Juana de Austria: princesa, regente y ‘jesuita…’

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Juana de Austria

Juana de Austria nació en Madrid en 1535. Hija de #CarlosI de España e #IsabelDePortugal, portaba sangre real por líneas paterna y materna, pues era nieta de #FelipeElHermoso y #JuanaLaLoca, -por tanto, biznieta de los #ReyesCatólicos- y de #ManuelI de Portugal y #MaríaDeAragón.

Por aquel entonces, sobre todo entre la realeza y el grupo nobiliario, los padres ( casi siempre mas que las madres, aunque a veces influyeran decisivamente) se encargaban de concertar el matrimonio de sus hijos e hijas. Desde la cuna  aprendían que esta decisión estaba supeditada a cuestiones de Estado y diplomacia, cuestiones que primaban sobre el bien particular. El linaje, los apellidos, el deber, el honor eran valores incuestionables que se superponían al amor, entendiendo que éste podía llegar con el tiempo y casi siempre, más que amor tal y como hoy lo entendemos, llegaba el respeto y el afecto. Aunque la Historia nos demuestra que a veces, el tiempo no bastaba y el matrimonio era una fachada y tener hijos una obligación… Así, por cuestiones de alianzas favorables a la Corona, se decidió que doña Juana desposara a los 17 años con su primo hermano y heredero de Portugal, don #JuanManuel, dos años menor que ella.

Llegados a este punto, conviene matizar dos cuestiones. Primera: las uniones 3endogámicas fueron permitidas y consentidas por la Iglesia, siendo necesario una #dispensa papal en caso de parentesco hasta tercer y cuarto grado. No es necesario aclarar que dicha dispensa costaba dinero y en ocasiones, además, concesiones y mercedes reales a cambio…Porque antes como ahora, casi todo tenía un precio, sobre todo el ‘poder’…Y segundo, con frecuencia las mujeres ni siquiera eran núbiles cuando desposaban. Así que celebrado el matrimonio, los esposos vivían separados hasta que la joven tenía su primera regla y, por tanto, se la consideraba sexualmente capacitada para concebir. Además,  cuando mediaban largas distancias geográficas entre los futuros cónyuges, los matrimonios se celebraban por #poderes, es decir, un representante del novio otorgaba el ‘sí quiero’ en nombre del cónyuge ausente

El matrimonio de Juana tenía una importancia extraordinaria en el marco peninsular pues se concertó en el contexto de una política de acercamiento y  de creación de vínculos familiares, a fin de mantener la unión dinástica de los dos Reinos vecinos -España y Portugal-. Apenas dos años de llegar dña Juana a la corte lusitana, su esposo falleció de una diabetes juvenil. No obstante ella estaba encinta y poco después daba a luz a un niño, Sebastián, futuro rey de Portugal. No obstante, hubo de abandonar la corte lusa al ser requerida por su padre. Debiendo regresar a España, dejó a su hijo bajo los cuidados de su suegra y tía, doña #CatalinaDeAustria. Una situación que, hoy por hoy, nos resulta algo traumática, teniendo que dejar a un bebé para marcharse lejos, en ocasiones durante años, pero muy frecuente en aquel tiempo.

En España, su abuela permanecía recluida en el Monasterio de Santa Clara, en #Tordesillas y su padre y su hermano que había marchado a los Países Bajos para contraer matrimonio, una coyuntura que la obligaron a asumir la regencia. Esta es una de las distinciones y peculiaridades de esta mujer, pues no era frecuente, ni deseable que una mujer gobernar el país o estuviera al frente de un Estado, teniendo en cuenta que, en general, a la mujer se la consideraba naturalmente inferior al hombre. Las mujeres Reinas, que las hubo, debieron asumir un doble reto: el de gobernar y el de de ser mujer, a sabiendas, que sus decisiones serían cuestionadas sobre todo por condición de género.

Doña Juana no volvió a casarse y bajo la influencia de su confesor, don #FranciscoDeBorja, jesuita y de #IgnacioDeLoyola, fundador de la Orden y amigo personal, alimentó la idea de ingresar en un convento, pero no en una institución femenina sino en la #CompañíaDeJesús. El padre Francisco se lo comunicó a Ignacio de Loyola,  creándose un grave problema pues la Orden no poseía conventos femeninos…No obstante y ‘por ser vos quien sois’ la regente ingresó bajo el seudónimo de #MateoSánchez, seudónimo con el que firmaba la correspondencia a fin de mantener oculta su verdadera identidad. El 3 de enero de 1555, contaba doña Juana con 19 años, el padre Ignacio autorizó su entrada, eso sí, bajo estricto secreto.

Durante muchos años, aquella concesión e irregularidad, no se tomó muy en serio en la privacidad de la Orden. No obstante, doña Juana, tomó diferentes iniciativas y propuestas que favorecieron a la Orden a la que benefició con donaciones y fundaciones de colegios en diferentes ciudades e incluso propuso a su confesor para ser nombrado cardenal, a pesar de la prohibición expresa  de los jesuitas a aceptar dignidades eclesiásticas.

El 7 de septiembre de 1573  doña Juana de Austria falleció, en el #MonasterioDelEscorial, a causa de un tumor y fue enterrada en el convento de las #DescalzasReales (Clarisas) bajo cuyos auspicios se fundó. En él había permanecido dos años apoyando a su hermano y encargándose de la crianza de sus sobrinos y sobrinas pues, desde que dejó la regencia llevó una vida entre la Corte y la religión. Evidentemente, su condición de ‘mujer jesuita’ se mantuvo en el más estricto secreto.