Cosas de la vida…

«Es sencillo hacer que las cosas sean complicadas, pero difícil hacer que sean sencillas». (F. Nietzsche)
Milonga (Jorge Cardoso)

Lo que sea que estás buscando no va a llegar en la forma que lo esperas […] La vida no es como el agua. Las cosas en la vida no fluyen necesariamente por el camino más corto […] Incluso si pudiéramos regresar, nunca regresaríamos al mismo lugar en el que empezamos…»

Estos pensamientos son de Murakami, uno de los escritores contemporáneos más respetado y reconocido. Su literatura resulta fascinante y acaba enganchando porque el escritor nipón impregna sus obras de un realismo mágico muy peculiar y es justamente esa mezcla la que seduce y distingue de otros autores coetáneos. Alienación, soledad, muerte…Amor, sexo, música…Al multipremiado autor japones, a quien se le resiste el Nobel a pesar de aparecer casi siempre en las apuestas, en opinión de algunos por haber alcanzado el estatus de autor de best-seller, se le atribuyen observaciones y consideraciones dignas de tener en cuenta a la hora de examinar nuestra propia vida. Al fin y al cabo no somos tan diferentes unos de otros…

Leyendo estos y otros aforismos, reflexiono sobre el cambio permanente, sobre el constante fluir de mi existencia y el continuo devenir que nos obliga a mudar insistentemente, con más o menos resistencias o disensos… ‘Cosas de la vida’ me digo a mí misma, como adagio que presagia una cavilación en la que repaso, de manera retrospectiva, algunos hechos significativos que me afectaron. «Lo que llamamos presente tiene forma por la acumulación del pasado» O sea que todo cuenta, que nada es porque sí…«El dolor es inevitable. El sufrimiento es opcional” Ergo ¿podemos elegir?

Podemos…Debemos…Es inteligente elegir…

Cuando me jubilaron (y no digo jubilé porque no fue decisión mía sino de la Administración, por causas que no vienen al caso) me inventé una nueva vida, diferente a la que tenía. Con otras prioridades, otros horarios, otra rutina y otras metas u objetivos. Si bien es cierto que durante un tiempo añoré no poder continuar con mi trabajo, con mis alumnos, mis clases, mis compañeros, las tediosas sesiones de evaluación, las reuniones de padres y esa inagotable burocracia que a los docentes, en general, tanto nos repatea porque nos resta tiempo de lo importante y de nuestra verdadera tarea que es instruir y enseñar, también lo es que me liberé de esa nostalgia nada más darme cuenta que mi regreso a las aulas implicaba nuevas dinámicas desconocidas para mí. En muy poco tiempo me había quedado atrás (entrada en vigor de la LOMCE) y ponerme al día implicaba un esfuerzo personal que ya no me compensaba…O eso consideré entonces.

Parece que hasta ese momento no me había percatado de que el paso del tiempo no sólo me había cambiado a mí sino a mi entorno, a mis amistades y amigos, a la familia, a la sociedad en general y al ámbito de la educación en particular. Todo esto me hizo comprender que ya no había vuelta atrás. Que la etapa laboral había llegado a su fin, concluida, cerrada, acabada, aunque no me agradara, aunque me costara hacerme a la idea de que nunca más…’Nunca’, ‘siempre’, ‘jamás’ esos términos tajantes y definitivos que tan poco me gustan porque anulan y niegan  el ‘tal vez’, ‘acaso’ o el ‘quizá’, adverbios que, por el contrario, abren un pequeño recodo a la esperanza al admitir una posibilidad por muy remota que sea… Posibilidad, no obstante, imposible de descartar porque definitivo, lo que se dice definitivo, no hay nada excepto la muerte. La vida esta llena de vueltas, de giros, de puentes, de encuentros, desencuentros, oportunidades, quien sabe cuándo, quien sabe dónde…Por eso mientras estamos vivos aunque no todo es posible, algunas cosas son probables…

Mientras lo escribo lo pienso y al revés… La jubilación es un proceso que puede parecer fácil, pero no siempre lo es… Asumirla supone aceptar la existencia de ciclos dentro de nuestra trayectoria vital. Ciclos y tramos de vida que se agotan y se cierran definitiva e inexorablemente. Vivirlo en propias carnes ha resultado toda una experiencia que procuré estuviera libre de cualquier drama. Por el contrario, intenté contemplar lo positivo, lo efectivo, lo provechoso, lo que verdaderamente aporta, intentando desviar la mirada de lo que resta, disminuye o rebaja, porque al final, de lo que se trata, es de colocarse en una perspectiva vitalista, positiva y agradecida por haber podido efectuar el recorrido completo, de principio a fin. Así que sí, cerrado el ciclo laboral, tocaba reinventarse, cambiar de tercio, ir con la música a otro lado, poner punto y aparte… Y eso hice. Eso hago o eso intento…

Reinventarse o morir. Ser o no ser that is the question 

Así que desde que me jubilaron ya me reinventé varias veces. Corregí, alteré, modifiqué y mejoré mi rutina adaptandome a las circunstancias, ajustándome y reajustándome hasta sentirme activa pero tranquila en mi propia realidad. Tranquila y reconciliada, ambos aspectos necesarios para obtener una cierta sentación de satisfacción y un vivir de acuerdo a mi situación que tal vez no sea la deseada, ni la esperada, ni mucho menos la que alguna vez soñé, pero sí la que me tocó en suerte…Y una vez llegada aquí, los cambios constituyen un auténtico reto que no siempre estoy dispuesta a afrontar, a admitir o a satisfacer…

Y estrenando nueva identidad me dediqué a la fotografía. Un universo lleno de posibilidades que me ayuda a expresar, a canalizar sensaciones observando el entorno, las personas, las ciudades y el mundo en general. La fotografía me ha aportado muchísimo. Me abrio los ojos para redescubir la belleza de cuanto me rodeaba, sintiendo que miraba y veía por primera vez. A fin de cuentas alguna partícula de mi ADN debía estar impregnada por el oficio, pues mi padre fue fotografo…Cada click de mi cámara es un segundo que me detengo y observo con plena conciencia y atención, un segundo de tiempo y de vida rescatado e inmortalizado en una imagen única, exclusiva, que de inmediato pasa a formar parte de mi memoria y enseguida comparto con las personas que quiero porque la belleza se captura para compartirla ¿qué sentido tendría guardármela solo para mí?. La fotografía me ha enseñado y me enseña a contemplar y admirar como actos que deben ser experimentados y apreciados desde su misma y única esencia…

La jubilación también me dejó tiempo para escribir. Y lo que es peor, afianzó en mí la necesidad de hacerlo… Prueba de ello es este blog. Me convertí en ‘la pensadora gaditana’ para escribir desde este espacio reclamando una ‘habitación propia’. Esa que toda mujer debe tener para sí como reconocimiento de un espacio íntimo desde dónde reclamar sus deseos, experiencias, aspiraciones y logros… Ese reclamo a la libertad y a la independencia del que se abanderó Virginia Woolf, que tengo el privilegio de poseer y disfrutar… El blog me ha permitido opinar hasta dónde he querido o me ha parecido oportuno, al amparo de la libertad de expresión que la Constitución reconoce a todos. Siempre desde el respeto y confiando aportar un granito de arena que pueda saciar la curiosidad de quienes me leen.

En fin, todo pasa y todo llega…Cosas de la vida…Ganancias y pérdidas…«Cada uno de nosotros sigue perdiendo algo muy preciado. Oportunidades importantes, posibilidades, sentimientos que no podrán recuperarse jamás. Esto es parte de lo que significa estar vivo». (Haruki Murakami)

Los ‘cuentos’ del Rey y otros cuentos…’

“ Al rey, la hacienda y la vida se ha de dar; pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios ” (Calderón de la Barca) 
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Vivimos un tiempo cambiante, pleno de incertidumbres e inseguridades… Por eso intento tomar cierta distancia respecto a los grandes problemas de la actualidad aunque sin alejarme demasiado, interesándome lo justo para estar al día y no perder la perspectiva del mundo real…Y sinceramente vivo un poco más tranquila y relajada. Será por aquello de ‘ojos que no ven’ (del todo)… Será porque estoy centrada en importantes asuntos personales y familiares…O sencillamente porque estoy decepcionada ante unas expectativas que, ni de lejos, se asemejan remotamente a lo que considero conveniente o justo…Sea por lo que fuere, el panorama no me resulta en absoluto halagüeño. Empezando por la pandemia a la que se quiere dar carpetazo aunque continúa vigente y siguiendo con una guerra a la que desgraciadamente parece que ya nos habituamos, a lo que podemos sumar pequeñas dosis de cierto temor y reserva de que el conflicto adquiera mayores dimensiones en el contexto de Europa o del Mundo…Al fin y al cabo los ucranianos vivían ajenos a lo que se les avecinaba. Trabajaban, paseaban tranquilos, se divertian…Los niños iban al colegio, jugaban en los parques…Apenas unos días después abandonaban las ciudades dejando atrás todo cuanto poseían para salvar la vida… ¿Quién nos asegura que no nos pueda ocurrir lo mismo? Nadie. Certeza ninguna. Hoy por hoy nada es suguro…

Y en medio de todo este tinglado nuestros políticos, para variar, continúan a la gresca, aunque contemplemos a un PP mas comedido, a imagen y semejanza de su nuevo lider. Los socialistas , por su parte, parecen algo escorados al centro, aunque de vez en cuando llamen la atención para recordar que ellos representan la verdadera izquierda en nuestro país…No estoy tan segura…Para una vez que deciden ‘modernizar la monarquía’ se quedan cortos… Y sí, a partir de ahora el Rey rendirá cuentas, pero cuando lo considere oportuno no por decreto y lo hará grosso modo, sin demasiada concreción. Y ¿qué pasa con la Reina? ¿Acaso no recibe su propia asignación de una partida procedente de los presupuestos, o sea, de todos nosotros? Y sobre la inviolabilidad ni hablamos. El Rey no quiere renunciar, Agunos tertulianos, poco amigos de la monarquía, afirman con algo de sorna que la conserva porque tarde o temprano le hará falta…El tiempo lo dirá…

De todas formas me da la impresión de que subyace en la memoria colectiva la imagen, un tanto idealizada, sobre la condición del rey y de los nobles. Con todo lo que ha sucedido y aún son muchos quienes consideran o dan por hecho que la pertenencia a dicho estatus contiene determinados efectos secundarios e impregna de un halo especial a quienes lo poseen, convitiéndolos en seres humanos sí, pero tocados por una especie de barita mágica o, peor aún, por la ‘mano de Dios’, por lo que se les sobreentienden particularmente morales y éticos…Y esta ‘virtud’ les abre muchas puertas…Se ve que la teoria sobre el carácter divino de la monarquía pulula todavía en nuestro imaginario. Pero no es cierta. Ni mucho menos. Para muestra no uno sino dos botones: el Emérito y Luis Medina, hijo del Duque de Feria, noble de condición y profesión. Porque a tenor de sus actuaciones uno y otro constituyen un ejemplo de dudosa moral y una ética que brilla por su ausencia…

Pero volviendo a las ‘cuentas del Rey’, solo decir que enseguida la prensa conservadora se ha apresurado a publicar estadísticas que defiendan y suscriban la moderación con la que viven nuestros Reyes, equiparable según algunos, a la austeridad de los Austria pues las arcas de don Felipe cuentan solamente con 2.500.000 euros, lo que según los experos conocedores de las actuales monarquías europeas, constiruye apenas un puñado de euros frente a la corona británica o a la monagesca, por lo que se ve, de mayor abolengo… No sé por qué recordé la debilidad de las monarquías medievales, tan pobres que debían acudir a los nobles y a las bulas de la Iglesia para poder financiar tanto las campañas contra los herejes como las bodas reales…Por entonces una dote real podía estar constinuida por la módica cantidad de un ‘cuento’, cantidad equivalente a un millón de maravedis. Entonces los ‘cuentos’ apenas podían contarlos los nobles y los reyes, los únicos capaces de reunir semejantes cantidades…

Entonces, me picó la curiosidad y bicheando encontré una tabla de equivalencias según la cual un euro equivaldría aproximadamente a 9.051 maravedis, por lo que haciendo números el Rey Felipe tendría unos 23 mil millones y medio de ‘cuentos…’ Una suculenta fortuna si pudiera retroceder cuatro o cinco siglos… En fin lo que quiero decir que todo es relativo y que aunque a algunos les parezca una discreta cantidad deberíamos saber que tiene todos los gastos pagados y desde luego ninguna inquietud o incertidumbre por la subida de la luz, los carburantes o ‘la cesta de la compra…’

Otro ‘cuento’ que circula e inquieta (no sin razón) es el tema de las escuchas y el espionaje a cargos políticos y personalidades del independentismo catalán… (La gravedad del asunto no es para menos). ¿Qué se cocerá en las altas esferas? Eso me pregunto muchas veces, sobre todo cuando noticias de este calibre salen a la luz, segura como estoy que cuanto llega a la ciudadanía es peccata minuta, la punta del iceberg…Los bajos fondos, las cloacas, resultan un territorio al que solo un puñado de elegidos pueden acceder… A la ciudadanía de a pie nos queda muy lejos y a desmano. Nunca conoceremos la verdad, solo la versión o versiones que quieran darnos…

Así que cuando se habla de este tema siento una inmensa alegría de ser una ciudadana de a pie, un modesto peón de ajedrez, por otro lado, una pieza clave. Dicen los expertos ajedrecistas que “el peón es el más importante instrumento de la victoria”. Una sentencia crucial para descubrir que los peones en el ajedrez no son solo una herramienta de sacrificio, sino que poseen un potencial oculto…Así que feliz teniéndome por un importante ‘peón…’ Somos peones ergo votamos…Esto merece una reflexión…

Y hablando de la cuestión del espionaje, finalmente la Cámara tuvo a bien sacar adelante el Real Decreto sobre las medidas para paliar los efectos de la guerra… Pero por los pelos y gracias a Bildus…El nuevo PP, que solo se diferencia del anterior por las formas, ni la apoyó ni se abstuvo, alegando que no se habían incluido ninguna de sus propuestas ( o sea, la cantinela de la engañosa bajada de impuestos). Parece que el todopoderoso Feijoo se rige por la máxima bíblica: que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda…Y mientras con una pacta con VOX con la otra hace un discurso poblado de promesas vacías, papel mojado… Y a la hora de la verdad, más de lo mismo…Los ‘cuentos’ de Calleja…

Otro asunto de interés que salió a la palestra esta semana tiene que ver con las elecciones andaluzas pues, según parece, el Gobierno de la Junta no agotará la legislatura…Si creen que nos sorprendieron es que no son demasiados listos…

La cuestión estaba cantada desde que surgió la polémica con Pablo Casado. El tiempo vuela. Parece que pasó una eternidad desde que fuera Presidente del PP y apenas transcurrieron tres meses…Desde entonces ya se venía barruntando pero claro, los políticos necesitan manejar sus tiempos para construir sus discursos, elaborar sus argumentarios y consignas mientras esperan que la tempestad se calme. Por eso, primero tenían que quitarse de en medio a Casado, a continuación permitir que Feijoo se hiciera de rogar, después esperar a que pasaran las elecciones de Castilla-León y se firmara el pacto con VOX para luego proclamar con todos los honores al esperado ‘Mesías…’ El mismo que ahora, junto al amiguísimo Juanma Moreno, ha fijado la convocatoria de elecciones en Andalucía para después de Corpus, exactamente para el domingo 19 de junio…

La primera fila estará encabezada por los contrincantes y rivales políticos de los  partidos mayoritarios, a quienes como al enemigo,  no se les dará ni tregua ni agua, comenzando por el ‘trío de Juanes’: Juanma Moreno del PP, Juan Espada de PSOE, Juan Marín de C’s. Seguidos de cerca por  Macarena Olona de VOX  y Teresa Rodríguez de Adelante Andalucía: dos mujeres, dos ideologías opuestas y contrarias, dos estilos de hacer política. Olona, la misma que ha criticado ‘la prostitución del Congreso’ al ser utilizado (según ellos) de forma partidista por el Gobierno, posee una verborrea sin reparos, insultante y faltosa, siguiendo el modelo de su líder. Tal y como manifesté en otra ocasión, lástima que una mujer de mente tan brillante esté al servicio de semejante personal, que más allá de conservadores representan el ala más retrógrada del espectro político. Nada tenemos que envidiar a los franceses pues Olona es nuestra ‘Le Pen’, dispuesta a comerse de un bocado en estas elecciones este trozo de España, aunque con un acento que nada tiene que ver con la tierra…Para eso ya tenemos a su rival Teresa Rodríguez, clara y llana donde las haya. Al pan, pan y al vino, vino. Cada cosa con su nombre y un nombre para cada cosa. Libre de eufemismos y palabras muy rebuscadas, Teresa busca conectar con todos, especialmente con la ciudadanía de a pie, con los ‘peones’ a los que intenta valorar en justa medida…

Para concluir varias puntualizaciones. Una: Ojalá Macarena Olona saque a la izquierza de sus casas y nadie se quede sin depositar su voto…Dos: A las mujeres votantes de VOX, por favor lean la letra pequeña del programa. Tres: No se dejen engañar por la bajada de impuestos…Pan para hoy y hambre para mañana…

A mi manera…

Si alguien viene a Andalucía en estas fechas, sólo debe dejarse seducir por los sentidos: respirar el aroma que impregna el ambiente, mezcla de incienso y azahar; emocionarse con el canto de una saeta o escuchar el silencio de una multitud respetuosa…Cada cual lo viva ‘a su manera…’
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La TV , la radio, la prensa, todos hablan de la Semana Santa, ‘pasión por la Pasión’ como repite el slogan, porque hay quien así lo siente por especial fervor y quien se frota las manos por lo que implica. A los hosteleros y la restauración se les hace ‘la boca agua y los dedos huéspedes’ porque parece que será un éxito, que la gente se rascará el bolsillo y gastará dinero en comer, beber, ir a las playas y recorrer las ciudades dispuestos a gastar y a VIVIR, con mayúsculas sí, que hace mucho tiempo (dos años) que vivimos a medio gas y ya es hora de aspirar el gas entero y disfrutar, eso sí, cada cual ‘a su manera…’

Según parece, o al menos un estudio así lo avala, el número de creyentes ha descendido durante la pandemia y ahora el porcentaje de ateos y agnósticos es superior (sobre todo entre los jóvenes), lo que al parece ha trascendido en la declaración de la renta pues son muchos menos quienes marcan la casilla de la Iglesia. Claro que la Iglesia no pone mucho de su parte y con sus escándalos tampoco anima, más bien al contrario ¿quién quiere ser cómplice de pederastas, machsitas y vividores? (Con mis respetos para quienes no lo son)… Pues eso… Yo tampoco me apunto…

También he sabido sobre el Duque de Feria y la falta de ética de una aristocracia que continúa creyéndose en posesión de cualquier privilegio incluido el de vender mascarillas a precio de oro. Hacer negocio en el peor momento de la pandemia y con los pocos medios que podían ayudar a salvar vidas, me parece indigno e irreprochable…Veremos cómo actúa la justicia que más que ciega parece selectiva y clasista…

Pero dicho esto, volvamos a la Semana de la ‘Pasión’ que en el caso de mi tierra, como ya se sabe, tiene mucho arraigo y cuenta con un acervo cultural de sobra conocido. De entrada, parece que este año se percibe diferente, especial, como casi todas las fiestas después de la pandemia. Es posible que más de la mitad de la población no la entienda ni la comparta, pero la otra mitad suspira impaciente esperando el Domingo de Ramos, día de la Borriquita, procesión que recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, hermandad que dará el pistoletazo de salida al resto de Cofradías y Hermandades…y para estrenar algo, que ya lo dice el refrán: «el domingo de Ramos a quien no estrena se le caen las manos…»

En fin, la Semana Santa conforma todo un universo solo al alcance de los ‘capillitas’ y aficionados que se desviven todo el año para darse el homenaje en estas fechas…Durante siglos este universo estuvo (y en cierto modo está) muy masculinizado aunque, desde hace ya algunos años, las mujeres se han ido haciendo un hueco, rompiendo moldes, ganándose el respeto de las hermandades y de los mandamases que las dirigen, los mismos que antes se limitaron a dejarlas participar en calidad de ‘mujeres floreros’, eso sí, elegantemente vestidas, adornadas con mantillas o detrás de los pasos, descalzas y en penitencia, actitud que despierta especial admiración entre quienes no saben muy bien de qué va la cosa… Da la impresión que lleva su tiempo comprender que todo esto no sea cosa de hombres o de mujeres, sino de personas que experimentan la misma sinergia y convierten esta fiesta en un espacio de encuentro, de disfrute y de particular devoción, por qué no…

Mientras, una parte del resto de la población se detiene en el fenómeno cultural. Curiosea los comportamientos, los observa y admira la imaginería y la estética de los pasos y tronos, de los cofrades y penitentes, cargadores y costaleros, al tiempo que pone en valor la fuerza de una tradición centenaria que, una vez al año, desfila solemne por las calles y plazas de nuestras ciudades engalanadas para la ocasión. Es la fiesta del barroco que sale al encuentro del pueblo y sus gentes para que cada cual las viva –como dice la canción- ‘a su manera…’

Finalmente sólo quedan los excépticos que se muestran claramente contrarios y se niegan a verlas desfilar. En su opinión les parece un auténtico despilfarro, un alarde y un lujo innecesario que choca con evidentes necesidades actuales: colas del hambre, indigentes, paro, niños malnutridos, la pobreza en general y en todas sus formas, cosa que argumentan añadiendo que ‘Dios no estaría de acuerdo’ con todo este derroche…Podría ser… Pero sea como fuere, los adeptos se impacientan y esperan ansiosos el día ‘d’ mientras los detractores denuncian, protestan y critican los tejemanejes de las hermandades y a los capillitas encorbatados que se lucen mientras se suceden los desfiles…

Y es que para etender un poco de qué va esta tradición hay que remontarse a la génesis y momento de esplendor allá por los siglos XVI-XVII y conocer un poco la mentalidad barroca, carente de cualquier improvisación. El barroco es festivo, teatral. Por eso se representa, se visualiza y por eso necesita escenarios de fondo para su recreación. De ahí el dispendio, el lujo, la pompa, el desfile, los colores, las túnicas, el orden jerárquico, la música, las flores, los mantos, la comida, los dulces y todo aquello que despierta los sentidos y estimula el alma… Todo está previamente pensado y sigue un orden riguroso. Por eso o lo sientes o no lo sientes… O lo vives o no lo vives…Y no es una cuestión de religión sino de religiosidad popular…

El barroco es cultura y también un estilo de vida que se expande y manifiesta en diferentes vertientes: gastronomía, repostería, música… Y en Andalucía adquiere unas pecualiaridades propias que diferencian nuestra Semana Santa respecto a la de otros territorios o comunidades. Por eso constituye un atractivo que invita al turismo nacional y extranjero a recorrer nuestra geografía para degustar y contemplar las variedades artísticas y singularidades propias de cada lugar y dejarse sobrecoger y sorprender en un derroche de colores, aromas, formas y una estética que fascina y conmueve…

En general los bares de llenan desde el desayuno a la cena, desde las torrijas de leche al bacalao o al cordero del medio día, pasando por los roscos de tarde y el pescaito en la noche. Días de hacer vida en la calle, de moverse de un lado a otro en grupos, en riadas, en bullas, en barullos que se silencian al paso de las Vírgenes y Cristos. Palios y mantos que se inhundan con los pétalos de rosa que caen en forma de lluvia desde los balcones, al tiempo que nos impregnamos con los aromas propios de esta fecha: el azahar, el jazmin y el incienso, mientras caminamos siguiendo el rastro dejado por los cirios al paso de los penintentes y cofrades, al son de la música y el canto de saetas…

Pero si hay algo que se ha quedado marcado a fuego desde los comienzos, algo en lo que mucho tuvo que ver la Iglesia y sus predicaciones dominicales desde los púlpitos es el lenguaje coloquial, transmitido de generación en generación, que permea y rezuma en dichos y refranes cuyo origen se remonta tan lejos como esta festividad. Veamos algunos ejemplos…

‘Llorar como una Magdalena’ o ‘pasar un calvario’ es lo que repetimos consternados cuando sufrimos o cuando algo va mal. En la misma línea nos quejarnos de ‘llevar la cruz a cuesta’ cuando cargamos con una situación complicada y si la queja es por alguien añadimos que nos ‘trae por la calle de la amargura’. Cuando alguien se pelea y llega a las manos decimos que quedó ‘hecho un Ecce Homo’ y si no queremos tomar partido promunciamos la sentencia: ‘yo me lavo las manos (como Pilatos)’. Finalmente casi todos alguna que otra vez hemos repetido y casi suplicado que ‘no nos pongan la cabeza como un bombo’ porque ‘la procesión va por dentro…’

La sabiduría popular es una forma de conservar intacta la memoria del pasado… ¡Que usteden lo disfruten…!

Los tres ‘monos-sabios…’

«Saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe; he aquí el verdadero saber» (Confucio).
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Quienes mostramos un gusto especial por las palabras, con frecuencia, solemos tener algunas favoritas. Se trata, casi siempre, de vocablos que seducen por su gramática, etimología o musicalidad. De eso hablábamos cuando mi amiga mencionó la palabra ‘monosabio’. La pronunció mientras esbozaba una leve sonrisa que se expandió hasta que acabó marcando un hoyito en su cara. Luego se recreó en ella y la repitió un par de veces más, silabeando, -mo-no-sa-bio- al tiempo que decía una y otra vez: ¡qué gracia me hace…! Personalmente no habría reparado particularmente en ella, entre otras cosas porque resulta poco usual, pero al final acabé sonriendo, contagiada, aunque sin hacerle tanta fiesta…

Si acudimos a la RAE observamos que contiene una única definición en el marco de la tauromaquia: ‘auxiliares que ayudan en las tareas durante la lidia…’ Y ahí se acaba todo. No obstante, si separamos las dos partes de las que se compone, la semántica nos conduce a un nuevo término cuyo significado trasciende mucho más allá de las meras tareas de ayuda y auxilio en la denominada fiesta nacional….Y lo digo con todos mis respetos hacia quienes desempeñan tan dignos menesteres. Así pues, rota en dos, aparece la voz ‘mono-sabio’, cuya imagen en sentido literal representa tres monos agrupados que simbolizan toda una filosofía de vida. Hace milenios que existen pero se volvieron familiares y cotidianos gracias a los emojis del wasap en los que aparecen sentados, tapándose con las manitas los oídos lo ojos y la boca, metafora que alude y representa una actitud ante la vida…

Los tres ‘monos sabios’, conocidos también como ‘místicos’, proceden del Japón y aparecen representados en una escultura de madera de Hidari Jingorō (1594-1634), situada sobre los establos sagrados del santuario de Toshogu (1636) construido en honor del primer Shogun Tokugawa Ieyasu. Los monos tienen nombre: Mizaru, Kikazaru y Iwazaru y unidos encarnan una máxima traida desde oriente:  «No ver el Mal, no escuchar el Mal y no decir el Mal». Aforismo que tiene su réplica en occidente tal y como aparece reflejado en el Castillo de Loarre (Huesca), construido en torno al año 1000, donde en el capitol derecho de la entrada se aprecia la inscripción: ‘ver, oír y callar’

El significado es realmente complejo aunque parece que los expertos coinciden en señalar su relación con el código filosófico y moral ‘santai’, un código de conducta que recomendaba la prudencia de no ver ni oír la injusticia, ni expresar la propia insatisfacción, sentido que perdura en la actualidad…

Según cuenta la mitología los tres fueron enviados por los dioses como observadores y mediadores entre ellos y los hombres. Su misión era observar las malas acciones y dar testimonio a los dioses. No obstante, cada uno de estos mensajeros sufría una carencia. Y es que fueron creados mediante un conjuro mágico que les otorgaba dos virtudes y un defecto, razón por la cual el proceso de mediación requería la complicidad de los tres: el mono sordo observaba y transmitía al ciego sus conclusiones y éste a su vez al mudo que, aunque no podía hablar, podía comunicarse con los dioses y encargarse de que los humanos cumplieran los castigos que se les imponía ante las faltas cometidas…

Otra teoría señala su origen en China e incluso en la India, desde donde fueron importandos a Japón, aunque, hoy por hoy, están ligados a las tallas del monasterio japonés del siglo XVII. En fin, sea como fuere, lo más importante es el mensaje que transmiten con su actitud. Para unos es ver, oír y callar, para otros no veas, no escuches y no digas maldades, tres principos inspirados en las enseñanzas de Confucio, el filósofo chino cuyas frases inspiraron algunos de nuestros dichos populares más sabios: ‘Lo que no quieras que los otros te hagan a ti, no lo hagas a los otros…’

A partir de estas leyendas han surgido diferentes enseñanzas que han ido circulando a lo largo de los tiempos. La más popular señala que el hombre no debe escuchar aquello que le lleve a cometer malas acciones, ni ver las malas acciones como algo natural, ni hablar sin fundamento. Lo que nos conduce a que debemos mantener nuestro espíritu libre y limpio de perversiones, aunque no sea eso exactamente lo que acoseja el código Santhai anteriormente mencionado que persiguió la rendición de las personas, animándolas a actuar según los principios de la filosofía estoica que nos enseña que «el camino hacia la felicidad está en aceptar lo que se nos ha dado en la vida, no dejándonos controlar por nuestro deseo de placer o nuestro miedo al dolor, usando nuestras mentes para comprender el mundo que nos rodea y para cumplir con nuestro papel en el plan de la naturaleza, trabajando juntos y tratando a los demás de una manera justa…» Posteriormente este código moral se vinculó con los tres monos. Dicha asociación se atribuye a Denkyō Daishi (767-822), fundador de la Tendaishū, la rama japonesa de la Escuela Budista del Tiantai durante el periodo Heian (794-1185).

Resultará interesante recordar que la colocación de los tres monos no es en absoluto baladí o aleatoria, de ser así resultaría inoperante. El primero es el mono sordo que ve y habla; el segundo el ciego que no necesita ver porque su misión es escuchar y transmitir y el tercero el mudo que no necesita hablar sino escuchar y decidir…Como la vida misma…Porque una siempre debería saber de qué lado ponerse, dónde colocarse frente a los demás, sobre todo, frente a sí misma y con quien establecer complicidades… Igualmente debería conocer cuando hablar y cuando callar. Elegir con acierto junto a quien (quiénes) caminar, el papel que está llamada a desempeñar y la razón de ser de su estar en la vida y en el mundo…

Desde sus origenes han sido muchas las interpretaciones, analogías, enseñanzas y símiles acerca de los ‘tres monos sabios’ tambien en occidente. De ahí que se encuentren coincidencias con los principios socráticos que nos han llegado a través de su discípulo Platón quien, según su parecer, para la buene convivencia entre la ciudadanía conviene desarrollar y practicar la virtud de la prudencia. Así lo contaba PLatón:

Un día un alumno se acercó a Sócrates para contarle un rumor que había oído y le inquietaba. Sócrates, que buscaba las respuestas interrogando, le hizo las tres preguntas que constituyen los denominados filtros socráticos:

1.-«Esto que vas a contarme, ¿ha sido contrastado de alguna manera? ¿Sabes si es verdad?» 2.- «¿Esto que vas a contarme es, por lo menos, bueno?» 3.-«Esto que vas a contarme, ¿es de alguna manera útil o necesario?». Los filtros de la verdad, la bondad y la utilidad constituyen las premisas que deberíamos tener en cuenta antes de hablar…

La moraleja parece fácil: no seas cotilla. No fisgues en la vida de los demás. No te entrometas. No opines gratuitamente. Sé prudente, guárdate de comentarios falsos. No promuevas, ni incites sin fundamento, ni pruebas, ni constatación de los hechos…Y pensando en una cultura como la nuestra en la que hablamos tan a la ligera incluso -o sobre todo- cuando se trata de asuntos ajenos, pensando en nuestros políticos más preocupados por defender sus intereses acudiendo a la dialéctica de la mentira e infectando sus discursos con la falsedad y las sospechas infundadas, manipulando, poniendo en circulación bulos que perjudiquen al contrincante y prometiendo lo que, a priori, saben que no cumplirán, para todos ellos -y para el resto- estos tres filtros socráticos constituyen un legado a tener en cuenta…Y los tres monos sabios, ‘ver, oír y callar’, un recordatorio que todos deberíamos tener presente…

O por lo menos tener en cuenta la afirmación que, mucho tiempo después, hizo Voltaire: «Todo lo que se dice debe ser cierto, pero no todo lo cierto se debe decir»…Sabio ¿eh?…Aprendiendo…

Conócete a tí mismo: ‘Gnóthi seauton…’

Sólo el conocimiento que llega desde dentro, es el verdadero conocimiento (Sócrates)
Fotografía: mp_dc

Parece que la primavera ha comenzado aunque con ciertos tintes invernales. Caprichos del clima puesto que ya dicha estación nos hizo un guiño hace poco, en pleno invierno… Seguro que los científicos tendrán su explicación… O no, vaya usted a saber…Lo cierto es que, con frecuencia, estos cambios climáticos o estacionales llegan acompañados de alteraciones emocionales que no siempre podemos comprender y, mucho menos, controlar…Astenia primaveral suelen llamarla las más de las veces, con razón o si ella, porque no siempre encontramos una respuesta o explicación. El caso es que la climatogogía y sus componentes nos influye, repercute en nuestra manera de estar, por lo que se la usa como excusa o metáfora de las experiencias personales que vivimos en determinadas situaciones..Los aires, los vientos o las borrascas y otros elementos cada uno con sus nombres, se han filtrado en nuestra manera de hablar y han permeado nuestro lenguaje a fin de reflejar o medir nuestro estado de ánimo…De ahí que de vez en cuando presumamos que nos dio ‘el siroco’ o la ‘ventolera’, o que perdimos el ‘norte’ y nos quedemos ‘fríos como el témpano…’. Y de ahí el conocido refrán ‘la primavera la sangre altera…’ 

Al hilo de esto que escribo, se me ocurre que las estaciones de frio y lluvia nos invitan a  buscar cobijo, a permanecer arrimados al calor de una buena estufa o chimenea frente a la que aguardar el paso de las inclemencias, guarecidas de tormentas, tempestades o vientos racheados capaces de removerlo todo y hasta arrancarlo de raíz… Por contra, la primavera y el estío, se identifican con todo aquello que solemos entender como renacer, revivir, resurgir… Será porque suceden al rigor inviernal o será porque llenan de hojas los árboles, hacen florecer los campos, despierta del letargo a los animales y salpica todo con pinceladas de vida… Será por eso, siguiendo con la alegoría, que a veces una siente la primavera incluso en la plenitud del más riguroso invierno y al revés…

En fin, sirva esta analogía para reflexionar, para echar un vistazo a las ‘estaciones vitales’, a las líneas que unen los puntos que conforman las diferentes rutas de nuestro mapa emocional en el que se entrecruzan los diversos trayectos. Observemos las paradas en cada puerto, las alteraciones de rumbo, las corrientes que nos desplazan e incluso nos apartan de la inercia habitual alejándonos de nuestra zona de confort…Veamos también los aires -más o menos difíciles- que nos impulsan o afectan, los vientos que nos azotan y hacen zozobrar la nave, a veces, hasta provocar un naufragio en medio de la nada más nada que pueda imaginarse… En circunstancias como esta, perdidos, asustados y a solas con nosotros mismos no nos queda otra que afrontar la gran batalla de la que pueda ser la madre de todas las guerras, la misma que sostenemos contra nuestro propio ‘yo’, contra nuestro destino fatal, batalla de la que saldremos fortalecidos como vencedores o como vencidos…No hay más opciones…

En el trasncurso de esta elucubración, me viene a la cabeza el aforismo griego «gnóthi seauton [«Γνώθι Σεαυτόν»] – conócete a ti mismo», inscrito en piedra en el pronaos del templo de Apolo en Delfos. Según narró el viajero, geógrafo e historiador Pausanias, nada más entrar la inscripción ofrece este consejo a los visitantes y, aunque parece que dicho axioma procede de los Siete Sabios de Grecia, muchos atribuyen su autoria a diferentes filósofos: Heráclitos, Sócrates, Platón…

Sea como fuere, parece que dichas palabras fueron tomadas muy en serio por Sócrates que se pasó la vida haciendo (o al menos intententando) eso justamente: conocerse a sí mismo. Posteriormente su discípulo Platón, concluyó que no podía conocer o saber nada porque su sabiduría se hallaba precisamente en los límites de su conocimiento… Y sentenció e hizo famosa frase pronunciada por su predecesor y maestro, que ha pasado a la posteridad: ‘sólo sé que no sé nada’.

Bastante más tarde, Thomas Hobbes (s. XVI-XVII) respondió a esta cuestión con una gran dosis de optimismo, considerando que una de las mejores formas para conocerse y conocer a los demás es la introspección: “si quieres apreciar lo que motiva a otros, estúdiate a ti mismo de cerca. Si observas tus propios deseos, sentimientos y pensamientos, reconocerás que lo que es ‘ser tú’, es un buen indicador de lo que es ‘ser’ como alguien más…” Mucho hubo que esperar para llegar a una conclusión a la que otrora había llegado el dramaturgo Menandro  (s. II-IV a. C.) cuando se adelantó afirmando frente al gnóthi seauton, la ‘mayor utilidad de conocer a los otros…’En definitiva, parece que todos llevan una parte de razón empezando por Sócrates que tiró de mayéutica como arte de iluminar el alma, para concluir que la verdadera sabiduría es reconocer la ignorancia. Sin saberlo puso el dedo en la llamada introspección o método de observación de uno mismo que tanto interés provoocaría tiempo después.

La semántica de la palabra ‘introspección’ se desprende de sus componentes léxicos: el prefijo intro- (en el interior), specere (mirar observar), más el sufijo -ción (acción y efecto), significa «acción y efecto de observar y analizar los actos de uno mismo», locución que acabó siendo incorporada por Wundt a la psicología científica como método de autoanálisis, autoconocimiento y autointerpretación, como resultado o fruto de un proceso que implica examinar de manera informal nuestros propios sentimientos y pensamientos internos… Dicho esto, parece justo apuntar que la introspección no gozó de la simpatía y apoyo de toda la comunidad científica pues, si bien parece apta como ‘aurorreflexión’, no sucede así en su versión negativa, es decir, como ‘autorrumiación’ o proceso por el cual la persona puede centrarse en sus defectos, dudar de sí mismas y mermar su autoestima. De ahí que escuelas como el funcionalismo y el conductismo acabaran considerando que la introspección no resultaba ni cientíca ni fiable…

Y llegados a este punto, comprendiendo que puede haber tantas teoria como psicólogos y tantas corrientes como filósofos, es justo reconocer, que cada cual solito frente al espejo tenga que solvetar sus propios nudos gordianos, tirando de aquí y de allá, de mayéutica y epistemologia, fusionando elementos del pasado con nuevos métodos que intentan insuflar en el alma humana nuevos aires que apuestan por el conocimiento de uno mismo como punto de partida para una mejor comprensión del mundo y de quienes lo habitan…

Difícil me lo fiáis…A ver quién se atreve ahora a vislumbrar la paja en el ojo ajeno o a presumir de conocer a alguien sin haber dirigido primero la mirada hacia sí mismo…

¿Cuánto hemos cambiado…?

«Amigos dicen ya no soy el mismo, […] Algunos dicen que he crecido […] ¿Cuánto tiempo no ha pasado? Y, ¿cuánto tiempo para ver cuánto hemos cambiado?» (Presuntos Implicados)

Tal día como hoy, hace dos años, se decretó el estado de alarma… Con anterioridad nos había afectado una grave crisis económica sin precedentes en los años de democracia, crisis que intentábamos dejar atrás… Y aquel jueves, 14 de marzo de 2019, se anunció algo inimaginable e impensable, algo que no cabía en una cabeza amueblada al estilo ‘siglo XXI’: la pandemia por covid19…

Nadie, a excepción de los expertos, podía calibrar la magnitud del acontecimiento ni la dimensión de las consecuencias… Nadie, ni siquiera los mismos los expertos, podía adivinar lo que se avecinaba. Ni los científicos tenían respuestas…Todo estaba por hacer… El enemigo era mortal pero no se tenían armas para combatirlo… Y con todos los interrogates y frentes abiertos, se nos instó a quedarnos en casa y organizar la vida lejos del trabajo y de las actividades cotidianas. El Gobierno se informó a la ciudadanía, exponiendo las medidas a seguir dictadas desde la OMS. Un discurso solemne a la altura de las circunstancias: con severidad pero con amabilidad, con gravedad pero con esperanza…Y así, de repente,  el mundo se quedó paralizado y se hizo el silencio…Se vaciaron las calles, se cerraron los comercios, los bares, las tiendas y se impuso una distancia social de la que aún no nos hemos recuperado del todo…Luego ‘nos quedamos en casa’ y dejamos en la calle a los trabajadores esenciales resistiendo en las trincheras y a los sanitarios apostados en la primera línea de batalla…

La galería de fotos contiene imágenes de la pandemia: mi sombra y la de mi perra como única compañía. Mi primera mascarilla FPP2. Los cables quew cruzan el lugar donde vivo, los mismos que me facilitablan la conexión vía on line…La yuca de mi vecino, la única naturaleza que podía ver durante el confinamineto estricto…El duro y solitario invierno, contemplando la lluvia tras el cristal…Las primeras salidas a la playa…Algunos animales invadieron la ciudad atraidos por el silencio y la tranquilidad de calles y plazas…Y pasaron algunas lunas hasta que volvió un verano ‘medio normal..’.

De aquellos días conservo muchos recuerdos, imágenes, sensaciones, emociones… De todas ellas nunca olvidaré  la primera vez que fui al supermercado. Ataviada al más austero estilo covid (por entonces no había mascarillas, ni guantes, ni gafas o pantallas de protección) con guantes de goma, gafas de vista y una mascarilla de quirófano que me dio un familiar, me visualizao en una larga cola esperando mi turno pàra entrar… Los carros separados a más de un metro de distancia unos de otros y un silencio sepulcral que me emocionó y me dejó un nudo en la garganta…Pero lo que más me impresionó fue cuando, ya en el interior, percibí el miedo de los demás reflejado en sus ojos. El mismo que, seguramente,  proyectaban los míos…Y el silencio, de nuevo, roto por el chirrido de las ruedas de los carros y los bultos de la personas huidizos, temerosos del roce y  contagio de un enemigo que podía estar en cualquier parte…

La experiencia prometía muchos cambios. Las crisis suelen ser buenas oportunidades para aprender y cambiar, un lema que circuló con grandes expectativas durante el primer año y que germinó en una gran muestra de solidaridad, de aplausos y cientos de iniciativa a cual más original…Un halo de empatía y generosidad parecía expandirse y descender sobre todos nosotros… La humanidad maltrecha, dolida, mermada…Y yo me pregunto, de verdad ¿cuánto hemos cambiado? Lamento la respuesta porque, hoy por hoy, pienso que muy poco, apenas nada…o casi…

 

Una mirada desde los ojos de Abdul…

Refugiado/da: Persona que, a consecuencia de guerras, revoluciones o persecuciones políticas, se ve obligada a buscar refugio fuera de su país…
Fotografía: mp_dc

A veces los escritores y aficionados a la escritura se ven enfrentados al terrible síndrome del ‘folio en blanco’. Que no salten las alarmas. Ya vendrán tiempos mejores en los que alguna musa danzarina, simpática o divina, se dejará caer dispuesta a inspirar un bello texto. Entonces los dedos se deslizarán veloces sobre un teclado humeante, a punto de estallar, ante semejante arrebato…Que no cunda el pánico…Mientras, siempre se puede tirar del ‘fondo de armario’, del pasaje inacabado o incompleto que aguarda paciente -entre los borradores- una oportunidad…Hoy, uno de esos relatos, engrosará la lista de los post publicados después de años aguardando su momento…

La guerra en Ucrania es una excusa perfecta para sacar a la luz la historia de Abdul. Porque, aunque por otras circunstancias, él también huía de su país y se vió envuelto en una ‘guerra metafórica’ a la no sobrevivió. La situación de los ucranianos, su salida hacia otros estados fronterizos intentando salvar su vida y la de los suyos, por alguna razón me hizo evocar esta otra historia sucedida hace ya varios años.

Es muy dificil ponerse en la piel de los ucranianos refugiados o de cualquiera que se vea obligados a abandonar su país dejando atrás casa, familia, amigos, trabajo… Imagino que la ‘vida de antes de la huída’ se vuelve un recordatorio añorado que, por imperfecta que fuera, se transforma en un profundo anhelo…Es posible que las grandes preocupaciones habidas hasta entonces desaparezcan de golpe y todo se vuelva demasiado pequeño. Y es seguro que, a quienes les tocó esta pesadilla, deseen con todas sus fuerzas poder regresar a la situación anterior al día del estallido del conflicto, atraidos por una felicidad de la que entonces no tenían consciencia ni valoraban suficientemente…

La convivencia con Abdul, conocerlo, hablar con él, ha sido una de las experiencias más impactantes de mi vida. Aquellas conversaciones tras la siesta o después del desayuno, sus horas de mayor lucidez antes que la morfina lo amuermara de nuevo, motivaron una profunda reflexión sobre mi propia vida y sobre las razones que tenía para sentirme agradecida a pesar del momento amargo que, por entonces, pasaba. ‘Mirar la vida desde los ojos de Abdul’ me enseñó a tener esperanza incluso cuando todo está perdido…

Viernes 7 de diciembre de 2012…

Cuando entramos en la habitación él se ocultaba tras la cortina blanca que separaba las camas. Apenas podía ver la mitad de su cuerpo que casi no abultaba bajo las sábanas. Mientras colocaba la ropa y nos instalábamos pude ver su figura, aunque no su rostro, que permanecía escondido tras un libro pequeño -el Korán- que sostenía tembloroso entre sus manos acercándolo a los ojos para poder leer. Sobre la frente comprobé una parte de sus gafas. El pelo negro, espeso y ondulado por el que asomaban las primeras canas, delataba que no era muy mayor.

Al cabo de un rato se levantó y pude verlo de pié. Enjuto, delgado, débil y lento en sus movimientos, arrastraba los pies calzados con unas chanclas de goma con calcetines, mientras se apoyaba en un tacataca para poder desplazarse. Saludó tímidamente con voz baja y asintiendo con la cabeza… Así, de esta guisa, se paseaba arriba y abajo por el largo pasillo de la quinta planta…Mientras se alejaba comprobé que su pelo oscuro destacaba entre el resto de enfermos a los que cariñosamente agrupé en el denominado (por mí) “club de las cabezas rapadas”. Él era la nota disonante en aquella sinfonía: una negra en contrapunto al resto, una melodía de redondas y blancas…

Abdul –que significa “siervo de Dios” en árabe- posee una historia parecida a la de otros muchos refugiados vengan de donde vengan, se llamen como se llamen. Para mí ahora (en aquelllos días) es especial porque es cercano y me tocó la fibra. Marroquí, de un pueblecito próximo a Casablanca, llegó a España no sé cómo pero seguro que buscando una vida mejor, sin saber que sería aquí, en este país, donde descansarían sus huesos, seguramente en una fosa común porque nadie lo podría reclamar por falta de medios para llevárselo. Este es su dilema: No puede irse porque está enfermo, necesita hospitalización y cuidados paliativos que en su país no tendría pero a cambio debe afrontar sólo su desgraciado destino...

Al día siguiente cuando despertó me pidió perdón porque hablaba en voz alta mientras dormía. Le dije que sí, que era verdad, pero que estuviera tranquilo porque soñaba en árabe. Entonces me sonrió aliviado, con ternura y una tristeza que le venía de dentro, esa tristeza que se apodera y se instala en el corazón y parece que nunca podrá marcharse…

Una vez presentados y compartida esa primera noche, estuvimos charlando. Pensé que sería grato para él hablar de su país de origen: Abdul ¿eres marroquí verdad? -afirmé- Asintió con la cabeza y me dijo el nombre de una ciudad que no entendí aunque mencionó Casablanca y entonces afirmé: ¡Conozco Casablanca!. Sus ojos se iluminaron por primera vez. ¿Tú conoces Marruecos? -me preguntó con una media sonrisa- Sí -contesté-. Y le conté mi viaje. Hablamos de la Medina de Fez, de su hamman y del guía que se llamaba como él. De Kenitra, de lo “malo que había sido Hassán II”- en lo que hizo hincapié varias veces-. Comentamos un libro («Nuestro amigo el Rey» de Gilles Perrault) que ambos habíamos leído en el que se contaban los horrores, crímenes y aberraciones de este monarca para con su propio pueblo. Referimos sobre el precioso Mausoleo de Mohámed V, de la riqueza de la Guardia Real que lo custodia y de cómo se turnan los Imanes para permanecer las 24 horas recitando las suras del Korán… Y ¡qué decir de Marrakech! La ciudad que te recibe con un oasis de palmeras. Le conté que estuve en la famosa Plaza Djem’a el-Fna, un lugar mágico donde los encantadores de serpientes te dejan boquiabierta… De sus puestos de zumos y frutas; de la música que suena cada noche; de su medina, la Mezquita Aljama con su célebre minarete, la Koutoubia, gemela de la Giralda; de los románticos jardines de la Menara… Y proseguí mencionando todos los lugares que había conocido: los curtidores de pieles de Tetuán, donde nada más entrar los fuertes olores casi te hacen vomitar… Le comenté que Rabat, sede principal del Monarca y capital, en aquellos días estaba en fiesta (era el cumpleaños del Rey). Él me preguntó por la comida y alabé particularmente la famosa sopa –harira- que ellos toman durante el Ramadán, muy rica y reconstituyente. El tajime  de pollo o cordero; el couscous y los dulces que se hacen en la “fiesta del cordero…» Hablamos y hablamos de las excelencias de su país y de los tópicos que impiden a determinadas personas viajar para conocerlo. Él insistía y recalcaba las bondades del nuevo monarca, los últimos cambios habidos, subrayando la necesidad de conocer Marruecos en diferentes estaciones que añaden nuevas luces, tomalidades y distintas paetas de color… .

Finalmente, de mi propia cosecha, añadí comentarios sobre sus playas vírgenes, esas pequeñas calas que encuentras recorriendo la costa de camino a Tánger. Alabé los colores y contrastes  de sus bellos paisajes, los múltiples aromas de las especie que se pueden comprar en los mercados o zocos. Le comenté sobre los grandes contrastes sociales, de la convivencia entre la riqueza de unos pocos frente a la miseria de muchos que apenas subsisten con un salario de risa… Hablé de cómo me había llamado la atención que los niños jugasen con balones fabricados con restos de telas y plásticos envueltos y de cómo lucen camisetas del Barça con los nombres de viejas glorias del futbol… Un pàis de bellas mujeres que, desafortunadamente, siguen siendo una moneda de cambio, ciudadanas de tercera que continúan reclamando sus derechos… Y mientras hablo los ojos de Abdul se enturbian tras este rápido viaje a través de la memoria. Y enseguida se recoge de lado en su cama, cierras los ojos y se duerme plácidamente como un niño a quien acaban de leer un cuento…

Abdul murió pocos días después. Se fue solo, tal vez con esta melodía en su cabeza… Nunca he podido olvidar su sonrisa amable, la ternura de tu rostro y ese pequeño viaje compartido, el mismo que, apenas por unos instantes, nos sacó de aquella pequeña habitación de un hospital y nos trasladó a lugares de ensueño…

Que Alá te acoja en su seno y te ayude a pasar la última frontera...

Ha pasado mucho tiempo aunque, muy de vez en cuando como ahora, Abdul acude a mi memoria y se presenta ante mí al observar las caras desencajadas de otros refugiados. Entonces pienso que vivimos en un mundo inseguro, tal vez más inseguro que el que nos dejaron nuestros padres. Que nunca sabremos qué nos deparará el futuro. Que nuestro planeta vive un tiempo de cambio y de incertidumbres. Que más que nunca se impone ser solidarios en la medida en que cada uno pueda serlo. Que ya no valen los individualismos porque somos interdependientes y todos necesitamos de todos…

Que los oráculos nos sean favorables y que las diosas (sí, las diosas por qué no) nos protejan…

Fotografía: mp_dc

Personal y transferible…(5)

«Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo» (Platón)
Fotografía: Carlos EdC

De vez en cuando esta que suscribe necesita bajarse del tren de lo colectivo y lo público para detenerse en lo ‘personal y transferible…’ Apartar la mirada del panorama social y político tan desolador en que estamos inmersos y efectuar una parada en el yo interior. «Hay un tiempo para cada cosa: Un tiempo para nacer, un tiempo para morir […] Un tiempo para sanar […] Un tiempo para edificar… Un tiempo para llorar y un tiempo para reír […]» (Eclesiastés 3, 1-15). Y todo esto dicho así, de corrido, son pensamientos que me asaltan desde hace algunos años a lo largo de esta segunda semana de febrero. Días en que caigo en una especie de letargo emocional, con el corazón encogido, adormilado, entumecido y, aunque apenas se note externamente, siento una fuerza interior que me inmoviliza el alma del tal manera que no me atrevo a dejarme llevar o afrontar sensaciones placenteras o agradables… Será por eso que escribir más allá de las propias emociones resulta un reto, a veces, insuperable, porque esta es una semana para rememorar, revivir y evocar aunque sin acritud ni pensamientos abruptos… Más bien al contrario. El recuerdo del Guardián se vuelve demasiado intenso y a la par despojado de todo lo que pudiera parecerme antiestético, grotesco o inverosímil… Su imagen cada vez más borrosa, sus gestos apenas reconocibles, su voz menos audible aunque apriete con fuerza los párpados para concentrarme y, sin embargo, su presencia se vuelve más dulce y cálida con el paso del tiempo. Aún así , hay momentos que la memoria me absorbe y transporta hasta aquel febrero frío y lluvioso que, no obstante, lució radiante el día ‘d’ a la hora ‘h’.

Los primeros años su ausencia me sumía en una espesa sensación de tristeza. Cada día de esta fatídica semana intentaba recomponer lo sucedido como homenaje al vacío que nos había dejado. Pensaba: ¿Qué menos que exhumar los recuerdos de sus últimos días? E intentaba hacerlo siguiendo fielmente la secuencia temporal real, enumerando hasta los más ínfimos detalles tal cual acontecieron (o tal cual los recordaba) considerando necesario recomponer el relato exacto e inalterable… Como si hubiera contraído una deuda que debía saldar de por vida, sentía en lo más profundo de mí que no era justo permitirme hacer cualquier cosa que me distrajera del deber adquirido para conmigo misma, que no era otro que atender su remembranza pura y dura…

Agnóstica confesa, si alguna vez he sido consciente del daño y el descalabro provocado por una educación basada en los valores judeo-cristianos-católicos, fue durante esta etapa de mi vida: prisionera de mis inocentes culpas, esclava de mis humanos errores, presa de ridículas condescendencias, necesitada de un perdón carente de faltas…

Cuando decimos que ‘el tiempo pone las cosas en su sitio’ o que ‘el tiempo lo cura todo’ es verdad… Como siempre la sabiduría popular recoge las experiencias comunes, el sentir de la mayoría o el consenso social de las emociones y las reúne escuetamente en una frase lapidaria y sabia con la que nos identificamos y percibimos sinergias, a veces, inexplicables…Y eso ha sucedido, que el tiempo ha ido difuminando lo mas escabroso, lo que más duele, lo que más aterra, rescatando a cambio todos aquellos instantes que dibujan una sonrisa, subrayan de nuevo los gestos amables desaparecidos hasta conseguir borrar esa mueca de desconsuelo que provoca ojeras y decae los párpados: el espejo del alma que es el rostro se vuelve, finalmente, menos tenso, relajado y sereno…

Y pasaron nueve años…

Aceptación…

Aunque hablara la lengua de los ángeles, aunque dominara todos los idiomas del mundo, no habría palabras para describir la pérdida de un ser querido tan especial como un hijo… Y el devenir de los tiempos cuenta a favor de quienes se van y de quienes se quedan. Los ausentes acaban regresando sanos y salvos del mal que se los llevó y vuelven lúcidos y bellos como protagonistas de una ficción que no es sino la repetición de sus momentos estelares compartidos que narramos una y otra vez cuando la familia o los amigos se reúnen: nacimiento, infancia, cumpleaños, travesuras, viajes, anécdotas, las primeras aventuras amorosas…Retazos de vida cosidos con amor que conforman, a veces, una memoria demasiado breve…Retales de una corta vida que se repetirán una y otra vez junto a su imagen imborrable e imperturbable que permanecerá idéntica e inmutable por siempre jamás…

Quienes sobreviven se reinventan y una vez reconstruidos asumen el papel de relatores, narradores de la ficción que testan su veracidad, dan testimonio, custodian los recuerdos y los transmiten para que quienes se fueron nunca se vayan del todo…

No conozco otra manera de mantenerlos vivos ni adivino otra forma de mantenernos cuerdos…

Que así sea…

Fotografía: Carlos EdC

Tiranía, sumisión y esclavitud…

Según la RAE el término Esclavo tiene varias acepciones: 1.- Dicho de una persona: que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra. 2. Sometido rigurosa o fuertemente a un deber, pasión, afecto o VICIO que prive la libertad…
Fotografía: mp_dc

Hace unas dos semana me llegó al wassapp un cortometraje de apenas dos minutos realizado por un joven egipcio que, al parecer, ha sido premiado en el Festival de Venecia: L’Altra par (tampoco sé por qué el título aparece en catalán…) Luego lo busqué en internet y por lo visto ese epígrafe corresponde a otro corto chino sobre la humidad cuyo titular aparece, esta vez, en castellano: «El otro par». No sé qué habrá de cierto en todo esto…. En cualquier caso ambos vídeos muestran la realidad de manera cruda, pura y dura…El premiado en Venecia es una animación que recrea la adicción a los móviles y a la cibermanía en general como impulso irrefrenable que nos incita a estar continuamente conectados… Una llamada de atención, una crítica social al tiempo que invertimos en lo virtual y cómo estos nuevos hábitos nos están transformando en una sociedad de individuos aislados, incapaces de compartir a través del diálogo directo, del tú a tu. Individuos a quienes les pasa desapercibido el mundo que los rodea enfrascados en las redes sociales o en las plataformas de citas de amistad on line… Una reprobación a la moda de fotografiarlo todo: lo que se hace, lo que se come, a dónde se va e incluso desafíos los más inimaginables… Un empeño desorbitado por dejar testimonio de lo cotidiano o de lo más osado para poder presumir del riesgo… Y todo esto me hizo pensar en la tiranía que ejercen las nuevas tecnologías sobre nosotros y el peligro de volvernos demasiados sumisos o esclavos…

Tal y como se puede comprobar parece que estamos perdiendo la conciencia de protagonizar la historia, que hemos caído en la trampa del piloto automático dominados por la dictadura de las pantallas y hemos entrado a formar parte de un engranaje que gira y gira sin cesar sobre nuestro propio yo, obviando cuanto existe a nuestro alrededor… Ajenos al mundo circundante nos movemos indiferentes a la existencia de los demás. ‘Los otros’, los ‘no yo’ se diluyen, pasan desapercibidos, al tiempo que nos engulle la realidad irreal o virtual… Corremos el peligro de perder la libertad para acabar siendo esclavos sumisos, seducidos y abducidos por el poder de las redes…Deberíamos caer en la cuenta de que detrás de la pantalla se esconde el verdadero poder, los nuevos esclavistas que conocen nuestras debilidades y las alimentan a fin de tenernos bajo control, entretenidos, mientras ellos nos controlan y gobiernan…

Panem et circenses

La historia de la esclavitud en el mundo tiene orígenes muy remotos y se ha desarrollado de muchas formas. El cine y la literatura ha alimentado nuestro imaginario con multitud de imágenes e historias algunas reales: Desde los ilotas griegos a los africanos capturados y vendidos en el Nuevo Mundo, una y otra se han encargado de llenar nuestras cabezas de imágenes que evocan pobres desarrapados construyendo pirámides o cientos de hombres y mujeres de color trabajando sin tregua campos de algodón a impulsos de un látigo o criados con librea sirviendo a nobles y aristócratas…Estos son los modelos de esclavitud más vendidos y proclamados en el devenir de los tiempos, propaganda de la historia oficial, la de los vencedores, la de los poderosos, de la que se desprende una idea pobre y reduccionista del concepto que puede llevar a pensar, erróneamente, que hoy por hoy no existe la esclavitud…

En el caso de España el tema en cuestión estuvo vigente hasta el primer tercio del siglo XIX. Entre los principales esclavistas se cuentan personalidades de la talla del Marqués de Comillas, cuya hija contrajo matrimonio con Eusebi Güell, mecenas de Gaudí, heredero de la fortuna que su padre amasó procedente de la venta de esclavos… Las conocidas empresarias Alicia y Esther Koplowitz son hijas de Esther Romeu de Juseu y Armenteros, aristócrata cubana y como ellas marquesa de Casa Peñalver, de Campoflorido, del Real Socorro y de Bellavista, pomposos títulos cuyo patrimonio se asentó sobre los frutos de las grandes plantaciones familiares en Cuba trabajadas con mano de obra esclava…

La trata de esclavos en España ha sido una realidad relativamente reciente retratada por conocidos pintores de la talla de Goya, Murillo o Velázquez, autor cuya pintura delata la cara más benévola de la esclavitud al mostrarlos en el ámbito de la vida cotidiana, en el espacio doméstico y familiar al que se incorporaron como servidumbre: fueron mejor tratados pero siguieron siendo esclavos…

El hilo del que tirar resultaría demasiado largo. Solo añadir que muchas calles de conocidas ciudades rinden homenaje a importantes esclavistas españoles  que asentaron sus capitales en el tráfico y venta de seres humanos, entre quienes se cuentan la propia monarquía y un buen número de políticos cuyos nombre lucen los manuales de historia: la reina Mª Cristina, Leopoldo O’ Donnell o Antonio Cánovas del Castillo, quien se opuso al proyecto abolicionista debatido en Cortes entre los años 1869 y 1870 (aunque se aprobó). En fin, el grandioso negocio con estrechos vínculos en ultramar, permitió financiar la revolución industrial que protagonizaron Cataluña y el País Vasco en el siglo XIX, hasta que el 7 de octubre de 1886 se liberaron los últimos 25.000 esclavos en Cuba y en los territorios americanos, poniendo fin a más de 400 años de comercio esclavista español.

Pero volviendo al vídeo, podría decirse que anima a reflexionar sobre los nuevos modelos de esclavitud del siglo XXI. La carrera imparable de las nuevas tecnologías nos ha traído hasta aquí y, a estas alturas, se han normalizado pautas de conducta que, para nada, nos sorprenden: andar por la calle con auriculares o el móvil a modo de bandeja, cerca de los labios, para mantener una conversación, sentarse a tomar algo mientras cada cual atiende sus wassapp, telegram o instagram, subir fotos de la bebida o de la tapa junto a un selfie con los amigos… Porque la foto es la constatación fehaciente del momento a inmortalizar. La imagen es el prueba de lo que se hace, de lo que se compra, de la ropa que se usa, del lugar al que se va de viaje, del paisaje urbano o natural y hasta de los retos, a priori imposibles, afrontados por diversión…O sea que vivimos un tanto enajenados, abstraídos y ocupados testimoniando la vida que cada cual ha fabricado dentro de su propio microcosmos, olvidando que existimos en colectividad, que nadie ‘es ni está’ solo, por sí mismo sino que somos interdependientes… Nos hemos conectado a la red virtual pero nos vivimos desconectado del mundo real…

Por eso y, aunque pueda pensarse que la esclavitud es un fenómeno del pasado, yo no estaría tan segura…Más bien considero que el paso del tiempo ha dado lugar a nuevas formas o modelos de esclavitud (aunque éste término resulte abrupto y no se use frecuentemente) de sumisión o dependencia. Por citar algunos podemos mencionar el ‘culto al cuerpo’ que lleva a muchos jóvenes a modelar su imagen hasta lograr abultar o adelgazar aquellas partes que consideran imperfectas para conseguir un físico acorde con los cánones ‘oficiales’ que validan, lo que podríamos llamar, ‘la figura ideal’, sujeta a unas medidas determinadas… Luego, para mantenerse en forma, se acude a los diferentes regímenes alimenticios (alcachofas, dieta Dunkan, ayuno intermitente…etc…) o se machacan con horas de gimnasio que algunos complementan con la toma abusiva de esteroides…

Y aún hay más… Pues nuestra sociedad actual se ve sometida a otras flagrantes formas de esclavitud perseguidas por la ley: la sexual de mujeres y niñas, algunas vendidas sin escrúpulos para ser prostituidas y para mediar en el comercio o menudeo de droga, verbigracia, las niñas tuteladas en diversas ciudades españolas… La esclavitud infantil que somete a los niños menores al trabajo y los insertan en redes de venta de drogadicción…Y otras tantas formas de adicción y dependencias varias ejercida la mayoría por hombres sin escrúpulos, carentes de moral, que manipulan y se apropian de la voluntad de los débiles y los pobres hasta transformarlos en esclavos al servicio de un dueño que jamás concederá la ‘carta de libertad’.

Todos conocemos la expresión ‘Mens sana in corpore sano’. El proverbio latino pertenece a la Sátira X escrita por Décimo Junio Juvenal (s. I-II d. C.) y popularizada gracias al entusiasmo del francés Pierre de Coubertin en la segunda mitad de siglo XIX… Tal vez este sea el camino: una mente lúcida, un cuerpo sano y seres humanos libres… Y tal vez se imponga una revisión del término ‘esclavo’ para tomar conciencia del punto en el que estamos, proponer una cultura secesionista y liberadora en la que las tecnologías estén al servicio de la humanidad y no al revés…

Yo ahí lo dejo…

Adiós ‘cabina’, adiós…

«La cabina de teléfono está cerca de alcanzar los 100 años de vida en España. Un centenario que estará marcado sin duda por la lenta agonía que padece desde hace años este servicio y que a partir de este UNO de enero tiene un nuevo motivo que empuja aún más a las cabinas telefónicas hacia su desaparición»
Fotografía mp_dc

Afirmar que vivimos un momento de cambio es algo que ya sabemos. El tiempo antes de la pandemia cada vez queda más lejos. Poco a poco parece que, casi sin querer, aunque no seamos conscientes, se normalizan nuevos usos y costumbres que llegaron para quedarse: las videollamadas, las colas, las reservas anticipadas, algunas normas de higiene, el distanciamiento social, pautas en los saludos…También el mundo de los afectos parece acomodarse a los nuevos tiempos: nos besamos menos, nos abrazamos pero con cierto recato o cuidado… Tal y como suele pasar el cambio tiene su doble cara: por un lado aporta novedades interesantes y prácticas, verbigracia el teletrabajo que facilita la conciliación familiar y, con el tiempo, permitirá vivir a cada cual donde desee pues ir a la oficina ya no será un handicap insalvable…A cambio todos estamos un poco más solos porque socializamos menos en directo; no tomamos el café con los compañeros de trabajo; algunos médicos pasan consulta on line… Y ¿Qué decir de los bancos? Pues que ya casi no atienden face-to-face, se olvidaron del tú a tú y han aprovechado la coyuntura para ahorrarse un montón de sueldos cerrando oficinas… Así que sí, todo está cambiando y ya no hay vuelta atrás incluso una vez superada la pandemia… Porque nada volverá a ser igual nos pongamos como nos pongamos…

Tal vez por todo esto y por la proliferación de los móviles, las Compañías Telefónicas decidieron retirar el resto de las cabinas… Las primeras instaladas en España se remontan a 1928, concretamente la número uno se colocó en el madrileño Parque del Retiro. La capitalidad siempre fue un grado. Y a partir de ahí se diseminaron por ciudades y pueblos dispuestas a conectar todo el territorio. En 2006 y, habiendo quedado desierto el concurso público para adjudicarse el servicio universal realizado hasta ese momento por Telefónica, el Gobierno obligó al exmonopolio a continuar prestando el servicio como hasta entonces, servicio que incluía la explotación y mantenimiento, por cierto, cada vez con mayor dejadez… Todos hemos sido testigos de alguna que otra cabina pintada, arrancada de cuajo o, por supuesto, sin línea…Y es que dejaron de ser rentables. Aquel mismo año 9.000 de las 18.000 cabinas que quedaban esparcidas por nuestra geografía no habían cursado ni una sola llamada: era el principio del fin…

Así que este 2022, siete años antes de su primer centenario, más de 14.000 se retirarán definitivamente. Con ello nos despedimos de una época en la que las cabinas han sido protagonistas de miles de historias y anécdotas, han sido el testimonio de una España concreta y de un tiempo en el que contactar con los seres queridos físicamente lejanos, constituyó todo un reto y las distancias se acortaron gracias a la telecomunicación… Parece lógico que este viejo sistema de cabina se extinga considerando que posiblemente sean mayores los costes de mantenimiento que lo que se recauda pues, al cierre de 2020, apenas se realizó una llamada cada tres días…No somos los primeros, quiero decir, en el marco europeo hace tiempo que muchos países vecinos las retiraron.

Lo cierto es que las cabinas marcaron una época. Las propiamente dichas, los teléfonos adosados en postes, en pared y también los teléfonos de monedas de sobremesa colocados sobre las barras de los bares que tan útiles nos resultaron durante años. Las cabinas han conformado el paisaje urbano a lo largo del siglo XX pero, poco a poco, fueron pasando a mejor vida aunque, durante un tiempo, se han seguido viendo sobre todo en los pueblos y poblaciones pequeñas, lugares estrechos y cerrados, como siempre, más lentos, susceptibles y, en ocasiones, más reacios a los cambios… Entonces ni siquiera todas las familias tenían teléfono fijo. Eso sí, los lazos solidarios eran muchos más extensos y originaban amplias redes vecinales. Por aquel entonces algunos vecinos de toda la vida, se consideraban una ‘parte de la familia ficticia’, un importante activo en el marco de las relaciones cotidianas sobre todo entre las amas de casa que compartían ‘descansillo’ y multiplicaban los encuentros a todas las horas del día, de manera que no resultaba raro dejar recados o esperar en el recibidor de su casa a que sonara el teléfono en situaciones de auténtica emergencia… In illo tempore la gente se sentía menos sola porque los vecinos se conocían y acompañaban. Cada uno en su casa y dios en la de todos, eso sí… La llegada de las cabinas nos abrió un universo de posibilidades hasta entonces desconocido…

Personalmente conservo un grato recuerdo de aquellos teléfonos que, por cierto, cambiaron el modelo por lo menos un par de veces. Recuerdo que mi madre siempre me aconsejaba llevar monedas sueltas por si tenía que llamar. Cuando iba de excursión con el colegio o de viaje con amigos me asignaban una cantidad aparte para llamar todos los días. Cuando llegábamos al destino todas, mis compañeras y yo, buscábamos un teléfono y hacíamos cola para llamar a nuestras madres anunciando que estábamos bien. Aquello fue un ritual muy común, nos preocupaba ‘preocupar’ a nuestros padres. A veces las llamadas se convertían en una larga cadena que se formaba entrelazando llamadas de una familia a otra para evitar ‘gastos innecesarios’ y ahorrar tiempo…Aquella alerta respecto a la llamada de rigor y cortesía me duró años, se quedó grabada en mi subconsciente incluso después que muriese mi madre…Y siempre que viajaba, cuando llegaba a mi destino, sentía el impulso y pensaba: tengo que llamar a mi ma…Justamente entonces recordaba que ya no era necesario porque ya no estaba…

Durante la adolescencia, cuando los primeros amores y amoríos, los teléfonos públicos jugaron un gran papel. En mi caso, aunque había teléfono en casa, solo lo usaba cuando mis padres salían porque no tenía intimidad. Así que las cabinas fueron cómplice de quedadas con ligues, de conversaciones íntimas con amigas, de llamadas secretas…En mi ciudad de entonces podría dibujar el mapa emocional de una época uniendo las cabinas estratégicamente colocadas en torno al que por entonces fue mi centro de interés: un barrio muy concreto por el yo rondaba. Cuando entraba en aquél diminuto cubículo a veces el corazón se aceleraba mientras esperaba ansiosa el sonido de una voz al otro lado…La misma que a veces te hacía reír y otras llorar…Conversaciones íntimas o no, en un pequeño espacio aislado en una esquina o en medio de una calle…Encuentros, rupturas, alegría o penas las cabinas constituyeron un lugar donde las emociones confluyeron aunque, a veces resultara difícil salir indemnes de situaciones complicadas ante un público expectante que permanecía a la espera, a los que veías tras el cristal, aguardando su turno con cara de pocos amigos si tardabas mucho…

La última vez que entré en una cabina fue en un viaje a Portugal justo antes de la pandemia…No. No realicé ninguna llamada, solo hice el paripé para la foto…Pero me trajo tantos recuerdos…

Cabina portuguesa

En 1972 la cabina inspiró una película dirigida por Antonio Mercedo (La Cabina, ver aquí) coescrita junto a José Luis Garci y protagonizada por José Luis López Vázquez. Una parábola kafkiana que narra la angustia de un hombre atrapado en una cabina telefónica. Lo que en principio parece una situación incluso cómica se convierte en un verdadero y angustioso drama que contagia al espectador. La crítica de entonces la calificó como una “magistral metáfora sobre la dictadura que sorprendentemente sorteó la censura franquista: la historia es tan impactante -sin necesidad de segundas lecturas- que los censores no detectaron la brutal crítica al sistema, una cabina transparente que angustia y asfixia emocionalmente al individuo. Un telefilme de sencilla factura pero tan eficaz como influyente, tanto en España como en el extranjero”.

Y eso es todo…En breve dejaremos de ver las pocas cabinas que ahora nos pasan desapercibidas y constituyen un adorno vintage en el contexto del paisaje urbano moderno. Un símbolo del pasado, testigo mudo de un presente que apuesta más por lo efímero y vive permanentemente en el cambio…

Adiós cabina, adiós…Mi agradecido recuerdo en la memoria…

Sobre la Noche de Reyes y Reinas…

Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;  enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.(Mateo, 2)
Imagen Internet

Y por fin llegaron los Reyes y Reinas y la noche de la magia dio paso a este día seis de enero, el día de los niños, de la inocencia, de la ilusión, del hechizo y la fascinación…

Cuando esta mañana temprano salí con mi perra para su ‘paseo matutino’, en las casas cercanas sonaban las voces de los niños con tono de sorpresa junto con la de los padres que también se percibían animadas…No pude evitar recordar a mis hijos pequeños, sus caritas y su alegría al ver algunos deseos cumplidos. Recordé que escribí sobre ello un pequeño relato autobiográfico extraído de mi memoria. Y decidí que podría ser el primer post de este año que comienza y, a la par, el broche final de la Navidad…Y decía así:

Es imposible no dejarnos sorprender ante la capacidad de fantasear de un niño en la noche de Reyes… Recuerdo que, aunque habíamos hablado mis amigas y yo acerca de esta noche y, a pesar de tener la evidencia de que eran nuestros padres quienes nos hacían los regalos, casi todas nos negábamos a aceptarlo porque hacerlo implicaba perder la inocencia para entrar de lleno en la cruda realidad del mundo de los adultos. Así que fingimos un tiempo más, eso sí, con la conciencia de haber cubierto una etapa, de ser menos niñas… Aún así, personalmente insistí voluntariamente en el embrujo de esos días previos, negándome a un hecho que se mostraba con una claridad innegable que no me dejó otra alternativa que aceptar...

Como todos los días cinco de enero de aquellos maravillosos años, mi padre me enviaba pronto a la cama. Tanta emoción me embargaba que tardaba en coger el sueño por mucho apretara los ojos una y otra vez… Mi padre se acercaba sigiloso de vez en cuando, comprobando si ya me había dormido porque, cuando el sueño me vencía ellos, como todos los padres, sacaban furtivamente los regalos, los colocaban en el salón y se iban satisfechos y cansados a dormir hasta que mis hermanos y yo les despertábamos para compartir la “sorpresa” de todos aquellos fantásticos regalos, justos los que habíamos pedido.

Como a las cinco de la madrugada mi hermano el mediano, siempre el más madrugador, era el que nos despertaba. Incluso cuando ya fue adolescente se erigió cómplice de mis padres. Se levantaba el primero, cogía su bici para ir a casa de mis abuelos y despertarlos a todos, incluidos mis primos. Luego volvía con churros para desayunarlos con chocolate, mientras seguíamos enredando con los regalos. Ya entrada la mañana comenzaba un deambular de escaleras arriba y abajo de los niños del bloque que aparecíamos arreglados y con los juguetes, llenos de felicidad, ansiosos por salir a la calle y jugar y jugar, como si se nos escapara el tiempo, cosa que desgraciadamente ocurrió casi, casi, sin darnos cuenta…

Transcurrido ese tiempo, que ahora se me antoja tan breve, me encontraba a mí misma, representando el papel de Reina Maga con mis hijos, yendo y viniendo a sus camas para ver si ya dormían, esperando para poder sacar de cada escondrijo los juguetes y colocarlos en el salón, con los globos y las chuches…Me veía escribiendo sus nombre con mi mejor letra, letra que ellos, desde su inocencia, identificaban como la letra del Rey correspondiente… Bajo el árbol, sobre el sofá, encima de la mesa, los regados aparecían desparramados. Algunos con sus envoltorios y lazos, otros ya abiertos mostrándose claramente: el parking de varios pisos, el robot, la muñeca en su sillita de paseo, el camión de bomberos, la equipación de la Selección Española o del Real Madrid, la Nancy, el estuche de lápices, los cuentos… Y como no,  los bombones, los huevos kinder, los tubos de lacasitos…etc…

Apenas me acostaba, no sin antes recrearme y revisar que todo estuviera en su sitio y con una media sonrisa dibujada en mi rostro, disfrutando anticipadamente tan solo al imaginármelos allí, viendo lo que yo veía en aquel momento, cansada pero tremendamente feliz ante la satisfacción de un deber cumplido, apenas me acostaba, saltaban los tres sobre mi cama y se iniciaba una especie de ritual que se repitió año tras año hasta que fueron mayores y mientras vivían en casa. La costumbre consistía en ponerse la bata y las zapatillas y hacer una pequeña fila empezando por la más pequeña, siguiendo el orden riguroso de estatura y edad. Yo entraba primero en el salón para preparar lo que denominaríamos “efectos especiales”: luces, sonido, etc… Luego contábamos hasta tres y la puerta se abría… Y entonces sus caritas asomaban sonrientes, expectantes, curiosas e incrédulas ante semejante espectáculo… Se acercaban poco a poco, algo tímidos al principio diría yo, miraban y reconocían sus regalos, se los enseñaban, me los mostraban y yo me hacía la sorprendida…Así durante un rato descubrían los suyos, los de los abuelos, los primos, etc…Eran extraordinariamente felices, nunca sabré si tanto o más que yo viéndome reflejada en ellos. Algo más tarde desayunábamos el tradicional “roscón” a la antigua usanza, es decir, con chocolate, para luego marchar a visitar a los abuelos y a los primos e intercambiar los regalos.

Poco a poco el paso de los años arrasó su ingenuidad tal y como sucediera mucho antes con la mía. No obstante, a pesar de que la vida se ha empeñado en vapulearme una y otra vez como queriendo aniquilar las ilusiones y conducirme a un descreimiento total tanto en este como en otros terrenos, he intentado sostener y transmitir –espero haberlo logrado- la magia (magia como sinónimo de ‘ilusión’) de esta noche. La misma que me llevó a ofrecer a mis seres queridos algo que sabes de antemano que le hará feliz, por inútil que sea aquello que desean. El misterio de la espera, la incertidumbre, la impaciencia, las mentirijillas, los escondites caseros…Todo forma parte de la misma fantasía…

Algunas veces me sorprendo a mí misma imaginando a mis hijos ejerciendo de reyes magos y a mí como su cómplice. Soy feliz creyéndome que ellos lo serán tanto o más que yo y ojalá que sigan desayunando chocolate, como ya lo hicieran sus abuelos y sus padres…

Y porque no quiero que olviden, ni ellos ni los que puedan llegar, vaya por adelantado este relato con profundo cariño y el más sincero deseo de que esta Noche perdure por siempre en sus memorias…

Hace ya mucho tiempo que escribí este relato autobiográfico. Probablemente si lo reescribiera no tendría el mismo tono. Mucho llovió desde entonces y, para ser justa, diré que algunos deseos se han cumplido y otros me fueron arrebatados… La vida nos da, nos quita, nos devuelve, nos lleva y nos trae… Así que desde entonces a hoy la noche de Reyes, transformada en la Noche de la Reina Maja, ha sufrido un proceso de adaptación y acomodo a las nuevas circunstancias, adecuándose al entorno, la distancia y, sobre todo, a la actual vida de esos niños, mis hijos, hoy adultos y con familia propia. Y he de decir que en esencia todo continúa siendo tal y como lo he recordado y mis hijos han sabido mantener y preservar la ilusión, la sorpresa de los regalos y de la fantasía de esta noche mágica…Respecto a mí. quizá lo más importante es verme en ellos y, como no, conservar el honorable papel de Reina Maja ‘Emérita’… Que así sea durante muchos años…

«Aprendiendo…»

«Si nadie me lo pregunta, lo sé; si me lo preguntan y quiero explicarlo, ya no lo sé.» (San Agustín)Y si San Agustín no supo, yo tampoco…
Fotografía: mp_dc

“Después de un tiempo,
una aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano y encadenar un alma,
y una aprende que el amor no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad,
y una empieza a aprender…

Que los besos no son contratos
y los regalos no son promesas,
y una empieza a aceptar sus derrotas
con la cabeza alta y los ojos abiertos,
y una aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes…
y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo
una aprende que si es demasiado,
hasta el calor del sol quema.
Así que una planta su propio jardín
y decora su propia alma,
en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.

Y una aprende
que realmente puede aguantar,
que una realmente es fuerte,
que una realmente vale,
y una aprende y aprende…
y con cada día una aprende.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro
significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

Y comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos,
sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.

Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad,
irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.

Y entiendes que los verdaderos amigos son contados,
y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira
pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vid, que disculpar cualquiera lo hace,
pero perdonar es sólo de almas grandes.

Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente,
muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.

Y te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos,
algún día llorarás por aquellos que dejaste ir porque cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible… Que el que humilla o desprecia a un ser humano,
tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado.

Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy,
porque el terreno del mañana es demasiado incierto para hacer planes y que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen
ocasionará que al final no sean como esperabas.

Y te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro,
sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas,
decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo,
ante una tumba, ya no tiene ningún sentido.

Pero desafortunadamente,
solo con el tiempo…”

Nota 1.- El poema es del gran Borges… Cada vez que lo leo pienso que probablemente lo escribió en el momento de mayor lucidez y sabiduría… Lo transcribo en femenino para identificarme… Me reconozco en esa misma reflexión conforme recorro el largo sendero de la vida, aunque ni de lejos alcanzo tanta plenitud ni clarividencia…

Nota 2.- A punto de concluir el año y, a pesar del desgaste de la pandemia, en el plano personal aunque ha habido de todo, también he disfrutado de momentos cálidos y dulces en los que compartí una memoria llena de recuerdos pasados. Es agradable poder decir a alguien: ¿te acuerdas cuándo…? También me dolió perder a una compañera muy querida…Aún así me doy cuenta que mi corazón permanece abierto a la vida, a pesar de todos los desastres vividos…Y entonces comprendo que el nuevo año representa una nueva oportunidad…

Nota 3.- El recuerdo del ‘Guardián’ perdura en el alma como una marca indeleble… La foto de la cabecera la hice hace ya tiempo en un lugar muy cerca de casa conocido como La Punta del Boquerón. Una lengua de arena con forma de cabeza de boquerón, cuya punta señala hacia el Castillo de Sancti Petri… A pesar de la escasa distancia que separa ambas orillas (la Playa y la Punta, cada una en el término de su ciudad) es mínima y solo se puede cruzar, desde donde vivo, en barco o nadando si tienes experiencia… Así que crucé en una pequeña embarcación que contraté previamente. Tan solo a unos metros, tan lejos pero tan cerca, esta playa me transporta ¿Quién necesita ir al Caribe? Me dijo una vez una amiga…Y es verdad. Este es un lugar paradisíaco, una costa casi salvaje de arenas blancas y finas desde dónde se puede contemplar la inmensidad y la belleza del Atlántico y observar el ‘punto mágico’ donde otrora llegaron los fenicios para fundar (según parece demostrar una tesis doctoral aun en curso) el Templo del Melqart, allá por el 1.100 a. de C… Tras caminar un trecho observé de lejos a este señor sentado sobre una duna que, a su vez, cubre casi la mitad un antiguo bunker medio derruido, cuya apariencia improvisa un paisaje un tanto dantesco, propio de películas de la Guerra Mundial…Y allí sentado me pareció sereno, tranquilo, como si su única misión en la vida no consistiera en otra cosa que otear a su alrededor, contemplativo, iluminado, ajeno… Como rendido al paso del tiempo…Y entonces pensé: somos tiempo…

Y hasta aquí vine aquel fatídico día portando entre mis manos los restos del ‘Guardián’, o eso decía un pequeño letrero plateado con su nombre escrito en negro que yo miraba fijamente, leyéndolo y releyéndolo una y otra vez…A estas aguas lo trajimos para que descansara libre ya de todo sufrimiento. Y todo su ser se esparció desde la superficie hasta el fondo de este mar aquel soleado día de febrero, quieto, calmo y sereno, como si una bondad suprema hubiera calmado la marea para recibirle….Una serenidad apenas rota por el rítmico susurro de un tímido oleaje que moría en la orilla, al tiempo que arrastraba y mecía lentamente las rosas blancas con aroma a despedida… Las flores del tiempo que duró su vida y en cada una de ellas, prendida, trocitos de la mía lo acompañaron en un transito hacia algún lugar o, quien sabe, si a ninguna parte… Desde entonces imagino que es aquí donde el alma del Guardián navega, sin prisa pero sin pausa, en un eterno viaje sin regreso…

Y es de aquí, de este lugar, de donde procedo, de aquellos que fundaron Melqart, mis más lejanos ancestros… Y es aquí donde volveré para descansar cuando me toque…Y pienso otra vez: Tiempo. Somos tiempo… Y mientras pasa, espero, subsisto, permanezco, vivo… O sea: ‘Aprendo…’

Punta del Boquerón. Fotografía: mp_dc