Isabel Correa: una traductora judeo-portuguesa en el Ámsterdam del XVII…

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Isabel Correa, poetisa y escritora portuguesa, nació en Lisboa alrededor de 1650 en el seno de una familia noble judeoconversa de origen castellano. Emigrada a Ámsterdam, adoptó su nombre judío, Rebeca, y comenzó su formación, llegando a destacar muy pronto como intelectual, erudita y traductora, facetas en las que reconstruyó su identidad y desarrolló su verdadera ‘yo’ tal y como hoy lo conocemos, aunque su biografía permanece incompleta a la espera de que puedan aparecer nuevas fuentes.

La escritora y poeta destacó por una esmerada educación, inspirada en los valores y modelos humanistas, educación al alcance de  damas de su condición y estatus. Al conocimiento de las diversas materias propias de un curriculum acorde a su género, Isabel conocía varias lenguas,  -latín, griego, portugués, español, italiano y francés-  además de ampliar su formación al calor de  las conocidas Academias literarias que proliferaron en aquel tiempo, posiblemente auspiciadas por la ala nobleza,  a las que asistía junto a destacados intelectuales. Es posible que ella misma fomentara estas reuniones en su propia casa, reuniones a las que pudieron asistir mujeres de la talla de doña Guadalupe de Lancaster, duquesa de Maqueda, Aveiro y consorte de Arcos, a quien menciona en su ‘galería de mujeres ilustres de la antigüedad’ en  el prólogo de la obra que tradujo.

Doña Isabel desposó con el escritor Nicolás de Oliver y Fullana, castellano converso al judaísmo, un mallorquín viudo, sargento mayor en la guerra de Catalunya (España), y coronel de infantería al servicio de Holanda contra Francia.  Sus convicciones judías lo llevaron a circuncidarse y adoptar el nombre de Daniel Judá, el cual gozó de la protección de Carlos II, a quien dedicaba casi todos los años un opúsculo de los que escribía sobre asuntos muy diversos. Entre sus obras destacan la redacción de gran parte de la Geografía Blaviana, rotulada Atlas del Mundo,  publicada en 10 volúmenes en Ámsterdam en los años 1659 a 1672.

La biografía de la escritora se rastrea a través de la de su esposo, cuyo itinerario profesional y vital, nos conduce hasta Flandes, donde don Nicolás fue trasladado con el cargo de Coronel de Infantería (1672-1679). Este desplazamiento les llevó a instalarse definitivamente del Ámsterdam, donde ambos abrazaron el judaísmo y adoptaron sus nuevos nombres, a tenor de los documentos de la época. Una vez aquí, Rebeca mostró su sensibilidad y pasión por la cultura, trabando contacto con los círculos intelectuales sefardíes que dinamizaban y enriquecían la vida cultural de la ciudad. En ellos participaron hombres de la talla de Miguel de Barrios(1653-1701), poeta y dramaturgo originario de Montilla (Córdoba), huido de España tras la ejecución de un pariente suyo, para instalarse en Amsterdam bajo su nuevo nombre de Daniel Leví, con quien doña Isabel y su esposo mantuvieron una estrecha relación de amistad.

Las Academias más distinguidas a las que Isabel asistió,  fueron la de los Sitibundos, creada en 1676, y la de Los Floridos en 1685, ambas patrocinadas en Amsterdam por don Manuel Belmonte, barón de Belmonte, al amparo de las cuales Isabel desarrolló su labor como traductora del poema pastoril El Pastor Fido, cuyo título completo pasó a ser, “El Pastor Fidopoema de Baptista Guarino, traduccido del italiano en metro español e ilustrado con Reflexiones por doña Isabel Correa “. La obra, impresa y publicada en  1694, en Amberes, por los conocidos impresores Henrico y Cornello Verdussen, (impresores de las obras de Quevedo y Baltasar Gracián)  contiene una dedicatoria al Barón de Belmonte; “un prólogo al lector, un argumento, un soneto de la misma traductora y una fe de erratas que se cierra con una copla exculpatoria” (Vidhttps://www.bieses.net/wp-content/uploads/2015/09/correa_1649.pdf) Dicha traducción, otorgó a Isabel el privilegio de ser la primera mujer traductora de literatura en castellano, aunque, tal vez, sea más exacto decir ‘adaptación’ pues recrea la pieza de Guarini en espléndidos versos polimétricos de corte gongorino, en una comedia dividida en cinco actos, que gozó de una gran acogida tanto en Flandes como en la Península, consagrando definitivamente el nombre de la autora que ha quedado plenamente incorporada al universo literario femenino de su tiempo. Rebeca, falleció en Amsterdam en 1700.