El derecho a morir dignamente…

“Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos;” (Mateo 8:11).
‘Un sueño hecho realidad’. Fotografía: mp_dc

En el año 1991 la Dra. Elizabeth Kübler Ross, psiquiatra suiza, describió los fenómenos psicológicos que padecen los enfermos en fase terminal una vez iniciado el proceso de la muerte, lo que le llevó a definir la Tanatología como instancia de atención a los moribundos de ahí que se la considere “una disciplina científica encargada de encontrar el sentido al proceso de la muerte, sus ritos y significado que integra a la persona como un ser biológico, psicológico, social y espiritual, para vivir en plenitud y buscar su transcendencia…”

Pronto se cumplirán cinco años de la muerte de José Antonio Arrabal. Para quienes no le recuerden o ni les suene su nombre, les diré que fue un enfermo de Ela que se suicidó solo, en su casa, apartado de su familia para preservarla así contra la justicia…Por aquel entonces yo tenía otro blog y escribí esta entrada:

Elisabeth Kübler Ross explicaba que el cuerpo es como una casa en la que vivimos un tiempo, morir es mudarse de una casa a otra mejor…Es una metamorfosis. Dejamos de vivir dentro del capullo para transformarnos en preciosas mariposas que vuelan libres…

Con gran tristeza he sabido de José Antonio Arrabal, enfermo de ELA, conocido, hasta ahora, sólo por sus familiares, allegados y amigos. Es lamentable que haya dejado de ser anónimo y se haya dado a conocer entrando en nuestras casas a través de la pequeña pantalla, para poder contemplarlo en el salón de la suya mientras preparaba un brebaje que, poco después, ingirió para morir… Aparece sentado, aparentemente calmado, sereno e investido con una dignidad que conmueve… Ha tenido mucho tiempo para pensarlo, para tener la certeza de su voluntad, por eso sus palabras suenan a convencimiento, a consciencia, a meditación y premeditación, a consenso con su familia cercana que no le acompaña porque, de ser así, serían cómplices de su muerte…Cómplices… Es curioso porque si algo que salta a vista es una enorme complicidad entre todos los que le querían, colaboradores silenciosos y silenciados, presentes y ausentes, cercanos desde el corazón. Un hilo invisible les ha mantenido unidos más allá de las leyes humanas y divinas, del tiempo y del espacio. Un hilo que recorrerá la memoria y permanecerá después de su muerte...

En un acto de valentía y de amor, reclama la libertad y el derecho a morir, solicitando a nuestros políticos que se tomen en serio plantear y debatir sobre la eutanasia, el suicidio asistido, la muerte digna … Llevan mucho tiempo mareando la perdiz bajo la atenta mirada de la Iglesia que debería preocuparse de ‘los suyos’ de ‘sus feligreses o seguidores’ y que el Estado al amparo de una Constitución cuyo artículo 16.3 recoge: ‘Ninguna confesión tendrá carácter estatal…’, se ocupe de legislar para todos los ciudadanos. Los gobernantes deberían dotarnos de un marco legislativo amplio que nos ampare a todos y a cada uno, otorgándonos así el derecho a decidir en función de nuestra conciencia o creencia. La ley que reguló el matrimonio entre homosexuales no trajo consigo que todas las parejas gays o lesbianas se casaran -cosa que tampoco hacen las parejas heterosexuales- pero deja margen para que quienes quieran hacerlo lo hagan con igual derecho. Aprobar una ley sobre la muerte digna no significa que vayamos a suicidarnos todos, ni acelerar la muerte de nuestros seres queridos. No. Quienes sean creyentes y hagan cesión de su voluntad a la voluntad de su Dios, no lo harán. Pero, por favor, dejen a los agnósticos, ateos o como quieran llamarnos, el derecho a decidir entre vivir muriendo poco a poco o morir lo suficientemente vivos como para despedirnos conscientemente y acompañados de nuestros seres queridos.

Nacer y morir son actos constitutivos de la vida. José Antonio Arrabal reclamaba morir precisamente porque amaba la vida. Hacen falta muchas horas de reflexión, mucha coherencia, valentía, autocompasión, entereza y generosidad para tomar esta decisión. Dejar ir y dejarse ir es un acto en el que confluyen el amor y la generosidad de quienes se marchan y de quienes se quedan, unidos todos por un nexo que no es otro que el dolor y por encima del dolor, más amor y deseo de saber a ese ser querido libre de la pesada carga de la enfermedad, la decadencia y el deterioro. La vida es un don precioso para vivirla, la no-vida un lastre. Cuando esto ocurre la muerte es una puerta que conduce a la libertad, José Antonio tenía derecho a salir por ella…Y lo hizo, pero por la puerta de atrás. Mi reconocimiento, mi apoyo, mi solidaridad …

En abril de 2019 se repetía un suceso similar: Ángel Fernández ayudaba a morir a su mujer Mª José Carrasco, enferma de esclerosis múltiple desde hacía 30 años y con un grave deterioro físico. Ella sola no hubiera podido hacerlo…Su supervivencia cotidiana dependía enteramente de su compañero. Y como sucedió con José Antonio Arrabal, se convirtió en un caso muy mediático que puso nuevamente el foco en la ley de eutanasia reavivando así el debate en nuestra sociedad, reclamando de nuestros gobernantes una ley para regular la muerte digna…

Y ayer, finamente, la Ley de la Eutanasia fue aprobada por la mayoría de la Cámara, a pesar de los votos en contra del PP y VOX. La Ley llega de la mano de la política de la confrontación, del mal rollo, del postureo, de las palabras gruesas, del vocerío propio de un patio de vecinos -con todos mis respetos para los patios de vecinos, posiblemente mejores avenidos que los miembros del Congreso- y en medio de un panorama presidido por las futuras elecciones de Madrid que parecen haber removido los cimientos de alguna que otra formación política. Elecciones que el PP afronta bajo el lema ‘Comunismo o Libertad…’ Sería todo un detalle si nos explicaran que ‘entienden por ‘libertad’, por comunismo ya lo sabemos…Porque su ‘libertad’ no para de decir NO: NO al aborto, NO a la ley de matrimonios homosexuales, NO a la inmigración, NO a la prioridad de lo público, NO a leyes contra la violencia de género, NO a la eutanasia…En su lugar hablan de SÍ a la vida, SÍ a la familia tradicional, SÍ a lo privado, SÍ a la violencia intrafamiliar, SÍ a los cuidados paliativos…No deja de ser curioso o contradictorio que sus ‘noes’ resulten tan inclusivos para quienes apoyamos estas leyes, porque quienes las defendemos también estamos a favor de la vida, aceptamos y toleramos todos los modelos familiares, respetamos lo privado, rechazamos cualquier tipo de violencia y, por supuesto, aprobamos los paliativos…

Para Jacques Pohier (teólogo y filósofo francés): “La eutanasia voluntaria no es una elección entre la vida y la muerte, sino entre dos formas de morir” y no solo los profesionales han de intervenir en el debate, sino la totalidad de la sociedad. Proclamar que solo Dios puede darnos o quitarnos la vida, no puede imponerse como principio universal como tampoco podría hacerse con la creencia en la reencarnación defendida por los budistas…Aunque, a decir de muchos, la perspectiva budista resulta absolutamente integradora, respetuosa y tolerante respecto a otras tradiciones o religiones y contraria al proselitismo…Hoy por hoy la realidad es que el 80% de la sociedad española está de acuerdo con la eutanasia, que la Iglesia debería dejar de funcionar como un lobby ideológico, respetar la pluralidad, la diversidad y el pensamiento crítico y nuestros gobernantes asumir que vivimos en una democracia…

Es una pena que las derechas tengan una mirada tan estrecha y tan retrógrada… Ellos que tanto hablan de adoctrinamiento resultan ser los auténticos adoctrinados, incapaces de asumir la diversidad y respetar la pluralidad de pensamientos e ideas. En democracia las leyes nos dotan de contextos legislativos en los que situarnos libremente. Asumir el ideario de las derechas supone aceptar el pensamiento único, alineado con la Iglesia católica que, dicho sea de paso, merece el mismo respeto que cualquier otra confesionalidad de las varias con las que convivimos. Es lícito discrepar y comprensivo que la coherencia con nuestra conciencia o creencia nos impida simpatizar con determinadas conductas o prácticas, pero es un deber respetar a quienes piensen o actúen en las antípodas…

Cada cual se plantea su propia muerte, la recrea, la interpreta, la teme o no…Y, el día que toque, la afrontará desde su filosofía, su perspectiva, su ateísmo, su espiritualidad o su credo…Todas las miradas son lícitas. Se supone que todos los seres valoramos la vida, especialmente en esta coyuntura en que tantas han sido arrebatadas. Mi reflexión personal tiene un corte humanista, acorde con los valores antropocéntricos, empeñada en agradecer y poner en valor lo que tenemos… Aprender a estar más centrados y ocupados en el presente y menos distraídos y preocupados por un pasado que no tiene regreso o por un futuro que tal vez no llegue… Es de justicia, a todas luces, contar con una Ley en la que todos quepamos y todos estemos representados…Llegado el momento, que cada cual pueda decidir en libertad…

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