este ritual, estos días más valorado aún si cabe, me enfundo en el traje de ‘estar bien’, frase que repito cada día a quienes me llaman interesados en mi bienestar: ‘estoy bien’ les digo…

Alguna que otra vez se me ha ocurrido grabar con el móvil estos trinos mañaneros para enviárselo a mi hija y hacerle llegar sonidos que le recuerden a casa… Ella no quiere olvidar ni yo quiero que olvide…Las mujeres custodiamos y transmitimos la memoria familiar así que desde hace tiempo le desvelo, poco a poco, los ‘secretos culinarios’ , las recetas caseras de algunos guisos, los remedios naturales de algunos males y las historias más relevantes. Un relato que deposito con el respeto que merece todo legado familiar para que, llegado el momento, disponga de esa parte de la herencia que por su esencia emocional e inmaterial, constituye el más valioso cuerpo de bienes que se pueda traspasar…

No sé muy bien por qué me asaltaron todos estos pensamientos… Podría ser que 36 días en ‘Macondo’ den para mucho, incluso para la melancolía y la nostalgia. Tal vez por eso también recordé el nombre de la aldea ficticia recreada en la célebre novela de García Márquez, “Cien años de soledad” <https://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/garcia_marquez.htm>. Creo que la idea me surgió mientras escuchaba en un programa de TV diferentes hipótesis sobre el regreso a lo que empieza a denominarse la ‘nueva normalidad’. Me quedé perpleja cuando mencionaron una probable fecha de regreso a la vida tal como era a. c. (antes del coronavirus). No escribiré este dato porque no deja de ser una especulación y no está en mi ánimo preocupar gratuitamente…Lo cierto es que la noticia me dejó desanimada, preocupada y desalentada…Me provocó emociones encontradas, dudas y temores. Y recordé esta magnífica hipérbole llevada al extremo por del escritor colombiano, recreando hasta sus últimas consecuencias la ficción de Macondo con mapa incluido…De repente sentí como si la ficción hubiera cobrado realidad…¿Y si Macondo hubiera tomado vida propia en cada una de nuestras casas? ¿Y si al final nos engañamos creyéndonos figurantes coprotagonistas de un thrailer futurista?

A todos nos asaltan miedos universales y a cada uno los sus suyos propios, como, por ejemplo, el miedo al olvido: el temor a dejar demasiado atrás experiencias cercanas o a personas a quienes la distancia los deja demasiado lejos, pavor de no repetir sensaciones que en su momento no apreciamos o acciones cotidianas que no valoramos…Y entonces recordé aquel capítulo en el que José Arcadio Buendía explicaba a los vecinos de Macondo las consecuencias de la epidemia -también llamada ‘peste del olvido’- y la fórmula que Aureliano, su hijo, encontró para combatirla etiquetando cada cosa con su nombre…Pero lo más llamativo del texto de García Márquez es la capacidad de adaptación de los vecinos que normalizaron hasta tal punto lo que en principio fue una situación de emergencia, que aquella ‘organización eventual’ se convirtió en ‘natural’…Y eso me dio miedo…mucho miedo:

“Cuando José Arcadio Buendía se dio cuenta de que la peste había invadido el pueblo, reunió a los jefes de familia para explicarles lo que sabía de la enfermedad del insomnio, y se acordaron medidas para impedir que el flagelo se propagara a otras poblaciones de la ciénaga. […] Todos los forasteros que por aquel tiempo recorrían las calles de Macondo tenían que hacer sonar su campanita para que los enfermos supieran que estaban sanos. No se les permitía comer ni beber nada durante su estancia, pues no había duda de que la enfermedad sólo se transmitía por la boca, y todas las cosas de comer y de beber estaban contaminadas por el insomnio. En esa forma se mantuvo la peste circunscrita al perímetro de la población. Tan eficaz fue la cuarentena, que llegó el día en que la situación de emergencia se tuvo por cosa natural, y se organizó la vida de tal modo que el trabajo recobró su ritmo y nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre de dormir». (Gabriel García Márquez , Cien Años de Soledad).

La capacidad de los seres humanos para adaptarse es proporcional a la necesidad de supervivencia, de ahí que sea posible la catarsis: hacer de la excepción la norma…

Fortaleciendo vínculos…Entretejiendo vidas…

#YoMeQuedoEn Casa

El confinamiento comienza a pasar factura. Tal vez sea demasiado pronto pues intuyo, a tenor de las noticias, que esto va para bastante largo…El paso de los días sin estar cerca de mi familia o de mis amistades comienza a hacer mella y a la reclusión se suman otras incertidumbres sobre qué vendrá después. Ya no solo preocupa cuándo podremos volver a salir sino cómo serán nuestras vidas después del coronavirus…Porque seguro que habrá un antes y un después, lo que me lleva a pensar si tal vez estemos frente una nueva forma de contar el tiempo, un nuevo cómputo para narrar la historia antes y después del covid (a.c y d.c).

Parece que fue ayer y han pasado 35 días. Recuerdo aquel 13 de marzo con mucho cariño. Fue mi último día ‘normal’ antes del coronavirus (a.c). Pasé la mañana arreglando mi casa. Salí a hacer la compra y preparé todo para compartir mi mesa con una amiga. Ella me regaló su compañía además de una pieza del pan que ella misma hizo y una botella de vino que aún no probé porque me parece demasiado bueno para beberlo a solas… Me recuerdo sentadas en el sofá riendo y bromeando, haciendo chistes con la separación que nos esperaba a consecuencia del confinamiento por el covid-19 que Pedro Sánchez anunciaría al día siguiente…Este fue mi último acto social en tiempos ‘a.c’, un día que permanecerá ligado al olor del pan, al sabor de una comida en compañía, a un albúm de fotos, a los nietos compartidos, al sabor de un vino al compás de una agradable conversación, a un pequeño paseo de vuelta a casa, a risas y, sobre todo, al abrazo cercano, lleno de sincero afecto y amistad…Por ese día: gracias amiga…

Aunque no siempre, algunas veces el cariño y la confianza no se hacen esperar. Como por arte de magia se produce una conexión instantánea y todo fluye: el afecto, la intimidad, la familiaridad…Casi sin darnos cuenta la persona recién llegada enseguida queda incorporada a la ‘familia de amigos/as’, integrándose de inmediato en esos círculos concéntricos conformados en nuestro entorno que nos arropan y reconfortan…El paso del tiempo se encarga de entretejer estos mimbres que, en ocasiones, se vuelven tan potentes e intensos que incluso superan los de la propia sangre… La amistad ahora, tal vez más que nunca, es un valor en alza, seguro y rentable del que recientemente me he apuntado algún que otro tanto. Y como creo más en la ‘causalidad’ y bastante menos en la ‘casualidad’, me muestro constantemente agradecida por las personas que tan oportunamente llegaron a mi vida…

Vivimos un tiempo de obligada distancia, una medida muy difícil de sostener para nosotros los occidentales acostumbrados al lenguaje gestual de natural cercano: Nos damos la mano, nos tocamos el hombro, nos acariciamos la espalda, apretamos el antebrazo…Gestos de afecto, de proximidad, de aprobación, de solidaridad… Y ahora, la higiene sanitaria se impone como una medida necesaria provocando un vacío que solo es posible sustituir mediante el uso de la palabra, hablada o escrita. Las palabras son ahora un instrumento necesario para vehicular, intercambiar y regular el tránsito de sentimientos, emociones y experiencias vitales cotidianas. Solo así podemos fortalecer los vínculos, entretejer nuestras vidas, sostener y afianzar nuestras relaciones…

No nos queda otra que mirar este tiempo con una mirada ‘tierna’, de cuidados delicados del nuestro cuerpo y también del alma, de contemplar los beneficios recibidos, valorar lo bueno que tenemos, recordar con ternura lo vivido y soñarla para lo que nos quede por vivir… Vaya esta hermosa ‘Sinfonía’ para quienes despiertan mi ternura y me regalan la suya…

‘La ternura’ (Sinfonía…Con letra)

Pensamientos hilvanados…

#YoMeQuedoEnCasa

‘Atravesando la luna’ Foto: mp_dc

Esta mañana me levanté temprano y desayuné en mi pequeño porche. Nada ostentoso pero ciertamente un lujo en estos tiempos que corren… Y mientras me llevaba la taza a los labios, levanté la mirada y me tropecé con la imagen de una luna mañanera, como yo. Bastó inclinarme un poco para que la vista me engañase y pareciera cruzada por un cable. No sé por qué se me antojó un hilo tembloroso dirigido hacia el ojo de una aguja, dispuesta a atravesar pedazos de tela hasta dejarlos cosidos…Esa fue la primera reflexión del día y desde ese primer pensamiento, comencé a hilvanar una idea con otra… Y en esa tarea estaba, cuando entré rápidamente en casa, para coger mi cámara… Un click después… ¡voilà!

A pesar de haber escrito una y otra vez que parece que vivamos el ‘día de la marmota’ no es verdad…Hoy se cumplen 29 días de confinamiento. Ninguno ha sido igual a otro. El ánimo presenta tantos picos como las estadísticas del covid o más…Para todos está siendo un reto permanecer tanto tiempo recluidos, aunque para algunos sea más complicado por cuestión de espacio, por la convivencia con personas no deseables, por escasez de recursos, por falta de comodidades, porque se junten muchos o, como en mi caso, demasiado pocos…También he repetido hasta la saciedad la oportunidad introspectiva que representa el confinamiento y cuánto podemos aprender…En mi caso no solo estoy aprendiendo a base de mirar dentro sino también fuera. Y he descubierto que, además de mi familia, tengo unos sólidos cimientos afectivos, seguros e incondicionales. Son mis amigas y amigos que me asisten en la distancia y en proximidad…Me aconsejan qué hacer para protegerme. Me envían su cariño en forma de puesta de sol, de días nublados, de verdes prados o una foto con máscara de protección… De algunas apenas me separan unos pocos minutos. Todos y todas me hacen (y les hago) compañía a diario. Me soportan, me animan, me hacen reír, se ríen conmigo y con mis cosas, me envían wasaps de buenos días y besos de buenas noches… Con algunas más que otras comparto mis miedos, mis incertidumbres…Con todos mis puntos de vista, las noticias, los últimos datos de la pandemia y proyectos de vernos, de invitarnos a comer y, sobre todo, de abrazarnos… Son mi soporte vital en este tiempo en el que la soledad cansa, pesa, absorbe, conmueve, asusta, invade, aísla, inquieta, aburre, sobrecoge e intimida…Y sobre todo me deja desnuda en la más absoluta vulnerabilidad…Toda una lección que, en un plis plas, me hace comprender que la independencia y la autosuficiencia es pura falacia. Todos necesitamos de todos o por lo menos de alguien, de una mano amiga tendida porque no siempre podemos levantarnos solas…

Y como toda tesis tiene su antítesis, en el reverso de la cara generosa y afable, descubro en mi ‘ha de haber’ a otras personas a las que quiero, cuya ausencia me escuece y en algunos casos, de tanto escocerme hasta me duele… No dudo que puedan tener sus razones y no seré yo quien las contradiga, las censure o las juzgue…No es tiempo de rencores, ni de ajustes de cuenta. Sencillamente las echo muchísimo de menos…Y empiezo a pensar si esta emoción fluye sólo en una dirección… Corro un tupido velo con la esperanza de estar equivocada…

Y conforme escribo, porque la inspiración campa libremente y por su cuenta, me viene a la cabeza una famosa ‘Oda’ del poeta romano Horacio: «Carpe diem, quam minimum credula postero», es decir «Aprovecha el día, no confíes en el mañana.» Y eso hago…O eso intento hacer… Porque, como Leucónoe, no sé qué me tendrán reservado los dioses…

En fin que hoy me levanto hilvanando pensamientos, cosiendo ilusiones, reviviendo destellos fugaces de deseos cumplidos y sin cumplir, aparcados o pendientes. Intentando alejarme de lo que no puede ser para atender mejor a lo que es posible o probable… Entre una cosa y otra media un espacio enorme, vacío de certidumbres y, por qué no decirlo, lleno de miedos hoy por hoy fundados…