Bajo el hechizo de Cara…

Aquí empezó todo…

Como ya conté unos post atrás la muerte y el duelo por mi hijo Carlos me dejó sumida en la oscuridad durante un tiempo. Costó regresar de las tinieblas…Todavía, de vez en cuando, esa nube espesa me atrapa y me zambulle durante unos días en una especie de burbuja que me hace sentir que el tiempo se detiene apenas un instante, hasta que ‘algo’ me devuelve la consciencia y me obliga a regresar…

En el transcurso de la enfermedad también se fueron Tristán y Jana, nuestras mascotas. Crecieron todos juntos, niños y cachorros. Por aquel entonces todo parecía fácil y para siempre, las risas llenaban la casa, los juguetes se esparcían por doquier y la vida transcurría de travesura en travesura tanto de unos como de otros y, casi siempre de todos -niños y perros- en complicidad…Fueron años de juventud acompañados de risas, de muchas risas, de alguna que otra dificultad y también de muchas ilusiones y proyectos propios de quien parece poseer la certeza de una vida larga y ancha que de pronto se tornó corta y estrecha…Tristán y Jana se marcharon antes que Carlos, a veces pienso que para recibirlo y acompañarlo en su tránsito, una idea que aunque pueda parecer absurda me llena de ternura y me reconforta …

La vida después de Carlos, una vez cerrado el duelo y en paz, transcurría serena, pausada, silenciosa… Hasta que llegó la pandemia y con ella la obligada reclusión. Nada nuevo para mí curtida en experimentar el paso del tiempo entre música, lecturas y blogs o ensimismada en el noble oficio de investigar releyendo -lupa en mano- documentos de hace cuatro siglos…Pero el confinamiento sumó a mi silencio habitual el mutismo exterior que me privó de los sonidos callejeros: de las voces extrañas, de los ruidos de los coches, del deambular cotidiano del que también participaba…Somos seres gregarios, interdependientes, interconectados, formamos parte de una larga cadena de causas y efectos que se ha prolongado en el devenir de los tiempos hasta este preciso instante en que escribo…Y entonces lo supe. Supe que era el momento idóneo de traer a un nuevo ser sintiente a mi vida y sentí sin miedo que quería adoptar a una perrita tan necesitada de compañía y afecto como yo…

Entonces comencé a contactar con refugios y, sin saber cómo, los galgos se cruzaron en mi camino…Me decidí conmovida por el sufrimiento que les acompaña producto de la huella del maltrato al que se ven sometidos a causa de lo que algunos llaman ‘el arte de la caza’, una matanza legalizada para disfrute humano…Y así la conocí, la he tenido en acogida hasta que ayer la adopté…Aunque, sinceramente, he llegado a pensar que en realidad me adoptó ella… Un ligero cambio de planes…

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es dsc_1388.jpg
La mirada de Cara

Y esta es Cara Mía, ‘mi querida’ compañera. Una galguita de año y medio aproximadamente. Miedosa, tímida, asustadiza, lista y con una mirada que atrapa y seduce… Apenas lleva conmigo tres semanas y ya ha desplegado todos sus encantos hasta conquistar mi corazón, instalarse en mi casa, apoderarse de mi sofá y, cuando me voy, esperar a que regrese echada en mi butaca…

Sí, es cierto, su venida ha puesto patas arriba mi ‘orden’ y mi ‘rutina’ pero arrancarme una sonrisa cada mañana al despertar, mientras su hocico huele a mi alrededor y su carita se acerca a la mía reclamando cariño…eso no tiene precio…

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es 20200627_185639.jpg
Su primer paseo en coche…

Cambiando de tercio…

#Fase1.

Foto:mp_dcb

Tanto tiempo confinada me dio para reflexionar mucho recordando cómo era mi vida antes y repensar cómo será a partir de ahora… Es evidente que vivimos un proceso de ‘transposición’…Como si de una melodía se tratara nos adaptamos a una escala de tonos más acordes con la realidad actual y la de un futuro a medio plazo…No soy capaz de proyectar mucho más allá porque enseguida experimento inquietud e incertidumbre especialmente si las autoridades, con el pretexto de informar, nos desinforman…O eso me parece a mí cuando al escuchar atentamente los informativos percibo como resultado una sucesión de palabras semi vacías, aspirantes a clarificar que, sin embargo, producen el efecto contrario y acaban emborronando y enturbiando la información pues resultan comedidas en exceso y poco atrevidas o claras, algo así como un ‘quiero y no puedo’ que no me tranquiliza…Se supone que deberían comunicar con verborrea y locuacidad, con un lenguaje más claro y menos técnico que inspire más seguridad y confianza y menos dudas y sospechas…Ahora que lo pienso, a lo mejor de trata del ‘mediador’…

Pero así están las cosas y ahora que ya salimos a la anormal normalidad, nos tropezamos con la ‘dificultad de lo simple’, de lo sencillo, de todo aquello que hacíamos hace dos meses de manera natural e inconsciente, como, por ejemplo, tomarse una cerveza cosa que hice ayer por primera vez y que he valorado como un ‘ensayo práctico’ que, a todas luces, he suspendido…Encontrar mesa fue sencillo, mantener la distancia con mi amiga también. La camarera llegó con su mascarilla y su libreta a la antigua usanza y preguntó ¿vaso o botellín?…Las dos nos miramos cómplices y dijimos casi a la vez: ‘botellín, un tercio’…Así, a lo grande…Enseguida cuchichelleamos: “Sí, mejor así ¿verdad? ¡Qué buena idea lo del botellín!…” La chica se acercó y nos trajo un par de tercios abiertos y protegidos con una servilleta negra de papel que envolvía elegantemente el cuello a la par que se metía en el gollete, lista para girarla y dejarlo limpio como una patena…Luego chasquido de brindis, al centro y pa dentro…De aperitivo unos frutos secos en un pequeño cuenco del que mi amiga, muy versada en cuestiones de protección, (‘máster en mascarillas, alcoholes y líquidos de manos varios) y muy atenta para conmigo, vertió una pequeña parte sobre su servilleta, dejando el resto para mí en el envase original en que yo, menos estilosa, en un plis plas y con ‘la acostumbrada normalidad de antes’, metí la zarpa varias veces…

Foto: mp_dcb

Hasta hace nada esta liturgia era tan simple como cotidiana…Pero hoy por hoy parece que empezaremos a experimentar las dificultades ante las cosas más simples una teoría que, basándome en la experiencia de ayer, paso a detallar. Primero, mi amiga vino a recogerme en la puerta de casa. Conforme me dirigía a su coche me indicó la puerta de atrás, como habíamos quedado. Me senté en el asiento totalmente preparado para la ocasión, a fin de mantener la distancia prudente recomendada. Me sentí como si fuera en un taxi e incluso bromeé al respecto. Luego, llegamos al paseo marítimo como por primera vez… La arena estaba lisa y limpia: ‘Como no hay depredadores’ -sentenció mi compañera- a lo que yo asentí de inmediato con la cabeza… Luego comentamos: ‘Nunca se vieron tantos deportistas’…Y es que todos, hagamos o no deporte, vestimos de esa guisa…Apenas anduvimos 50 metros, mi compañera vio el bar abierto y una mesa libre en primera fila, así que cual niña feliz ante la travesura, se dirigió a ella mientras miraba hacia los lados por si divisaba algún rival yendo hacia el mismo objetivo…Ya sentadas y servidas, enviamos las fotos que previamente nos habíamos hecho para inmortalizar el momento y de paso provocar alguna que otra envidia…Nos quitamos las mascarillas, obvio.. Yo no sabía dónde ponerla. Mi amiga -muy previsora- sacaba y metía el móvil en una bolsa de plástico -libre de virus- Yo me toqué la cara a dos manos mientras hablamos de un jabón de arroz muy bueno para la piel, manos que apoyé luego en la silla de plástico y que, anteriormente, como dije, introduje varias veces en el cuenco del aperitivo…Lo mejor (o peor según se mire) fue la sensación de estar infringiendo la ley o huyendo como un par de fugitivas a punto de ser descubiertas in fraganti

La nueva normalidad es tan nueva que está toda por estrenar…Todo aquello que por sencillo o simple nos parecía fácil, ahora constituye un verdadero reto y está sujeto a un ceremonial al que deberemos acostumbrarnos si queremos sobrevivir … En fin, nuevos tiempos, nuevos retos…Nunca lo simple ne resultó tan complejo…

EROS Y PALABRAS (by Pura García)

Entrelazar palabras para hacer poesía siempre me ha parecido un ‘don’ que requiere de una especial sensibilidad y una manera singular de percibir el mundo y captar las emociones…Encajar sentimientos en una semántica tan correcta como bella es todo un arte que Pura García posee.

Y a cada texto la autora añade una fotografía propia junto con una exquisita selección musical que acompaña y conduce a los lectores a través de sus versos…

El resultado final es un blog personal, íntimo, elegante y cuidado que merece la pena visitar…

A ello os invito desde mi modesto espacio: https://puramariagarcia.com

Fortaleciendo vínculos…Entretejiendo vidas…

#YoMeQuedoEn Casa

El confinamiento comienza a pasar factura. Tal vez sea demasiado pronto pues intuyo, a tenor de las noticias, que esto va para bastante largo…El paso de los días sin estar cerca de mi familia o de mis amistades comienza a hacer mella y a la reclusión se suman otras incertidumbres sobre qué vendrá después. Ya no solo preocupa cuándo podremos volver a salir sino cómo serán nuestras vidas después del coronavirus…Porque seguro que habrá un antes y un después, lo que me lleva a pensar si tal vez estemos frente una nueva forma de contar el tiempo, un nuevo cómputo para narrar la historia antes y después del covid (a.c y d.c).

Parece que fue ayer y han pasado 35 días. Recuerdo aquel 13 de marzo con mucho cariño. Fue mi último día ‘normal’ antes del coronavirus (a.c). Pasé la mañana arreglando mi casa. Salí a hacer la compra y preparé todo para compartir mi mesa con una amiga. Ella me regaló su compañía además de una pieza del pan que ella misma hizo y una botella de vino que aún no probé porque me parece demasiado bueno para beberlo a solas… Me recuerdo sentadas en el sofá riendo y bromeando, haciendo chistes con la separación que nos esperaba a consecuencia del confinamiento por el covid-19 que Pedro Sánchez anunciaría al día siguiente…Este fue mi último acto social en tiempos ‘a.c’, un día que permanecerá ligado al olor del pan, al sabor de una comida en compañía, a un albúm de fotos, a los nietos compartidos, al sabor de un vino al compás de una agradable conversación, a un pequeño paseo de vuelta a casa, a risas y, sobre todo, al abrazo cercano, lleno de sincero afecto y amistad…Por ese día: gracias amiga…

Aunque no siempre, algunas veces el cariño y la confianza no se hacen esperar. Como por arte de magia se produce una conexión instantánea y todo fluye: el afecto, la intimidad, la familiaridad…Casi sin darnos cuenta la persona recién llegada enseguida queda incorporada a la ‘familia de amigos/as’, integrándose de inmediato en esos círculos concéntricos conformados en nuestro entorno que nos arropan y reconfortan…El paso del tiempo se encarga de entretejer estos mimbres que, en ocasiones, se vuelven tan potentes e intensos que incluso superan los de la propia sangre… La amistad ahora, tal vez más que nunca, es un valor en alza, seguro y rentable del que recientemente me he apuntado algún que otro tanto. Y como creo más en la ‘causalidad’ y bastante menos en la ‘casualidad’, me muestro constantemente agradecida por las personas que tan oportunamente llegaron a mi vida…

Vivimos un tiempo de obligada distancia, una medida muy difícil de sostener para nosotros los occidentales acostumbrados al lenguaje gestual de natural cercano: Nos damos la mano, nos tocamos el hombro, nos acariciamos la espalda, apretamos el antebrazo…Gestos de afecto, de proximidad, de aprobación, de solidaridad… Y ahora, la higiene sanitaria se impone como una medida necesaria provocando un vacío que solo es posible sustituir mediante el uso de la palabra, hablada o escrita. Las palabras son ahora un instrumento necesario para vehicular, intercambiar y regular el tránsito de sentimientos, emociones y experiencias vitales cotidianas. Solo así podemos fortalecer los vínculos, entretejer nuestras vidas, sostener y afianzar nuestras relaciones…

No nos queda otra que mirar este tiempo con una mirada ‘tierna’, de cuidados delicados del nuestro cuerpo y también del alma, de contemplar los beneficios recibidos, valorar lo bueno que tenemos, recordar con ternura lo vivido y soñarla para lo que nos quede por vivir… Vaya esta hermosa ‘Sinfonía’ para quienes despiertan mi ternura y me regalan la suya…

‘La ternura’ (Sinfonía…Con letra)

Pensamientos hilvanados…

#YoMeQuedoEnCasa

‘Atravesando la luna’ Foto: mp_dc

Esta mañana me levanté temprano y desayuné en mi pequeño porche. Nada ostentoso pero ciertamente un lujo en estos tiempos que corren… Y mientras me llevaba la taza a los labios, levanté la mirada y me tropecé con la imagen de una luna mañanera, como yo. Bastó inclinarme un poco para que la vista me engañase y pareciera cruzada por un cable. No sé por qué se me antojó un hilo tembloroso dirigido hacia el ojo de una aguja, dispuesta a atravesar pedazos de tela hasta dejarlos cosidos…Esa fue la primera reflexión del día y desde ese primer pensamiento, comencé a hilvanar una idea con otra… Y en esa tarea estaba, cuando entré rápidamente en casa, para coger mi cámara… Un click después… ¡voilà!

A pesar de haber escrito una y otra vez que parece que vivamos el ‘día de la marmota’ no es verdad…Hoy se cumplen 29 días de confinamiento. Ninguno ha sido igual a otro. El ánimo presenta tantos picos como las estadísticas del covid o más…Para todos está siendo un reto permanecer tanto tiempo recluidos, aunque para algunos sea más complicado por cuestión de espacio, por la convivencia con personas no deseables, por escasez de recursos, por falta de comodidades, porque se junten muchos o, como en mi caso, demasiado pocos…También he repetido hasta la saciedad la oportunidad introspectiva que representa el confinamiento y cuánto podemos aprender…En mi caso no solo estoy aprendiendo a base de mirar dentro sino también fuera. Y he descubierto que, además de mi familia, tengo unos sólidos cimientos afectivos, seguros e incondicionales. Son mis amigas y amigos que me asisten en la distancia y en proximidad…Me aconsejan qué hacer para protegerme. Me envían su cariño en forma de puesta de sol, de días nublados, de verdes prados o una foto con máscara de protección… De algunas apenas me separan unos pocos minutos. Todos y todas me hacen (y les hago) compañía a diario. Me soportan, me animan, me hacen reír, se ríen conmigo y con mis cosas, me envían wasaps de buenos días y besos de buenas noches… Con algunas más que otras comparto mis miedos, mis incertidumbres…Con todos mis puntos de vista, las noticias, los últimos datos de la pandemia y proyectos de vernos, de invitarnos a comer y, sobre todo, de abrazarnos… Son mi soporte vital en este tiempo en el que la soledad cansa, pesa, absorbe, conmueve, asusta, invade, aísla, inquieta, aburre, sobrecoge e intimida…Y sobre todo me deja desnuda en la más absoluta vulnerabilidad…Toda una lección que, en un plis plas, me hace comprender que la independencia y la autosuficiencia es pura falacia. Todos necesitamos de todos o por lo menos de alguien, de una mano amiga tendida porque no siempre podemos levantarnos solas…

Y como toda tesis tiene su antítesis, en el reverso de la cara generosa y afable, descubro en mi ‘ha de haber’ a otras personas a las que quiero, cuya ausencia me escuece y en algunos casos, de tanto escocerme hasta me duele… No dudo que puedan tener sus razones y no seré yo quien las contradiga, las censure o las juzgue…No es tiempo de rencores, ni de ajustes de cuenta. Sencillamente las echo muchísimo de menos…Y empiezo a pensar si esta emoción fluye sólo en una dirección… Corro un tupido velo con la esperanza de estar equivocada…

Y conforme escribo, porque la inspiración campa libremente y por su cuenta, me viene a la cabeza una famosa ‘Oda’ del poeta romano Horacio: «Carpe diem, quam minimum credula postero», es decir «Aprovecha el día, no confíes en el mañana.» Y eso hago…O eso intento hacer… Porque, como Leucónoe, no sé qué me tendrán reservado los dioses…

En fin que hoy me levanto hilvanando pensamientos, cosiendo ilusiones, reviviendo destellos fugaces de deseos cumplidos y sin cumplir, aparcados o pendientes. Intentando alejarme de lo que no puede ser para atender mejor a lo que es posible o probable… Entre una cosa y otra media un espacio enorme, vacío de certidumbres y, por qué no decirlo, lleno de miedos hoy por hoy fundados…

Monólogos cruzados…

‘Conexiones’. Foto: mp.dcb

#YoMeQuedoEnCasa

Sobre mi mesa de trabajo reposa mi agenda… Desde que empezó el confinamiento,  cada mañana, antes de comenzar la rutina, anoto el número de días que llevo en casa desde que se decretó la alerta: hoy suman 18.

He de confesar que mi mapa emocional contiene a estas alturas alguna que otra muesca. A pesar de recorrer a diario cada uno de los puertos que me conectan con mis familiares, amistades, amigos y amigas más íntimas, tras cada conversación se sucede de nuevo la soledad y el silencio. Hace años que aprendo a sacarle jugo a los días: los exprimo, disecciono, escruto y exploro, porque, en esta etapa, el tiempo constituyen mi mayor capital y como si del parquet de la bolsa se tratara, pienso y reviso mis inversiones a fin de obtener mejores y mayores réditos…

No me gusta mirar al pasado con tristeza, con pesar, arrepentimiento, dolor y mucho menos con rencor o resentimiento. Puede que algunas cosas me retuerzan el estómago y me revuelvan por un instante el alma, pero tengo la capacidad de pasar por encima como quien salta rápido sobre las brasas de una hoguera para no quemarse las plantas de los pies…Por eso corro veloz  sobre las ascuas encendidas del pasado para que apenas una leve sensación de calor me afecte… No obstante, estos días, supongo que es inevitable echar mano de nuestro mayor patrimonio: los recuerdos. No para lamentarse, ni entristecerse sino por el puro placer de recrearse en ellos. Ahora, sí, justo ahora que el tiempo parece transcurrir más despacio, ahora que no hay prisa y nos dedicarnos a ordenar los cajones, la despensa, a tirar papeles inútiles, a pegar fotos en un álbum, ver las películas que ya hemos visto varias veces y oír la música que casi habíamos olvidado…

Y hablando de música, ayer me llamó una amiga, una amiga de hace tantos años que cuesta decirlo porque incluso a nosotras nos parecen demasiados. Me animaba a ver un documental sobre ‘Chavela Vargas’ y me dijo: “tú vas a llorar, yo me emborraché…” A lo que contesté: “no esperaba menos…” Y así fue. Busqué el documental y alguna lágrima cayó. Las canciones de Chavela me retrotraen a mi ático, a mis niños pequeños, a veranos en la playa después de comer, a vacaciones en Denia o Bueu, a viajes largos con los tres peleando en el asiento de atrás, a una terraza desde la que miraba mientras esperaba ansiosa, cumpleaños y noches de Reyes, juegos al escondite y fines de semana que comenzaban muy temprano con risas y peleas de hermanos… Fue en aquella casa y en aquel tiempo cuando comencé a escuchar sus canciones… En aquel entonces fui feliz comiéndome a bocados la vida, apurando al extremo los instantes…Tal vez un tanto inconsciente cosa que, posiblemente, colaboró a mi felicidad y me mantuvo ajena y enajenada…

Algo tiene Chavela que atrapa. Una vida profunda, intensa, plena, vehemente y llena de contrastes que te hace visualizarla como una mujer capaz de amar y odiar casi al mismo tiempo…Una figura potente, hoy por hoy icono y referente del feminismo mexicano. Un torbellino que rompió moldes, que construyó su identidad demoliendo los pilares fundamentales sobre los que sustentamos nuestras vidas: el amor de una madre y la aceptación social. Una superviviente, una mujer hecha a sí misma que convirtió la soledad en una amable aliada y compañera de vida. Su biografía es un relato de supervivencia, de fortaleza nacida de la dificultad. Uno de tantos ejemplos de cómo los seres humanos tocan fondo para poder resurgir transformados, renacidos de las propias cenizas, reinventados, dotados de una experiencia renovadora, dispuestos a dar la batalla de nuevo…Esta mujer, de vida ancha y larga, con paradas en tantas estaciones como canas poblaron sus cabellos, ha sabido cantar al amor en todas sus facetas y formas: desde el presentimiento al amor sensual forjado en la pasión y el deseo, pasando por el dolor del abandono, del desencuentro hasta la tristeza de la pérdida, la añoranza ante la ausencia, los celos, la melancolía y la querencia de volver…

Así que sí, amiga mía, Chavela humedeció mis ojos hasta verter unas lágrimas. También yo, como ella, como tú, hemos experimentado en nuestras carnes esas sensaciones mundanas que nos narra con su voz quebrada. Sensaciones que aún pasados los años, a veces se declaran en rebeldía y vuelven: atemporales, sin atender al tiempo ni a la distancia, incapaces de someterse o doblegarse a cualquier disciplina o imposición…Sinergias, puntos de encuentros que nos conectan a través de los recuerdos encarnados en su música y recreados en su vida. ¿Y sabes qué ? Lejos de entristecerme me hizo sentir afortunada, dispuesta a vivir y apurar hasta el último trago…Muy acertada tu sugerencia…como siempre…Gracias…