Ellas también viajaron solas: el ‘Itinerarium’ de Egeria…

Egeria ha pasado a la historia por ser la primera mujer que llevó a cabo un largo y heroico viaje de peregrinación, cuyo testimonio ha quedado recogido gracias a sus cartas las mismas que, hoy por hoy, se reconocen como antecedentes de la literatura de viaje…
Fotografía: mp_dc

En casi todos los viajes que he realizado a lo largo de mi vida, siempre llamaron mi atención las mujeres que viajaban solas. Por entonces no podía imaginar que, pasado el tiempo, yo también lo haría. Si he de ser sincera me costó tomar tal decisión, acostumbrada a hacerlo siempre en familia, con amigos o en pareja. Pero la vida nos hace transitar por estadios muy diversos que requieren aceptación y adaptación a las circunstancias, añadiendo también altas dosis de positividad: contemplar el vaso medio lleno e intentar observar siempre el lado bueno…En definitiva desdramatizar, alejar esa sensación de incapacidad que tantas veces se apodera de quienes hacemos camino solos y, en ocasiones, voluntariamente solos…La soledad elegida o impuesta tiene muchas caras que explorar y ofrece muchas oportunidades de aprender a gestionar nuestros capitales emocionales y a disfrutar cada momento presente, único e irrepetible…

Naturalmente viajar solos en pleno siglo XXI no tiene tanta ciencia y, en el caso de las mujeres, oferta bastantes garantías y múltiples seguridades. Pero, en general, viajar en tiempo de la Antigua Roma o durante el medievo era cosa arriesgada y difícil… Es fácil imaginar los peligros que cualquiera corría en semejante contexto, por no mencionar las incomodidades, inclemencias y enfermedades a las que, en el caso de las féminas, debemos sumar las dificultades intrínsecas o propias a la condición de género. Sin embargo la historia de las mujeres ha avanzado a impulsos de quienes, como Egeria, transgredieron la línea de la ‘normalidad’. Mujeres intrépidas que asumieron el desafío de las propias inquietudes a la par que renunciaron a llevar una vida encorsetada entre los márgenes socialmente establecidos -en una sociedad dominada por hombres- que la obligaban a vivir sometidas a los varones del entorno, en papel de hijas, esposas y madres…

No obstante, desde las culturas clásicas la historia nos demuestra lo que la literatura constata, es decir, cómo las mujeres encontraron las vías para hacerse oír desarrollando estrategias que les permitieron desenvolverse en foros y/o adentrarse en los márgenes de contextos propiamente masculinos. También es cierto que muchas lo hicieron utilizando la fórmula de ‘hijas de…’ o ‘esposas de…’ e incluso desde lugares más sombríos, en el papel de queridas o amantes que convirtieron el lecho en un espacio donde compartir, entre otros placeres, el de conversar haciendo hueco a las confidencias y complicidades varias. (Dejo al margen la consideración sobre la bondad o maldad de las intenciones y objetivos pretendidos por ambas partes).

Y hechas estas consideraciones iniciales, entre las primeras viajeras de la historia destaca la figura de Egeria (s. IV) Los datos biográficos de los que se disponen son escasos pero parecen indicar que procedía de la provincia romana de Gallaecia, en la diócesis de Hispania. Valerio, asceta y monje del Bierzo, la sitúa en la actual comarca y la llama por su nombre en sus escritos. Así mismo, cabe la posibilidad en opinión de los estudiosos, su parentesco con la primera esposa de Teodosio el Grande, Aelia Flacila, emperatriz romana descendiente de una familia prerromana, madre de Honorio y Arcadio, herederos de cada una de las partes en que fue dividido en Imperio Romano (Oriente y Occidente) a la muerte de su padre. Junto a esta hipótesis circulan otras que intentan aclarar cuál pudo ser la familia de procedencia de Egeria, aunque lo único que parece seguro es su ascendencia noble, su posición económica acomodada y su notable formación cultural. En opinión de Rosa Mª Cid, profesora Titular de Historia Antigua en Universidad de Oviedo quien ha encabezado diversos proyectos sobre la Mujeres en la Antigüedad, ha señalado que «su experiencia (refiriéndose a Egeria) muestra hasta qué punto podían romperse los roles de género en la sociedad de la antigüedad tardía, al presentarse como una auténtica aventurera».

Efectivamente. Ya en el año 384 esta mujer escribía: «Como soy un tanto curiosa, quiero verlo todo». Y así fue. Egeria atravesó tres continentes y recorrió más de 5.000 km a pie y a lomos de un burro o una mula convirtiéndose así en la primera mujer viajera conocida de la historia. Su hazaña es del todo loable no solo por lo que implica tal recorrido pleno de peligros de todo tipo, sino por el peso que representaba ser mujer en aquel tiempo y la consideración social que esto suponía. A este respecto Cristina Morató en su libro Viajeras intrépidas y aventureras, recoge un refrán de la época que dice así: “Peregrina salió, puta volvió”. Resumiendo así las sospechas que levantaba una mujer que mostrara este tipo de inquietudes tan poco frecuentes. Por otro lado, tal y como suele ocurrir cuando se trata de épocas tan remotas, algunos expertos han indicado que posiblemente debido a su estatus, podría ser que viajara con algún salvoconducto de los que se expedían a personalidades relevantes. De ser así dicho pasaporte le hubiera permitido cruzar fronteras con ciertas garantías, lo cual no es óbice para desmerecer su osadía.

En cualquier caso Egeria, sin proponérselo, ha pasado a los anales no solo como aventurera sino como escritora. Sumamente religiosa y culta, durante su periplo escribió numerosas cartas recopiladas en una obra conocida como Itinerarium Egeriae, del que se conserva solo una parte. Dicha obra ha sido interpretada como un antecedente de la ‘literatura de viaje’, de la que hablaré más pormenorizadamente en otro post. Algunas voces importantes procedentes del ámbito literario como Menéndez Pidal, colocan a Egeria al frente del elenco conformado por escritoras hispanas, aunque no hubo intencionalidad consciente de crear un texto literario porque su única motivación fue compartir con sus hermanas cuanto descubría. De ahí el uso de un lenguaje fresco, cercano, cotidiano propio de la escritura epistolar, íntima y personal. Un camino recorrido posteriormente por otros escritores, como Flaubert, que llegaron a la literatura de viaje de la mano de este mismo género. Las cartas muestran el carácter curioso y crítico de Egeria, en los que muestra su profunda religiosidad al tiempo que cuestiona e intenta realizar sus propias comprobaciones.

El viaje partió de la Actual Galicia, atravesando a continuación Tarragona hasta el Ródano desde donde cruzó toda Italia. Desde aquí embarcó dirección Constantinopla para partir hacia Palestina con intención de visitar Jerusalén realizando así una peregrinación que tiempo atrás inauguró santa Helena, madre de Constantino. Visitó Jericó, Belén, Nazaret, Cafarnaúm, aunque estableció su base en Jerusalén. En el 382 continuó por Egipto, donde conoció a los anacoretas que vivían en el desierto, pasando nuevamente a Jerusalén para peregrinar al monte Sinaí (momento en el cual comienza la parte encontrada de su relato) y después visitar Antioquía, Edesa, Mesopotamia y Siria…Ya de vuelta hacia Constantinopla escribía así a sus hermanas: «Tenedme en vuestra memoria, tanto si continúo dentro de mi cuerpo como si, por fin, lo hubiere abandonado». Sus textos permanecieron durante siglos presos del polvo en una biblioteca hasta que en 1903 se sacaron del olvido para realizar un trabajo de historia. Así Egeria fue rescatada y su pericia sacada a la luz….

La experiencia viajera de Egeria reflejada en su Itinerarium, ha sido traducida a varios idiomas. Una calle en Ponferrada y otra en León llevan su nombre así como también una empresa familiar de cerveza artesana en El Bierzo. Finalmente, en el pequeño municipio leonés de  Villaquilambre, desde 2007 funciona una Escuela de Formación de mujeres Egeria… Hermoso homenaje en recuerdo de una mujer que quería verlo todo y escribió todo lo que vió…