Pensamientos hilvanados…

#YoMeQuedoEnCasa

‘Atravesando la luna’ Foto: mp_dc

Esta mañana me levanté temprano y desayuné en mi pequeño porche. Nada ostentoso pero ciertamente un lujo en estos tiempos que corren… Y mientras me llevaba la taza a los labios, levanté la mirada y me tropecé con la imagen de una luna mañanera, como yo. Bastó inclinarme un poco para que la vista me engañase y pareciera cruzada por un cable. No sé por qué se me antojó un hilo tembloroso dirigido hacia el ojo de una aguja, dispuesta a atravesar pedazos de tela hasta dejarlos cosidos…Esa fue la primera reflexión del día y desde ese primer pensamiento, comencé a hilvanar una idea con otra… Y en esa tarea estaba, cuando entré rápidamente en casa, para coger mi cámara… Un click después… ¡voilà!

A pesar de haber escrito una y otra vez que parece que vivamos el ‘día de la marmota’ no es verdad…Hoy se cumplen 29 días de confinamiento. Ninguno ha sido igual a otro. El ánimo presenta tantos picos como las estadísticas del covid o más…Para todos está siendo un reto permanecer tanto tiempo recluidos, aunque para algunos sea más complicado por cuestión de espacio, por la convivencia con personas no deseables, por escasez de recursos, por falta de comodidades, porque se junten muchos o, como en mi caso, demasiado pocos…También he repetido hasta la saciedad la oportunidad introspectiva que representa el confinamiento y cuánto podemos aprender…En mi caso no solo estoy aprendiendo a base de mirar dentro sino también fuera. Y he descubierto que, además de mi familia, tengo unos sólidos cimientos afectivos, seguros e incondicionales. Son mis amigas y amigos que me asisten en la distancia y en proximidad…Me aconsejan qué hacer para protegerme. Me envían su cariño en forma de puesta de sol, de días nublados, de verdes prados o una foto con máscara de protección… De algunas apenas me separan unos pocos minutos. Todos y todas me hacen (y les hago) compañía a diario. Me soportan, me animan, me hacen reír, se ríen conmigo y con mis cosas, me envían wasaps de buenos días y besos de buenas noches… Con algunas más que otras comparto mis miedos, mis incertidumbres…Con todos mis puntos de vista, las noticias, los últimos datos de la pandemia y proyectos de vernos, de invitarnos a comer y, sobre todo, de abrazarnos… Son mi soporte vital en este tiempo en el que la soledad cansa, pesa, absorbe, conmueve, asusta, invade, aísla, inquieta, aburre, sobrecoge e intimida…Y sobre todo me deja desnuda en la más absoluta vulnerabilidad…Toda una lección que, en un plis plas, me hace comprender que la independencia y la autosuficiencia es pura falacia. Todos necesitamos de todos o por lo menos de alguien, de una mano amiga tendida porque no siempre podemos levantarnos solas…

Y como toda tesis tiene su antítesis, en el reverso de la cara generosa y afable, descubro en mi ‘ha de haber’ a otras personas a las que quiero, cuya ausencia me escuece y en algunos casos, de tanto escocerme hasta me duele… No dudo que puedan tener sus razones y no seré yo quien las contradiga, las censure o las juzgue…No es tiempo de rencores, ni de ajustes de cuenta. Sencillamente las echo muchísimo de menos…Y empiezo a pensar si esta emoción fluye sólo en una dirección… Corro un tupido velo con la esperanza de estar equivocada…

Y conforme escribo, porque la inspiración campa libremente y por su cuenta, me viene a la cabeza una famosa ‘Oda’ del poeta romano Horacio: «Carpe diem, quam minimum credula postero», es decir «Aprovecha el día, no confíes en el mañana.» Y eso hago…O eso intento hacer… Porque, como Leucónoe, no sé qué me tendrán reservado los dioses…

En fin que hoy me levanto hilvanando pensamientos, cosiendo ilusiones, reviviendo destellos fugaces de deseos cumplidos y sin cumplir, aparcados o pendientes. Intentando alejarme de lo que no puede ser para atender mejor a lo que es posible o probable… Entre una cosa y otra media un espacio enorme, vacío de certidumbres y, por qué no decirlo, lleno de miedos hoy por hoy fundados…

Ítaca…Un lugar, una vida…

Ítaca

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

El poeta griego de Alejandría Constantino Cavafis (1863 – 1933) es considerado el impulsor del renacimiento de la lengua griega moderna. Su poesía es introspectiva, con una fuerte impronta urbana y una gran influencia francesa. “Es considerado un clásico de la poesía universal gracias a obras tan conocidas como los poemas Esperando a los bárbarosÍtaca o El dios abandona a Antonio

En este poema el autor refleja el valor de la vida y la sabiduría de disfrutar del camino, cualquiera que sea…Añorar el objetivo deseado no es sino una metáfora que se puede extrapolar a los diferentes procesos de nuestra vida…Ítaca puede ser un sueño, una ilusión, una meta, un destino, una parada, un deseo e incluso el objeto mismo de deseo y también puede ser todo y nada a la vez…Todos hemos emprendido el viaje, hemos vivido aventuras y hasta hemos tenido que luchar contra nuestros propios Cíclopes y hasta contra el mismísimo Poseidón cuando nos salió al paso para luego proseguir indemnes, fortalecidos y reinventados…

Todos hemos parado en algunos puertos aunque sólo en muy pocos nos detuvimos un tiempo, tal vez incluso demasiado…Hemos sabido degustar las delicias y disfrutar los placeres que se nos ofrecían…Atesorado riquezas, conocido seres excepcionales, reído hasta sentir el dolor en las mandíbulas y llorado hasta quedarnos exhaustos… Hemos construido nuestra memoria y seguimos en ello porque estamos vivos y nuestro viaje continua…

Sé que necesitaría al menos otra vida para vivirla junto a quienes me han faltado y tener la oportunidad de envejecer junto a quien hubiera querido. Es lo que me digo a mí misma muchas veces y, aunque no acabo de creerlo, quiero confiar en la indudable certeza de que así sea… Y estoy segura: existen tantas Ítaca (s) como vidas…O eso espero…