«Apoyá en el quicio de la mancebia…»

“Monjas,frailes, putas y pajes, todos vienen de grandes linajes”
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Prostitutas, rameras, meretrices, mancebas, busconas, furcias, fulanas, pupilas, cortesanas, zorras, pelanduscas, mujerzuelas… El castellano es rico en sinónimos con los que designar a las mujeres de ‘mala vida’, de ‘vida alegre’, vulgarmente conocidas como ‘putas’.

Sobre la prostitución se ha dicho que es el oficio más antiguo en la historia de la humanidad. El refranero da fe, recogiendo en numerosos dichos lo que el pueblo pensaba al respecto: “Monjas, frailes, putas y pajes, todos vienen de grandes linajes”, “Puta primaveral, alcahueta otoñal, y beata invernal” o «Tal para cual, la puta y el rufián», etc… Por otra parte, la historia de la prostitución se remonta a la épocas clásicas de Grecia y Roma en la que encontramos los primeros datos sobre este viejo empleo. Aunque una etapa interesante podría ser el siglo XVI, tal vez porque la documentación conservada permite reunir información concluyente para este período conocido como Edad Moderna. Numerosos estudios avalan un pormenorizado testimonio que permite conocer el fenómeno de la prostitución en el ámbito nacional así como encontrar determinadas sinergias con la actualidad.

Por aquel entonces, las mancebías acabaron siendo autorizadas y reglamentadas por la autoridad municipal y pasaron a ser socialmente consideradas ‘un mal menor’ pero necesario… Las prostitutas canalizaban los bajos instintos masculinos en favor de las mujeres honestas, reservadas a la maternidad. El oficio, contrariamente a lo que podría pensarse, estaba muy cotizado entre las féminas de baja extracción social, solas o sin familia ni recursos, cuya dedicación proporcionaba un sustento bajo la protección y ‘cuidado’ de un proxeneta, quien a cambio obtenía pingües beneficios. Las casas de placer proliferaron sobre todo en las grandes urbes, en ciudades portuarias como Sevilla (cabecera del comercio de Indias en aquella fecha) y universitarias, como Salamanca, en las que el número de lupanares se multiplicaban ante la masiva afluencia de clientes.

Generalmente estos establecimientos se situaron en las afueras (como los clubs de hoy), alejados de los centros donde se encontraban las instituciones de poder, apartados de los espacios de representación social, por aquello de mantener las apariencias y salvaguardar la honra de las mujeres decentes que solo copulaban para reproducirse siguiendo los dictados de la Santa Madre Iglesia…No obstante en el caso de Sevilla, dado su carácter portuario, la mancebía se ubicó en el centro, en el llamado Compás de La Laguna, en el barrio del Arenal. Una vez que desembarcaban, muchos miembros de la tripulación se dirigían hasta allí en busca de la libre fornicación que se practicaba en los prostíbulos, donde los hombres daban rienda suelta a sus instintos y deseos. Las ordenanzas municipales regulaban el cuidado y limpieza de estos locales, encargándose también de su seguridad, para lo cual destinaban algunos guardias que velaban por el mantenimiento del orden en el interior y el frecuente maltrato a las mujeres.

El dueño de la mancebía se conocía con el nombre de padre o tapador en el caso de los hombres, o madre, si eran regentados por mujeres. Igualmente, para que no pudiera haber confusión alguna, las meretrices estaban obligadas a vestir con determinados colores por lo que usaban medios mantos de color negro o marrón, acabados en picos de color pardo, de ahí la expresión “ir de picos pardos”, ni más ni menos que “ir de putas”, con perdón…Para ser distinguidos de otros establecimientos, las mancebías estaban pintadas de colores alegres y vivos, (en la actualidad también es así, además de luces de neón que los hacen en inconfundibles), además de adornar la fachada tallando alguna muñeca o figura femenina junto a la puerta de entrada donde también solían colgar ramos de flores, de ahí que a estas trabajadoras se las conozcan como ‘rameras’.

En cuanto a los precios, no eran muy elevados, acordes con el escaso salario de que se disponía entonces. La visita rondaba el medio real. Las pupilas más guapas, atractivas y deseables podían ganar entre 4 o 5 ducados diarios (unos 55 reales). En contrapartida las feas, con defectos físicos o mala apariencia, apenas ingresaban 50 cuartos (de real). De las ganancias una parte se entregaba a los padres (dueños) en concepto de manutención. La Real Hacienda, por su parte, sangraba estos locales con importantes impuestos que llenaban las arcas municipales. !Todo un negocio!

La historiadora Mary Elizabeth Perry, en su libro Ni espada rota ni mujer que trota, realiza un estudio sobre los orígenes de las mancebías sevillanas y su aceptación social, señalando la labor social de las meretrices: “sin su presencia -aludiendo a las prostitutas-, se pensaba que muchos hombres pondrían sus energías en la seducción de mujeres honradas, en el incesto, la homosexualidad o el adulterio. Esta era la doctrina cristiana que se fue elaborando desde el siglo XIII en torno a la sexualidad y a la prostitución, considerada pecaminosa pero necesaria».

Las Ordenanzas dictadas por el cabildo de la ciudad de Sevilla, a mediados del XVI, contemplaban 16 puntos referentes a la regulación de los prostíbulos de dicha localidad, de los cuales copio literalmente uno, el mismo en el que se inspiró nuestro sapientísimo refranero del que recojo el dicho ‘estar callada como una puta…’ o ‘pasar más hambre que una puta en cuaresma…’ Ahora veremos por qué…

Item, ordenamos y mandamos, prohibimos e defendemos que las dichas mugeres de la mancebía no estén ni residan en ella ganando en ninguno de los días de domingos, fiestas y quaresmas y quatro témporas y vigilias del año, antes mandamos que en los tales días las puertas de la dicha mancebía estén cerradas y que el padre no las abra ni consienta abrir para el dicho efecto, so pena a la muger que ganare los tales días en la dicha casa le sean dados cien azotes y al padre que lo consintiere e no lo impidiere y estorbare le sea dada la misma pena.

En fin, dum vivimus, vivamus...

¿Llorar o no llorar? Esa es la cuestión…

El dicho “lágrimas de cocodrilo”, llanto fingido para atraer la atención de otros, proviene de una antigua creencia griega según la cual los cocodrilos simulaban estar llorando para atraer a sus presas.
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No es la primera vez que escribo acerca de las emociones, más concretamente de las lágrimas como respuesta, más o menos habitual, a determinados estados anímicos. Los humanos estamos programados para llorar. Si lo pensamos bien, es lo primero que hacemos al nacer. Lloramos como contestación reactiva al estrés del acto de nacer. Desde ese momento en adelante, el llanto constituirá el medio de comunicación entre el bebé y los padres. Ante la sensación de hambre, dolor o incomodidad, los bebés acuden al llanto hasta que aprenden a hablar y a comunicarse verbalmente…

A este respecto circulan diversas corrientes sobre el grado de atención o rapidez con que los padres deberíamos responder al llanto de los niños, a fin de evitar en la medida de lo posible, el desarrollo de estrategias encaminadas a practicar el chantaje emocional o la manipulación a la que sometemos el entorno, primero inconscientemente de pequeños y después conscientemente de adultos. Es una realidad que con el paso del tiempo aprendemos a regular el llanto atendiendo a señales contextuales que nos avisan sobre la conveniencia, sobre los riesgos o los beneficios de llorar en un momento o circunstancia concreta. Llorar nos vincula con el entorno y con quienes interactuamos. Por tanto los seres humanos efectuamos todo un proceso de aprendizaje sobre el llanto y sobre los beneficios o privilegios que puede reportarnos pues, es habitual, que quien llora obtenga más atención de las personas que tiene cerca quienes, además, se mostrarán más proclives a prestarle atención y ayuda.

De adulto se aprende a contener las lágrimas, aunque una película mismamente, desate ese nudo en la garganta, en ocasiones, difícil de controlar. Generalizando podría decirse que algunos individuos son más emotivos que otros y se definen como ‘de lágrima fácil’, aunque la mayoría discrimine o seleccione en consideración a premisas sociales y culturales muy arraigadas que, las más de las veces, los coloca frente al eterno dilema: ¿llorar o no llorar? Esa es la cuestión…

Alrededor del llanto han surgido construcciones sociales con un marcado acento en torno al género que han originado algunos sesgos. Así, por ejemplo, los hombres que lloran son peor valorados que las mujeres. O se califican de estoicos frentes a las féminas consideradas más emocionales y propensas a la tristeza…

Sobre la fisiología de las lágrimas y el sentido de éstas, se han generado diversas teorías que circulan desde la antigüedad (Pitágoras, Hipócrates, Empédocles y Galeno) pasando por los egipcios e incluso más tarde, autores renacentistas como Leonardo de Vinci. Todos han disertado sobre la fisiología de las lágrimas, sobre cómo, por qué y para qué se producen. Tiempo después “Charles Darwin (1809-1882) publicó su libro La expresión de la emoción en el hombre y los animales en 1872, afirmando que los seres humanos expresaban sus emociones para aliviar la angustia. Reconociendo, por tanto, que las respuestas emocionales de los humanos evolucionaron de la señalización de animales no humanos para comunicar sentimientos y se convirtieron en instrumentos sociales que se utilizaban de manera flexible en la interacción humana”. El llanto es, pues, una respuesta a emociones positivas y negativas, Lloramos de tristeza o dolor, pero también de alegría y felicidad. Y en cada caso la composición química de las lágrimas varía. Eso también está demostrado científicamente…

En cualquier caso, en el acto del llanto hay una parte fisiológica que nos viene de serie y otra social, en la que nos educan y que aprendemos a gestionar según circunstancias…Y luego, claro está, existen enormes diferencias culturales que ven con buenos o no tan buenos ojos, el acto del llanto.

A margen de todo lo dicho, llorar como reír, proporciona una agradable sensación de bienestar y relax, de ahí que se pusiera de moda la técnica de la ‘risoterapìa’ inventada por el médico norteamericano Patch Adams, cuya vida fue llevada a la gran pantalla en una película -“Patch Adams”- protagonizada por Robin Wiliams. A partrir de aquí, parece obvio que a alguien se le ocurriera una terapia similar pero en el polo opuesto. Pues bien, ha sido en Japón –cultura no partidaria del llanto en público- Takashi Saga, también conocido como el sommelier de lágrimas, puso en marcha unos seminarios de lágrimas que celebra dos veces al mes, para que los asistentes lloren transformeando la sala en un mar de lágrimas, en la que sus protagonistas se sientes muy a gusto… Una terapia de gran éxito en una sociedad que dificulta y constriñe el llanto, interpretándolo como signo de debilidad.

Y es que llorar es bueno y sana. Por eso los japoneses, tan ceremoniosos y amantes de los rituales, han hecho del llanto colectivo otro ceremonial de relajación y sanación. Con ese objetvo existen clubs y hoteles en los que se reunen para experimentar el llanto a modo de catarsis colectiva, cosa que hacen viendo películas lacrimogenas o documentales de catástrofes entre otras cosas…Sí, por raro que nos parezca, cinco o seis personas se dan cita, pañuelo en mano, dispuestos de llorar hasta vaciar los lacrimales para quedarse exhaustos y nuevos, dispuestos para la siguiente sesión…

Yuka Muroi, seguidor de Takashi Saga, en quien inspiró su método, un exvendedor que celebra ceremonias de divorcio en Tokio, descubrió también los efectos positivos del llanto observando que las parejas que lloraban durante el proceso de divorcio, completaban el mismo en mejores termimos. Comprendiendo que reprimirse y encapsular las lábrimas es nocivo para la salud y acaba afectando el cuerpo, por lo que «ser capaz de llorar sin tener que preocuparse por las apariencias es un paso importante para que las personas consigan liberarse de la depresión”.

También la literatura ha tenido en cuenta el papel que desempeñan las lágrimas en nuestra vida emocional y social. Por eso Laura Demaría publicó en octubre pasado el libro «Guía práctica del llanto», «una emocionante combinación de memoria, pérdida y nostalgia, pero también de sueños, superación y alegría…». La obra de Tom Lutz, «El llanto. Historia universal de las lagrimas», dice nada más comenzar: “El llanto es un valor universal«. Estamos rodeados de llanto o de situaciones que nos harían llorar y sin embargo hemos aprendido a ocultarlo, por eso lo hacemos a solas o nos cubrimos la cara con las manos…

El filósofo Roland Barthes escribió: ¿Quién es ese “yo” que tiene “lágrimas en los ojos”? ¿Quién ese otro que, un día, estuvo “al borde de las lágrimas”? ¿Quién soy yo, que lloro “todas las lágrimas de mi cuerpo”?, ¿o que vierto al despertar “un torrente de lágrimas”? Si tengo tantas maneras de llorar es tal vez porque, cuando lloro, me dirijo siempre a alguien, y porque el destinatario de mis lágrimas no es siempre el mismo: adapto mi modos de llorar al tipo de chantaje que, a través de mis lágrimas, pretendo ejercer en torno mío…»

Finalmente, solo añadir que «el llanto es, a veces, el modo de expresar las cosas que no pueden decirse con palabras…» (Concepción Arenal)

Sincronías…

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Pablo Milanés: Coincidir…

Apenas dos semanas sin escribir y ya echaba de menos pasar por aqui, por el blog. Primero un viaje y luego una gripe, me han mantenido alejada de una de las actividades cotidianas que mayor placer me proporciona: escribir. Pero, a veces, (en realidad, muchas veces) una tiene que aceptar que no se puede luchar contra ‘los elementos’. Abatida por la fiebre, no me ha quedado otra que rendirme y dejarme llevar, cual trozo de corcho sobre el agua, impulsada por los fenómenos naturales y confiando en la sabiduría de la naturaleza, hasta desembocar, de nuevo, en esta ‘habitación propia’, dispuesta a sacar adelante esta nueva entrada…

No obstante, todo tiene su lado positivo. Porque estos días me dejaron al margen de lo cotidiano, sí, pero lo cotidiano ha incluido también permanecer al margen de la actualidad política y económica y, sobre todo, de la guerra de Ucrania…Estas y otras son sincronias que nos acechan. Simultaneidades. Coincidencias…Nos pasan muchas cosas a la par y a veces todo se nos mezcla sin que seamos capaces de separar. Tengo la sensación de que pasamos un poco por alto esta realidad. Tal vez por aquello que comentaba en otro post de vivir en un mundo ‘líquido’, ‘fluido’, al que nos adaptamos constantemente a velocidad de vértigo. Por ejemplo recuerdo que las primeras instantáneas de la guerra nos sacudieron. Por eso abrimos rápidamente nuestras fronteras geográficas para dejar entrar al pueblo hermano y nuestros corazones para acoger refugiados. Por eso nos conmovimos con la imagen de la ‘maleta’ en medio de la calle y la familia muerta a tiros alrededor…Hasta que un mes después nuestras retinas ya se habían habituado y nuestros ojos miraban atentos pero fríos…

Esta es la realidad que nos ha tocado vivir y cuesta gestionarla sobre todo si tienes una cierta inclinación hacia lo que, a grandes rasgos, se entiende como ‘justicia social’, precisamente por el alto grado de ‘injusticia’ que dicha realidad lleva implícita…

Pero no este el tema del que quiero hablar, aunque todo es concomitante, concurrente, simultáneo, sincrónico…La guerra me come demasiado la moral. Me asusta. Me hace sentir impotente y, sobre todo, despierta cierta violencia interior contra sus más inmediatos responsables y el resto de aliados…Pero sucede al tiempo que suceden otros hechos, como este otro que pasaré a comentar sobre una noticia de la que ayer se hizo eco la radio. Noticia que, primero, moviò mi curiosidad para después transformarse en una enorme decepción respectto al género humano, fuente inacabable de aprendizaje…Les cuento…

Resulta que en la Feria del Libro de Frankfurt 2022, el pabellón español ha sido Invitado de Honor bajo el lema ‘Creaticidad desbordante…’ El evento, celebrado entre los días 19 y 23 del corriente, parece que está teniendo gran éxito y ha contado con un amplio programa cultural del que tanto escritores como editoriales, se están beneficiando a todos los niveles. Hasta aquí todo bien, normal, previsible…Bien, pues según parece, entre otras actividades, se ha promocionado una iniciativa consistente en la puesta en marcha de la redacción de un ‘poema colectivo’ en el que cualquiera puede participar (digo puede porque la iniciativa continua hasta mañana) accediendo a través de la página universalpoem.com. Para rematar la idea, los versos son transcritos en tiempo real por un robot -una especie de plóter o brazo escritor- cuyo extremo delinéa las palabras trazadas con un clásico ‘boligrafo bic‘….

A bote pronto, la inciativa no solo me parece fantástica sino origianal, quizá porque escribir poesía me impone mucho respeto y admiración hacia quienes poseen ese don. De ahí que la idea de poder colaborar con un verso suelto tecleado desde mi modesto ordenador, para después ser lanzado a ese espacio difuso que es la red, al tiempo que un brazo robótico, lo transcribe con el bolígrafo que mejor puede identificar a mi generación, me pareciera a priori realmente genial. Por eso me decicí a participar con un modesto verso de no más de 70 caracteres…

Así, dispuesta a participar, entré en la citada página, para inmediatamente llevarme las manos a la cabeza… Porque lo que vi más que poesía, me recordó la imagen de buitres sobrevolando los restos de un cadáver…Pues resulta que un grupo de internautas ha aprovechado este espacio para volcar sus reivindicaciones políticas, cosa que han llevado a cabo sin ningun tipo de escrúpulos. Entonces recordé la pulcritud de los poeta, su sensibilidad… El arte de cultivar palabras amorosamente envueltas y trazadas con cariño y rigor…

Como en el circo: pasen y vean…

Poco me queda que añadir y a los hechos me remito. Aprovechar esta iniciativa para convertirla en un foro reivindicativo o en un pozo donde vomitar ideas de todos los colores, no tiene justificación… Y no, no todo vale, porque no todo es política, ni todos los espacios se pueden politizar…

Aún así, entre los 43.934 versos escritos en este momento, mi verso suelto es lanzado a la red, imparable, para que circule a la espera de ser transcrito por un boli bic-azul…Y a pesar de los pesares, este hecho en sí, ya me parece poético…

La ‘alfombra roja’: más allá del protocolo, una metáfora…

«En su tono más puro el rojo expresa sensualidad y energía, Considerado símbolo de una pasión ardiente y desbordada. Por su asociación con el sol y el calor es un color propio de las personas que desean experiencias fuertes» (El color rojo).
Fotografía: mp_dc

Hace apenas unos días celebré mi cumpleaños…Bueno, celebrar, celebrar, lo que se dice celebrar, tal y como generalmente se entiende no, pero sí que hubo festejo en petite comité y por todo lo alto. Andaba yo con el ánimo bajo, un tanto reflexiva y nostágica. A estas alturas de la vida cada año cuenta, de manera especial en una coyuntura tan compleja e incierta como la actual. Será por eso que una se siente agradecida por estar viva, gozar de buena salud y tener un plato que llevar a la mesa. No obstante a nadie le amarga un dulce. Quiero decir, que si no tienes nada planeado y te sorprenden, pues mejor que mejor…Y, la verdad, me sorprendieron muy gratamente con una visita inesperada. Como soy más de salado que de dulce y quien me obsequió me conoce de muchísimo tiempo, acertó de pleno con el regalo: un exquisito y delicioso pastelito. Desde el envoltorio al relleno, el pastelito resultó pecato di cardinale, aderezado con productos salados, sabrosos, ricos, mezcla de varios sabores, que desprendían aromas agradables y estimulaban el apetito. Todo natural, artesanal, adornado con una pizca de mermelada de fresa con la que, por cierto, me manché las manos y el mantel…Un pastelito del tamaño justo, a mi medida, como para que no me quedara con hambre pero que tampoco me saciara del todo y que me quedaran ganas de repetir…O sea, perfectamente amoldado a mis gustos culinarios. Y claro, como está feo comer sola, lo compartí y lo disfruté, como se suele decir, en amor y compañía… Siguiendo la tradición soplé una vela, pedí un deseo para mí y mucha salud para todos, en particular, para quienes nos quieren. Así que desde este foro tan personal te doy las gracias querida…Por la compañía, el detalle y el gesto de cariño…El sentimiento es mutuo, lo sabes. Sólo me resta añadir que, aunque falte todo un año para el próximo aniversario, te prodigues menos y me visites más…Por mi parte siempre estaré dispuesta a compartir cualquier presente que se te ocurra, aunque no sople velas y aunque no siempre lo elaboren tus manos…

En fin, eso fue todo, que fue mucho más de lo que esperaba. Y aunque hubo ausencias irremediables, vacíos inexorables y olvidos que no interpreto de mala fe -lo digo sin acritud- el resto de la jornada transcurrió tranquila, salpicada de llamadas, wasaps y felicitaciones de familiares y amigos… Y ya está: desde ese día tengo un año más…A saber qué me depara…He aquí la metáfora…

Y ya al margen de este pequeño homenaje de reconocimiento y exaltación de la amistad, con las contradicciones del color rojo, seductor y cruel a la vez, rondándome la cabeza, no sé si por alguna suerte de asociación o por arte de birlibirloque, me asaltaron a la memoria imágenes de esas largas alfombras rojas desplegadas en los grandes eventos. Instantáneas a modo de flashes, probablemente sobrevenidas al calor de las recientes noticias sobre las diversas recepciones que han tenido lugar durante la Cumbre de la OTAN en Madrid. Y es que nada imprime tanto glamour a cualquier evento como una extensa alfombra roja, deslizada cual largo sendero, a la entrada de una institución, mansión, palacio o edificio, sede de algún acontecimiento excepcional… Pero vayamos por parte ¿De dónde procede esta tradición? ¿Cuáles son sus orígenes? ¿Cuál es la metáfora?

Como casi siempre hemos de remontarnos a los clásicos para comprobar que la primera mención a la ‘alfombra roja’ aparece en el siglo V a. de C., en la tragedia «La Orestíada», escrita por el poeta y dramaturgo griego Esquilo. En dicha obra, Clitemestra,  mujer de Agamenón, espera el regreso triunfante de su marido desde Troya y, para que sus pies no se posen directamente sobre el suelo, ordena a sus criados que extiendan una moqueta carmesí que lo conduzca hasta su casa. Y así insistía a su servidumbre: Esclavas, ¿por qué demoráis dar cumplimiento a la orden que se os ha dado de alfombrar el suelo por dónde ha de pisar? ¡Que quede al momento el camino cubierto de púrpura para que la Justicia lo lleve a una mansión inesperada… 

Hemos de recordar que el color púrpura era difícil de obtener -cosa que se comprende teniendo en cuenta que se elaboraba a partir de las secreciones de caracoles marinos- razón por la cual sólo se teñían de este color telas muy costosas, muy especiales y muy caras, fuera del alcance del común de los mortales, de ahí que el color simbolice nobleza y fuera exclusivo de los emperadores o césares y después de los cardenales de la iglesia católicas y Príncipes de la Iglesia…Otra metáfora…

En Europa Oriental, si bien las primeras muestras de ‘alfombras rojas’ aparecen en Siberia allá por el siglo V,  no fue hasta el XII cuando empezaron a llegar a  Europa, imponiéndose como signo de distinción. En las pinturas del Renacimiento a menudo se muestran tapetes y tapices predominantemente de color rojo, dispuestas a los pies de tronos o estrados donde se colocan gobernantes o figuras sagradas.

De la Grecia Antigua el color púrpura pasó a ser exclusivo de los Césares en Roma y, muy porteriormente, en el siglo XIX, concretamente en 1821, se dio la bienvenida a Georgetown al Presidente de los Estados Unidos James Monroe, colocando una dicha moqueta en su recibimiento, algo que desde entonces ha marcado la etiqueta de protocolo en la diplomacia.

Más tarde, ya en 1902, el ferrocarril New York Central Railroad desplegó pequeños tapetes carmesíes para guiar a sus pasajeros hacia los vagones. Desde entonces, las compañías que se vanagloriaban de tratar bien a su pasaje crearon el concepto red carpet treatment (trato de la alfombra roja). Esta fue la génesis de otros tratos de distinción, como por ejemplo los vagones VIP… Fue a primeros del siglo XX cuando la famosa alfombra acabó imponiéndose en eventos de la talla de la entrega de los Oscars…

Como curiosidad la alfombra roja más larga del mundo mide 6.358,60 metros y fue expuesta y usada en las calles de la ciudad de Almería, con el fin de lograr entrar en el Libro Guinness de los récord, tal y como sucedió…

Y así fue como los tapices carmesíes quedaron ligados a los rituales de protocolo como seña de identidad de la gente principal, una metáfora de pertenencia a la creme de la creme, de las altas personalidades del mundo de la política, la aristocracia, los Jefes de Estado, la realeza y también de las estrella de cine y demás miembros prestigiosos del papel couché…Más allá de un simple tapiz, es una pasarela por la que desfilan personalidades instaladas en esferas superiores, las más de las veces, fuera del alcance de los mortales de a pie, de la gente de la calle, de la ciudadanía corriente y moliente que, como mucho, contempla , admira y, en ocasiones, envidia…En definitiva la ‘alfomvra roja’ se convirtió en un símbolo, un escaparate por ponde pasean y posan hombres y mujeres luciendo sus mejores galas, conscientes del papel mediático, del poder e influencia que representan. Por ende, el protocolo impuso sus propias reglas a fin de facilitar un desarrollo correcto y exacto de cualquiera de los acontecimientos que requieran el uso del mencionado tapiz…

«Desfilar por una alfombra roja, no solo tiene el componente material del vestuario y los complementos que se lucen sino que supone poner en valor la forma de caminar, de expresarse, de gesticular, de mirar… En definitiva, saber moverse con elegancia, con estilo y saber estar en todo momento…» Puntualidad, gestos y movimientos prudentes, elegancia, amabilidad, educación, diplomacia y cortesía, conforman un pequeño listado de aptitudes a tener en cuenta por quienes protagonizan el ‘paseillo’.

En definitiva el color rojo, el primero del arcoiris, tan terrorífico como atractivo, tan sensual como despiadado, cuyo significado se ha intentado desvelar desde la física y la óptica pasando por la magia y la alquimia, parace que permanece ligado a las civilizaciones y denota un enorme peso cultural. Así, en India, corresponde al principio universal de la acción, al calor luminoso del fuego. En Japón, es usado casi exclusivamente por las mujeres, como símbolo de felicidad y de autenticidad. En China es el color de la vida, del fuego, de la sangre y de la unión, y en Egipto está asociado, junto con el verde, a Hator y a Isis como diosas madres, dadoras de vida, de protección y calor a todos sus hijos.

Y en el ámbito de lo cotidiano, una rosa roja simboliza pasión y se regala entre enamorados…Y en Fin de Año el rojo de la ropa interior, según dicen, parece que da suerte…A lo mejor es verdad que todo depende del color del cristal con que se mire…

Y ustedes, ¿qué opinan?

Mucho más que ‘musas…’

Con frecuencia quienes se dedican a las artes creativas (música, literatura, artes plásticas en general) cuando se sienten escasos o carentes de inspiración se lo achacan a las ‘musas’. Serrat lo expresó con mucha claridad en su canción No hago otra cosa que pensar en ti, con aquella frase que decía: «pero hoy las musas han ‘pasao’ de mí…Andarán de vacaciones…» Y es que para escritores, músicos, poetas, artistas en general, ‘la musa’ representa la inspiración…Ella insufla el correspondiente soplo allí donde se almacenan las ideas. Agita su varita mágica y las hace fluir. Entonces y solo entonces, una lluvia de sensaciones remueve el espirítu, anima el lugar dónde se almacenan las palabras y las invita a surgir espontáneamente, con exactitud. Una tras otra. Organizadas, dispuestas, ordenadas hasta componer una armoniosa melodía, la letra de esa canción inolvidable, la pintura más bella o el texto más exquisito y excelente…

Lo peor de la musas es que a veces se escapan o bien se atrofia o se pierde la capacidad de verlas o sentirlas y por eso no siempre están cuando se las busca. Da la impresión que, a veces, se quedan dormidas o aletargadas, simulando padecer los efectos de algún desconocido soporífero y entonce no queda otra que esperar pacientes que espabilen y se acerquen, animosas y dispuestas, a ejercer el noble papel que la historia les ha otorgado como iluminadoras capaces de desatar la imaginación y desvelar o hacer intuir la fórmula para materializar lo imaginado o soñado…

A lo largo de la historia algunas se han reencarnado en seres reales, tan reales como nosotros mismos. Y lo peor, han sido amadas y veneradas de principo a fin. Basta una ràpida mirada a la historia de la humanidad para conocer unos cuantos casos…Sirva de ejemplo Simonetta Vespucci que lo fue de Sandro Botticelli. Su bello rostro, su larga melena rubia y sus ojos claros aún podemos contemplarlos en El nacimiento de Venus. Botticelli jamás se olvidó de ella e incluso pidió que le entarran a los pies de su tumba…Elizabeth Siddal  inspiró el famoso cuadro Ofelia, de John Everett Millais, pintura que representa el ahogamiento de la amada de Hamlet, escena incluída en la obra homónima de Shakespeare.

Y¿qué hubiera sido de Dalí sin Gala? El artista español declaró alguna vez que Gala fue la única que lo salvó de la locura y de una muerte temprana. Por eso la inmortalizó una y otra vez,: vestida, desnuda, de frente, de espaldas… Dalí sentía la necesidad de retratar a su musa en su totalidad, desde todas las perspectivas…Podría decirse que nunca dejó de mirarla, que la aprendió hasta conocerla de meomoria…

El cantante Bob Dylan vivió una etapa convulsa en la que dejó que muchas musas lo inspiraran hasta que encontró a Sara Lowndes y se casó con ella. Sara inspiró la única canción en la que Dylan habla directamente a una persona, sin genéricos… La actriz Catherine Deneuve fue musa tanto de Buñuel como de Yves Saint Laurent. El primero descubrió en ella una misteriosa e indescifrable belleza. El segundo su elegancia natural y su estilo atemporal…. 

Sin embargo no todos los artistas han sido correspondidos por quienes adquirieron ese rol o representación. Desgraciadamente algunas relaciones han sido imposibles, por más que se empeñara una de las partes…No obstante, aun en estos casos, las musas han seguido desplegando ese efecto embaucador que engatusa a quien no es capaz de apartarse, ni mirar para otro lado…Es lo que sucedió con el poeta y Premio Nobel de literatura 1923, William Butler Yeats que siguió dedicándole multitud de poemas a la actriz, feminista y revolucionaria irlandesa Maud Gonne, de quien siempre estuvo enamorado, incluso después de casarse (ella) con el revolucionario John MacBride... Y para muestra sirva este delicioso poema: El vino entra en la boca/ Y el amor entra en los ojos/ Esto es todo lo que en verdad conocemos/ Antes de envejecer y morir/ Así llevo el vaso a mi boca,/ Y te miro, y suspiro….

Pero si queremos conocer el origen de estos maravillosos seres, como en tantas otras ocasiones, hemos de remontarnos al pasado remoto, a la cultura clásica, a los griegos. Una cultura que ha sido la génesis de la nuestra y de nuestra lengua. Una referencia a la que acudimos casi siempre porque ahí comenzó todo…

El vocablo ‘Musa’ proviene de palabra griega mousa  que significa canción o poema. De ahí procede el término ‘música’, de la homóloga griega ‘musiké téchne’ -locución que tal vez inspiró el estilo denominado ‘música técno’- o ‘mousike’ que significa ‘el arte de las musas’. Pues bien, estas figuras femeninas, fruto de las nueve noches consecutivas de amor entre Zeus y la diosa de la memoria, Mnemóside, habitaban en el templo Museion, (término que dio origen a la palabra ‘museo) definido como el lugar de preservación de las artes y las ciencias y fueron nueve: Calíope: elocuencia, belleza y poesía épica/ Clío: historia/ Erato: poesía lírica-amorosa/ Euterpe: música/ Melpómene: tragedia/ Polimnia: cantos sagrados y poesía sacra/ Talía: comedia y poesía bucólica/ Terpsícore: danza y poesía coral/ Urania: astronomía, poesía didáctica y ciencias exactas (en la galería aparecen en este mismo orden).

Las musas, consideradas divinidades aunque menos poderosas que los dioses, representaron las distintas artes y sirvieron de inspiración a filósofos, poetas, astrónomos y astrólogos a quienes ayudaron a mejorar en sus actividades. En la antigua Grecia las musas fueron de vital importancia en el desarrollo artístico y científico de la época.

Con el devenir de los tiempos, la palabra ‘musa’ y su significado ha adquirido un matiz semántico que identifica, de manera generalizada o genérica, a la portadora de la inspiración, ya sea en la pintura, en la poesía o en cualquier otra forma de expresión cultural al tiempo que popularmente pervive en el imaginario social, encarnada en la imagen de una mujer cuya belleza inspira las obras y, en ocasiones, también los deseos…

Si se preguntan, como yo, si también habrán existido los ‘musos’, hombre bellos que han inspirado a más de una y de uno, nada se sabe a este respecto…Pero yo pienso que ‘haberlos haylos’.

Cosas de la vida…

«Es sencillo hacer que las cosas sean complicadas, pero difícil hacer que sean sencillas». (F. Nietzsche)
Milonga (Jorge Cardoso)

Lo que sea que estás buscando no va a llegar en la forma que lo esperas […] La vida no es como el agua. Las cosas en la vida no fluyen necesariamente por el camino más corto […] Incluso si pudiéramos regresar, nunca regresaríamos al mismo lugar en el que empezamos…»

Estos pensamientos son de Murakami, uno de los escritores contemporáneos más respetado y reconocido. Su literatura resulta fascinante y acaba enganchando porque el escritor nipón impregna sus obras de un realismo mágico muy peculiar y es justamente esa mezcla la que seduce y distingue de otros autores coetáneos. Alienación, soledad, muerte…Amor, sexo, música…Al multipremiado autor japones, a quien se le resiste el Nobel a pesar de aparecer casi siempre en las apuestas, en opinión de algunos por haber alcanzado el estatus de autor de best-seller, se le atribuyen observaciones y consideraciones dignas de tener en cuenta a la hora de examinar nuestra propia vida. Al fin y al cabo no somos tan diferentes unos de otros…

Leyendo estos y otros aforismos, reflexiono sobre el cambio permanente, sobre el constante fluir de mi existencia y el continuo devenir que nos obliga a mudar insistentemente, con más o menos resistencias o disensos… ‘Cosas de la vida’ me digo a mí misma, como adagio que presagia una cavilación en la que repaso, de manera retrospectiva, algunos hechos significativos que me afectaron. «Lo que llamamos presente tiene forma por la acumulación del pasado» O sea que todo cuenta, que nada es porque sí…«El dolor es inevitable. El sufrimiento es opcional” Ergo ¿podemos elegir?

Podemos…Debemos…Es inteligente elegir…

Cuando me jubilaron (y no digo jubilé porque no fue decisión mía sino de la Administración, por causas que no vienen al caso) me inventé una nueva vida, diferente a la que tenía. Con otras prioridades, otros horarios, otra rutina y otras metas u objetivos. Si bien es cierto que durante un tiempo añoré no poder continuar con mi trabajo, con mis alumnos, mis clases, mis compañeros, las tediosas sesiones de evaluación, las reuniones de padres y esa inagotable burocracia que a los docentes, en general, tanto nos repatea porque nos resta tiempo de lo importante y de nuestra verdadera tarea que es instruir y enseñar, también lo es que me liberé de esa nostalgia nada más darme cuenta que mi regreso a las aulas implicaba nuevas dinámicas desconocidas para mí. En muy poco tiempo me había quedado atrás (entrada en vigor de la LOMCE) y ponerme al día implicaba un esfuerzo personal que ya no me compensaba…O eso consideré entonces.

Parece que hasta ese momento no me había percatado de que el paso del tiempo no sólo me había cambiado a mí sino a mi entorno, a mis amistades y amigos, a la familia, a la sociedad en general y al ámbito de la educación en particular. Todo esto me hizo comprender que ya no había vuelta atrás. Que la etapa laboral había llegado a su fin, concluida, cerrada, acabada, aunque no me agradara, aunque me costara hacerme a la idea de que nunca más…’Nunca’, ‘siempre’, ‘jamás’ esos términos tajantes y definitivos que tan poco me gustan porque anulan y niegan  el ‘tal vez’, ‘acaso’ o el ‘quizá’, adverbios que, por el contrario, abren un pequeño recodo a la esperanza al admitir una posibilidad por muy remota que sea… Posibilidad, no obstante, imposible de descartar porque definitivo, lo que se dice definitivo, no hay nada excepto la muerte. La vida esta llena de vueltas, de giros, de puentes, de encuentros, desencuentros, oportunidades, quien sabe cuándo, quien sabe dónde…Por eso mientras estamos vivos aunque no todo es posible, algunas cosas son probables…

Mientras lo escribo lo pienso y al revés… La jubilación es un proceso que puede parecer fácil, pero no siempre lo es… Asumirla supone aceptar la existencia de ciclos dentro de nuestra trayectoria vital. Ciclos y tramos de vida que se agotan y se cierran definitiva e inexorablemente. Vivirlo en propias carnes ha resultado toda una experiencia que procuré estuviera libre de cualquier drama. Por el contrario, intenté contemplar lo positivo, lo efectivo, lo provechoso, lo que verdaderamente aporta, intentando desviar la mirada de lo que resta, disminuye o rebaja, porque al final, de lo que se trata, es de colocarse en una perspectiva vitalista, positiva y agradecida por haber podido efectuar el recorrido completo, de principio a fin. Así que sí, cerrado el ciclo laboral, tocaba reinventarse, cambiar de tercio, ir con la música a otro lado, poner punto y aparte… Y eso hice. Eso hago o eso intento…

Reinventarse o morir. Ser o no ser that is the question 

Así que desde que me jubilaron ya me reinventé varias veces. Corregí, alteré, modifiqué y mejoré mi rutina adaptandome a las circunstancias, ajustándome y reajustándome hasta sentirme activa pero tranquila en mi propia realidad. Tranquila y reconciliada, ambos aspectos necesarios para obtener una cierta sentación de satisfacción y un vivir de acuerdo a mi situación que tal vez no sea la deseada, ni la esperada, ni mucho menos la que alguna vez soñé, pero sí la que me tocó en suerte…Y una vez llegada aquí, los cambios constituyen un auténtico reto que no siempre estoy dispuesta a afrontar, a admitir o a satisfacer…

Y estrenando nueva identidad me dediqué a la fotografía. Un universo lleno de posibilidades que me ayuda a expresar, a canalizar sensaciones observando el entorno, las personas, las ciudades y el mundo en general. La fotografía me ha aportado muchísimo. Me abrio los ojos para redescubir la belleza de cuanto me rodeaba, sintiendo que miraba y veía por primera vez. A fin de cuentas alguna partícula de mi ADN debía estar impregnada por el oficio, pues mi padre fue fotografo…Cada click de mi cámara es un segundo que me detengo y observo con plena conciencia y atención, un segundo de tiempo y de vida rescatado e inmortalizado en una imagen única, exclusiva, que de inmediato pasa a formar parte de mi memoria y enseguida comparto con las personas que quiero porque la belleza se captura para compartirla ¿qué sentido tendría guardármela solo para mí?. La fotografía me ha enseñado y me enseña a contemplar y admirar como actos que deben ser experimentados y apreciados desde su misma y única esencia…

La jubilación también me dejó tiempo para escribir. Y lo que es peor, afianzó en mí la necesidad de hacerlo… Prueba de ello es este blog. Me convertí en ‘la pensadora gaditana’ para escribir desde este espacio reclamando una ‘habitación propia’. Esa que toda mujer debe tener para sí como reconocimiento de un espacio íntimo desde dónde reclamar sus deseos, experiencias, aspiraciones y logros… Ese reclamo a la libertad y a la independencia del que se abanderó Virginia Woolf, que tengo el privilegio de poseer y disfrutar… El blog me ha permitido opinar hasta dónde he querido o me ha parecido oportuno, al amparo de la libertad de expresión que la Constitución reconoce a todos. Siempre desde el respeto y confiando aportar un granito de arena que pueda saciar la curiosidad de quienes me leen.

En fin, todo pasa y todo llega…Cosas de la vida…Ganancias y pérdidas…«Cada uno de nosotros sigue perdiendo algo muy preciado. Oportunidades importantes, posibilidades, sentimientos que no podrán recuperarse jamás. Esto es parte de lo que significa estar vivo». (Haruki Murakami)

Escritura femenina vs seudónimos masculinos…

«La historia occidental es principalmente de autoridad masculina, por lo que las mujeres empezaron a usar nombres ambiguos o directamente masculinos».
Imagen Internet

Durante los siglos XVIII y XIX cristalizó en las familias de la recién nacida  burguesía  el papel de la mujer en sus funciones de madre y esposa. De puertas adentro las mujeres ordenaban la casa, dirigían el hogar, gestionaban el espacio doméstico…Todo cuanto sucedía en este ámbito quedaba bajo su competencia… Por tanto cualquier actividad fuera de este marco no estaba bien vista y, mucho menos, reconocida o aceptada. No obstante a partir de siglo XVIII algunas mujeres se dedicaron a la escritura, actividad (afición primero, profesión después) que desarrollaron a escondidas. Y las pocas que llegaron a publicar lo hicieron bajo seudónimo masculino…

No obstante contamos con algunos precedentes de mujeres escritoras en el medievo (sin mencionar a las ‘trobairitz’ o trovadoras de las que hablaré en otra entrada). La máxima representante podría ser Christine de Pizan, cuya obra, La ciudad de las damas, constituye todo un referente del feminismo precoz. Junto a ella encontramos otras escritoras, algunas españolas como Leonor López de Córdoba o Isabel de Villena,  quienes firmaron sus obras con nombre propio. Una cuestión que merece cierta reflexión por cuanto se ha transmitido la noción de la Edad Media como una etapa de oscuridad y retroceso que no ha podido eclipsar, sin embargo, la figura de algunas mujeres. Porque ellas, brujas, monjas, alcahuetas prostitutas, poetas, musicas y trovadoras estuvieron presentes y protagonizaron su propia historia…

Christine de Pizan

Por otro lado, es conocida la intención de cronistas, literatos y, sobre todo moralistas y religiosos, de pretender borrar de un plumazo la vida y logros de aquellas damas que dejaron huella, muchas de ellas condenadas al olvido y a la invisibilidad. Afortunadamente el tópico que afirma que ‘todos son iguales’ no es cierto. Gracias a que algunos hombres no fueron iguales a la mayoría y se atrevieron a romper el molde, algunos de los textos, documentos y obras que se conservaron, llegados a nosotros, contienen marcas femeninas que insinúan el rastro a seguir de su paso por el devenir de los tiempos.

Pero volviendo al siglo XVIII, el Siglo de las Luces, de la Ilustración, cuando algunas mujeres que deseaban ser escritoras se atrevían a serlo, publicaban con seudónimos o incluso anónimamente. La conocida escritora inglesa Jane Austen, en la portada de su primera novela, «Orgullo y prejuicio», sólo dice: «Una novela en tres partes escrita por una dama».

Ya durante el XIX se tiró más del seudónimo porque la escritura se profesionalizó y la novela ganó peso y relevancia lo que supuso una pérdida de autoridad para las mujeres en favor en los hombres que ganaron en criterio y prestigio. Tal vez por todas estas razones algunas mujeres acudieron al nombre masculino para conseguir ser leídas y reconocidas sin prejuicios…Austen no publicó ninguna obra firmada en vida. Sus libros siguientes eran acreditados a la «misma autora» de los anteriores.

La novela «Middlemarch: un estudio de la vida de provincia», publicada en 1874 y escrita por el novelista George Eliot, es considerada una de las mejores obras de la literatura inglesa. La escritora Virginia Woolf llegó a llamarlo «uno de los pocos libros ingleses escritos para adultos». George Eliot era Mary Ann Evans, nombre con el que firmó artículos en un periódico, aunque para poder adentrarse en el mundo de la ficción adoptó el alias masculino.

George Eliot

 

Por la misma época George Sand también dejaba su huella en la literatura. Ambos Georges eran mujeres con nombres masculinos. Bajo dicho seudonombre (George Sand) estaba la francesa Amantine Dupin, una de las autoras más prolíficas de su época. Escribió sobre historias de amor y sobre la diferencia de clase, realizando una dura crítica respecto a las normas sociales. Además se atrevió con textos de carácter político y pequeñas piezas que se escenificaron en un teatro privado. Cuestiones que no hubiera abordado con una identidad femenina…

A la España del XIX ( y primer tercio del XX) pertenecen escritoras de peso como Carmen de Burgos  que firmó como Gabriel Luna y el conocidísimo Perico el de los Palotes. Cecilia Böhl de Faber y Ruiz de Larrea más conocida como Fernán Caballero. La poetisa y traductora catalana Margarita Hickey o Francisco Lelio Barriga. Josefa Codina Umbert  de seudónimo Tirso de Tebas o la asturiana Eva Canel que firmaba como Ibo Maza y Fray Jacobo, entre otras…La mayoria periodistas, poetas y activistas en favor de los derechos de las mujeres…

Fernán Caballero

Las pocas damas (queda claro que la inmensa mayoría poseyó un status social elevado, el resto, apenas como mucho, sabría mal escribir) que se arriesgaron a publicar con sus nombres recibieron críticas feroces. Fueron muy osadas porque se atrevieron a usurpar un papel que no les estaba reconocido ni asignado. Fueron unas valientes que se extralimitaron, de ahí las críticas y que la mayoría terminase usando seudónimo para no exponerse públicamente. Porque por desgracia y, aunque no quepa en nuestras cabezas, quien se animaba a publicar con nombre femenino ponía en peligro la propia vida… (Aunque esto me recuerda a las periodistas rusas encarceladas por escribir la verdad…)

Esta práctica del seudónimo continuó hasta ya entrado el siglo XX, quizá porque firmar en masculino aportaba una cierta sensación de libertad, la misma de la que socialmente gozaban los varones a diferencia de las féminas. Escribir bajo el engaño del género abría la posibilidad de hablar sin tapujos disfrutando, a la par, de la tolerancia y permisividad que, en general, se mostraba hacia ellos pero se restringía y recortaba a ellas, sujetas a unas expectativas y un control social mucho más rígido. Así, por ejemplo, las cuestiones o matices sexuales nunca se consideraban propias de una mujer pero sí de un hombre…

A principios del siglo XX, la franco-británica Violet Paget publicó bajo el seudónimo de Vernon Lee. Hay quien considera que lo hizo, entre otras razones, para evitar comentarios sobre su homosexualidad. Y ya en 1990, la escritora británica JK Rowling escondió su primer nombre, Joanne, por sugerencia de la editorial que publicó sus historias sobre Harry Potter, para que los libros fueran leídos por los niños. Al contrario de lo que sucedió cuando salió a la luz que George Eliot era una mujer en 1860, tras la revelación de que detrás del autor de los famosos libros de Harry Potter se escondía una mujer y no un hombre, se garantizó el éxito más allá de lo imaginable…

Primera edición autobiografiada

“En 2015, la escritora estadounidense Catherine Nichols hizo el experimento de enviar un manuscrito suyo a agentes literarios bajo un seudónimo masculino y se sorprendió con el número de respuestas positivas que obtuvo: 17 de 50. Cuando envió el mismo material usando su nombre, recibió 2 respuestas positivas en 50 intentos…”

El tiempo dirá qué sucede con los autores ganadores del Premio Planeta 2021, hasta ahora conocidos como Carmen Mola…

Historias, mitos y leyendas…

«Por los tenebrosos rincones de mi cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi fantasía, esperando en silencio que el arte los vista de la palabra para poderse presentar decentes en la escena del mundo...»(G.A. Bécquer)
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Si hay algo que hasta hace poco se escapaba a la historia han sido los sentimientos, las emociones…Afortunadamente hace más de una década que algunos historiadores abrieron un nuevo campo de investigación (la Historia de las Emociones) dispuestos a explorar un terreno tan desconocido y virgen como poblado de expectativas, un territorio hoy consagrado que ha destapado el universo de los afectos y ha permitido conocer la arquitectura de los sentimientos y la gramática del amor que, antes como ahora, cuenta con sus propios códigos y un lenguaje especifico que, concretado en numerosas expresiones, conforman la semántica de las relaciones sociales y personales, dedicando especial atención al espacio que configura el amor y el deseo…

No obstante, el peso de una moral empeñada en condenar la sexualidad considerada un acto reprobable, sucio y dañino, permitido solo de cara a la reproducción, consiguió que muchas relaciones sanas y verdaderas se volvieran prohibidas y por ello, ocultas, vividas en la clandestinidad y en los márgenes sociales, entre lo permitido y lo prohibido, que han sido recogidas en la historia no oficial o narradas en las leyendas…

El lingüista Michael Witzel aseguró que las leyendas se originaron en la Víspera africana hace más de 100,000 años. El término, que procede del latín legerelegenda, significa leer o cosa para leer. Las leyendas más primitivas intentaban explicar lo inexplicable, como fenómenos de la naturaleza, mitos o cuentos orales que fueron transmitidos de padres a hijos, del chamán a la tribu, de generación en generación, a fin de preservar la historia, tal y como ha venido sucediendo durante milenios aunque la mayoría de las teorías no han podido ser corroboradas por la ciencia.

Quiénes pertenezcan a mi ‘quinta’ (más o menos) puede que recuerden aquellas noches familiares en torno a una mesa, mientras los mayores contaban historias de seres imaginarios o populares, algunos reales, (héroes o famosos locales) a quienes se les achacaban grandes hazañas y gestas que nos dejaban boquiabiertos…Noches de verano sentados en el escalón de la puerta de la calle (cosa muy típica en Andalucía) con primos y amigos, dispuestos a contar lo que habían oido a sus padres a quienes, a su vez, le habían contado los suyos…Relatos de miedo, de fantasmas, de ogros y tambièn de amor, de amores llenos de obstáculos que pocas veces triufaban. Historias truncadas por aquello de romper las ‘normas…’

Y al hilo de todo lo anterior, me viene a la cabeza la idea de que tal vez, solo tal vez, estos relatos nacieron como recurso deslizado en la narración de una historia verdadera. Relatos permeados entre la realidad y la ficción que ayudaron a descubrír y comprender el mundo de las emociones y de las cosas del querer… Las leyendas cuentan, narran hechos que fueron o pudieron ser, transmitidos y recordados a través de los tiempos, sobreviviendo a las costumbres, la religión o la moral al no estar validados por la historia oficial.  Las leyendas han permitido dar rienda suelta a los amores más disparatados, aquellos que se saltaban las reglas del juego sin que nadie se escandalizara por ello precisamente porque sembraba dudas sobre su veracidad. Historias que dejaban en evidencia la rigidez de una sociedad hipócrita y de doble moral que se debate en la dicotomía que enfrenta el ser y el parecer…

Casi todas las culturas y civilizaciones cuentan con historias que han transitado a leyendas, hechos históricos pasados por el tamiz de la imaginación popular que añade detalles y fantasias, que al dia de hoy no se han podido comprobar: Troilo y Crísida; Marco Antonio y Claopatra; Tristán e Isolda; Romeo y Julieta, los Amantes de Teruel o Itimad, la esclava trianera que llegó a ser reina…

Todas estas historias reflejan una época, un contexto, unos personajes a lo que se ha incorporado la fantasía de cada relator…Algo así sucedió con la historia-leyenda de Itimad de la que existen dos versiones: Una recogida en El Conde Lucanor, de don Juan Manuel que sentencia el personaje femenino a quien tilda de caprichosa y desagradecida y la versión popular que se guarda en Sevilla, más benevolente al considerar que se trataba de una mujer poeta, feminista, artista… Un espíritu meláncolico y libre de ataduras sociales.

Cuenta la historia que Al-Mutamid reinó en la taifa de Sevilla entre los años 1069 a 1090. Al-Mutamid era un rey culto que escribía versos y se rodeó de una corte de ilutrados y sabios que hicieron de Sevilla un centro de cultura y de reconocido esplendor por lo que fue una de las ciudades más importantes de aquel momento.

Gustaba al rey pasear por la ribera del Guadalquivir con su amigo Ben Amar, consejero y también poeta. Caminaban y charlaban al atardecer, disfrutando del paseo y la amigable compañía. Y así una tarde cualquiera recorriendo las cercanías del Puente de las Barcas que unía la ciudad con Triana, cuando se detuvieron para comentar sobre la belleza de la luz, el paraje y la tarde en general, Ben Amar comentó sobre la belleza del lugar y Al-Mutamid completó su frase con un verso: «La brisa convierte al río/en una cota de malla.» al tiempo que pidió a su amigo que siguiera la estrofa… Pero Ben Amar no era buen improvisador… Callado rebuscaba en su interior las palabras que rimaran… Mucho se entretenía y prolonlaga aquel mudo silencio hasta que, de repente, una voz femenina sonó tras ellos completando el verso: «Mejor cota no se halla/como la congele el frío…» Ambos se giraron y contemplaron atónitos que la voz era de una machacha descalza de la que Al-Mutamid quedó prendado…

Siguiendo las órdenes del rey Ben Amar la siguió y realizó las consiguientes pesquisas hasta que supo quien era, descubriendo que la joven se llamaba Itimad, aunque era conocida con el sobrenombre de Romaiquía pues era la esclava de un hacedor de tejas de Triana llamado Romaiq, con quien Aben Amar quiso hacer un trato… Pero, conocido por el hacedor el flechazo del rey se la entregó como regalo, advirtiéndole de que se trataba de una muchacha soñadora y perezosa para el trabajo…

Una vez en palacio se enamoraron al instante pues ambos compartían la pasión por la poesía y las artes… El rey no la quiso como una más de harén y la convirtió en su única esposa a pesar de que podía tener varias…Cuenta la leyenda que la esclava granadina echaba en falta las cumbres blancas de Sierra Nevada por lo que el rey, siempre dispuesto a complacerla, ordenó plantar mil almendros en el Alcazar para que su esposa los admirara como si de un manto de nieve de tratara… Otras versiones cuentan que la reina echaba de menos el olor al barro con qué fabricaba ladrillos cuando era esclava y que su esposo cubrio el jardín de barro perfumado con especias y aromas del que disfrutó jugando con sus doncellas…Y todo siguió como un cuento de hadas hasta que a la llegada de los almorávides, el emir Yusuf, desterró a Al-Mutamid y su esposa a un lugar cercano a las inmediaciones de Marrakech…

Cuenta la memoria popular que mientras los reyes navegaban por el Guadalquivir, los sevillanos los despidieron con lágrimas en los ojos…Ambos vivieron el amor hasta el final de sus días…Eso sí, en la mas severa pobreza…

Actualmente un azulejo situado en el Barrio de Santa Cruz recuerda a esta esclava trianera que llegó a ser reina porque enamoró al rey con su poesía…

Y colorín, colorado…

La vida también es sueño…

Y podrás conocerte recordando del pasado soñar los turbios lienzos, en este día triste en que caminas con los ojos abiertos… De toda la memoria, sólo vale el don preclaro de evocar los sueños…(Antonio Machado)
Fotografía: mp_dc

No. La entrada no va sobre el Auto Sacramental de don Pedro Calderón de la Barca o el monólogo de Segismundo sobre el que ya escribí en otra ocasión… Esta vez se trata del sueño como acto de fantasear despierto o como hecho cotidiano de dormir, más que un hábito una necesidad fisiológica propia de nuestra naturaleza. Por muy raro que nos parezca, estas acciones han sufrido modificaciones con el devenir de los tiempos…

No obstante la palabra ‘sueño’ no sólo hace referencia a la necesidad de ‘reposo’ intrínseca a los seres sintientes animales o humanos sino que también significa «deseo, ideal, aspiración, anhelo, fantasía, utopía, quimera, imagen, visión…» Escritores y poetas han dedicado poemas a los sueños: Machado, Neruda, Becquer, Borges… Los sueños, en calidad de adjetivo, dieron lugar al universo de lo ‘onírico’, es decir, de todo lo relativo al sueño como fantasía, como parte del mundo de lo irreal, de lo imaginado o ‘soñado’. De ahí que la expresión ‘onírico’ en el contexto literario, se observe para demostrar que los sueños de los diferentes personajes reflejan en realidad a los propios autores.

El académico francés Roger Caillois consideraba que pasamos la mitad de nuestra vida soñándonos, imaginando ficciones libres de censura en las que que no sentimos temores y sí deseos…Demasiado tiempo como para que algo no llegue a colarse por cualquier fisura en nuestra vida real… Idea que se desliza en una selección de cuentos breves, Poder del sueño, obra que «el gran sociólogo del imaginario humano» legó para la posteridad… Así que sí. A veces ‘fantaseamos’ durante la vigilia lo que más deseamos y por eso durante las horas de reposo los sueños se prolongan y se proyectan, a veces, de tal manera que parecen absolutamente reales…

Freud, padre del psicoanálisis, habló del pensamiento onírico, similar a los que tiene el ser humano cuando se encuentra consciente «con la diferencia que los pensamientos oníricos son aquellos que se encuentran en el inconsciente. Por lo tanto, los sueños son pensamientos aleatorios del subconsciente humano.»

Finalmente el budista Leizi, habló de la existencia de tres reinos: el de Gumang no se distingue el día de la noche, quienes lo habitan duermen y solo despiertan cada cincuenta días por lo que confunden lo verdadero con lo que sueñan, mientras creen que es falso lo que ven despiertos…El reino del Medio donde existe el equilibrio entre lo oscuro y lo luminoso, la moral y la ley. Aquí lo que se hace durante el día se considera real; y engañoso lo que se ve durante el sueño. Fuluo es el tercer reino y en él el resplandor del sol y la luna brillan constantemente. Según Leizi, «el temperamento de sus habitantes es duro y cruel. Los fuertes oprimen a los débiles; en él se honra a los vencedores sin preocuparse de la justicia. No hacen más que moverse, sin descansar nunca, no hacen más que velar y no duermen jamás». ¿Les resulta familiar? A mi sí…

Pero volviendo al sueño como reposo, según se puede comprobar y en calidad de hábito se ha ido modificando al igual que la alimentación, el vestido, la vida social, las fuentes de energía…Por eso resulta es tan interesante revisar el pasado, conocerlo, para comprender por qué hoy vivimos como vivimos y no de otra manera.

Diversas culturas han influido en el concepto actual sobre el ‘descanso’. Los romanos nos legaron ‘la hora sexta’. Ni más ni menos que la hora central del día, la más calurosa. Hemos de recordar que los romanos dividieron el día en doce horas cuyo comienzo dependía de la luz y de la época del año. De ahí que no se distribuyeran igual en invierno que en verano… La hora sexta, la siesta, era la elegida para parar las actividades y hacer un descanso. Posteriormente, allá por el siglo V d. C. San Benito de Nursia, fundador de los benedictinos, implantó en sus famosas Reglas ‘guardar reposo y silencio durante ‘la hora sexta’. Norma que se extendió hacia el resto de los mortales, hoy convertida en  nuestra siesta tradicional, esa que algunos no perdonan…

En la actualidad, con el ritmo vertiginoso de vida que todos, más o menos llevamos, parece que ‘dormir del tirón’ sea la regla de oro del buen dormir.  No obstante no siempre ha sido así. Nuestros antepasados del medioevo dormían de otra manera. De hecho, lo normal era dormir en dos fases, despertando en mitad de la noche algo que se consideró natural hasta el siglo XIX que marcó en inicio de un cambio en los hábitos del sueño…

Entre los romanos y nosotros media un gran espacio de tiempo durante el cual se impusieron los hábitos del medioevo en lo que al sueño de refiere. No obstante, hemos de entender algunas claves de esta época para comprender por qué entonces el sueño se efectuaba en dos tiempos. Me explico: el profesor Roger Ekirch realizó un estudio sobre el sueño y concluyó que presenta dos etapas. Una primera de cuatro o cinco horas tras las cuáles despertaríamos de manera natural y podríamos realizar diversas tareas durante dos o tres horas además de ingerir alimentos.  A continuación volveríamos a dormir la segunda fase hasta completar el ciclo total del sueño… Este fue el resultado de un ensayo efectuado sin condicionamientos externos que obligasen a dormir durante un periodo concreto de tiempo.

El estudio de Ekirch sobre el sueño en la Edad Media también  señalaba la costumbre de dormir en camas separadas en las que se dormía en un lapso de doce horas separadas por dos o tres vigilias aprovechadas para leer, rezar, escribir o charlar (buena costumbre). Otros, en cambio, dormían solo tres o cuatro horas de noche y una larga siesta de día… Estos hábitos no solo fueron habituales en Europa sino también en Asia y Australia.

Está claro que nosotros no podríamos dormir de esa manera aunque la ciencia médica haya demostrado su eficacia y se haya alineado con esta teoría. La revolución industrial, la invención de la luz artificial y la creación de turnos de trabajo diurnos y nocturnos en las grandes fábricas consolidó una forma de vida regida por los horarios laborales y no al revés, como había sido hasta entonces…

Sobre los sueños-ficciones-aspiraciones-metas circulan opiniones para todos los gustos…Mercutio, personaje de la obra de William Shakespeare «Romeo y Julieta», habla de los sueños como nada más que fantasías «hijas de un cerebro ocioso…» No estoy de acuerdo…Algunos sueños, algunas veces -pocas- se hacen realidad aunque sea a duras penas y, en mi opinión, en oposición a Mercutio, es decir: a consecuencia de tener un cerebro absolutamente inquieto…

Historia de una ‘perla’: La Peregrina…

La Perla Peregrina es una perla de tamaño y forma inusual, considerada una de las gemas más valiosas y legendarias de la historia de Europa…
Fotografía: mp_dc

Esta ‘pensadora’ se ha declarado en diversas ocasiones una mujer de preámbulos, de prólogos, de previos, de víspera y de rituales… Tal vez por eso y, por aquello de intentar ser coherente, también me reconozco persona de conclusiones, de epílogos, de  compendios, de colofón final…Habitual a las listas, a los posit y a los recordatorios, también suelo escribir, de puño y letra, toda una declaración de intenciones antes de comenzar el nuevo año…Una costumbre que se ha vuelto tradición por aquello de que ‘lo escrito, escrito está’ según afirmaron los sabios griegos y que ‘las palabras se las lleva el viento…’ Así que concluida la reflexión y valorados mis logros, pocos aunque firmes, conseguidos a lo largo del 2021, me dispongo a continuar con el reto de escribir en este blog aunque solo sea para unos pocos bien avenidos…

Quisiera estrenar el año con una entrada diferente, afirmando que por fin gozamos de un panorama menos tóxico, que nuestros políticos continúan mostrándose ambiciosos sí, pero virando hacia la integridad y que aquello que se dijo al principio de la pandemia que se convirtió en una máxima muy repetida «la crisis nos hará mejor a todos», comienza a mostrar sus primeros frutos. Pero no. Comenzamos justo donde lo dejamos. Nada ha cambiado, todo sigue igual…Y aunque la actualidad viene cargadita de sucesos hoy me voy a detener en uno por lo anecdótico: la ‘perla peregrina’ que cayó desde el cuello de doña Letizia…Hasta ese momento la perla tiene una larga historia que intentaré resumir…

La anécdota aconteció en el marco de la celebración de la tradicional Pascua Militar presidida por los Reyes, con ambos ataviados para la ocasión. La Reina vestía de largo con chaquetón de piel que adornaba con la que parece ser una de sus joyas favoritas: la peregrina. Joya que cayó al suelo tras un leve movimiento y que de inmediato don Felipe se apresuró a recoger del suelo para después depositar en su mano… La escena ha sido muy repetida en todas las noticias de la TV y ha despertado la curiosidad acerca de la historia que precede a la conocida perla….Y es que ‘la peregrina’ cuenta con una larga tradición entre las mujeres de la realeza desde que Felipe II la regalara a su esposa y pasara así a formar parte de la Corona. De su historia habla largo y tendido la novela de Carmen Posadas’ publicada por Espasa en 2020: La leyenda de la Peregrina.

Hay quienes creen que cuando sus egos se unen a determinadas personas permanecen ligadas a ellas para siempre, incluso más allá de la muerte. El vínculo que se crea trasciende más allá de lo físico y por eso las almas se cosen con un hilo inquebrantable que puede sufrir alguna fisura tras tensionarse al extremo, porque nadie es perfecto aunque, en ningún caso llegará romperse en dos…Y es que la argamasa del amor compartido a lo largo del tiempo lo repara aunque deje una marca o cicatriz que siempre lo recuerde…

Así de unidos viajaban los egos en la bodega del galeón que atravesaba el Atlántico. Todos hacinados, sudorosos y hambrientos a la espera de un destino común que pasaba por la venta pública en el mercado cual bestias de carga, y de ahí a trabajar de por vida bajo las órdenes de sus nuevos amos… Para los jóvenes el final de su trayecto fue el conocido Archipiélago de las Perlas en lado oeste del istmo de Panamá… En aquellas aguas se sumergían a diario grupos de jóvenes esclavos con el cometido de encontrar las codiciadas perlas para satisfacer la codicia de sus amor y obtener así una ración de comida extra…

Y fue allí comenzó la historia de esta joya el día que un joven esclavo africano se sumergió y la extrajo de aquellas aguas panameñas en el año del Señor de 1515…El hallazgo de semejante pieza cambió el curso de su vida pues le valió la libertad.

Y ahí comenzó el viaje de La Peregrina, una perla considerada única en el mundo por su forma de lágrima, su brillo y su color nacarado. Y de ahí su nombre pues el término, además de ‘penitente, viajero, romero o caminante’ también significa ‘singular, exótico, extraordinario e insólito…’ Calificativos que definen las características de dicha joya. El amo del esclavo la vendió a un señor principal y años más tarde la compró Diego de Tébez, aguacil de Panamá, quien ofreció la pieza a Felipe II que tras ordenar fuera prendida de un broche junto con el famoso diamante “El Estanque”, (una piedra preciosa con forma de cuadrado y azul cerado) la entregó como presente a su esposa María Tudor.

Otras versiones de la historia consideran que la perla es más antigua y que pudo ser entregada a los españoles en señal de vasallaje por el cacique de la Isla de las Perlas (Panamá) en el año de 1515 y después comprada por un comerciante español al que a su vez se la compró un gobernador con la intención de regalársela a su esposa. Después de dieciséis años la vendió a Isabel I de Portugal, esposa de Carlos I llegando como herencia a su hijo Felipe II.

Sea como fuere, la perla ha sido lucida por las sucesivas reinas que ocuparon el trono español convirtiéndose en un preciado objeto de deseo de la realeza de la época. Entre quienes la exhibieron se cuentan Margarita de Austria-Estiria, retratada por Velázquez adornada con la joya, Isabel de Borbón, María Luisa de Parma… Según cuentan algunos La Peregrina formó parte de la Corona española hasta 1808, fecha en la que se produjo la invasión napoleónica y el reinado de José Bonaparte que se apropió de la joya y se la envió a su esposa Julia Clary a París. Años después cuando perdió el trono español y el matrimonio se separó, la perla viajó a EE.UU como regalo para su amante hasta que regresó nuevamente a Europa y la dejó a su heredero Napoleón III…Fue este último quien debió venderla hacia 1848 al marqués de Abercorn, cuya esposa la lució en París durante un baile de las Tullerías. Pasado el tiempo, en 1969, La Peregrina” salió a subasta por la firma Parke Bernet de Nueva York, subasta a la que asistió don Alfonso de Borbón Dampierre, que pujó por ella para regalársela a su abuela Victoria Eugenia. Pero finalmente el lote fue adquirido por valor de 37.000 dólares por el actor Richard Burton, quien se lo regaló a la también actriz Liz Taylor, de la que por entonces estaba enamorado…

El viaje de La Peregrina tocaba su fin en diciembre de 2011, fecha en la que se vendió de nuevo como parte de la subasta de joyas que Christie’s organizó tras la muerte de Liz Taylor y en la que un comprador desconocido pujó 11,8 millones de dólares por ella hasta conseguirla. Si fue devuelta la perla a la Corona Española por una mano mágica aquel mismo año no se sabe…Pero de no ser así cabe la posibilidad de que la perla que lució doña Letizia no sea sino un réplica… También existen versiones a este respecto…

Sea como fuere en esa larga trayectoria se observa un vacío que intento llenar acudiendo a Pilar Eyre, Periodista y escritora especializada en la Monarquía Española. En su opinión «doña María de Borbón le entregó ‘La Peregrina’ en 1977 a la actual reina emérita, coincidiendo con la abdicación de su marido don Juan de Borbón. Ambas procedían en el palacio de la Zarzuela a «la sobria ceremonia» de recepción de las ‘joyas de pasar’, cuando la madre de don Juan Carlos le entregó una bolsita de terciopelo». De ser así, la peregrina que cayó del cuello de la actual Reina sería la auténtica perla encontrada por aquel esclavo que se sumergió hace 500 años en las aguas del archipiélago panameño… El mismo que unió su ego a otro ego en una historia que seguro duró ‘mucho’ y para ‘siempre…’

Con el corazón helado…

“La Expectativa de felicidad es más intensa que la propia felicidad, pero el dolor de una derrota consumada supera siempre la intensidad prevista en sus peores cálculos.” (El corazón helado. Almudena Grandes)
Fotografía: mp_dc
Pau Casals: El cant dels ocells 

La semana pasada resultó aciaga y triste. Nada más comenzar el lunes, supe de la muerte de una compañera muy querida tras resultar derrotada en la batalla que, desde hacía más de un año, había estado librando contra el cáncer. Maestra, mentora y después colega con la que colaboré durante dos décadas y con quien tuve la suerte de compartir numerosos eventos y sucesivos encuentros en su despacho de la Facultad. Fue precisamente en este espacio donde, con el tiempo y al calor de los intercambios académicos, se fraguó una relación a nivel personal en la que compartimos retazos de vida que, enseguida, dieron paso a los afectos, en plural, como a ella le gustaba llamarlos…Académica y reconocida historiadora con una larga trayectoria investigadora, dotada de una gran calidad humana a quien echaré de menos…

Y así han pasado los días: haciendo memoria, recordando… Porque una muerte lleva a otra y a otra y a la de todos nuestros muertos… Así, con esa tormenta instalada sobre mi cabeza por momentos descargando lluvia, rayos o truenos…Días de frio que me desencajaron el alma, me removieron las entrañas y me helaron el corazón…

Gracias por tanto amiga mía. Descansa en paz…

Y con esta sensación, un poco tocada en el plano personal, por si no era bastante no quedó ahí la cosa. Y el domingo, apenas unas horas después de publicar la última entrada, cuyo primer párrafo hace referencia al penúltimo artículo de Almudena Grandes, recibí la trágica noticia de su muerte. Me supo mal haberla mencionado desconociendo tal consideración, sin rememorar su trayectoria literaria, ni afirmar que ha sido, es y será una de mis escritoras favoritas, ni comentar las sinergias que me acercaban a ella como mujer republicana, feminista y roja…Y, aunque suelo leer su columna quincenal  ‘Escalera interior’ en El País, se me había pasado por alto aquel en el que desvelaba su enfermedad…Supongo que a mí, como a otros tantos lectores que ignorábamos su enfermedad y, sobre todo, el estadio avanzado en el que se encontraba, el suceso primero nos dejó sin palabras, estupefactos, aturdidos e  impresionados y, luego, nos unió en un sentimiento común de tristeza y de pérdida…

Madrileña de pura cepa, la escritora se prendó de Cádiz desde que llegó por primera vez (a ella le gustaba contar la anécdota de cuando fue a comprar pescado a un mercado…). No podía ser de otra manera. Cádiz ha sido tierra de insumisos e insurrectos cuya historia cuenta en su haber con un amplio historial de pronunciamientos militares, insurrecciones campesinas y levantamientos varios contra la monarquía absolutista. Y para rematar fue aquí, en la capital, dónde se reunieron (1812) los intelectuales de la época para redactar la primera Constitución Española -«La Pepa»- que convirtió a la ciudad en la ‘cuna de la libertad’.

Por eso la escritora se sentía como ‘en su casa’ y se quedó aquí para ser una más. Y por eso Cádiz la acogió con este estilo tan singular, tan nuestro y lo hizo para siempre e incondicionalmente… Porque son muchos los madrileños que vienen a esta tierra. Aves de paso, temporeros de verano que llegan con la piel blanca y se van morenos sí, pero sin pena ni gloria, sin echar el ancla, ni quedarse varados como hizo ella en la ciudad de Rota, la misma que estos días lloró su pérdida al compás de Javier Ruibal que le cantó a capella Toito Cai entre vinos y croquetas, al más puro estilo de la Grandes…

Un conocido y sabio refrán popular dice: ‘donde fueres haz lo que vieres’ y eso hizo la autora. Como Julio César en la Galia ella ‘llegó, vio y venció’. Aprendió los vientos, los sintió, los vivió y experimentó sus efectos en propias carnes…El levante y el poniente presiden, condicionan y dirigen nuestras vidas. El primero nos envuelve en un halo de locura pasajera, nos altera el ánimo, nos fatiga, nos vuelve perezosos y lentos…El segundo, reparador a todas luces, nos arranca del letargo con un chute de energía que nos torna diligentes y rápidos a la par que nos devuelve ese sentido del humor que, en general, nos caracteriza… Y aquí, en este rincón del Sur, al socaire de sus vientos y al ritmo de sus mares y mareas, Almudena Grandes encontró la inspiración para su conocida y exitosa  novela,  Los aires difíciles. Todos sabemos de sus ideales como anticlerical confesa así como también que profesaba un credo humanista que proclamaba la justicia, la libertad y la igualdad… Tal vez por estas adhesiones, estos mismos aires –esta vez aún más difíciles- tal vez, pienso, hayan impulsado su alma allá donde quiera que haya ido. Y en el tránsito seguro que hizo parada en algún lugar divertido, de buen beber y mejor yantar, donde aguardará hasta que vayan llegando (cuando a cada uno/a le toque) su compañero de vida y el resto de integrantes del afamado ‘Club de Rota’, para decidir juntos dónde ir y celebrar todos y para siempre una tertulia sin fin en la que no falten buenos caldos y exquisitas viandas…

Gracias por tu magnífico legado…

Y tiro nuevamente del refranero esta vez para citar ese otro que dice: ‘ni son todos los que están, ni están todos los que son’, lo que menciono por aquello de las ‘ausencia oficiales’ en su sepelio y entierro. A lo que añado de mi cosecha: ni falta que hizo…

A la escritora la despidieron los suyos, los que la querían y admiraban. Desde su círculo más íntimo y familiar, a los amigos, conocidos y, finalmente, los lectores anónimos que asistieron portando banderas republicanas, del Athletic Club de Futbol, rosas y diferentes ejemplares de su nutrida obra. Vitorearon su nombre y alzaron en alto sus libros tal y como ocurrió en Portugal tras la muerte de Saramago…Estuvieron los suyos…

A quienes no estuvieron, mejor dicho, a quienes no quisieron estar, simplemente decirles (de mi propia cosecha) que probablemente no se les echó de menos, aunque la falta de representación oficial por parte del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid denota desconsideración, falta de empatía, mala educación y poco respeto. Si lo pienso bien, una actitud frecuente aunque incoherente viniendo de quienes suelen ser los primeros en entonar el mea culpa o defender la vida…Los mismos que cumplen con el precepto dominical, asisten a misa por el Dictador o lucen medallas o medallitas en la Catedral de la Almudena…La ‘derechita’ -más cobarde que nunca- se ha aliado con la ‘derechona valiente’ y envalentonada, a la que Ayuso parece haber entregado ‘copia de las lleves’ de la ciudad de Madrid. Un gesto de confianza a cambio de apoyar los presupuestos y con ello asegurar su mandato.

Y de aquellos polvos estos lodos…Desde ahora en adelante las derechas negarán cualquier propuesta de la izquierda, sea cual fuere, incluso la de otorgar a la escritora los reconocimientos que merece que, sin embargo, sí les han sido reconocidos en esta, su segunda casa…

Sit tibi terra levis...Que la tierra te sea leve…

Una biblioteca viajera: final de trayecto…

«El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración. El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje». José Saramago
‘Instantes’ Fotografía: mp_dc

Los días pasan aunque quizá no con la lentitud deseada. Poco a poco la rutina se deshace, se desmonta como cada año porque enseguida llegará ‘la tropa’, la familia y todo cambiará durante unas semanas. Confieso que no solo no me importa sino que lo disfruto y lo estoy deseando. En breve y conforme vayan llegando, tomarán posesión de la casa, ocuparán los espacios ordenados y compartidos a diario con mi queridísima Cara, mi galga, mi compañera inseparable. Ella también verá alterada su propia rutina porque entre los visitantes también cuenta Bimba, la golden de mi hija. Entre todos llenarán el silencio de voces, de risas y de algún que otro ladrido… La espera ha transcurrido esta vez más lenta y pesada a causa de la pandemia aunque, no obstante y pasados los primeros días, la estancia acontecerá a velocidad de vértigo ante el lamento de todos, incapaces de detener el reloj o ralentizar el tiempo para que las horas duren más… La batalla contra el tiempo está perdida. En fin, no sé cuánta disponibilidad tendré para escribir y por eso, a pesar de dar por cerrado el monográfico dedicado a los viajes, me decido a reseñar en esta entrada algunos libros de viaje para quienes gusten de este género. Salgan de viaje o no, viajar es posible a través de la lectura. El poder de las palabras es tan inmenso como poco valorado. Con ellas destruimos y creamos, odiamos y amamos…Las palabras pueden transportarnos a lugares remotos, mostrarnos las costumbres, la gastronomía, narrar las historias, dibujar los paisajes, pormenorizar los colores y hasta especificar los aromas y fragancias propios de cada rincón… De manera que si este año, por razones coyunturales obvias no salimos de nuestra ciudad, cualquiera de estos libros (entre otros muchos) pueden constituir una buena opción para conocer cualquier punto de la geografía universal o anticipar un viaje aplazado para mejor ocasión.

1.- Cartas desde Estambul, de Lady Mary Wortley Montagu. Una noble británica viaja con su esposo a Estambul en 1716. Allí, ante la Sublime Puerta, en una ceremonia acorde a tal evento, el marido acepta el cargo de Embajador. Como suele ocurrir, sobre todo en aquel tiempo, la esposa cumple la tarea de acompañar a las recepciones, socializar y asumir las encomiendas que se estimen necesarias en su rol de esposa. No obstante Lady Mary tuvo tiempo de iniciar una asidua correspondencia con sus familiares y amigos informando de las costumbres orientales en la corte otomana, de los harenes, de la vida en general. Lady Mary fue considerada la primera extranjera que penetró en esta corte y en este tiempo en que se inició la gestación de lo que hoy se conoce como ‘orientalismo’. Por cierto, sobre la construcción del paradigma que los occidentales identificamos como ‘orientalismo y sobre la formación y desarrollo de los tópicos del Islam, el ensayo histórico de Edward W. Said, Orientalismo, resulta sumamente esclarecedor.

2.- De sultán en sultán, de May F. Sheldon. Si sueñan con África este libro puede ser una buena opción. May F. Sheldon, una millonaria estadounidense, organizó una expedición al Kilimanjaro, al Congo Belga y, después, por el resto del mundo. Miles de kilómetros recorridos sin escatimar un dólar como turista y exploradora, la autora narra su larga y famosa expedición por África allá por el año 1891.

3.- El tiempo de las mujeres, de Ángeles Espinosa. Y si de la mano de Lady Mary conocíamos oriente, Ángeles Espinosa nos habla de sus mujeres. Narrado a través de diversas crónicas, entrevistas y artículos, haciendo gala de su oficio de corresponsal y reportera, la autora describe la situación de las mujeres en Oriente y plantea las conquistas pendientes y los objetivos por cumplir. Este es un libro para leer a priori, antes del viaje. De ser así nos capacita para una mejor comprensión de la situación y el rol que representan las mujeres actualmente en el Próximo Oriente.

4.- La India en que viví, de Alexandra David-Néel. (Este podría ser para mí) La novedad de este libro reside en la autora, la primera mujer que visitó Lhasa, la capital del Tibet, en 1924. Allí prolongó su estancia durante largos períodos antes de la independencia de la India. Su obra es fruto de sus reflexiones, del contacto con el país, con su gente y las transformaciones interiores que esta experiencia le proporcionó. En 1911 se convirtió al budismo y al año siguiente peregrinó hasta los lugares sagrados  del budismo en Nepal. Alexandra escribió después una treintena de libros entre los relatos de viajes y la espiritualidad.

5.- Viajeras de leyenda, de Pilar Tejera. Pilar Tejera es historiadora y ha estado vinculada a la comunicación y al periodismo de viajes durante dos décadas. En 2008 y con el sello editorial de Ediciones Casiopea (editorial que dirige), crea el que será su proyecto estrella: la web ‘mujeres viajeras’ (www.mujeresviajeras.com) que merece la pena visitar. Durante más de 15 años ha investigado y biografiado a las mujeres viajeras en época victoriana y en este volumen dedicado al siglo XIX, rastrea la vida de algunas damas que viajaron por el mundo al tiempo que relata sus increíbles aventuras.

6.- Oasis prohibidosde Ella Maillart. Se la conocía como ‘la vagabunda de los mares’ porque se enrolaba en tripulaciones y organizaba viajes en yate por el Mediterráneo con una tripulación exclusivamente femenina. En este libro nos cuenta el viaje que realizó en caravana desde Pekín al interior de China, viaje que realizó con Peter Fleming, corresponsal del Times. Desde allí se dirigieron a Cachemira atravesando las cumbres de Karakórum en un tiempo en que el país vivía bajo el asedio de la guerra civil.

7.- La señora Dalloway, de Virginia Woolf. “Junio en Londres es mi momento favorito del año…” Esta novela de la célebre escritora nos impedirá movernos de  nuestro lugar de lectura. Sin pestañear, con esa inquietud que nos impulsa a seguir leyendo sin parar la autora nos conducirá por la ciudad para mostrarnos el Londres de 1925. De su mano conoceremos el espíritu anglosajón de entreguerras, sus inquietudes, sus valores, sus preocupaciones…Una ciudad que nada tiene que ver con la actual.

8.Japón inexploradode Isabela Bird. Escritora, naturalista, fotógrafa y exploradora Isabela dio tres veces la vuelta al mundo. Fue la primera mujer aceptada en la Royal Geographical Society la primera que exploró las zonas más recónditas de Japón a finales del siglo XIX. Este libro contiene un bellísimo relato de viaje que nos muestra a Japón como un país lleno de encantos y a la par desconocido para los occidentales. La escritura de Isabella Bird revela su espíritu extraordinario a la altura de una mujer de su talla.

9.-La ruta de Alejandro, de Freya Stark.  Historiadora, filósofa, deportista, exploradora y artista…Con más de 30 libros en su haber, Freya Stark viajó por destinos como la Unión Soviética, Asia Central, China, Cachemira, entre ellos, este libro refleja su interés por la historia pues describe la ruta de Alejandro Magno, una crónica que describe su viaje iniciado en Alepo a través de Turquía. El libro resulta útil e interesante por la cantidad de datos que contiene al tiempo que resulta sumamente ameno y divertido a consecuencia del sentido del humor de la autora.

10.-Viaje de Egeria, de Carlos Pascual. El relato de viajes más antiguo del que se tiene noticia en España fue escrito por una mujer… (Vid. ‘Ellas también viajaron solas: el ‘Itinerarium’ de Egeria…‘).

Mis mejores deseos para el verano, que lo disfruten en buena compañía.