Peregrinos, caminantes y exploradores…

El término ‘peregrino’ se refiere en su significado más clásico a la visita a un santuario o algún lugar considerado sagrado. En su acepción más general es todo aquel que anda por tierras extrañas. En sentido estricto, para el español de religión católica, es quien se dirige a la catedral de Santiago de Compostela a visitar la tumba del apóstol
Fotografía: mp_dc

Durante la Edad Media fueron constantes las idas y venidas de personas desde unos sitios a otros, un trasiego que alcanzó su cenit tras el descubrimiento de tumbas y reliquias cuyos hallazgos consiguieron transfigurar algunos lugares, desde entonces, consagrados al culto, transformados en focos de peregrinación y objetivo de las múltiples Cruzadas (expediciones militares a Jerusalén para rescatar los Santos Lugares del poder de los turcos). Así nacieron en Europa y en Jerusalén los principales destinos para la cristiandad, muchos de los cuales se mantienen vigentes aunque, a diferencia de aquellos peregrinos, los actuales ‘hacen el camino’ movidos no sólo por razones religiosas sino culturales o simplemente de ocio.

El mapa de Europa tras la caída de Roma se dibujaba empobrecido y ruralizado. Atrás quedaron las numerosas ciudades fundadas en tiempos del Imperio, organizadas con sus cardos y decumanus, sus foros, termas, coliseos, anfiteatros…La entrada masiva de aquellos pueblos sin romanizar conocidos como ‘bárbaros’, arrasaron la grandeza que durante años Roma había atesorado a través de sus conquistas: de oriente a occidente los romanos crearon uno de los más grandes imperios de la Antigüedad Clásica. Y para facilitar los desplazamientos por tan vastos territorios, los romanos construyeron una red de calzadas y caminos que conectaban entre sí las diversas regiones del Imperio. Casi 400 vías, es decir, aproximadamente unos 70.000 kilómetros de caminos trazados (la mayoría por razones militares o administrativas) para comunicar los puntos más recónditos con la metrópolis principal que ostentó la capitalidad: Roma.  No obstante el dicho ‘todos los caminos conducen a Roma’ no es baladí pues “la organización investigadora de temas de movilidad urbana Moovel Lab al mapear rutas terrestres de toda Europa comprobó que convergen en la actual capital italiana”. En fin, en sus días de gloria, desde Gran Bretaña a Turquía las 113 provincias del Imperio estuvieron interconectadas… Con el tiempo la expresión se popularizó y adoptó un significado simbólico o metafórico utilizado para indicar la diversidad de opciones que podemos explorar para llegar a donde queremos, si es que queremos…

En este período se forja e instala en el imaginario colectivo la imagen del homo viator. Viajar en esta época constituyó una realidad cotidiana que pocas veces se propulsaba desde el ocio y casi siempre de la mano del trabajo, la economía o la guerra, hasta que la religiosidad popular promovida desde determinados sectores eclesiásticos, publicitaron el poder sobrenatural de las reliquias, los milagros, las apariciones y otros tantos fenómenos religiosos, que convirtieron determinados lugares en focos de atracción para caminantes y peregrinos llegados desde puntos lejanos de la toda la geografía conocida…

Etimológicamente la palabra peregrino se deriva del adverbio latino peregri o peregre que significa “en el extranjero”. De ahí que primitivamente se refiera a ‘andar por tierras extrañas o extranjeras’. En opinión de Ortega y Gasset, su primer fonema (per-) procede del indoeuropeo cuyo significado original sería algo así como “caminar por el mundo cuando no había caminos” y, por ello, todo viaje resultaba más o menos desconocido y peligroso. Posteriormente, en época cristiana, el término pereginatio adquirió un matiz religioso para referir ‘el viaje a los Santos Lugares’ (así fue también también para los musulmanes que van a La Meca), de manera que en castellano el ‘peregrino’, en su acepción clásica, es sobre todo aquel se dirige a la Catedral de Santiago para visitar o rezar ante la tumba del Apóstol (también llamado ‘conchero’ por la costumbre de llevar una concha de vieira como seña). No obstante en España, aunque con menos arraigo, también se peregrinaba al Monasterio de Santo Toribio de Liébana, en Cantabria, donde se conserva un trocito de la Cruz –Lignun Crucis. A quienes recorren este camino se les llamaba ‘crucenos o cruceros’. Existieron, además, otras rutas de peregrinación como las realizadas por los ‘romeros’ que recorrían las vías romeas para dirigirse a Roma o los ‘palmeros que iban a Jerusalén, así llamados porque si regresaban traían una ‘palma’. Ir de peregrinación o romería son expresiones nacidas durante la Edad Media que se mantienen vigentes aunque actualizaron su significado para adecuarse a los nuevos tiempos… Finalmente solo decir que, antes como ahora, todos los ‘caminantes’ transitaban dos caminos: el ‘real’ y el ‘simbólico’ o interior, que representa el encuentro personal consigo mismo. El ‘camino de Santiago’ constituye, hoy por hoy, una ruta de encuentro que reúne a caminantes nacionales y foráneos. Un camino pleno de Historia y de historias. Una ruta de intercambios culturales que se ha mantenido ininterrumpidamente vigente desde sus nacimiento.

En este momento sería interesante recordar que la sociedad medieval desarrolló una cultura extremadamente sacralizada pues era misión del estamento eclesiástico dedicarse al rezo y a preservar el saber y la cultura, no en vano la locución latina orat et labora –reza y trabaja- fue la máxima que presidió la vida monástica de cientos de varones apartados de la vida en el siglo,  precisamente para poder dedicarse en exclusiva a rezar, conservar obras de arte y manuscritos y copiar códices. La novela de Umberto Eco ‘El nombre de la rosa’, después llevada al cine, recrea con bastante acierto la vida monástica, asesinato aparte… Y, por cierto, me refiero a los conventos masculinos conscientemente, porque las monjas se dedicaban a rezar, por supuesto, pero no realizaban las misma actividades que los frailes sino aquellas relacionadas con las funciones socialmente asignadas por su género, las mismas de las que aún quedan residuos en los actuales conventos en los que permanecen dedicadas a la vida contemplativa además de hacer dulces, embutidos y manualidades varias…

Por otro lado la peregrinación también constituyó una pena que los tribunales eclesiásticos imponían a quienes cometían adulterio (la tasa de adulterio era muy elevada pues el matrimonio como institución no se regularizó hasta el Concilio de Trento en el s. XVI). Los reos eran expuestos públicamente y condenados a vestir con determinados colores y signos distintivos, como las sayas blancas en las mujeres. Símbolos conocidos, socialmente identificados que pretendían adoctrinar mediante la pedagogía del miedo al castigo y el temor a la condena eterna. Muy conocida fue también la túnica impuesta por la Inquisición, popularmente llamada ‘sambenito’, de color morado con cinto amarillo. La práctica inquisitorial obligaba a pasear con ella pretendiendo el descrédito del supuestamente culpable. Esta costumbre dio lugar a otro célebre dicho: “colgar el sambenito” a alguien, o sea, marcarlo, etiquetarlo, encasillarlo, desprestigiarlo…

En definitiva las peregrinaciones formaron una parte esencial de la vida espiritual y cultural de la Europa medieval que dieron lugar a numerosas rutas, en torno a las cuales crecieron innumerables instalaciones equipadas para atender las necesidades físicas y espirituales de los caminantes. Las posadas y mesones ofrecían habitaciones escasas de muebles y poco higiénicas que, en ocasiones, albergaron a más de una persona en la misma estancia. Amuebladas con gran austeridad apenas contenían una yacija o cama de madera o un jergón de hojas de maíz, donde los huéspedes dormían cubiertos con el tabardo (prenda de abrigo ancho y largo) o una manta. Las distancias recorridas cada día podían ser de hasta 25 km, las más de las veces a pie, a través de dos tipos de vías: las de ‘herradura’  -por las que sólo podían circular mulas, bueyes, caballos y personas- y las carreteras -que unían las ciudades principales- destinadas a la circulación de los carros. Unas y otras eran muy inseguras y expuestas a múltiples peligros, desde el robo y la violación hasta el asesinato, del que muy posiblemente, el criminal solía salir impune. No obstante nada pudo impedir el flujo de personas, ni los escasos medios de transportes existentes -a pie, a caballo o en carro y marítimo- ni los exiguos recursos: viajar por aquel entonces requería, sobre todo, tiempo. Mercaderes, emigrantes, militares, mensajeros, juglares, recaudadores de hacienda, nobles, religiosos, artistas, prostitutas, mendigos e incluso una novia que marchaba a vivir con su futuro esposo, fueron susceptibles de viajar al menos una vez en la vida…

Junto a los peregrinos otro tipo de viajeros fueron los misioneros, conquistadores, exploradores y, finalmente, los aventureros, auténticos viajeros a la búsqueda de lugares ignotos. En general durante esta época perduró la concepción cristiana de la vida como un viaje “por el valle de las sombras” en el que todos somos peregrinos. Sin apego a sus lugares, los estudiantes universitarios eran jóvenes errantes que usando el latín como lengua vehicular vagaban entre Salamanca, París, Bolonia, Oxford… Los trovadores y juglares deambulaban de palacio en palacio ofreciendo su talento…  Los caballeros andantes y los “justadores” competían en los famosos torneos evidenciando su valor. Otros simplemente emprendieron largos viajes de los que no siempre regresaban…Quienes lo consiguieron construyeron maravillosos relatos. Narraciones extraordinarias que hablaban de lugares exóticos, extrañas costumbres, animales raros considerados monstruos de la naturaleza, como las ballenas o las jirafas…Objetos, telas, bebidas, plantas, paisajes de ensueño que poco a poco fueron dando cuerpo y engendrando un nuevo género literario como fueron los relatos de aventuras… Dos siglos más tarde, después de cientos de viajes alrededor del orbe, asistiremos al nacimiento de la literatura de viaje…

Viajar en la antigua Roma: entre los negocios y el placer…

La vida en la antigua Roma no era tan idílica como la muestran en el cine…La vida para un romano de a pie, entre los sesenta millones de habitantes del Imperio, era corta, con libertades limitadas y una gran incertidumbre económica…Por aquel entonces, como ahora, viajar solo estuvo al alcance de unos pocos…
‘Ituci’ colonia romana…Fotografía mp_dc

Huele a verano. A estas alturas del año y, en esta ocasión con más ganas que nunca, los bares y restaurantes de las ciudades despliegan sus terrazas, muchas renovadas y nuevas, dispuestas a ofrecer un servicio seguro que atraiga a todos, particularmente a los más temerosos al contagio. Al pasear por las calles y plazas cientos de aromas nos envuelven. Son los efluvios culinarios que nos incitan a cerrar los ojos para deleitarnos en ellos. Aquí, en mi tierra, la esencia aromática por excelencia podría ser la del ‘pescaito frito’ y ahora, en verano, las sardinas o las caballas asadas y los caracoles…También las playas se preparan  tendiendo cientos de caminos de madera sobre la arena caliente, senderos que se adentran para facilitar el acceso a lugareños y foráneos llegados desde diferentes puntos de nuestras geografía, de Europa e incluso de otros continentes. Somos viajeros por naturaleza tal y como lo demuestra la historia. Viajamos por múltiples razones pero hemos aprendido a separar los negocios del placer o eso se deduce de nuestro sabio refranero: ‘antes la obligación y después la devoción’, ‘primero lo necesario y luego lo voluntario…’

Desde los comienzos de la historia la humanidad solos, en manadas o en grupos organizados, hombres, mujeres y niños se veían obligados a desplazarse desde unos lugares a otros. Primero para poder cubrir sus necesidades. Puesto que nuestros ancestros vivían al amparo de una economía de ‘consumo’ y depredadora, cuando se agotaban los recursos debían trasladarse para subsistir. Luego, cuando desarrollaron la agricultura y la ganadería y se hicieron sedentarios, las salidas de población se produjeron a fin de impulsar la colonización. Posteriormente movidos por el afán de conquista, la ampliación de fronteras, la búsqueda de recursos y a consecuencia del nacimiento del comercio, vieron la luz los grandes viajes de exploración. Todos estos traslados nada tuvieron que ver con el ocio del que se habla por primera vez en tiempos de la Antigua Roma.

Los romanos viajaron mucho y por muy diversos motivos: familiares, profesionales, religiosos, intelectuales, económicos…Pero la gran novedad es que comenzaron a desarrollar ese otro tipo de viaje que en la actualidad se realiza al paraguas del fenómeno conocido como ‘turismo’, palabra que etimológicamente procede del verbo tornare, ‘volver o hacer girar’  señalando a las idas y venidas que implican trasladarse.  Y de nuevo acude a mi memoria el recuerdo del anuncio de la televisión que señalé en el post anterior: ‘la vida da muchas vueltas, las vueltas dan mucha vida’. La verdad es que los publicistas tuvieron mucho acierto con el eslogan, aunque el anuncio no se mantuvo mucho tiempo en pantalla…

Entonces como ahora, viajar por placer no estaba al alcance de cualquiera. Para empezar el medio de transporte más frecuente entre los romanos para este tipo de periplos era la ‘litera’ portada por esclavos, mano de obra de la que solo disponían los más acaudalados. También usaban la ‘basterna’, parecida a la anterior aunque tirada por mulas. Sólo los nobles podían poseer esclavos y mulas. Viajar era, por tanto, una prerrogativa de los patricios y de los altos militares que prestaban sus servicios al ejército por lo que poseyeron gran prestigio y contaron con la simpatía del pueblo al colaborar en la grandeza del Imperio. Todos ellos supieron distinguir perfectamente entre el negotium y  el otium, términos similares a los que hoy usamos para distinguir al ‘viajante’  (el que viaja por trabajo) del ‘viajero’ (el que viaja por placer).El negotium y otium fueron actividades practicadas por orden riguroso pues es sabido que los romanos fueron pragmáticos y más retóricos que filosóficos a diferencia de sus vecinos griegos. Así pues, una vez concluido el trabajo, se entregaban al descanso sin reservas y lo hacían generalmente instalándose en la villa marítima de uno de los municipios más o menos cercanos, a elegir a lo largo y ancho de la geografía imperial. Un ejemplo muy cercano a mí es la ciudad de San Fernando, villa romana donde descansaban altos mandos militares que servían en Gades, posteriormente convertida en lugar donde se retiraban, una vez jubilados, los generales del ejército romano.

No obstante la grandeza de Roma no hubiera sido tal si al afán de conquista no se hubieran unido las ganas de conocer mundo. Tal vez sea por eso que durante los siglos II y III d.C. tuvieron mucho éxito los relatos exóticos, citados por boca de autores conocidos, entre los que destacan Las aventuras de Leucipa y ClitofonteLas efesíacas, Las etiópicas, narraciones que contaban las aventuras y desventuras de jóvenes enamorados y por las periégesis, género literario practicado por los griegos que narraban descriptivamente países y monumentos de manera semejante a nuestras actuales ‘guías de viajes’. Las periegésis informaban sobre los ritos y costumbres de los diferentes lugares describiendo los grandes complejos religiosos, sus fiestas y tradiciones. Plinio el Viejo, Séneca y otros, hacen mención de grandes obras que versaron sobre  Egipto y Grecia en las que se citan el Nilo o el Tigris que, hoy por hoy, constituyen una valiosa fuente de información.

Los destinos más frecuentados por los romanos fueron Grecia y Egipto. Por proximidad realizaron numerosas ‘escapadas’ a Grecia para visitar ciudades como Corinto, Epidauro, Esparta, Delfos u Olimpia sede de los famosos festivales y juegos olímpicos, un destino de gran éxito durante las fechas de su celebración. Los viajes a Egipto fascinaron a los romanos, sobre todo fueron foco de atracción las pirámides de Gizet o las Tumbas de famosos Faraones. Los innumerables grafitos que cientos de excursionistas dejaron -que contienen datos interesantes: nombres, fechas, poemas, opiniones…- se asemejan a nuestra costumbre de grabar nombre, corazones o frases en libros de visitas, en las puertas de los baños públicos o en las paredes de algunos monumentos visitados, aunque no gozan de aprobación unánime, gusten o no, representan una fuente de la que obtener datos para la reconstrucción de la historia. En fin, los romanos supieron combinar trabajo y placer e invirtieron una parte de su tiempo en hacer turismo, eso sí, una vez concluidas sus obligaciones o misiones bélicas y sin necesidad de cruzar el Mediterráneo pues, el área de la Campania, en Italia, donde estaba situada la ciudad de Pompeya, Herculano o Estabia, localidades cercanas a Roma, bendecidas con buen clima y playas atractivas, fueron sede de un núcleo turístico privilegiado donde, parafraseando a Cicerón, “pasar el tiempo plácidamente entre romances, canciones, banquetes y paseos en bote”.

Muchos consideran una novedad apartarse del mundanal ruido, que diría Fray Luis de León, para dedicar un tiempo a la ‘vida contemplativa’, es decir, a la meditación, el mindfulness o espritualidades varias aunque, a decir verdad, Plinio el Joven (s. I d. C.) ya las mencionaba en sus escritos explicando a qué ‘dedicaba el tiempo libre’ durante sus vacaciones estivales, citando que lo empleaba en meditar, leer, recibir masajes, bañarse, escuchar recitaciones y música, pescar o montar a caballo, ocupaciones que podía realizar solo o en compañía. Muchas ciudades, entre ellas las anteriormente mencionadas, poseyeron complejos residenciales conformados por lujosas villas de recreo que predisponían a sus ocupantes para la realización de tareas de ocio y descanso, en ocasiones compartidas entre vecinos, particularmente cuando se trataba de festejar determinados eventos con copiosos banquetes o ágapes comparables nuestras conocidas barbacoas, auténticas bacanales en las que corría el vino y la comida en abundancia, costumbre de la que tanto gustaban los romanos mientras socializaban y se entretenían ‘charlando largo y tendido’, frase que proviene de la posición mantenida durante el almuerzo o la cena, es decir, tendidos sobre sus triclinium

La arqueología ha permitido rescatar e interpretar la vida de las culturas y civilizaciones que nos precedieron. Gracias a la tarea de arqueólogos e historiadores se han podido reconstruir e incluso recrear estos ambientes de representación social, de ocio y disfrute intelectual donde los patricios romanos pasaron parte de su tiempo viviendo a ‘cuerpo de rey’ incluso en tiempos de ‘la república…’ En fin, salta a la vista que en la antigüedad clásica se encuentran las claves y los orígenes de muchas de nuestras costumbres y tradiciones, por eso constituyen una fuente permanente de inspiración y por eso también, necesitamos mirar al pasado si queremos comprender el presente…

Del ‘homo viator’ y el ‘Grand Tour’

 El Homo viator es un tópico literario que muestra la existencia humana como un camino que el hombre debe recorrer. A través de este simbolismo, el camino representa la vida y El hombre es el sujeto que recorre dicho camino, cosa que hará desde la perspectiva existencial elegida.
Verona, Italia. Fotografía: mp_dc

Aunque no hayamos superado la pandemia y, a pesar de las nuevas cepas de las que cada día tenemos noticias, es justo reconocer las ganas contenidas de viajar que muchos tenemos. El proceso de vacunación parece acelerar las expectativas de cara al verano aunque ya son muchos los que se atreven a coger carretera y manta, dispuestos a pasar unas breves vacaciones en lugares apartados de sus casas. Donde sea: dentro de la Comunidad, del país, en Europa e incluso en otros continentes. Sea como fuere da la impresión de que el turismo renace y cobra vida, aunque no tan rápido como quisiéramos…

Desde la antigüedad circula el tópico literario procedente de la literatura pagana y cristiana del homo viator, el hombre viajero, una metáfora de la vida contemplada como un peligroso y accidentado viaje de aprendizaje continuo que culmina en la madurez, en el autoconocimiento o en la sabiduría. Una idea que extrapolada al cristianismo tenía como fin el perdón, la Gloria e incluso en la nada, según defendió Shakespeare…  ‘La Odisea’ de Homero también relata un viaje iniciático y, al igual que otras propuestas literarias, sus  protagonistas recorren un camino previamente determinado por Dios o por un demiurgo, como en el caso de la Divina Commedia de Dante Alighieri, o de El señor de los anillos de Tolkien. Otra opción es la expresada en el verso de Antonio Machado que popularizó Serrat cantando aquello que decía ‘se hace camino al andar’. O también el homo viator puede caminar en libertad de conciencia y desde su propia experiencia, tal y como sucede en Peregrino, el relato de Luis Cernuda.

El símil del ‘hombre que camina’ o ‘el hombre viajero’ se rescata en la Edad Media para referir la inquietud nacida en aquel entonces, por recorrer los caminos que conducían a los Santos Lugares. La sociedad medieval, la mayoría  iletrada e inculta, se aferraba a la religión, a la brujería, a la superstición y a la superchería en general. De ahí que el fenómeno de los milagros, las apariciones y la conservación de reliquias en iglesias y monasterios, produjera un trasiego de peregrinos que iban y venían hasta determinados lugares, convertidos en centros de atracción, junto a los cuales se inició un proceso de transformación que trajo consigo la aparición de numerosos  mesones, posadas, hospitales y albergues que ofrecían refugio y atención a los caminantes (Vid. ‘Camino de Santiago’) En general se puede afirmar que durante la Edad Media el fenómeno de los viajes fue una constante a tenor de los numerosos desplazamientos de los que se tienen noticias. El contacto y los vínculos creados en los nuevos lugares facilitaron el desarrollo de un proceso de apertura a nuevas culturas, a nuevas realidades y nuevas posibilidades que fueron forjando el espíritu que posteriormente cristalizó junto a los ideales del renacimiento. En este contexto vieron la luz los primeros ‘libros de viajes’ entre los que destaca el de Pero Tafur, un viajero español que escribió las Andanças e viajes durante el siglo xv, obra que narra los viajes de un caballero sevillano por el Mediterráneo y Oriente entre los años 1436 y 1439. La obra refleja el encuentro con otros pueblos y gentes, “la percepción del mundo y la naturaleza y las relaciones sociales, políticas y culturales que mantiene con los diversos reinos y territorios por los cuales se desplaza”. Los libros de viajes alcanzarán su época de esplendor durante los siglos XVIII y XIX.

El desarrollo de las ciudades y el comercio así como el nacimiento de la burguesía, revitalizaron la inquietud viajera durante el renacimiento. El homo viator de este tiempo no sólo se desplaza hasta los Santos Lugares, movidos por inquietudes religiosas. No. El espíritu renacentista creó nuevos centros de interés dejando de lado el universo religioso, al paraguas del cual se había vivido hasta ahora, para centrarse en un microcosmos caracterizado por el antropocentrismo: el hombre como medida de todas las cosas. Por eso los viajes durante esta etapa tuvieron una finalidad comercial y cultural.

La burguesía, que no poseyó títulos pero sí dinero, se movía por Europa y por el mundo conocido buscando los productos más novedosos y exóticos con los que comerciar, al tiempo que los artistas lo hacían por ‘amor al arte’, nunca mejor dicho, sin una moneda ni un mendrugo de pan, viajaban al calor de la solidaridad o de sus mecenas para memorizar parajes naturales  y paletas de color antes nunca vista que después proyectarían en sus propias obras.

No hace mucho, antes de la pandemia, un anuncio publicitaba viajes bajo un lema pegadizo y sabio que decía algo así: ‘la vida da muchas vueltas, las vueltas dan mucha vida’. He dicho sabio porque siempre he pensado que viajar enriquece, abre la mente, nos vuelve más abiertos y nos aporta nuevas perspectivas de vida. En la actualidad algunas agencias de viajes promueven tours monotemáticos que giran en torno a un centro de interés cultural, científico, gastronómico o enológico…Afortunadamente todo es cultura y no solo el arte, la literatura o la historia que también…Puede que de esta idea nacieran los ‘viajes de estudio’ de los que como docente ‘doy fe’ a la par que afirmo que han ido perdiendo gran parte del sustantivo ‘estudio’ –al menos en secundaria y bachillerato-. Cuando yo estudiaba los viajes incluían la mayor parte del tiempo visitas a museos, iglesias, monasterios…En ellos repasábamos lo que se ‘suponía’ debíamos saber…Y sí, también había tiempo para la diversión y el ocio, aunque fuera a costa de pasar la noche en blanco…Todos somos ‘viajeros’ por naturaleza, compartimos el viaje común de la vida. Cómo lo hagamos sólo depende de cada uno de nosotros, de la perspectiva en la que nos situemos y de las expectativas que contemplemos…

No obstante y entendiendo que el viaje vital es de aprendizaje en su significado más amplio, la historia y la literatura nos informan de otro tipo de viajes que han influido en la concepción del homo viator, tanto en cuanto ayudaron a conformar ese espíritu e influyeron en el posicionamiento en una perspectiva determinada. Me explico. Algunos pensarán que los actuales proyectos de intercambio universitario como el Erasmus son un invento reciente. Pues no. Ya en el siglo XVIII existió el denominado Grand Tour, un itinerario educativo por Europa cuya duración oscilaba entre los seis meses y algunos años. Con anterioridad el término apareció por primera vez en la obra  de Richard Lassels, Voyage d’Italie, escrita en 1670. En ella se habla del viaje de un grupo de jóvenes aristócratas británicos entre los siglos XVI y XVIII. Seguramente aquellos jóvenes habían cursado estudios en universidades inglesas, las misma que en aquel momento no gozaban de buena reputación frente a lo cual, este viaje ofrecía la oportunidad de consolidar el aprendizaje de lenguas extranjeras, idea que convirtió al Grand Tour en un elemento clave para la formación de los jóvenes de clase media y alta que completaban esta etapa educativa antes de llegar a la edad adulta y, por supuesto, al matrimonio. No cabe duda que el viaje proporcionaba recursos y herramientas de gran utilidad para la vida…La literatura se encargó de difundir las bondades del Grand Tour y, aunque su origen lo sitúa en el ámbito educativo, acabó por identificarse con lo que hoy conocemos como ‘turismo’ a secas. Francia, Italia, Suiza, Alemania o Austria fueron los principales países europeos en torno a los cuales se determinaron los diferentes itinerarios que contemplaban las ciudades y regiones más emblemáticas.

Viajar constituye una fuente de bienestar para todos, de ahí que los científicos lo consideren bueno para la salud: reduce los niveles de estrés y proporciona bienestar emocional; estimula el cerebro; reduce los riesgos de infarto; representa una fuente de futuros recuerdos y refuerza la autoestima…Finalmente existe una única y poderosa razón: viajar nos hace felices…  Que así sea…

Bazán-Galdós: Amores secretos, amores prohibidos…

Pérez Galdós y Pardo Bazán vivieron una pasión sin tabúes, “alimentada en encuentros clandestinos por España y Europa”… Se cuenta que Un guarda recogió en el paseo de la Castellana una prenda íntima, olvidada un mes de marzo de 1889. Se desconoce su color, uso y talla, aunque se sabe que su propietaria era Emilia Pardo Bazán Y su destinatario Benito Pérez Galdós… Cada cual que imagine…. 
Imagen Internet

En general las relaciones humanas transitan y mutan a lo largo de su recorrido. Las experiencias personales y las colectivas moldean a sus integrantes en todos los terrenos: familia, trabajo, amigos, amistades… Amistad, amor, pasión y respeto fueron las paradas, los puntos de encuentros que definirían el mapa emocional compartido entre el gran narrador Benito Pérez Galdós y la ilustre escritora Emilia Pardo Bazán fallecida hace cien años.

Precisamente este 2021, año del centenario de su muerte, algunas bibliotecas han iniciado diversas actividades en torno a la escritora: exposiciones, conferencias, debates…No obstante aunque la faceta literaria es sin duda la más conocida y digna de reseñar, en su identidad confluyeron otros aspectos que por pertenecer al ámbito de la intimidad resultan menos conocidos, pues en la autora concurrieron otras sensibilidades y un alma apasionada que la llevaron a entregarse a amores prohibidos. Aunque sólo de uno conservó los secretos de alcoba, el mismo que la llevó a pronunciar palabras ‘en diminutivo con nombres de pastel’, como decía la canción de Mecano. Toda esta historia oficiosamente conocida, recientemente ha salido a la luz en una obra que reúne casi cien cartas enviadas por la escritora a su amante, desvelando al mundo sin tapujos la relación amorosa mantenida con Benito Pérez Galdós durante más de treinta años…

La historiadora Isabel Burdiel ha dado un fuerte impulso en España a la biografía histórica o estudio de los cursos de vida y, después de biogafiar a la reina Isabel II, ha reconstruido la de Pardo Bazán, a quien describe como una mujer “sin igual entre las grandes escritoras del momento. Intelectual respetada, polémica y vituperada, excelente empresaria de sí misma, notable periodista, crítica e historiadora de la literatura -entre otras muchas facetas-“. La insigne escritora fue pionera feminista y adelantada a su tiempo. Vivió acorde a sus convicciones, anteponiendo su vocación y entrega a la literatura. Defendió la instrucción y los derechos de las mujeres tanto a través de sus escritos como en la vida pública. Llegó a obtener la primera cátedra de Literatura en la Universidad Central de Madrid, la primera presidenta de la sección de Literatura Ateneo y la primera corresponsal de prensa en el extranjero, en Roma y en París. No obstante se le resistió uno de los sillones de la Real Academia en tres ocasiones…Sobre su personalidad se pueden decir muchas cosas: fue “atrevida y mordaz en sus juicios, amante de las polémicas y al tiempo celosa de su intimidad; apasionada pero también radicalmente antisentimental… Nacionalista española consciente y al tiempo cosmopolita en cuyo centro imaginativo, emocional e intelectual estuvo siempre Galicia…Humanista y elitista. Moderna y antimoderna…” (Isabel Burdiel, Entrevista ABC)

Emilia contrajo matrimonio antes de cumplir los 17 con José Fernando Quiroga Pérez de Deza cuando todavía este era estudiante de Derecho en la Universidad de Santiago. Ambas familias pertenecían a la ilustre hidalguía gallega siendo conocidos abogados que frecuentaban los círculos conservadores de los Tribunales de A Coruña, ciudad donde vivieron muchos años. La pareja residió primero en Galicia y, posteriormente, en Madrid. Fruto de esta unión fueron tres hijos: dos mujeres y un varón.

Entre 1879 y 1882 se publicaron sus primeras novelas y realizó algunos viajes por Europa acompañada por su familia: París, Roma, Viena, Londres, Bruselas aunque siempre volvía a Meirás donde encontraba la paz y el descanso necesarios para volver a escribir…Por aquel entonces, alternando con sus novelas, comenzó su colaboración con la revista “La Época reseñando una serie de artículos de corte naturalista, (corriente puesta de moda por Émile Zola cuya influencia se percibe en toda su obra) que comprometieron su matrimonio. Las publicaciones, tachadas como manifiesto de la pornografía francesa y la literatura atea, provocaron un enorme revuelo en los círculos literarios de aquella sociedad conservadora, un escándalo que su esposo no estuvo dispuesto a asumir ni ella a retractarse. Poco después, con la discreción que les había caracterizado, en 1884 se separaron de mutuo acuerdo. Él compró y reconstruyó el Castillo del islote de Santa Cruz de Oleiros en A Coruña, donde estableció su residencia. Ella continuó en Madrid, aunque se mantuvo conectada con su Galicia natal. La escritora comenzaba así una nueva etapa y una nueva vida, en gran medida, articulada en torno al también escritor Benito Pérez Galdós.

La relación con Galdós posiblemente comenzara poco después de su separación y, a decir de algunos, parece que fue él quien puso más carne en el asador pues quiso formalizar la relación, contraer matrimonio y por ello perdonó sus numerosas infidelidades, entre otras, las que tuvo con Lázaro Galdiano y Narcís Oller, infidelidades que ella misma confesó. Pero Emilia quería ser y estar libre. No era amiga de ataduras ni convencionalismos aunque lo amó profunda y apasionadamente durante más de tres décadas: “Lo merezco todo. Y, sin embargo, te quiero, te quiero, te quiero”, le escribió en una de sus cartas. Los amantes pasaron años viéndose a escondidas, tal vez con la complicidad de amigos y conocidos. También viajaron a diferentes capitales europeas, viajes que les permitía vivir su relación libres, lejos de la fuerte exposición y miradas estrechas de la rancia sociedad española.

Entre 1898 y 1919 transcurrieron los mejores años para ambos, tanto a nivel personal como literario. Los dos genios se amaron profundamente: “mundo necio, que prohíbe estas cosas; a Moisés que las prohíbe también; a la realidad, que nos encadena; a la vida que huye; a los angelitos del cielo, que se creen los únicos felices… Felices, nosotros. ¡Ay!”. (Emilia Pardo Bazán, 1889).

Hace apenas un año, la editorial Turner publicó Miquiño mío, Cartas a Galdós, un epistolario que describe la relacion, dando testimonio de las emociones y deseos compartidos junto a la escritura, oficio común y espacio de encuentro en la distancia. Cuando los amantes no podían verse la escritura les acercaba, mantenía encendido el fuego de la pasión y el deseo ardiente del uno por el otro…Cientos de cartas constituyen un fiel testimonio de los deseos, los sueños, las ganas, la espera…Miles de palabras sobre el papel expresando la intimidad más íntima a la espera ansiosa de un nuevo encuentro, en el que la escritura cedía el paso a la oralidad que acompañaba a las caricias y a la consumación de los apetitos y anhelos. Las cartas de Pardo Bazán muestran a una mujer que se deshace ante las señales de su amante y amado: «Miquiño, mi bien: me están volviendo tarumba tus cartitas. Creo que jamás escribiste con tanta sencillez, con una gracia más bonita y más tierna. No sé las veces que he leído esta última epístola, ni el bien que me hizo, ni cuánto se me humedecieron los ojos… Un beso del fondo del alma»(1989).

Poco tiempo después, la ‘gallega’, perdida por sus huesos, no tiene reparos en subir el tono y hacer su apuesta: «Pánfilo de mi corazón: rabio también por echarte encima la vista y los brazos y el cuerpote todo. Te aplastaré. Después hablaremos dulcemente de literatura y de la Academia y de tonterías. ¡Pero antes morderé tu carrillito!» Y añade maternalmente: «No fumes mucho, no». Puede que las expresiones parezcan contenida aunque los mensajes subliminares hablan con una claridad meridiana. Ella no se arrepiente de nada, lo desea más allá y por encima de lo que piense la sociedad o imponga la doble moral tan propia de aquel tiempo. Ella es feliz y quiere seguir sintiéndose así tal y como recuerda después de cada encuentro: «Imposible parece que […] quede todavía una comezón tan grande de charlar más y un deseo tal de verte otra vez en cualquier misterioso asilo, apretaditos el uno contra el otro, embozados en tu capa o en la mía los dos a la vez, o tumbados en el impuro lecho, que nuestra amistad tiernísima hace puro en tantas ocasiones. Sí, yo me acuesto contigo y me acostaré siempre, y si es para algo execrable, bien, muy bien, sabe a gloria, y si no, también muy bien, siempre será una feli­cidad inmensa, que contigo y solo contigo se puede saborear, porque tienes la gracia del mundo y me gustas más que ningún libro. Yo sí que debía renunciar a la lectura y deletrearte a ti solo. ¿Qué mejor obra, entre las tuyas, que tu espíritu mono, simpático y fresco? Ven luego, ven, que me haces falta. Hay mil corrientes en mi pensamiento que solo contigo desahogo. Ven, Santander ya debe de estar feo, frío, gris y aburriente»

Ambos escritores tuvieron mucho en común. Ambos ‘picotearon’ con todos y todas. A ella se le conocía el affaire con Blasco Ibáñez.  A Galdós se le contabilizaron amores como Concha-Ruth Morell, Lorenza Cobián o Teodosia Gandarias…En común tuvieron el gusto por una sensualidad libertina…Podría decirse que disfrutaron de su sexualidad con una libertad inusual en aquel tiempo y mantuvieron una relación abierta y plena de juegos eróticos: se gustaban, se buscaban, se divertían…Y también se amaron. Ella le llamaba “miquiño mío”, “monín”, “pánfilo de mi corazón”, “roedor”, “camaraíta”, y se identificaba como “tu rata”, “tu peinetita”, “tu buitra” como escribe en otra misiva: «Ven a tomar posesión de estos aposentos escultóricos. Aquí está una buitra esperando por su pájaro bobo, por su mochuelo […] Hay en mí una vida tal afectiva y física, que puedo sin mentir decir que soy tuya toda: toda, me has reconquistado de muchas maneras y más que nada porque nunca me habías perdido; porque te quise ayer y te querré mañana»

El nacimiento en Santander de la única hija (ilegítima) de Galdós, a la que dio sus apellidos, pudo señalar el comienzo del fin. O, tal vez fuera cuando Emilia se negó de una vez por todas a cambiar la tónica de su relación: él quería una formalidad que ella no necesitaba…Nada dejó escrito al respecto. Al parecer poco a poco la relación se tornó profesional, correcta y respetuosa…El amor tan ferozmente erótico fue perdiendo intensidad para descender trasformado en pura admiración intelectual…Aunque nunca se sabe, porque donde hubo fuego siempre pueden quedar rescoldos…Una cosa parece segura: el amor de Bazán siempre fue Galdós y viceversa…

Contrapunto…

Fotografía: mp_dc

Hace algunas semanas que decidí bajar el volumen exterior. Demasiado ruido. Demasiada información. Demasiados expertos que parecen saber de todo aunque no sepan casi nada y se limiten a repetir como loros una y otra vez lo mismo en distintas versiones…La radio y la TV no paran ese constante run run anunciando estadísticas sobre afectados, ingresados y fallecidos. Cifras y cifras, a veces corregidas una y otra vez, que lejos de tranquilizar merman mi ya maltrecho ánimo. Y ahora, después de meses sumergidos en esta saturación de datos e infinitas especulaciones sobre los ensayos clínicos en marcha, comienza el bombardeo esperanzador de las vacunas en un intento flagrante por vendernos humo porque, en realidad, la eficacia de estos medicamentos no está del todo probada. A lo dicho se une un profundo sentimiento personal de desafección, incredulidad y orfandad política sobrevenido a consecuencia de gobernantes con poca altura de miras y una gran desconsideración hacia la ciudadanía, a la que desgastan con una actitud de crispación, confrontación e ineptitud cuyo resultado ha desembocado en una situación de descrédito y desconfianza antes nunca vista…

Así que sí. Bajo el volumen de fuera -o al menos pongo mucha voluntad en ello- a la par que elevo el tono de mis emociones y sentimientos, considerando esta coyuntura un buen momento para escuchar-me, mirar-me y atender-me en un intento por regresar a mis orígenes, a ese estado primigenio de no saber para aprender de nuevo (seguramente lo mismo) pero de otra manera. Algo parecido a lo que llamamos ‘reseteo’ o ‘reinicio’: la pantalla se oscurece, el sistema se paraliza apenas unos segundos, suficientes para reparar los pequeños errores de funcionamiento… Y de repente, como un milagro, todo vuelve a conectarse y todo vuelve a funcionar…Misterios de la informática. Una analogía muy clara como ejemplo aunque lleva mucho más tiempo en la práctica, sobre todo cuando se trata de asuntos relacionados con el complejo mundo de las emociones…

En esto ando. En el reinicio. Serena, tranquila, refugiada en este bastión que representa mi casa donde paso las horas pegada a una mesa repleta de documentos, papeles, libros, lápices y un modesto ordenador, herramientas mediante las cuales me entrego a mis aficiones, aunque ahora, de momento, pase un poco menos por este blogY es que, como cantaba Serrat, siento que las musas ‘han pasao de mi…andarán de vacaciones…’ No seré yo quien las coarte. Si han de volver -cosa que espero y deseo- que así sea pero que lo hagan libremente…Y como escribo menos leo más pero no de lo mismo, esa es la novedad…

El pasado martes 15 de octubre en el Palau de la Música Catalana, de Barcelona, en una ceremonia íntima cuyo formato tuvo que ser adaptado debido a las actuales circunstancias, se entregaron los Premios Planeta 2020. Premios que además del consabido prestigio, conllevan una suculenta dotación de 601.000 euros para la obra ganadora y 150.250 para la finalista capitales que, en esta ocasión, recibieron dos mujeres…A bote pronto esto se convirtió en un bombazo, un notición. Pero no nos quedemos ahí, hagamos una segunda lectura o una tercera si fuera necesario. Y en esas relecturas me cuestioné no ya la publicidad o el mérito del galardón sino el hecho de que las premiadas fueran mujeres. Ese fue el matiz que me hizo reflexionar en la excepcionalidad de la noticia que llegaba de la mano del ‘género’ de las ganadoras…El día que esta ‘excepcionalidad sea normal’ -permítanme el oxímoron- y dicho ‘matiz’ no constituya el corazón de la noticia, ese día habremos avanzado en la igualdad… Aún así creo que todas las mujeres nos congratulamos ante cualquier merecido reconocimiento. Sea mi enhorabuena para Eva García Sáenz de Urturi por ‘Aquitania’ y a Sandra Barneda por ‘Un océano para llegar a ti’.

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La escritora premiada Diplomada en Óptica y Optometría, profesión que ejerció durante diez años, recientemente incorporada al mundo de la literatura, nada más llegar (2012) ‘besó el santo’ con su primera novela La saga de los longevos: La vieja familia que fue un rotundo éxito, el mismo que ha seguido cosechando desde entonces. Muy conocida es la  Trilogía sobre La ciudad blanca, llevada al cine in illo tempore (2019), cuando podíamos disfrutarlo que era hace nada aunque parece mucho y de las que se han vendido más de un millón de ejemplares, por lo que se puede afirmar que Eva García Sáenz de Urturi es, actualmente, la novelista de más éxito en España.

“Aquitania” nos acerca a la figura y personalidad de una mujer singular en su tiempo (primera mitad del s. XII). Noble, miembro de la casa francesa de Poitiers y desde 1137 por derecho propio duquesa de Aquitania y Guyena, condesa de Gascuña y, por matrimonio, primero reina consorte de Francia y después de Inglaterra. Leonor de Aquitania fue una de las mujeres más ricas y poderosas de Europa Occidental durante la Edad Media, adelantada a su época, una figura controvertida por su actitud tímidamente feminista en torno a la cual nacieron multitud de leyendas que han servido de excusa a la autora para construir una historia en el marco de la Historia apta para todo tipo de lectores, incluso para quienes no gusten de la novela histórica…”Un poderoso thriller histórico que atraviesa un siglo repleto de venganzas, incestos y batallas. «Actúa como un león. Arremete como un águila. Ejecuta como un escorpión.» (Entrecomillado textual) Este fue el legado recibido de su padre, el hilo conductor que atraviesa el relato.

La novela finalista pertenece a Sandra Barneda, periodista barcelonesa presentadora de una gran variedad de programas en cadenas de Mediaset y en la televisión catalana. La escritora quedó finalista con un relato que habla sobre las relaciones familiares, sobre los secretos silenciados…A través de los personajes la autora explora las emociones experimentadas en el tránsito del duelo ante la pérdida de un ser querido a la par que propone algunas cuestiones: “¿Y si el destino de las personas pendiera un hilo invisible que las conecta con aquellos que deben encontrar? ¿Y si la vida solo fuera un viaje para encontrarlos?” (Entrecomillado textual).

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Dos mujeres, dos thrillers, dos historias concebidas para aprender, entretener y reflexionar en espacios de soledades a solas o en compañía… En un tiempo de incertidumbres y de cambios que, esperamos, nos hagan mejores y nos conduzca a buen puerto…Que lo disfruten. Yo estoy en ello…

Inteligentes, cultas y empoderadas…

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Hasta hace muy poco las mujeres hemos desempeñado un papel secundario en la gran aventura de la Historia. Fuimos relegada a los segundos planos e incluso a desempeñar papeles meramente decorativos, como figurantes. Pero basta adentrarse en la biografía de cualquier varón relevante e incluso de algunos Reyes, para descubrir entre sus allegados a una mujer inteligente moviendo hilos invisibles desde la sombra o poniendo en práctica sutiles estrategias que acabaron moviendo o cambiando voluntades. Que nadie se equivoque. No uso las palabras astucia e inteligencia como eufemismos de sexo al servicio de las ambiciones personales. Ni mucho menos. Me refiero a mujeres con capacidad de mediar e intervenir, formadas, respetadas y reconocidas por algunos Monarcas, a quienes por su valía personal confiaron secretos de estados y solicitaron sus sabios consejos. Felipe IV mantuvo durante años correspondencia con Sor Mª de Agreda, amiga y confidente. La monja concepcionista fue considerada, a ojos de la Corte, la ‘consejera del Rey’. Otro ejemplo podría ser Anne-Marie de la Trémoille, Princesa de los Ursinos. Instalada en la Corte de Felipe V de Borbón, después de un largo periplo por otras cortes europeas, tuvo una destacada proyección política-cortesana cuando en 1702, tras la marcha de Rey a Italia (Guerra de Sucesión), María Luisa Gabriela de Saboya, su esposa, tomó la riendas del gobierno, lo que hizo siendo aconsejada ‘oficiosamente’ por su camarera mayor, la Princesa de los Ursinos…Del mismo modo Madame de Pompadour, amante y también asesora de Luis XVI, hizo lo propio en la corte de Versalles… Son algunos ejemplos de mujeres inteligentes, cultas y empoderadas.

Claro que moverse por el entorno del Rey no estaba al alcance de cualquiera (como ahora). El Renacimiento marcó un punto de inflexión cuando en el siglo XVI, Isabel del Este, marquesa de Mantua y su cuñada Elisabetta Gonzaga, duquesa de Urbinos (no confundir con la Princesa de los Ursinos), promovieron la idea de que las damas cortesanas debían ser cultas. La de los Urbinos inspiró a Baltasar de Castiglione, autor de El Cortesano, aconsejando a las damas no arredrarse ante ninguna conversación además de proponer usos y costumbres que acabaron imponiéndose en las cortes europeas. En fin, de lo dicho (aunque quedaría muchísimo más por decir) se desprende que la cultura es la llave que permite acceder a determinados espacios, ámbitos o esferas, entre ellas, las del poder en cualquiera de sus formas, aunque en tiempos pasados dicho acceso sólo fuera posible mediante el matrimonio o el convento. Y es aquí donde enlazo con el post anterior para explicar qué fue la ‘Soberana Asamblea de la Casa del Placer’ de Lisboa.

El siglo XVII, conocido por su esplendor cultural como el Siglo de Oro, fue también un siglo de decadencia política, económica, social… España se vio asolada por diferentes brotes de peste, seguidas de hambrunas sobrevenidas a consecuencia de una prolongada sequía además de la intervención en la Guerra de los Treinta Años y las sublevaciones de Portugal y Cataluña todo lo cual trajo consigo una gran disminución de población… (Sirva este ejemplo como reflexión frente a nuestra actual pandemia). Aún así despertó en determinados sectores de la sociedad un gran deseo de saber y una gran inquietud por el conocimiento que alcanzará su punto álgido en el siglo siguiente con la Ilustración. Un afán de conocimiento que, como dije anteriormente, había cuajado entre las mujeres (nobles, claro) que comenzaron a promover tertulias y reuniones literarias (conocidos como Salones literarios franceses) denominadas ‘Academias’, muchas de ellas auspiciadas por Infantas y Reinas. Pues bien, eso fue la Soberana Asamblea de la Casa del Placer, una Academia literaria promocionada por monjas de diferentes conventos lisboetas (y la participación de algunas aristócratas) entre quienes destacaron Sor Maria do Céu y Sor Feliciana de Milão, ambas reconocidas autoras portuguesas del siglo XVII relacionadas íntimamente con la corte. Estas monjas conocieron la obra de Sor Juana Inés, “Inundación castálida”, publicada en España bajo mecenazgo de la Condesa de Paredes, a quien acudieron para solicitar su mediación a fin de que la escritora novohispana compusiera una obra para ser leída en la Asamblea. Fue así como surgió la composición de los Enigmas. El resto fue idea de Sor Juana. Cada redondilla o adivinanza refiere y desgrana, con palabras veladas, una experiencia amorosa experimentada en este caso por sor Juana Inés con la Condesa, esperiencia revivida una y otra vez en cada lectura por las monjas y las “matrocinadoras” (término utilizado por la Historiadora Milagros Rivera) que formaron parte de la Soberana Asamblea de La Casa del Placer, el ‘placer’ de disfrutar de la lectura, de la palabra escrita por otra mujer sabia, erudita y enamorada, inspirado en un amor doblemente prohibido (por ser monja la una y casada la otra), silenciado y vivido en la ausencia y la distancia. “La publicación de los Enigmas no circuló entre los eruditos porque no nació para ellos sino para el disfrute, la inspiración, la risa y la inteligencia de Amor femeninas, que convierten a los Enigmas en una obra altamente irreverente, ya en su forma, con la Iglesia y el Estado” (M.R.)

En su momento, el libro se publicó en una edición privada a principios de 1695, en el “Impresor de la Majestuosa Veneración, a costa de un lícito entretenimiento”. En el estudio de Milagros Rivera sobre los Enigmas de Sor Juana Inés (enlace reseña), la autora afirma: “Es un libro que se ríe de todo narcisismo masculino, en su contenido y en su forma. Dos de las monjas portuguesas hicieron en prosa las Censuras del contenido del libro, autorizando su publicación como si fueran jueces eclesiásticos, y otras tres redactaron en verso las Licencias de impresión, una por lo que toca a la fe, otra por lo que pertenece a las buenas costumbres, y otra por lo que compete a la jurisdicción real…”

Finalmente solo añadir que los Enigmas forman parte de la conocida Querella de las mujeres, un gran movimiento político que promovió el debate sobre el valor de las mujeres y lo femenino, desarrollado en las cortes europeas y del Nuevo Mundo, desde finales del siglo XVIII hasta la Revolución francesa, aunque muchas mujeres consideren que continúa en la actualidad…

Los ‘Enigmas de la Casa del Placer…’

La Condesa de Paredes y Sor Juana. (Imagen Internet)

Juana de Asbaje y Ramírez nació en el actual México en 1651. Sobre su nacimiento se baraja la posibilidad de que fuera ‘hija de la Iglesia’, es decir, ilegítima. Su padre parece que era origen vasco. Su madre, una criolla hija, a su vez, de una mujer de Sanlúcar de Barrameda que murió joven… Lo cierto es que la ilustre escritora, educada y formada entre el convento de Amecameca y la biblioteca de su abuelo, fue una niña prodigio que con sólo tres años sabía leer y escribir y con ocho compuso su primer poema (una loa). Muy joven fue a vivir con sus tía materna María Ramírez, casada con don Juan de Mata y desde allí se trasladó a la Corte, donde a los 14 años, gracias a su talento, Juana se convirtió en dama de honor de Leonor Carreto, virreina consorte de don Antonio Sebastián de Toledo, Marqueses de Mancera, quienes la introdujeron en la vida cortesana en la que, enseguida, se dio a conocer por su erudición y habilidad para la escritura…

Con semejantes padrinos no faltaron pretendientes dispuestos a desposarla pero sus ansias de saber, que no la vocación, la inclinaron a la vida conventual por entonces considerada para algunas mujeres, un espacio de libertad donde poder dar riendas suelta a una sed insaciable de conocimiento. La soledad y el silencio tras los muros permitieron a muchas mujeres entregarse a una vida intelectual fuera de su alcance como señoras casadas. La vida religiosa, socialmente entendida como renuncia al siglo, comenzaba con la adopción de un nuevo nombre o sobrenombre que convirtieron a Juana en Sor Juana Inés de la Cruz. Dicha renuncia proseguía negando la parte de herencia correspondiente a cambio de una rentas de manutención, aunque la nobleza continuó gozando de ciertos privilegios en la vida religiosa que ayudaron a conservar el estatus de origen. Al fin y al cabo, se trataba de reproducir el orden social imperante fuera del cenobio. Sor Juana Inés dispuso de celda propia que constaba de dos plantas y tres estancias, en una de las cuales recibía a conocidos intelectuales de su tiempo de la talla de Góngora o Calderón de la Barca y, posteriormente, a don Tomás de la Cerda, Marqués de la Laguna, virrey en Nueva España junto con su esposa Mª Luisa Manrique de Lara, Condesa de Paredes, a la que Sor Juana acabaría llamando Lisy en la intimidad…

Convento Ntra. Sra. de la Expectación (Jerónimas). México. (Imagen Internet)

Por aquel entonces (1680) Sor Juana ya era una escritora consagrada aunque desconocía que su encuentro con la Condesa de Paredes, una mujer culta, inteligente y bella, supondría un punto de inflexión en su escritura y su vida. Juana Inés y Mª Luisa se enamoraron y mantuvieron una intensa relación durante su estancia en el virreinato (entre 1680-1686) que se prolongó, una vez de vuelta a España, hasta la muerte de la escritora. Años en los que mantuvieron contacto gracias a una numerosa correspondencia, una parte conocida como ‘cartas a Lisy‘ . Fue precisamente Mª Luisa quien solicitó a Sor Juana, a través de su prima, que escribiera algo para las monjas de ‘La Casa del Placer’. Fue así como compuso los 20 acertijos o adivinanzas cada uno de los cuales es una redondilla, es decir, una estrofa de cuatro versos que riman en redondo, el cuarto volviendo al primero, al modo de la alegoría femenina. En todos ellos, la respuesta al enigma o acertijo es “amor”.

La figura de Sor Juana Inés continúa siendo relevante y como tal objeto de interés para los estudios de género, para la historiografía y para el feminismo que ha reivindicado el análisis de la que fue su última obra ‘Los Enigmas de la Casa del Placer’ de la que se conservan cuatro copias manuscritas en la Biblioteca Nacional de Portugal que Mª Milagros Rivera Garretas, Catedrática de Historia de la Universidad de Barcelona, rescató y editó en 2018. La obra ha sido calificada como “erótica y divertida”, demasiado irreverente y libre para la prensa, como la poesía de Emily Dickinson o la pintura de Hilma af Klint. La Asamblea de La Casa del Placer hizo una edición privada de los Enigmas a principios de 1695, en el “Impresor de la Majestuosa Veneración, a costa de un lícito entretenimiento”. “Cada redondilla -afirma la historiadora- desgrana, poniéndola en palabras veladas e intensas, una experiencia amorosa mil veces vivida a su manera por la mujer enamorada, en este caso sor Juana Inés de la Cruz con la Condesa de Paredes, y revivida en cada lectura por las monjas y las matrocinadoras que constituían la soberana Asamblea de La Casa del Placer”

En el siguiente post escribiré sobre el origen y finalidad esta Asamblea. No obstante, no se dejen engañar por el nombre pues nada tiene que ver con otro placer que no sea el de ‘la lectura, el análisis y el juego de palabras’, finalidad que guarda estrecha relación con los Enigmas de la insigne escritora, entre cuyos versos pueden leerse estos:

“Ser muger, ni estar ausente
no es de amarte impedimento;
pues sabes tú, que las almas
distancia ignoran, y sexo.”

(Inundación castálida, p. 190)

“Ensayo sobre la ceguera”, el ‘presagio’ de Saramago…

Si puedes mirar, ve. Si puedes ver, repara...

Dice nuestro sabio refranero: ‘Cada cosa a su tiempo… Y un tiempo para cada cosa’ Cito este dicho porque la idea que subyace me sirve como analogía para subrayar otra preliminar sobre el escritor portugués José Saramago y su tardía incorporación al mundo de la literatura. Tardía pero prolífica y hasta Premio Nobel que cuenta en su haber con más de 50 libros, algunos póstumos. Nacido en 1922 escribió su primera novela en 1947 pero no despegó hasta la década de los 80 cuando se publicó Levantado del suelo. Tenía Saramago 52 años. A veces una se pregunta por qué tardamos tanto en tomar las decisiones acertadas que, con frecuencia, ya se han intuido. Puede que sea porque, efectivamente, ‘cada cosa tiene su tiempo’ expresión que, dicho sea de paso, tiene su origen en el diálogo de La Pícara Justina (I 63) escrita en el siglo XVII y atribuida a Francisco López de Úbeda. La obra es una novela picaresca cuya genialidad reside en colocar a una mujer -Justina- como protagonista principal…En fin la paremia procede de fuentes orales de ahí que se haya agregado la segunda parte, una coletilla añadida a consecuencia del boca a boca…

“Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, Ciegos que ven, ciegos que , viendo, no ven…” Así escribió Saramago en su Ensayo sobre la ceguera, una novela de ficción (que ahora se nos presenta a modo de ‘profecía’) en la que diserta sobre la respuesta social ante una epidemia de ‘ceguera blanca…’. Decía Saramago que escribir era como ‘componer música’. Por eso su escritura contiene musicalidad y por eso su mujer y traductora, Pilar del Río, afirma que sus obras tendrían que leerse en ‘voz alta’. Cualquiera que le haya leído habrá observado la ausencia de signos de puntuación, cosa que hacía con toda intencionalidad a fin de obligar al lector a leer de manera activa para “que construya el texto gracias a esa voz que debe estar escuchando” tal como sucede cuando leemos, que nos oímos a nosotros mismos. Esta ausencia de puntos y comas primero desconcierta pero enseguida la lectura fluye deliciosa, apetecible e incansable…

En el Ensayo sobre la ceguera el autor crea una situación ficticia para alertar sobre «la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron». Saramago es un sujeto axiológico y político, producto de su tiempo, circunstancias, entorno y su propio contexto. Merece recordar que antes que escritor fue mecánico, cerrajero y administrador del Seguro Social estatus que mantuvo en su memoria cuando se convirtió en un renombrado y prestigioso escritor, condiciones que permean sus obras…En el Ensayo Saramago retrata una sociedad tan ‘podrida y desencajada’ como profundamente egoísta, afectada por una ceguera que trasciende el significado físico y literal del término. Sus personajes, sin nombres, adquieren su identidad y se reconocen a medida que el lector descubre sus personalidades a través de la descripción que el narrador hace de cada uno de ellos: seis personajes anónimos y una heroína al frente, la única que no perdió la vista ni la ‘visión…’ La ceguera repentina e inexplicable causan el pánico y destrozan el orden social mientras el gobierno intenta afrontar la enfermedad, detener el contagio y mantener el control imponiendo medidas tan represivas como ineptas, un argumento que, a todas luces, convierten a Saramago en un visionario que anticipó con su ficción la realidad de la actual pandemia…

Corren tiempos difíciles para el conjunto de la sociedad y una cierto halo de escepticismo corre el peligro de instalarse sobre nuestras cabezas. Debemos confiar en la comunidad científica a pesar de las supuestas presiones de los poderes económicos…La gobernanza del país es complicada, nada fácil decidir, no puedo ni quiero imaginarlo pero les tocó y, personalmente, veo más intereses partidistas que ganas de arrimar el hombro, mucho político inepto con ganas de protagonismo, escaso liderazgo y ‘poderes’ detrás del ‘poder’ moviendo los hilos interesadamente… Y es que “no hay peor ceguera que la mental que hace que no reconozcamos lo que tenemos delante”

Lo dicho, es un buen momento para releer el Ensayo y reflexionar desde la ficción sobre la realidad que nos tocó vivir…

http://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/Saramago,%20Jose%20-%20Ensayo%20sobre%20la%20ceguera.pdf

Literatura y pandemias: Bocaccio, Defoe, Manzoni y Camus…

Vivimos un punto de inflexión. Ya no vale decir que la pandemia nos cambiará la vida. No. La vida ya nos ha cambiado. Basta mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta que hemos automatizado determinadas rutinas dentro y fuera de casa. Ya no hay nadie a la puerta del supermercado para indicarnos qué hacer, ni recordarnos qué distancia mínima debemos mantener. Aguardamos nuestro turno y hacemos cola en cualquier establecimiento. Nadie protesta. Ya no nos parece raro andar con mascarilla, más bien lo contrario. Salimos menos de compra aunque han aumentado las ventas on line. El teletrabajo se está regularizando y ha animado a muchas familias a buscar viviendas en el extrarradio de su ciudad. Casas más amplias, preferentemente con terrazas y si la economía lo permite, en el campo o urbanizaciones con zonas verdes propias y/o comunitarias…Parece que se avecina un nuevo éxodo y muchos urbanitas, amantes del asfalto, comienzan a sopesar y poner en valor las bondades y beneficios de vivir en los pueblos…Así que sí. Casi sin darnos cuenta el mundo y, nosotros con él, experimenta un proceso cambio aunque el cambio no afecte a todos por igual…

Los efectos y consecuencias del coronavirus están aún por ver pero seguro serán devastadores. Los expertos vaticinan un gran impacto económico a corto y medio plazo que, de momento, sólo lo perciben en sus carnes los grupos sociales más vulnerables. Tal y como nos enseña la Historia el covid no ha sido la primera pandemia padecida por la humanidad. Tras la ‘peste negra’ que asoló a Europa durante la Edad Media, se produjeron importantes cambios que vinieron acompañados de un fuerte retroceso y una gran pérdida de población cuya recuperación tardó más de un siglo…Desapareció el comercio, decayeron los núcleo urbanos y mucha gente huyó al campo…¿Os suena?. La también conocida como ‘peste bubónica’ dejó campos sin trabajar y las cosechas podridas, situación que provocó una gran escasez de alimentos y los que salieron al mercado lo hicieron encarecidos, a precios que la mayoría no podían pagar. Así fueron a parar a manos de unos pocos los mismos que, a continuación, se dedicaron a especular y a lucrarse sacando partido de las penalidades y el sufrimiento ajeno…El siglo XIV estuvo marcado por las epidemias, el hambre, las guerras y, en consecuencia, la sociedad sufrió una profunda transformación y con ella el aumento de las desigualdades…

Los historiadores, por contradictorio que parezca, señalan además otros efectos económicos y sociales ‘positivos’ para los supervivientes. Carmen Sarasúa, Profesora Titular de Historia Económica de la Universitat Autònoma de Barcelona señala a este respecto que “la tierra era abundante, al caer la oferta de trabajo los salarios aumentaron, y se ha visto por ejemplo que las mujeres encontraron muchas más oportunidades laborales en los gremios que hasta entonces las habían vetado, en los jornales agrarios, etc…” Otras bondades sobrevenidas de las epidemias fueron la mejora de la salubridad pública, la recogida de basuras y aguas fecales, la regulación de animales vivos y muertos en la ciudad o la orden de ubicación de los cementerios fuera de las localidades (Real Cédula Carlos III en 1787).

Otra gran epidemia, la mal llamada ‘gripe española’, causó más muertes que la Primera Guerra Mundial. Entre ambos acontecimientos la economía se hundió y hubo una profunda transformación en los movimientos migratorios…No obstante lo que todas las epidemias parecen tener en común es que no afecta por igual a toda la población. Este podría ser el nudo gordiano. Y mientras algunos sectores hacen ‘su agosto’ (véase el ejemplo de las mascarillas y geles de manos) otros, en cambio, se hunden…Mientras, un reducido número de millonarios saca suculentos beneficios, tal y como ocurrió con la crisis de 2011 (https://www.lavanguardia.com/economia/20180619/45266350996/espana-ricos-millonarios-fortunas-crisis.html) tras la cual creció número de ricos en España…

La literatura y la historia siempre han ido de la mano. Cada época ha dado a luz una pluma que ha sabido recrear el contexto y sus avatares además de dar vida a personajes ficticios utilizados para contar la realidad y dar riendas sueltas los pensamientos e ideas propias… Veamos algunos ejemplos: “El Decamerón” de Boccaccio, obra que utiliza el marco narrativo del estallido de la epidemia de la peste que asoló Florencia en 1348, cuyo título significa ‘diez días’ y está inspirado en “Hexamerón” de San Ambrosio. El Decamerón es considerada una obra maestra de la prosa que narra la gran epidemia y sus efectos a través un grupo de jóvenes compuesto por siete mujeres y tres hombres que intentan escapar del horror aislándose en una villa a las afueras de Florencia…Otra podría ser el “Diario del año de la peste” escrito por Daniel Defoe en 1722. Se trata de un relato ficticio que narra las experiencias de un hombre que vivió durante la epidemia de peste que padeció Londres en 1665 y asoló a una quinta parte de la población. Esta obra puede ser comparada con la de Manzoni, I promessi sposi (Los novios), uno de los primeros referentes de la novela moderna italiana. Cuenta la historia de los prometidos Renzo y Lucía, quienes se ven separados por diversas causas acontecidas bajo el telón de fondo de la peste milanesa de 1630.

Más cercana en el tiempo es “La peste” del conocido escritor francés Albert Camus, Premio Novel en 1957, considerado el autor que mejor encarna la literatura de la Europa del siglo XX. ‘La peste’ se publicó en 1947 y en ella Camus cuenta la historia de unos doctores que se encuentran en Orán, ciudad portuaria de Argelia asolada por una epidemia de cólera, por boca de los cuales el escritor reflexiona sobre la solidaridad, la religión y sobre cómo los seres humanos nos aferramos a lo absurdo, invitándonos a valorar la responsabilidad personal y a cómo deberíamos negarnos a entregar la vida al mantra de la religión…Ante la vida y la muerte Camus se posiciona negando a Dios, observando la fe como expresión de impotencia, aunque admitiendo, a la par, que el escepticismo tampoco nos libera…

En definitiva todas nos hablan de cómo la sociedad afronta el miedo y la muerte, la búsqueda de culpables y los caminos recurrentes: para unos la religión y la magia, para otros el escepticismo o la ciencia como única solución…En todo caso algunos ‘gurús’ salen ya al paso: bien advirtiendo sobre cierto tufillo ‘anticristiano’ o bien augurando una apocalipsis final bajo el lema ‘cualquier tiempo pasado fue mejor…’. La realidad es que corren tiempos difíciles y, en mi opinión, ninguno de nuestros líderes políticos da la talla…Todo lo demás es vanidad o falacia…