“Mafalda” también es nombre de Reina…

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A muchas mujeres de mi generación cuando suena el nombre de #Mafalda, suele venir a nuestro recuerdo el célebre personaje de Quino: esa niña atemporal cuya inteligencia, afirmaciones, cuestionamientos y sensibilidad, han calado en nuestra memoria.  En la actualidad, a pesar de ser una señora de mas de 50, sus argumentos continúan en vigor con gran fortuna para las jóvenes generaciones,  que continuarán haciendo de ella un referente… En mi caso acabó siendo mi alter ego…Una especie de “pepita grilla” que decía en alto muchas cosas que yo pensaba…

Pero Mafalda, también es el nombre de una reina portuguesa. Hija de #SanchoIDePortugal, apodado #ElPoblador ( alías que hacía mención a la labor repobladora de este monarca que estimuló y apadrinó el asentamiento humano y la fundación de ciudades como, por ejemplo, la Guarda en 1119) y #DulceDeBarcelona, hija del #CondeDeBarcelona, de la que se decía: «Fermosa e excellente senhora, tranquilla e modesta, condizente no carácter com o nome». De dicha unión nacieron once hijos, nueve de los cuales sobrevivieron la infancia.

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Nació en Coimbra el 11 de enero de 1197 (aprox.) y falleció el 1 de mayo de 1257 en Arouca (#Aveiro).  Muerto su padre en 1211, su madre, doña Dulce, ejerció la Regencia por minoría de edad de su hijo y sucesor #AlfonsoII, período durante el cual concertó el matrimonio de Mafalda con don #EnriqueI de Castilla, que por entonces contaba con 14 años de edad. Los jóvenes desposaron, pero al no haber alcanzando ella la edad núbil, el matrimonio no se consumó, por esta razón y  alegando también la  proximidad de parentesco, se obtuvo del #PapaInocencioIII la nulidad matrimonial, tras la cual la infanta regresó a Portugal.

Según había estipulado su padre por su testamento, Mafalda debía recibir el castillo de #Seia junto con las tierras de dicho término más los derechos a  la percepción de todas las rentas que produjeran, siéndole otorgado además, el privilegio de poder ostentar el título de Reina. Esta voluntad del Rey, su padre, provocó un gran conflicto con su hermano Alfonso II pues, obstaculizaba sus ambiciones centralizadoras  en el futuro ejercicio del poder. En esta situación, apoyado por sus fieles y leales más cercanos,  utilizó todos sus recursos para poner trabas y obstaculizar los derechos legítimos de su hermana a fin de que no recibiera la herencia que le correspondía temiendo que lo sucedido se repitiera con sus otras hermanas -#Teresa y #Sancha- y demás herederos, una situación que podría derivar en la división del país.

Para su sorpresa, una parte importante de la nobleza lusa apoyó a Mafalda y a sus hermanas. Aunque finalmente se impusieron los partidarios del Rey. Más tarde, cuando le sucedió su hijo don Sancho II, se firmaron acuerdos por los que éste entregaba a sus tías algunas tierras y castillos, hasta que en 1223 se firmó definitivamente la paz.

La reina Mafalda, desde su vuelta de Castilla, decidió apartarse de los asuntos políticos e ingresar en un convento de monjas cistercienses, siendo fundadora de una #Abadía en #Arouca, Portugal. Cuenta la leyenda la disputa que surgió sobre el lugar donde debían enterrarla, si en #RioTinto, donde estaba o en Arouca. Se dice que colocaron su féretro sobre la mula en la que la monja viajaba, acordando que la sepultarían al lugar que el animal la dejara. La mula echó a andar, dirigiéndose hasta el monasterio portugués donde, llegando al altar mayor de la iglesia de San Pedro, se detuvo y ella murió. Con el tiempo destaparon la tumba y encontraron  su cuerpo incorrupto, hecho que despertó una gran devoción hacia la infanta que fue beatificada por el #PapaPíoVI.  Su sepulcro fue abierto posteriormente por dos veces en el siglo XVII, y se encontró que el cadáver continuaba sin corromperse, autorizando el papa Pío VI su culto en 1793.

Sus hermanas siguieron idéntico destino, ingresando en la vida religiosa y siendo, igualmente, beatificadas a principios del siglo XVIII…