Christine de Pizan: una feminista en el medievo

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Christine de Pisan nacida en Venecia, 1364 y fallecida hacia 1430 en el Monasterio de Poissy, fue una filósofa, poeta, humanista y escritora considerada una precursora del feminismo en plena Edad Media. Su obra más conocida “La ciudad de las damas”, representa para algunos autores absolutamente revolucionaria al anticipar ideas que, siglos más tarde, reivindicaría el feminismo occidental.

La infancia de Christine aparece conectada a la ciencia pues su abuelo era anatomista y su padre,Tomaso de Pizzano, era astrólogo y médico veneciano. Tal vez por eso, porque se crió rodeada de científicos, pueda explicarse su predisposición al conocimiento y al estudio. Chistine vivió como una princesa. Desde pequeña tuvo a su disposición una prolija biblioteca que consultó y leyó a su capricho. Este dato es importante. Primero porque sólo los nobles poseyeron este tipo de bienes que, en ocasiones, respondía más a la escenografía representada en el imaginario colectivo que a una verdadera afición a la lectura, aunque en el caso que nos ocupa, parece que el oficio de físico requería una cierta preparación y puesta al día de las novedades, que no serían muchas. La profesión paterna, también explicaría la mentalidad abierta de este hombre de ciencias, que consintió y dejó a su hija en plena libertad para andar entre libros, cosa poco normal en el pensamiento de una época contaminada por la idea de que las mujeres ni estaban capacitadas ni convenía que leyeran. Visto desde nuestro tiempo, se me ocurre pensar que por algo sería…Así pues, Tomaso de Pizzano, alentó a su hija a estudiar, mientras su madre se ocupó de prepararla para que fuera una buena esposa y madre, respondiendo al clisé de aquel tiempo.

A los 15 años contrajo matrimonio con un joven notario real. También fuera de lo corriente, el suyo fue un matrimonio ‘por amor’, totalmente apartado de los convencionalismos partidarios de las uniones concertadas, en las que predominaba su carácter puramente contractual. Tal y como ella diría, fue un matrimonio por amor, amaba a su marido apasionadamente ‘ya desde la primera noche’. La felicidad duraría una década, durante la cual nacieron sus tres hijos.

A esta etapa de felicidad sucedió otra de desgracias. Murió su padre, su esposo y su hijo pequeño. A los 25 años, viuda con dos hijos y con su madre a su cargo, Christine era el único sostén, soporte material y afectivo de la familia. Comienza así a forjarse su espíritu independiente y su firmeza de carácter. Tras afrontar varios pleitos sobre la herencia, se dedicó a escribir dejándonos como legado numerosas obras, una labor que pudo realizar gracias a que gozó de la simpatía y apoyo de la nobleza, ejerciendo también el oficio de copista, actividades ambas, que le permitieron adentrarse en espacios dominados por hombres, una experiencia que más tarde, a los 40 años, le serviría para escribir su libro más conocida: “La ciudad de las damas”.

Cuando escribió esta obra, en 1405, Christine era una prestigiosa y reconocida escritora, posicionada socialmente, con las ideas claras después de años de experiencia tanto en el ámbito privado como público. Este fue precisamente el punto de partida de su obra: la experiencia personal y la reflexión, el cuestionamiento sobre la seguridad de las afirmaciones hechas por los hombres frente a las que hacían las mujeres, posiblemente movida por la concepción de la inferioridad femenina. Y en estas reflexiones tuvo una especie de visión en la que aparecieron tres damas, alegorías de la Razón, la Justicia y la Rectitud, personajes que la autora imagina en una ciudad fortaleza, en la reúne a todas las mujeres virtuosas de todos los tiempos para defenderse de las agresiones masculinas.

Primero se dedican a limpiar el terreno de los ataques misóginos para comenzar a la construcción de la que sería ‘La ciudad de las damas’, entre las que destacan algunas mitológicas, como Safo, Aracne, Minerva y Penélope; las bíblicas, Esther, Judith; las santas, Catalina, Margarita, Lucía y Cristina y las históricas, como Clotilde de Francia, Agripina, Julia y Blanca de Castilla, entre otras muchas del pasado, presente y futuro. Todas juntas allí vivirían presididas por la Virgen María…

El texto merece ser leído, pensado e incluso releído…No solo lo merece su belleza que permea inquietudes, reflexiones, sensibilidad sino porque a pesar de los siglos transcurridos no ha perdudio vigor y constituye un referente para quienes sientan el feminismo como un modus vivendi, un posicionamiento ante la vida. Que cada lector/a extraiga sus propias conclusiones. Os dejo las primeras líneas…

Sentada un día en mi cuarto de estudio, rodeada toda mi persona de los libros más dispares, según tengo costumbre, ya que el estudio de las artes liberales es un hábito que rige mi vida, me encontraba con la mente algo cansada, después de haber reflexionado sobre las ideas de varios autores. Levanté la mirada del texto y decidí abandonar los libros difíciles para entretenerme con la lectura de algún poeta […]

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