La ‘niña’ de mis ojos…

Hoy es el cumpleaños de mi hija. Concebida sin más deseo que el propio deseo, esperada desde siempre. Ella piensa que es fruto del azar pero el tiempo acabó revelándole la auténtica razón de ser de su nacimiento… Tanto su padre como yo hubiéramos querido que nuestro primer hijo fuera hija pero fue varón aunque, no obstante, he de reconocer que posee un acentuado lado femenino y un mapa emocional pleno de sensibilidades poco frecuentes en los hombres… Mi Carmela nació la noche del Festival de la OTI de 1985, retransmitido por TVE y presentado por Emilio Aragón y Paloma San Basilio que, al parecer, ganó una tal Eugenia León que representaba a México…Sin comentarios… Sólo recordar que ese programa sonaba de fondo en la habitación de la Clínica, mientras la matrona entraba y salía para comprobar cómo se desarrollaban ‘los previos’ del parto… Y en mitad de la noche, en la madrugada de aquel sábado 22 de septiembre (ya domingo) nació mi hija, la pequeña de los tres, a tan sólo una distancia de 16 meses de Carlos, el único hijo buscado y deseado conscientemente por aquello de no quedarnos en el hijo único y que de mayor acompañara a su hermano…Guiños de la vida…No hubiéramos podido imaginar ni en la peor de las pesadilla que sería el primero en dejarnos…

Carmela fue una niña muy buena, presumida, presa fácil de las bromas de sus hermanos aliados y cómplice inocente de las travesuras de Carlos, amparada y mimada por su hermano mayor, cuidador donde los haya…Mientras escribo, cientos de anécdotas pasan por mi cabeza y me hace sonreír evocar aquellos años llenos de aventuras, de idas y venidas al colegio, de tareas por la tarde, de juegos en la terraza del ático donde entonces vivíamos…Cumpleaños, Navidades, Nocheviejas, Noches de Reyes, inviernos y veranos de un tiempo que, tanto ellos como yo, recordamos con nostalgia y, desde hace poco, con el sabor agridulce de la ausencia y del vacío que Carlos nos dejó en calidad de protagonista incuestionable de las peripecias y trastadas gestadas y llevadas a cabo en aquella casa en una etapa que reconocemos feliz y llena risas…Aquellos maravillosos años en los que creíamos que todo sería fácil y todo nos quedaba al alcance de la mano…Si existe un tiempo dorado en nuestra memoria es este sin duda, porque nada puede compararse con la ingenuidad de la niñez ni con la facilidad para ser feliz incluso con muy poco…En aquella casa fuimos felices y transitamos todos: ellos de la niñez a la adolescencia y yo hacia la madurez…

Mi Carmela nació con el otoño, mi estación favorita junto con el invierno… La estación de los verdes que se destiñen para mutar a marrones, ocres y amarillos…. Del equinoccio, de las hojas secas que renuevan la vida, del recogimiento de los días que se irán acortando para aguardar el renacimiento de una nueva primavera que eclosionará en verano…Me llevó tiempo comprender la razón de ser de su venida al mundo, el sentido último, existencial, ese que se descubre en la mirada interior, en el análisis propio no ajeno…Ella y yo hemos sido diferentes y ahora nos parecemos, hemos estado lejos pero hemos caminado para encontrarnos porque somos dos caras de una misma moneda…Nuestra historia personal y familiar ha seguido una intrincada ruta que sólo nosotras podemos comprender…Hemos efectuado un recorrido lleno de baches, de curvas, de cuestas arriba, de descensos vertiginosos, de rápidos que nos han conducido, finalmente, hasta áreas de descanso donde repostar y renovarnos para seguir adelante…

Mi Carmela, la ‘niña’ de mis ojos que dormía con sus cabis baski hoy es una mujer de los pies a la cabeza: fuerte, inteligente, capaz y con una dosis de bondad más que suficiente para hacerme sentir una madre satisfecha y orgullosa…Mi deseo: una larga vida salpicada de momentos dulces, plenos, de risas, de llantos felices…’Serenidad para aceptar lo que no pueda cambiar, valor para cambiar lo que pueda y la sabiduría suficiente para saber distinguirlas’ Y si creyera en Dios le pediría me la bendiga con salud que del resto, con más o menos acierto, nos encargamos nosotras…

¡¡ Muchas felicidades hija!!

Entre ‘perras’ anda el juego…

Foto: mp_dc

Desde que Cara llegó a casa para alterar (en el mejor de los sentidos) mi vida, no dejé de preguntarme qué ocurriría cuando viniera mi hija de vacaciones con Bimba, una golden retriever, gordita y rubia que contrasta con mi morenaza y esbelta galga…Desde que la traje en junio, mi hija y yo no hemos parado de hacer conjeturas: a ver cómo se llevan, las tenemos que disfrazar, ojalá se entiendan, les haremos fotos…En fin, no hubo día que no tuviéramos esta conversación…Hasta que llegó el día…

Como suele pasar y, al margen de todas las hipótesis barajadas, Bimba bajó del coche dispuesta a saludarme con lametones, haciendo la croqueta, saltando y otras gracietas variadas hasta completar una larga serie de monadas que ha ido aprendiendo y que repite a su capricho y buen criterio perruno… Cara y yo esperábamos en la acera siguiendo las sabias instrucciones de personas expertas que nos aconsejaron cómo actuar… Pero el encuentro no pudo ser efusivo ni siquiera entre nosotros. Los tiempos que corren exigen la privación de algunos gestos que nos obligaron a contener las ganas de abrazarnos tras siete meses sin vernos…No me quiero ir por las ramas, la cosa va de las perras y de un encuentro que fue como tenía que ser: intenso y olfativo, todo un clásico…

Los primeros momentos resultaron confusos, estoy por pensar que sobre todo para nosotras…Creo que nos mostramos excesivamente protectoras y preocupadas por establecer una clara delimitación de espacios. Ellas ya se encargaron de la reafirmación territorial…Se olieron desconfiadas y, de aquella manera que los humanos no entendemos, dejaron clara la una a la otra quién era quién, es decir: quién la dueña y quién la invitada…Una auténtica paradoja porque Bimba lleva cuatro años viniendo a esta casa y Cara acaba de llegar. Aún así ya no hay ninguna duda: esta es su casa, ella manda… Y mientras esta idea iba calando en sus mentes caninas, la una que come del plato que no es suyo, la otra que bebe agua ajena, dientes de soslayo, un ladrido por aquí, una protesta por allá…Y nosotras tensas y desdobladas, poniendo orden e intentando controlar una situación, a todas luces, gobernada por ellas. La cosa quedó clara, nítida, cristalina, niquelada: entre perras anda el juego…

Bimba

Los golden son perros maravillosos. Buen carácter, cariñosos, sociables, inteligentes…Bimba es preciosa y muy buena, aunque un poco terca y muy suya…Desde que la conozco y a lo largo de estos cuatro años en los que ha desarrollado su personalidad y forjado su carácter, no dejo de repetirme que es una perra feliz…Esa es la definición. Añadiría que es estable y sana, física y emocionalmente. Ha crecido como una cachorra única, mimada, cuidada, rodeada de afecto, de amor y este es el resultado ‘normal’ que percibimos en la mayoría de mascotas criadas en un ambiente tan favorable…

Cara

Cara es una galga y los galgos son una raza especial. No todas las personas pueden tener un galgo y no lo digo yo, sino quiénes entienden…Aunque gozan de una salud de hierro, acorde al dicho ‘carne de perro’, traen de serie un ADN cargado con una información muy particular que les predispones, en cierto modo, para la vida que les espera…Desde que nacen son adiestrados para la caza o las carreras así que enseguida pasan a ser una moneda de cambio, una inversión, un negocio… Su supervivencia depende de su rentabilidad…Los machos, según dicen, son mejor tratados que las hembras quienes frecuentemente permanecen encerradas, condenadas a parir unas cuantas camadas para, finalmente, cuando se les consideran inútiles, abandonarlos a su suerte…Por eso hay tantos galgos en los refugios y por eso quien adopta un galgo, salva a dos: al que se lleva y al que llega rescatado para ocupar su sitio…

Con semejante trayectoria la mayoría porta un mapa emocional turbio, una impronta de humillación y maltrato seguido de graves carencias afectivas de las que nacen actitudes que trastocan su naturaleza haciéndoles desconfiados, asustadizos y sigilosos. Intentan no hacer ruido, ni molestar porque tienen miedo… Están pero no los oyes y pocos hacen de entrada alguna gracia o se prestan a jugar porque son perros sin ‘infancia’…Así es Cara: desconfiada, silenciosa, sigilosa, asustadiza y, ahora, dependiente… Quienes la queremos intentamos resetear su memoria para borrar o, al menos difuminar, los puntos más oscuros de su desconocido pasado. Adentrarme en el universo galgo ha resultado tan interesante como desolador y decepcionante hasta revolver las entrañas tras comprobar que los humanos seamos capaces de cometer tales atrocidades para con otros seres sintientes, hermanos de naturaleza, de los que, por cierto, tenemos tanto que aprender…

Fieles, leales, compañeras inseparables hasta la muerte, nuestras mascotas dan muestra de un amor incondicional y un agradecimiento sin límite…Nos fallarán los amigos, nos darán la espalda nuestros compañeros e incluso, se alejarán algunos familiares, pero ellas jamás nos traicionarán ni se marcharán de nuestro lado…

Cara me hace reír, me reclama caricias, me entrega ‘su barriguita’ para que se la rasque…Y así la he ido conquistando poco a poco… Día a día nos vamos compenetrando, conociendo, aprendiendo nuestros gustos y nuestras manías, acomodandonos la una a la otra… Y la verdad, cuando no estoy con ella la extraño, porque ya forma parte de mi vida…

Te quiero…y lo sabes…

Sobre los ‘oráculos’ y la ‘Sibila…’

La Sibila Cumana

Mi casa se llama ‘La Sibila…’ La Sibila representa el arquetipo de la profetisa en la antigüedad. Aunque hubo varias las más conocida fue la de Cumas. Según parece estas mujeres “poseyeron una reconocida facultad de desentrañar el futuro para profetizar acontecimientos de toda índole. Fueron descritas como muy longevas, con vidas aisladas y misteriosas, que habitaron lugares poco accesibles como grutas o sitios escondidos, posiblemente cercanos a cursos de agua. Sus palabras o predicciones, realizadas casi siempre en estado de trance, eran originadas por consultas de los visitantes…” Gozaron de gran prestigio en el mundo pagano tal vez por eso el cristianismo las incorporó muy pronto a su imaginario, sobre todo en las ceremonias que festejaban la llegada del solsticio de invierno que la Iglesia asimiló en un sincretismo muy eficaz…

El caso es que a mi me llamó poderosamente la atención que en un período tan antiguo de la Historia y, tratándose de mujeres, se reconociera públicamente su sabiduría y su capacidad de predicción en aquellas sociedades en las que las féminas eran poco valoradas más allá de la maternidad o como objeto sexual…La palabra sibilina/o, sinónima de enigmático, misterioso o esotérico, deriva su contenido semántico de estas ‘mujeres’ empoderadas en el arte de auspiciar acontecimientos venideros… Fruto del sincronismo antes mencionado ha quedado plasmado en la pintura renacentista que, dicho sea de paso, rescató los temas mitológicos y los puso de moda. La techumbre Capilla Sixtina pintada por Miguel Ángel siguiendo los criterios temáticos del Papa Julio II, es un buen ejemplo. La bóveda de medio cañón representa un conjunto que recoge nueve escenas del Génesis, los ignudis, cuatro historias del Antiguo Testamento (en las pechinas) y en los huecos triangulares las figuras de los profetas y Sibilas representados sedentes en tronos de mármol…

Sibilas y profetas

Toda esta información despertó mi admiración por las Sibilas. Existieran o no su rastro resulta imposible de ignorar y ahí quedaron eternamente inmortalizadas compartiendo la grandeza de una obra que no distingue géneros, por el contrario, Sibilas y Profetas son representados por igual. Después de la saturación religiosa del medioevo el renacimiento desvió la mirada del cielo al suelo para enfocar la belleza de la naturaleza. Más allá de la belleza física, cada Sibila aparece representada resaltando su identidad de mujer culta y sabia junto al resto de personajes, en una composición que entremezcla lo sagrado y lo profano, lo divino y lo humano…Por eso cuando llegué a esta casa pensé que sería un bonito nombre, aunque lo único que tenía en común con las Sibilas era considerar que esta casa sería mi ‘gruta’, mi ‘cueva’, un lugar donde cobijarme después de un período agitado y confuso…

Mis hijos también tuvieron algo que ver porque cuando eran pequeños y me adelantaba a ‘adivinar’ la travesura correspondiente antes que sucediera, predecía sus posible errores o anticipaba la versión verdadera de alguna mentirijilla, ellos me miraban sorprendidos creyendo que poseía ciertos ‘poderes’… Quiénes sean padres o madres comprenderán que sólo era fruto de ‘haber sido cocinera antes que fraile’ y de su propia inocencia que me lo ponía muy fácil… Cuando se hicieron mayores me despojaron de tales poderes y me ‘humanizaron’…Afortunadamente…Y enseguida pasé a ser una madre terrenal y mundana aunque ‘intuitiva’. Mi hija, a quien me une una relación de confianza, confidencialidad y complicidad, ha destacado siempre mi habilidad para percibir y comprender de manera inmediata las cosas sin necesidad de que medie la razón. Me considera una mujer intuitiva y es por eso, que ante cualquier acontecimiento importante me pregunta ¿mamá tú cómo lo ves? ¿qué ‘punto’ te da? ¿qué pálpito?… Supongo que las veces que acerté lo hice por puro sentido común, el caso es que poco a poco aumentó mi caché…

Pero la verdad es yo nunca me sentí Sibila más allá de mi pasión por el conocimiento o de las adivinanzas futuribles facilonas por aquello de ‘verlas venir’… No obstante, por motivos que no vienen al caso, cierto aire sibilino ha rondado alguna etapa de mi vida que discurrió entre enigmas (entendiendo este término como ‘enunciado de sentido artificiosamente encubierto para que sea difícil de entender o interpretar) y algún que otro misterio ‘sin resolver’… De Sibila tengo, tal vez, esa cualidad de confidente, de persona que presta oído y hombro…Nada más lejos de mí que la ‘sabiduría’, una aspiración que, no obstante, apenas va más allá de la que todos alcanzamos con la edad…Respecto a los ‘oráculos’ solo espero que, de vez en cuando, alguno sea auspicioso y me permita disfrutar de pequeños deseos y placeres compartidos en la intimidad…Del futuro sólo me preocuparé cuando llegue…Que así sea…

Yo soy yo y mis circunstancias…

Aquellos maravillosos años continuaron un poco más…Por mucho empeño que pusimos no pudimos detener el tiempo que pasó inexorablemente llevándose algunos sueños, barriendo parte de nuestras expectativas, devolviéndonos realidades imprevistas…

Aterrizamos en COU en diferentes institutos… Aquel curso nuestros cielos se llenaron de nubarrones negros que dejaron paso a sucesivas tormentas, hasta que despejó y lució de nuevo el sol en nuestros horizontes. Conforme avanzaba el tiempo se agregaron a nuestras vidas nuevos amigos y amigas, compañeros de clase que a su vez nos presentaban a otros y a otras…Empezamos a quedar los fines de semana para ir al cine, para tomar una caña y cuando alguna casa se quedaba libre organizábamos alguna que otra fiestecita o algún evento propicio para conocer a los chicos ‘más de cerca’, apartadas de los ojos ajenos, siempre atentos y dispuestos a salvaguardar nuestra virginidad, tema recurrente donde los haya en una época en la que lo importante era oponer resistencia, frenar las pasiones y cargar con la responsabilidad de los pecados del sexo contrario…A ellos les estaba permitido tentarnos una y otra vez, porque claro, eran ‘hombres’ y como tales ponían a prueba su capacidad de seducción, su virilidad, su hombría, desde la cual nos calificaron en función de nuestro grado de oposición o facilidad previa a dejarnos hacer…

El desempeño de estos roles, instalado en el discurso masculino durante los 60-70, reforzó una idea que aún subyace en el imaginario social masculino: cuando una chica dice no en realidad quiere decir, cuando menos, que ‘a lo mejor’, que ‘puede que sí’ aunque no inmediatamente…Un error del que aún quedan secuelas…Mi generación vivió a caballo entre los residuos del franquismo y los inicios de la democracia. Tuvimos que elegir entre quedarnos anclada y alineadas con la ideas gestadas en la dictadura o dejarlas detrás, subirnos al carro del nuevo orden que se avecinaba y ‘romper moldes’…Yo me apunté a esto último…En mi familia fui la primera en fumar, en viajar antes de casarme, en separarme y en otras muchas cosas más… Muchas veces me calificaron de ‘rarita’ y es que con frecuencia no encajaba y cuando me fui haciendo mayor, ni yo ni mi vida tenían que ver con la primas de mi misma edad…

La verdad es que estábamos marcadas y machacadas por una educación de doble moral y doble cara en la que lo verdaderamente importante era ‘parecer’ y no ‘ser’. Ese era el juego. Nos castraron, nos hicieron creer que seríamos seres despreciables si no nos dejábamos conducir por aquellas normas implantadas por los hombres y para su beneficio…Afortunadamente mi padre fue mucho más moderno y avanzado que mi madre en estas cuestiones. Confiaba en mí, quería que fuera independiente por eso quiso que tuviera una profesión y un trabajo. Por eso no hizo distinción entre mis hermanos y yo y estuvo muy orgulloso de su única hija (yo) una vez superada aquella etapa de ‘niña terribili’…

Cuando recuerdo este tiempo la imagen que acude a mi memoria es la de mi prima Ani. Ni ella ni yo tuvimos hermanas así que asumimos ese parentesco para cubrir la carencia. Tenía tres años más que yo. Faltaba mucho a clase porque le daban ataques de asma y yo le llevaba los deberes a casa. Mi tía y mis primos vivían con mis abuelos en una casa muy grande. Muchos fines de semana me iba con ella. Recuerdo aquella habitación de techos altos con un balcón que daba a la calle Real, entonces carretera nacional. De madrugada transitaban algunos camiones y sobre las paredes se dibujan las sombras de las contraventanas que alteraban su forma al paso de los grandes vehículos…Algunas veces me despertaba y la veía sentada en el borde de la cama ventolín en mano, respirando con dificultad y un pitido de fondo…Me sentaba junto a ella hasta que se le pasaba…Ani murió. Fue la primera muerte que me tocó de cerca y no la pude llorar, ni supe gestionar mis emociones así que su duelo me atrapó y sumergió en un período que me apartó de todo, incluso de los estudios. Estuve confundida y buscando respuestas en lugares equivocados…otra vez…

La muerte de Ani pasó como pasan las cosas de la vida, aunque tuvo un alto coste Digerir aquello me llevó tiempo hasta que finalmente las aguas se calmaron y volvieron a su cauce. Libre de tanto peso continué mi camino y mis estudios que finalicé con éxito. La muerte del dictador Franco trajo algunas movidas callejeras que también se vivieron en Cádiz. Recuerdo que más de una vez tuvimos que correr por la Cuesta de las Calesas hasta escondernos en un portal: los ‘grises’, apostados en la la esquina de la antigua tabacalera, lanzaban sus famosas bolas de goma, negras y macizas contra los estudiantes encerrados en la parroquia de Santo Domingo…Me hice muy amiga de Leonardo, un chico que militaba en la Liga Comunista Revolucionaria y de Antonio, activista del Partido de los Trabajadores…Antonio me regaló el libro de Máximo Gorki, “La Madre” que narra la historia de Pelagia una joven campesina rusa en la que Gorki simboliza el despertar del pueblo…Mis compañeros y compañeras eran de todo menos políticamente correctos…Yo aprendí mucho de ellos y, aunque nunca milité en ningún partido, me sensibilicé con todo lo que tenía que ver con la desigualdad social, los derechos de los trabajadores y de las mujeres…

Lamento reconocer que luego me aburguesé un tiempo hasta que mi yo más auténtico se apoderó de mí y, como un vendaval, arrasó todo cuanto encontró a su paso…A estas alturas del relato la memoria no me traiciona y me muestra, sin ambages, los retazos y episodios que constituyen, hoy por hoy, los anclajes que sustentan y dan pleno sentido a mi vida…Aún así, nada se puede dar por concluido, por eso si tuviera que definirme diría que estoy en ‘ permanente proceso de construcción’…Y que dure muchos años…

Aquellos maravillosos años (II)…[adolescencia]

Uniforme Colegio Carmelitas

En la década de los 60 la mayoría de centros estaban segregados por sexo/género…A mi me matricularon en un colegio de monjas, entonces privado y para niñas, hoy concertado y mixto. Entré con 4 o 5 años. Mis primeros recuerdos me devuelven la imagen de un gran patio con un pozo en el centro lleno de plantas con grandes hojas verdes, a través del cual entra la luz que ilumina, bajo las arcadas, un amplio pasillo por donde caminamos en fila…Alrededor de aquel cuadrado se accedía a las diversas dependencias: la secretaría, la capilla, el comedor, algunas aulas y la portería gestionada por una señora (que entonces nos parecía muy mayor pero que seguro no lo era tanto) vestida de negro y con el cabello blanco llamada Rita, una mujer muy buena, con poco carácter a la que, con el tiempo, camelamos más de una vez. Rita nos vio crecer hasta los 16 años. Establecimos con ella una corriente de simpatía mutua que nos servía de entretenimiento. A veces nos parábamos a hablar con ella e incluso le hicimos algunas confidencias, según qué cosas claro… Al final su complicidad tejida y pulida entre rato y rato, confesión y confesión, sirvió para que hiciera la vista gorda de alguna que otra escapada al horno Colón para comprarnos el desayuno…Rita nos curó muchas heridas con mercromina roja: en los codos, las manos, las rodillas… y nos sacó del apuro cuando la regla nos sorprendía antes de lo previsto…Su recuerdo en la distancia, borroso y pixelado, se vuelve cercano y su actitud amable y generosa acude entrañable a mi memoria …

Desde que entré en este colegio hasta que salí para ir al instituto con 16 años llevé un uniforme como el de la foto. Uniforme que se completaba con unos zapatos de la marca ‘Gorilas’ marrones con cordones (traían una pelota verde, como la de tenis, de regalo) que mis padres compraban a principio de curso en ‘Calzados Galán’. Los gorilas lucían unos impecables calcetines cortos blancos…Mi madre me hacía el uniforme y me dejaba un trozo de más en la cintura que soltaba conforme crecía…Tuve una relación muy personal con mi uniforme…Quiero decir que lo cuidaba, me gustaba llevar las tablas de la falda bien planchadas sobre todo por detrás…Debajo usaba una camisa blanca o beige que mi madre tenía la manía de abrochar desde el primer botón, el mismo que yo me desabrochaba en cuanto salía de casa…Completando el ‘equipo’ una bata (que aquí llamamos ‘babi’) de tela de vichy de cuadritos blancos y celeste que se compraba confeccionado en ‘Almacenes Blanco’, que poníamos sobre el uniforme para no ensuciarlo y que cada viernes viajaba a casa para lavar…

Los primeros años me llevaba mi hermano en su bici. Me sentaba en la barra hasta que llegábamos a la puerta donde me soltaba, a veces de mala gana, y vuelta a casa…Al mediodía comía en el comedor…Muchas veces me quedaba la última con la comida aún en el plato, intentando deshacer una bola de carne mientras una monja daba vueltas a una mesa larga con encimera de mármol blanco…La recuerdo con las dos manos hacia arriba, abriendo los dedos y bajándolos en una cuenta atrás que me agobiaba muchísimo…Tanto, tanto, que un día me escapé delante de las narices de la portera escabulléndome entre las madres…No tuve problema, conocía el camino de regreso…Aquel día castigaron a mi hermano, yo comencé a ir sola al cole y, lo mejor de todo, dejé de quedarme al comedor….

Amigas para siempre…

Durante aquellos años hice amigas inolvidables. Las relaciones de amistad tiene muchos matices porque cada persona es única, individual y te aporta algo diferente. La amistad es una relación que he ido poniendo en valor conforme ha pasado el tiempo y en este momento considero la relación más estable y duradera que podamos establecer con nuestros iguales…En esta etapa la noción de amistad sufrió un proceso de evolución directamente proporcional al mío propio… Primero fui una niña tímida de notas brillantes. Cuando me nombraban los profesores me sonrojaba y no me salía la voz del cuerpo…Pero todo cambió desde el momento que mi primera amiga, Aurora, sacó mi vena cómica y traviesa, reprimida hasta entonces, que ella supo ver y explotar hasta anular aquella falsa identidad construida sobre la timidez y la vergüenza que, no obstante, subyace todavía a pesar de mi aparente soltura…Desde aquel momento el tono distendido, el atrevimiento, la atracción por la desobediencia y el desafío de lo prohibido -aunque siempre desde el respeto- se apoderaron de mí y una oleada de felicidad me inundó…A cambio, las notas dejaron de ser tan buenas porque yo iba al colegio a ser yo misma, a jugar, a pasarlo bien, a divertirme y no me daba para más…Creo que jamás me reí tanto ni saqué tanto partido al tiempo que pasaba en aquella clase en la que olía a frescura, a alegría de vivir entre aquellas otras niñas, ajenas todas al sufrimiento, al dolor, a la pena… Aquello duró poco porque mi padre me dio un primer y único ultimatum y desde entonces jamás volví a suspender aunque no cedí a la diversión ni abandoné el afán de aventuras… Aquellos años fueron realmente maravillosos…

Pero la naturaleza siguió su curso y las hormonas de la adolescencia cambiaron mi cuerpo, mi ánimo y me aportaron un sin fin de nuevas sensaciones que me condujeron a experiencias sensoriales maravillosas e inocentes que fueron moldeando mi personalidad, templando mi carácter y agitando mi alma…Aquellas travesuras pueriles dejaron paso al resurgir del pensamiento y el encuentro con la vida nos llevó, a mí y a mis amigas, a reflexionar sobre nuestros derechos, la injusticia, la religión, la desigualdad…Me volví rebelde, contestataria, abandoné algunas creencias y busqué respuestas, posiblemente en lugares equivocados, porque no obtuve ninguna…Comencé a colaborar en actividades solidarias desde que unas jóvenes misioneras llegaron desde África y nos mostraron diapositivas sobre aquellas culturas y formas de vida gobernadas por la escasez y la pobreza. He de reconocer que por primera vez se tambalearon mis principios asentados sobre las bases de nuestra sociedad occidental y un estado del bienestar que, por entonces, me parecía suficiente e incluso generoso… Desde aquel momento dediqué una parte de mi tiempo a colaborar de manera altruista con un grupo de compañeras liderado por una monja de la ‘última oleada de renovación’, llegada desde Madrid, con una visión innovadora sobre la juventud, buscando cauces para formar en valores humanos sin el ánimo de convencer o convertir…Visitábamos chabolas, ayudábamos en un Hospital de ancianos, recaudábamos fondos, hacíamos rifas…Dormíamos en paz confiando en el bien que habíamos hecho o alimentábamos nuestros egos alardeando en nuestro interior por aquella actitud caritativa…o seguramente las dos cosas…

Y entre tanto me enamoré por primera vez o eso pensé entonces, aunque más tarde comprendí que el primer amor no tiene por qué ser el primero pues, tratándose de emociones, no existe un orden riguroso…Conocí a Ramón en la feria. Tenía los ojos azules y pequeños. Me encandiló su desparpajo, su gracia, su risa fácil y su labia…Tengo un recuerdo suyo precioso. Me quiso y le quise pero el futuro tenía otros planes para cada uno de nosotros aunque ha seguido vivo en mi recuerdo, ese lugar donde hay cabida para todo y para todos…Ramón pertenece a la adolescencia, a los quince años, al despertar de la sexualidad, de la ‘vida’ en sentido amplio…Era la primera vez de todo o no…Porque mucho más tarde hubo una segunda ‘primera vez’ incluso más intensa si cabe, aunque también se acabó por más empeño que yo puse …Parece que la vida me tenía reservado otros planes…

Prolongué mi adolescencia tanto como pude…Hicimos una pandilla de cuatro: Mamen, Trini, Lola y yo…Fuimos muy buenas amigas. Juntas en las excursiones, las cuatro sentadas al final del bus. Viajamos a Portugal, a Galicia, a Zaragoza donde nos bebimos unas botellas de vino que compramos para nuestros padres en el Monasterio de Piedra … Fumábamos ‘Mencey Capote’ o ‘Pippermint’ a escondidas, en un portal de la calle Rosario por la tarde, antes de entrar en clase…Nos echaron muchas veces de la capilla porque nos daban ataques de risa incontrolada… Cuando nos llevaban de retiro, por la noche nos escondíamos en los armarios para quedarnos hablando hasta las tantas de la madrugada… Hicimos autostop para poder ir Cádiz donde nos cambiábamos la ropa entre nosotras…Muchas tardes tomábamos cañas y tapas de ‘flamenquines’ en la parte de arriba del emblemático ‘Bar Royalty’, escenario de encuentro, testigo mudo de secretos inconfesables, de sobremesas en tardes de hastío o contradicciones propias de la edad…Paseábamos hasta allí desde Colón, atravesando la calle Rosario entretenidas en los escaparates del comercio. No teníamos pudor de llegar allí con nuestros uniformes de niñas y nuestras ideas de mujeres iniciadas en debates y confrontaciones en torno a aquellas rústicas mesas de madera, para hablar y hablar sobre el sentido de la vida, la injusticia social, la libertad, el matrimonio, el sexo y todas aquellas cuestiones que despertaban nuestra curiosidad, nuestra sensibilidad y, sobre todo, nuestras ansias de vivir de una manera diferente a la de nuestras madres…Entonces no éramos conscientes, probablemente ni siquiera conocíamos el término ‘feminismo’ pero luchábamos y libramos nuestras pequeñas batallas por ser las mujeres que ahora somos…Y estuvo bien, muy bien…

Al acabar el bachillerato nuestros caminos irradiaron hacia lugares diversos. Durante un tiempo continuamos en contacto, luego hicimos nuevas amistades y sólo nos veíamos de vez en cuando en la calle o en algún encuentro previamente acordado…Mamen es médica, tiene un hijo y nunca se casó tal y como predijo…Lola hizo magisterio. Se casó, tiene tres hijas, la última con síndrome Down…siempre la vi feliz…A Trini le perdí la pista. También hizo magisterio, se casó y tuvo una hija. No ejerció su profesión pero se hizo librera. Lo último que supe fue que se había separado…Vaya para ellas mi recuerdo cariñoso y agradecido por todo lo que vivimos juntas ‘aquellos maravillosos años…’

Aquellos maravillosos años (I)…[infancia]

Hace apenas unos días fue mi cumpleaños…No hice ninguna celebración aunque la familia y los amigos se acordaron de mí e incluso me llegaron algunos regalos. Tuve ese día 3 de julio la cabeza ocupada en varios asuntos…Y de fondo el recuerdo presente de mi madre que falleció con los mismos años que yo cumplo. Recibí el correo de una amiga y le contesté contándole estos detalles a los que, entre otras cosas, añadí: “…aparte de estos datos, mucha gente se ha acordado de mí. He vivido ya dos vidas y media más que Carlos y adoptar a Cara ha sido lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo…No puedo sino estar agradecida…”

El primer recuerdo de mi infancia me lleva al piso donde vivía, concretamente al pasillo, donde me veo montada en un triciclo con el asiento forrado de rojo y un timbre que toco sin parar como si transitara por una calle a tope de tráfico…Visto un pantaloncito corto a cuadros y un jersey…Dos trenzas me caen hasta los hombros y un flequillo sobre la frente que mi padre mantenía cortado justo por encima de las cejas. Me crecía muy rápido así que con frecuencia me sentaba frente a él y me decía: ‘estate quieta y mírame fijo…’ Yo obedecía ciegamente porque adoraba a mi padre…Él se colocaba a mi altura y comenzaba aquel ritual…Si cierro los ojos, puedo oír el crujir del pelo con las tijeras pegadas a un peine y hasta sentir las pelusillas que caen sobre mi boca y sobre mi ropa…Pedaleaba y pedaleaba por aquel pasillo que entonces me parecía largo y espacioso aunque apenas se recorría en seis o siete pasos…

También paseé por allí un coche de capota vestido con una colcha de piqué blanca entrelazada con una cinta celeste…Mi madre cosía la ropa de mis muñecos: sábanas, colchas, pantalones o vestidos…La recuerdo sentada en su butaca con un bolso lleno de restos de lanas y telas que utilizaba para este menester…Me pedía que sujetara las madejas estiradas entre las manos. Tenía que moverlas hacia un lado y hacia otro mientra ella liaba y liaba un ovillo en el que al final clava las agujas de hacer punto. Tenía muchas y estaban numeradas según grosor…De vez en cuando, por la tarde, la acompañaba a la mercería. Compraba hilos, agujas, cremalleras, broches, corchetes…Le encantaba coser…A mi no. Siempre me hizo ropa y, a mí y a mi hermano y a mi padre, jerseys y chalecos…Una vez le hizo un jersey verde de cuello alto a mi hermano porque iba en una Lambretta con su amigo Pedro, a la Escuela de Ingeniería de Cádiz y, según decía ella, con ese jersey ‘gordo’ no pasaría frío…Aún tenemos algunas fotos en blanco y negro donde lo lleva puesto.

Había en casa un armario de madera, ahora que lo recuerdo, era precioso. Mi madre me había dejado la balda de abajo para que pusiera mi cocinita a la que no le faltaba detalle…Me sentaba en una silla pequeña con las puertas abiertas de par en par y daba de comer a ‘mis muñecos…’ Los bañaba tanto que estaban pálidos…Luego los vestía y les daba unos biberones que contenían un líquido blanco que simulaba la leche y al inclinarlo desaparecía, lo que me dejaba satisfecha en mi papel de ‘pequeña madre’ que alimenta amorosamente a sus hijos… No tenía ni idea de los biberones que años más tarde daría a mis hijos de verdad, ni de las noches sin dormir, ni de los sofocones que pillé cuando mi hija no los quería y empujaba la tetina hacia fuera con su lenguita…

Luego pasé un tiempo jugando con niños y abandoné por completo aquel rol de madre cuidadora de hijos que, afortunadamente, no crecían…Jugué con patines de cuatro ruedas. Eran de hierro y traían una cintas de cuero marrón que, por cierto, se aflojaban y dejaban escapar el pie…Creo que pasé más tiempo colocándolos que patinando…Con aquel grupo mixto hice incursiones por donde no se debía…Ibamos al ‘barrero’ y hacíamos cámaras de foto como con plastilina…Un trozo de cristal de alguna botella hacía las veces de objetivo…También hicieron espadas de madera imitando a las pelis de ‘Marisol’ que estaba de moda y era un ídolo para las niñas…Aquella etapa no duró mucho. Las hormonas revolucionadas de los chicos acabaron con nuestra paciencia…Por entonces todo era pecado que además había que confesar…No salían rentables aquellas amistades con el sexo contrario…No, hasta que el tiempo me ayudó a poner cada cosa en su sitio…

Cerca de mi casa abrieron un parque infantil. Tenía columpios, laberintos, toboganes de varias alturas…En invierno me mojabas el trasero y en verano me quemaba los muslos…Yo volvía casi siempre con un agujero en mi ropa interior que mi madre tejía con hilo de algodón…Cuando llegaba antes de decir nada ya me advertía: “seguro que otra vez traes un agujero…” Efectivamente. Una vez un chaval se coló sin pagar y el señor que estaba en la entrada le gritó para que se fuera. Él corrió para salir por donde había entrado, saltando una valla de ladrillos rematada con unas rejas acabadas en punta de lanza, con tan mala suerte que se la clavó en los gemelos…Me impactó ver cómo se levantaba la piel por delante de la tibia, como un pico, sin que llegara a atravesarle …Enseguida nos arremolinamos alrededor asustados y curiosos hasta que llegó una ambulancia y se lo llevaron…Tardé en volver al parque y, sobre todo, en borrar de mi cabeza aquella pierna clavada y la expresión de dolor de aquel muchacho…

En invierno salíamos a jugar ‘al pincho’ o ‘lima’. Trazábamos unos cuadros sobre la tierra húmeda y la lanzábamos para que se quedara incrustada. Cada cuadro tenía un valor que se iba sumando…Nunca fui buena en eso. Recuerdo que los niños, cuando alguno lo hacía muy bien, decían: “fulanito tiene mucha ‘maña’…”No era mi caso…Luego se puso de moda el ‘elástico’ o a la ‘goma’. Mi madre me comparaba no sé cuántos metros y yo lo liaba (tal y como ahora hago con los cables) en forma de madeja para que no se hicieran nudos. Era entretenido. Saltábamos por turno así que o saltabas o te tocaba tener el elástico en los tobillos e ir subiendo conforme la saltadora de turno pasaba de fase pasando del tobillo a mitad de la pierna, la rodilla, la cadera y la cintura y hasta debajo de los brazos, a donde nunca llegué…Cuando no me dejaba mi madre bajar a la calle saltaba sola en casa, sujetando la goma entre dos sillas. Era latoso porque se movían y tenías que colocarlas una y otra vez…Pero entonces nada era urgente y menos cuando jugabas…

Aquellos años fueron maravillosos. El mundo entero por descubrir, mil cosas por hacer, proyectos que ejecutar, planes, amores, risas, diversión y una sensación de infinitud, de eternidad, de para siempre, que me impedía poner límites al tiempo…Aquellos años lejanos que vuelven frescos me ayudan a reencontrarme con aquella niña obediente y asustada, incapaz de arriesgar por el miedo a perder, siempre dispuesta a dar para poder recibir, alegre y comedida primero, divertida y disparatada después…Y frente a ella, cara a cara, no puedo sino sentirme agradecida por todo lo que ha vivido…No fue todo como soñó, algunas cosas se han parecido a lo que quiso, otras ni siquiera estuvieron en su horizonte y pocas, muy pocas resultaron ser las verdaderamente deseadas …Pero de todas he aprendido…¿Qué más puedo pedir?

Bajo el hechizo de Cara…

Aquí empezó todo…

Como ya conté unos post atrás la muerte y el duelo por mi hijo Carlos me dejó sumida en la oscuridad durante un tiempo. Costó regresar de las tinieblas…Todavía, de vez en cuando, esa nube espesa me atrapa y me zambulle durante unos días en una especie de burbuja que me hace sentir que el tiempo se detiene apenas un instante, hasta que ‘algo’ me devuelve la consciencia y me obliga a regresar…

En el transcurso de la enfermedad también se fueron Tristán y Jana, nuestras mascotas. Crecieron todos juntos, niños y cachorros. Por aquel entonces todo parecía fácil y para siempre, las risas llenaban la casa, los juguetes se esparcían por doquier y la vida transcurría de travesura en travesura tanto de unos como de otros y, casi siempre de todos -niños y perros- en complicidad…Fueron años de juventud acompañados de risas, de muchas risas, de alguna que otra dificultad y también de muchas ilusiones y proyectos propios de quien parece poseer la certeza de una vida larga y ancha que de pronto se tornó corta y estrecha…Tristán y Jana se marcharon antes que Carlos, a veces pienso que para recibirlo y acompañarlo en su tránsito, una idea que aunque pueda parecer absurda me llena de ternura y me reconforta …

La vida después de Carlos, una vez cerrado el duelo y en paz, transcurría serena, pausada, silenciosa… Hasta que llegó la pandemia y con ella la obligada reclusión. Nada nuevo para mí curtida en experimentar el paso del tiempo entre música, lecturas y blogs o ensimismada en el noble oficio de investigar releyendo -lupa en mano- documentos de hace cuatro siglos…Pero el confinamiento sumó a mi silencio habitual el mutismo exterior que me privó de los sonidos callejeros: de las voces extrañas, de los ruidos de los coches, del deambular cotidiano del que también participaba…Somos seres gregarios, interdependientes, interconectados, formamos parte de una larga cadena de causas y efectos que se ha prolongado en el devenir de los tiempos hasta este preciso instante en que escribo…Y entonces lo supe. Supe que era el momento idóneo de traer a un nuevo ser sintiente a mi vida y sentí sin miedo que quería adoptar a una perrita tan necesitada de compañía y afecto como yo…

Entonces comencé a contactar con refugios y, sin saber cómo, los galgos se cruzaron en mi camino…Me decidí conmovida por el sufrimiento que les acompaña producto de la huella del maltrato al que se ven sometidos a causa de lo que algunos llaman ‘el arte de la caza’, una matanza legalizada para disfrute humano…Y así la conocí, la he tenido en acogida hasta que ayer la adopté…Aunque, sinceramente, he llegado a pensar que en realidad me adoptó ella… Un ligero cambio de planes…

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La mirada de Cara

Y esta es Cara Mía, ‘mi querida’ compañera. Una galguita de año y medio aproximadamente. Miedosa, tímida, asustadiza, lista y con una mirada que atrapa y seduce… Apenas lleva conmigo tres semanas y ya ha desplegado todos sus encantos hasta conquistar mi corazón, instalarse en mi casa, apoderarse de mi sofá y, cuando me voy, esperar a que regrese echada en mi butaca…

Sí, es cierto, su venida ha puesto patas arriba mi ‘orden’ y mi ‘rutina’ pero arrancarme una sonrisa cada mañana al despertar, mientras su hocico huele a mi alrededor y su carita se acerca a la mía reclamando cariño…eso no tiene precio…

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Su primer paseo en coche…

Cambiando de tercio…

#Fase1.

Foto:mp_dcb

Tanto tiempo confinada me dio para reflexionar mucho recordando cómo era mi vida antes y repensar cómo será a partir de ahora… Es evidente que vivimos un proceso de ‘transposición’…Como si de una melodía se tratara nos adaptamos a una escala de tonos más acordes con la realidad actual y la de un futuro a medio plazo…No soy capaz de proyectar mucho más allá porque enseguida experimento inquietud e incertidumbre especialmente si las autoridades, con el pretexto de informar, nos desinforman…O eso me parece a mí cuando al escuchar atentamente los informativos percibo como resultado una sucesión de palabras semi vacías, aspirantes a clarificar que, sin embargo, producen el efecto contrario y acaban emborronando y enturbiando la información pues resultan comedidas en exceso y poco atrevidas o claras, algo así como un ‘quiero y no puedo’ que no me tranquiliza…Se supone que deberían comunicar con verborrea y locuacidad, con un lenguaje más claro y menos técnico que inspire más seguridad y confianza y menos dudas y sospechas…Ahora que lo pienso, a lo mejor de trata del ‘mediador’…

Pero así están las cosas y ahora que ya salimos a la anormal normalidad, nos tropezamos con la ‘dificultad de lo simple’, de lo sencillo, de todo aquello que hacíamos hace dos meses de manera natural e inconsciente, como, por ejemplo, tomarse una cerveza cosa que hice ayer por primera vez y que he valorado como un ‘ensayo práctico’ que, a todas luces, he suspendido…Encontrar mesa fue sencillo, mantener la distancia con mi amiga también. La camarera llegó con su mascarilla y su libreta a la antigua usanza y preguntó ¿vaso o botellín?…Las dos nos miramos cómplices y dijimos casi a la vez: ‘botellín, un tercio’…Así, a lo grande…Enseguida cuchichelleamos: “Sí, mejor así ¿verdad? ¡Qué buena idea lo del botellín!…” La chica se acercó y nos trajo un par de tercios abiertos y protegidos con una servilleta negra de papel que envolvía elegantemente el cuello a la par que se metía en el gollete, lista para girarla y dejarlo limpio como una patena…Luego chasquido de brindis, al centro y pa dentro…De aperitivo unos frutos secos en un pequeño cuenco del que mi amiga, muy versada en cuestiones de protección, (‘máster en mascarillas, alcoholes y líquidos de manos varios) y muy atenta para conmigo, vertió una pequeña parte sobre su servilleta, dejando el resto para mí en el envase original en que yo, menos estilosa, en un plis plas y con ‘la acostumbrada normalidad de antes’, metí la zarpa varias veces…

Foto: mp_dcb

Hasta hace nada esta liturgia era tan simple como cotidiana…Pero hoy por hoy parece que empezaremos a experimentar las dificultades ante las cosas más simples una teoría que, basándome en la experiencia de ayer, paso a detallar. Primero, mi amiga vino a recogerme en la puerta de casa. Conforme me dirigía a su coche me indicó la puerta de atrás, como habíamos quedado. Me senté en el asiento totalmente preparado para la ocasión, a fin de mantener la distancia prudente recomendada. Me sentí como si fuera en un taxi e incluso bromeé al respecto. Luego, llegamos al paseo marítimo como por primera vez… La arena estaba lisa y limpia: ‘Como no hay depredadores’ -sentenció mi compañera- a lo que yo asentí de inmediato con la cabeza… Luego comentamos: ‘Nunca se vieron tantos deportistas’…Y es que todos, hagamos o no deporte, vestimos de esa guisa…Apenas anduvimos 50 metros, mi compañera vio el bar abierto y una mesa libre en primera fila, así que cual niña feliz ante la travesura, se dirigió a ella mientras miraba hacia los lados por si divisaba algún rival yendo hacia el mismo objetivo…Ya sentadas y servidas, enviamos las fotos que previamente nos habíamos hecho para inmortalizar el momento y de paso provocar alguna que otra envidia…Nos quitamos las mascarillas, obvio.. Yo no sabía dónde ponerla. Mi amiga -muy previsora- sacaba y metía el móvil en una bolsa de plástico -libre de virus- Yo me toqué la cara a dos manos mientras hablamos de un jabón de arroz muy bueno para la piel, manos que apoyé luego en la silla de plástico y que, anteriormente, como dije, introduje varias veces en el cuenco del aperitivo…Lo mejor (o peor según se mire) fue la sensación de estar infringiendo la ley o huyendo como un par de fugitivas a punto de ser descubiertas in fraganti

La nueva normalidad es tan nueva que está toda por estrenar…Todo aquello que por sencillo o simple nos parecía fácil, ahora constituye un verdadero reto y está sujeto a un ceremonial al que deberemos acostumbrarnos si queremos sobrevivir … En fin, nuevos tiempos, nuevos retos…Nunca lo simple ne resultó tan complejo…

EROS Y PALABRAS (by Pura García)

Entrelazar palabras para hacer poesía siempre me ha parecido un ‘don’ que requiere de una especial sensibilidad y una manera singular de percibir el mundo y captar las emociones…Encajar sentimientos en una semántica tan correcta como bella es todo un arte que Pura García posee.

Y a cada texto la autora añade una fotografía propia junto con una exquisita selección musical que acompaña y conduce a los lectores a través de sus versos…

El resultado final es un blog personal, íntimo, elegante y cuidado que merece la pena visitar…

A ello os invito desde mi modesto espacio: https://puramariagarcia.com

Fortaleciendo vínculos…Entretejiendo vidas…

#YoMeQuedoEn Casa

El confinamiento comienza a pasar factura. Tal vez sea demasiado pronto pues intuyo, a tenor de las noticias, que esto va para bastante largo…El paso de los días sin estar cerca de mi familia o de mis amistades comienza a hacer mella y a la reclusión se suman otras incertidumbres sobre qué vendrá después. Ya no solo preocupa cuándo podremos volver a salir sino cómo serán nuestras vidas después del coronavirus…Porque seguro que habrá un antes y un después, lo que me lleva a pensar si tal vez estemos frente una nueva forma de contar el tiempo, un nuevo cómputo para narrar la historia antes y después del covid (a.c y d.c).

Parece que fue ayer y han pasado 35 días. Recuerdo aquel 13 de marzo con mucho cariño. Fue mi último día ‘normal’ antes del coronavirus (a.c). Pasé la mañana arreglando mi casa. Salí a hacer la compra y preparé todo para compartir mi mesa con una amiga. Ella me regaló su compañía además de una pieza del pan que ella misma hizo y una botella de vino que aún no probé porque me parece demasiado bueno para beberlo a solas… Me recuerdo sentadas en el sofá riendo y bromeando, haciendo chistes con la separación que nos esperaba a consecuencia del confinamiento por el covid-19 que Pedro Sánchez anunciaría al día siguiente…Este fue mi último acto social en tiempos ‘a.c’, un día que permanecerá ligado al olor del pan, al sabor de una comida en compañía, a un albúm de fotos, a los nietos compartidos, al sabor de un vino al compás de una agradable conversación, a un pequeño paseo de vuelta a casa, a risas y, sobre todo, al abrazo cercano, lleno de sincero afecto y amistad…Por ese día: gracias amiga…

Aunque no siempre, algunas veces el cariño y la confianza no se hacen esperar. Como por arte de magia se produce una conexión instantánea y todo fluye: el afecto, la intimidad, la familiaridad…Casi sin darnos cuenta la persona recién llegada enseguida queda incorporada a la ‘familia de amigos/as’, integrándose de inmediato en esos círculos concéntricos conformados en nuestro entorno que nos arropan y reconfortan…El paso del tiempo se encarga de entretejer estos mimbres que, en ocasiones, se vuelven tan potentes e intensos que incluso superan los de la propia sangre… La amistad ahora, tal vez más que nunca, es un valor en alza, seguro y rentable del que recientemente me he apuntado algún que otro tanto. Y como creo más en la ‘causalidad’ y bastante menos en la ‘casualidad’, me muestro constantemente agradecida por las personas que tan oportunamente llegaron a mi vida…

Vivimos un tiempo de obligada distancia, una medida muy difícil de sostener para nosotros los occidentales acostumbrados al lenguaje gestual de natural cercano: Nos damos la mano, nos tocamos el hombro, nos acariciamos la espalda, apretamos el antebrazo…Gestos de afecto, de proximidad, de aprobación, de solidaridad… Y ahora, la higiene sanitaria se impone como una medida necesaria provocando un vacío que solo es posible sustituir mediante el uso de la palabra, hablada o escrita. Las palabras son ahora un instrumento necesario para vehicular, intercambiar y regular el tránsito de sentimientos, emociones y experiencias vitales cotidianas. Solo así podemos fortalecer los vínculos, entretejer nuestras vidas, sostener y afianzar nuestras relaciones…

No nos queda otra que mirar este tiempo con una mirada ‘tierna’, de cuidados delicados del nuestro cuerpo y también del alma, de contemplar los beneficios recibidos, valorar lo bueno que tenemos, recordar con ternura lo vivido y soñarla para lo que nos quede por vivir… Vaya esta hermosa ‘Sinfonía’ para quienes despiertan mi ternura y me regalan la suya…

‘La ternura’ (Sinfonía…Con letra)

Pensamientos hilvanados…

#YoMeQuedoEnCasa

‘Atravesando la luna’ Foto: mp_dc

Esta mañana me levanté temprano y desayuné en mi pequeño porche. Nada ostentoso pero ciertamente un lujo en estos tiempos que corren… Y mientras me llevaba la taza a los labios, levanté la mirada y me tropecé con la imagen de una luna mañanera, como yo. Bastó inclinarme un poco para que la vista me engañase y pareciera cruzada por un cable. No sé por qué se me antojó un hilo tembloroso dirigido hacia el ojo de una aguja, dispuesta a atravesar pedazos de tela hasta dejarlos cosidos…Esa fue la primera reflexión del día y desde ese primer pensamiento, comencé a hilvanar una idea con otra… Y en esa tarea estaba, cuando entré rápidamente en casa, para coger mi cámara… Un click después… ¡voilà!

A pesar de haber escrito una y otra vez que parece que vivamos el ‘día de la marmota’ no es verdad…Hoy se cumplen 29 días de confinamiento. Ninguno ha sido igual a otro. El ánimo presenta tantos picos como las estadísticas del covid o más…Para todos está siendo un reto permanecer tanto tiempo recluidos, aunque para algunos sea más complicado por cuestión de espacio, por la convivencia con personas no deseables, por escasez de recursos, por falta de comodidades, porque se junten muchos o, como en mi caso, demasiado pocos…También he repetido hasta la saciedad la oportunidad introspectiva que representa el confinamiento y cuánto podemos aprender…En mi caso no solo estoy aprendiendo a base de mirar dentro sino también fuera. Y he descubierto que, además de mi familia, tengo unos sólidos cimientos afectivos, seguros e incondicionales. Son mis amigas y amigos que me asisten en la distancia y en proximidad…Me aconsejan qué hacer para protegerme. Me envían su cariño en forma de puesta de sol, de días nublados, de verdes prados o una foto con máscara de protección… De algunas apenas me separan unos pocos minutos. Todos y todas me hacen (y les hago) compañía a diario. Me soportan, me animan, me hacen reír, se ríen conmigo y con mis cosas, me envían wasaps de buenos días y besos de buenas noches… Con algunas más que otras comparto mis miedos, mis incertidumbres…Con todos mis puntos de vista, las noticias, los últimos datos de la pandemia y proyectos de vernos, de invitarnos a comer y, sobre todo, de abrazarnos… Son mi soporte vital en este tiempo en el que la soledad cansa, pesa, absorbe, conmueve, asusta, invade, aísla, inquieta, aburre, sobrecoge e intimida…Y sobre todo me deja desnuda en la más absoluta vulnerabilidad…Toda una lección que, en un plis plas, me hace comprender que la independencia y la autosuficiencia es pura falacia. Todos necesitamos de todos o por lo menos de alguien, de una mano amiga tendida porque no siempre podemos levantarnos solas…

Y como toda tesis tiene su antítesis, en el reverso de la cara generosa y afable, descubro en mi ‘ha de haber’ a otras personas a las que quiero, cuya ausencia me escuece y en algunos casos, de tanto escocerme hasta me duele… No dudo que puedan tener sus razones y no seré yo quien las contradiga, las censure o las juzgue…No es tiempo de rencores, ni de ajustes de cuenta. Sencillamente las echo muchísimo de menos…Y empiezo a pensar si esta emoción fluye sólo en una dirección… Corro un tupido velo con la esperanza de estar equivocada…

Y conforme escribo, porque la inspiración campa libremente y por su cuenta, me viene a la cabeza una famosa ‘Oda’ del poeta romano Horacio: «Carpe diem, quam minimum credula postero», es decir «Aprovecha el día, no confíes en el mañana.» Y eso hago…O eso intento hacer… Porque, como Leucónoe, no sé qué me tendrán reservado los dioses…

En fin que hoy me levanto hilvanando pensamientos, cosiendo ilusiones, reviviendo destellos fugaces de deseos cumplidos y sin cumplir, aparcados o pendientes. Intentando alejarme de lo que no puede ser para atender mejor a lo que es posible o probable… Entre una cosa y otra media un espacio enorme, vacío de certidumbres y, por qué no decirlo, lleno de miedos hoy por hoy fundados…

Monólogos cruzados…

‘Conexiones’. Foto: mp.dcb

#YoMeQuedoEnCasa

Sobre mi mesa de trabajo reposa mi agenda… Desde que empezó el confinamiento,  cada mañana, antes de comenzar la rutina, anoto el número de días que llevo en casa desde que se decretó la alerta: hoy suman 18.

He de confesar que mi mapa emocional contiene a estas alturas alguna que otra muesca. A pesar de recorrer a diario cada uno de los puertos que me conectan con mis familiares, amistades, amigos y amigas más íntimas, tras cada conversación se sucede de nuevo la soledad y el silencio. Hace años que aprendo a sacarle jugo a los días: los exprimo, disecciono, escruto y exploro, porque, en esta etapa, el tiempo constituyen mi mayor capital y como si del parquet de la bolsa se tratara, pienso y reviso mis inversiones a fin de obtener mejores y mayores réditos…

No me gusta mirar al pasado con tristeza, con pesar, arrepentimiento, dolor y mucho menos con rencor o resentimiento. Puede que algunas cosas me retuerzan el estómago y me revuelvan por un instante el alma, pero tengo la capacidad de pasar por encima como quien salta rápido sobre las brasas de una hoguera para no quemarse las plantas de los pies…Por eso corro veloz  sobre las ascuas encendidas del pasado para que apenas una leve sensación de calor me afecte… No obstante, estos días, supongo que es inevitable echar mano de nuestro mayor patrimonio: los recuerdos. No para lamentarse, ni entristecerse sino por el puro placer de recrearse en ellos. Ahora, sí, justo ahora que el tiempo parece transcurrir más despacio, ahora que no hay prisa y nos dedicarnos a ordenar los cajones, la despensa, a tirar papeles inútiles, a pegar fotos en un álbum, ver las películas que ya hemos visto varias veces y oír la música que casi habíamos olvidado…

Y hablando de música, ayer me llamó una amiga, una amiga de hace tantos años que cuesta decirlo porque incluso a nosotras nos parecen demasiados. Me animaba a ver un documental sobre ‘Chavela Vargas’ y me dijo: “tú vas a llorar, yo me emborraché…” A lo que contesté: “no esperaba menos…” Y así fue. Busqué el documental y alguna lágrima cayó. Las canciones de Chavela me retrotraen a mi ático, a mis niños pequeños, a veranos en la playa después de comer, a vacaciones en Denia o Bueu, a viajes largos con los tres peleando en el asiento de atrás, a una terraza desde la que miraba mientras esperaba ansiosa, cumpleaños y noches de Reyes, juegos al escondite y fines de semana que comenzaban muy temprano con risas y peleas de hermanos… Fue en aquella casa y en aquel tiempo cuando comencé a escuchar sus canciones… En aquel entonces fui feliz comiéndome a bocados la vida, apurando al extremo los instantes…Tal vez un tanto inconsciente cosa que, posiblemente, colaboró a mi felicidad y me mantuvo ajena y enajenada…

Algo tiene Chavela que atrapa. Una vida profunda, intensa, plena, vehemente y llena de contrastes que te hace visualizarla como una mujer capaz de amar y odiar casi al mismo tiempo…Una figura potente, hoy por hoy icono y referente del feminismo mexicano. Un torbellino que rompió moldes, que construyó su identidad demoliendo los pilares fundamentales sobre los que sustentamos nuestras vidas: el amor de una madre y la aceptación social. Una superviviente, una mujer hecha a sí misma que convirtió la soledad en una amable aliada y compañera de vida. Su biografía es un relato de supervivencia, de fortaleza nacida de la dificultad. Uno de tantos ejemplos de cómo los seres humanos tocan fondo para poder resurgir transformados, renacidos de las propias cenizas, reinventados, dotados de una experiencia renovadora, dispuestos a dar la batalla de nuevo…Esta mujer, de vida ancha y larga, con paradas en tantas estaciones como canas poblaron sus cabellos, ha sabido cantar al amor en todas sus facetas y formas: desde el presentimiento al amor sensual forjado en la pasión y el deseo, pasando por el dolor del abandono, del desencuentro hasta la tristeza de la pérdida, la añoranza ante la ausencia, los celos, la melancolía y la querencia de volver…

Así que sí, amiga mía, Chavela humedeció mis ojos hasta verter unas lágrimas. También yo, como ella, como tú, hemos experimentado en nuestras carnes esas sensaciones mundanas que nos narra con su voz quebrada. Sensaciones que aún pasados los años, a veces se declaran en rebeldía y vuelven: atemporales, sin atender al tiempo ni a la distancia, incapaces de someterse o doblegarse a cualquier disciplina o imposición…Sinergias, puntos de encuentros que nos conectan a través de los recuerdos encarnados en su música y recreados en su vida. ¿Y sabes qué ? Lejos de entristecerme me hizo sentir afortunada, dispuesta a vivir y apurar hasta el último trago…Muy acertada tu sugerencia…como siempre…Gracias…